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Violencia en Argentina (XII): Crónica de un revés anunciado

Carlos O. Antognazzi

Argentina



Nadie puede gobernar el país sin el peronismo. Kirchner lo aprendió después de quince meses de idas y venidas, coqueteos con extrapartidarios (que se rebelan y no dan quórum para votar las leyes emanadas del ejecutivo), desplantes a propios y extraños. Ni siquiera se salvó Carly Fiorina, la empresaria más poderosa de los Estados Unidos, cara visible del emporio Hewlett Packard, que el 27/07/04 esperó en vano durante 45 minutos a que el Presidente la atendiera. El desplante se agravó (para nosotros) el 07/08/04, cuando, luego de una desafortunada “apreciación musical” de Alberto Fernández, jefe de Gabinete, Kirchner recibió a Daniel “La Tota” Santillán, promotor de la cumbia villera. Kirchner también atendió dispendiosamente a Diego Maradona el 12/08/04, cuando el ex-futbolista fue a pedirle que intercediera «para que le permitan salir del país».

Crónica de un revés anunciado

Nadie puede gobernar el país sin el peronismo. Kirchner lo aprendió después de quince meses de idas y venidas, coqueteos con extrapartidarios (que se rebelan y no dan quórum para votar las leyes emanadas del ejecutivo), desplantes a propios y extraños. Ni siquiera se salvó Carly Fiorina, la empresaria más poderosa de los Estados Unidos, cara visible del emporio Hewlett Packard, que el 27/07/04 esperó en vano durante 45 minutos a que el Presidente la atendiera. El desplante se agravó (para nosotros) el 07/08/04, cuando, luego de una desafortunada “apreciación musical” de Alberto Fernández, jefe de Gabinete, Kirchner recibió a Daniel “La Tota” Santillán, promotor de la cumbia villera. Kirchner también atendió dispendiosamente a Diego Maradona el 12/08/04, cuando el ex-futbolista fue a pedirle que intercediera «para que le permitan salir del país».

Cuestión de estilo

Los criterios selectivos son curiosos. Menem era criticado por su afectación a la farándula y su estilo pícaro. La sobriedad de De la Rúa fue pura charamusca ante su incompetencia. Cuando habla o escribe, Adolfo Rodríguez Sáa se injuria a sí mismo. Duhalde atendía solamente a las encuestas; es decir: los millones de habitantes de la provincia de Buenos Aires sufrían las consecuencias de lo que respondían 500 personas por teléfono. Ahora Kirchner oscila entre los complots y el autismo. No será «Pizza con champán», pero tampoco una imagen que dé absoluta tranquilidad.

El “estilo Kirchner”, más adolescente que adulto, es propio de la indolencia vernácula, en donde todo es “segual” y donde las cosas se hacen por arreglos entre gallos y medianoche y no con técnicos responsables y capacitados a la hora de las decisiones. Difícilmente se nos respete afuera si primero no aprendemos a respetarnos adentro. Difícilmente vengan capitales extranjeros si el Gobierno no brinda seguridad y no ordena que se repatríen los fondos públicos de la provincia de Santa Cruz.

El radicalismo, la otra fuerza corporativa, ha quedado prácticamente desmembrado luego del período delaruísta. Además, hoy busca las migajas que el Gobierno le puede dar, y no vacila en aplaudir la demagogia presidencial en el acto a Balbín. Con poco se contenta el partido; basta una imprecisa posibilidad de ser escuchados por el Gobierno. Esta humillación, luego de haber conseguido implementar la Conadep, es un desprecio que Alfonsín podría haberse ahorrado. Pero el Alfonsín de los últimos años hace lo contrario de sus comienzos, cuando debatía y se distanciaba de Balbín: primero se acercó a Menem con el Pacto de Olivos. Ahora a Kirchner en lo que Lilita Carrió no vacila en anunciar como otro pacto. Y augura un golpe de estado para marzo de 2005.

El Presidente insistió hasta el límite (impuesto por la realidad, no por la oposición tradicional ni por el peronismo, también opositor) en la “transversalidad”, suerte de “gobierno con los de afuera”. No se trató, ciertamente, de un invento de Kirchner y sus allegados, porque ya Perón había implementado algo similar, aunque con mejor suerte. Pero algo se aprendió: gobierne o no el peronismo, se trata de una fuerza insoslayable. Dicho de otro modo: en Argentina siempre gobierna el peronismo, esté o no a cargo del ejecutivo, porque posee el poder real. Cualquier otro partido que ostente el poder formal, como el radicalismo en las últimas elecciones, está condenado al fracaso.

A buen entendedor...

Transversalidad es sentido común: hay que gobernar con los más capaces, y éstos no necesariamente pertenecen al mismo partido. De hecho, todo presidente lo hace. ¿Cuál es entonces el problema con Kirchner? Que procuró esgrimir la transversalidad como una bandera en contra de su propio partido, al punto que Eduardo Menem expresó el sentir del peronismo ortodoxo: «En el diccionario peronista no existe la palabra transversalismo. Existe la palabra verticalismo, la palabra lealtad, la palabra unidad» (La Nación, 15/06/04, p. 7). Luego sería su hermano Carlos quien lo diría desde un mensaje grabado en Chile: «No somos transversales; somos verticales y la verticalidad es lo que hizo grande al peronismo y a la República Argentina» (El Litoral, 06/08/04, p. 7). Estas definiciones dicen mucho. Lejos de aquel demagogo «síganme que no los voy a defraudar», hoy Menem se sincera a la sociedad y enseña lo que realmente es: un pequeño dictador.

Kirchner no tolera la «vieja política» (léase Duhalde, Menem, los sindicatos de los “Gordos”), y lo expresó sin rodeos. La realidad se ha encargado de señalarle el error. Así como al comienzo de su gestión no tuvo empacho en avanzar solamente con los adalides de la «nueva política», ahora intenta acercamientos estratégicos procurando pasar desapercibido. Nadie desestima al oponente si no tiene la certeza de que no lo necesitará. Y las certezas en política son maleables. Kirchner necesitó meses para comprender que los que en el Congreso adherían al proyecto transversal no votaban sus leyes. Caso curioso de pertenecer sin estar. O de estar sólo nominalmente, pero con la cabeza en otra parte. La especulación, en política, suele ser razón de Estado.

Menos problema le presenta al Gobierno la UCR, que hace cabriolas por una palmada en el hombro. En estos momentos los únicos críticos serios son Carrió y López Murphy. Son los únicos que están desenmascarando la especulación del Ejecutivo para conseguir el apoyo necesario en las cámaras y así continuar gobernando sólo con quienes los apoyan. Y sólo para ellos. Rosendo Fraga hizo notar que «lo que pondrá en evidencia o no si Kirchner realmente renuncia al proyecto transversal es si acepta o no la presidencia del PJ. Si lo hace, es claro que habrá decidido gobernar con el peronismo, pero mientras no lo haga estará abierta la posibilidad de retornar al proyecto transversal» (citado por Pablo Mendelevich en Kirchner, después de la hora transversal. La Nación, Enfoques, 25/07/04, p. 4).

Lejos de De Gaulle («Je suis la France»), pero efectista, por las dudas el 02/08/04 Kirchner se definió: «Yo soy el peronismo». ¿Qué son los demás afiliados, entonces?

Río Turbio

La muerte de 14 personas en la mina de carbón el 14/06/04 puso de relieve otra faceta nacional: la falta de controles. En el artículo Licencia patronal para matar (Le Monde Diplomatique, Cono Sur, julio 2004, p. 4 y 5), Ricardo J. Cornaglia hace notar que el Plan Trabajar, entre mayo de 2002 y mayo de 2003, incrementó 610.000 puestos, «aunque desprovistos de la cobertura de la Ley 24.557, que es la que tiene por fin prevenir y reparar los infortunios de trabajo». Es decir que el Gobierno que crea los planes simultáneamente delinque al no cubrir a los nuevos empleados. El círculo vicioso se completa con las ART (Aseguradoras de Riesgos de Trabajo): «Con la Ley 24.557 y a partir de la afiliación a una ART, los empleadores argentinos consiguieron una licencia para actuar sin tener que soportar las consecuencias económicas de los daños que causan», sostiene Cornaglia.

En este contexto Río Turbio es el símbolo de la inoperancia. Los sobrevivientes declararon que en la mina no se realizan tareas de inspección y mantenimiento desde hace diez años. Son responsables el Estado nacional y el provincial. No deja de ser sugerente que el hoy Presidente Kichner haya estado al frente de la provincia entre 1991 y 2003, coincidiendo con el período que se denuncia. El ministro Julio De Vido, de la Secretaría de Minería del Ministerio de Planificación Federal, llegó a la mina en diciembre de 2003 prometiendo cien millones de pesos, de los cuales sólo llegaron 7,5. Diez días antes del siniestro fue Kirchner en persona quien prometió inversiones por 320 millones de pesos. Pero la situación ya estaba determinada por años de abulia.

«La empresa que maneja la mina no existe. No tiene figura jurídica desde hace dos años, cuando se canceló la concesión a una firma privada y el Estado nacional recuperó lo que alguna vez fueron los Yacimientos Carboníferos Fiscales (YCF)», explica Jorge Urien Berri en Ante un futuro turbio (La Nación, Enfoques, 01º/08/04). Agrega que el yacimiento nunca fue rentable, salvo entre 1994 y 2002, cuando fue concesionado a Sergio Taselli. Pero esto se logró porque el Estado «le dio al empresario italiano subsidios por 163 millones de pesos para pagar los sueldos de 1300 mineros y empleados y le garantizó un precio sostén dos veces superior al internacional para venderle a un único cliente cautivo, la Central Térmica de San Nicolás» (Urien Berri, art. cit.). Es decir, si antes de la concesión el yacimiento no era rentable, con la concesión tampoco lo fue porque todos los argentinos pagábamos la diferencia.

En 1977 se logró la mejor producción de carbón, pero al costo de una pérdida de 112 millones de pesos. En junio de 2002 Duhalde, entonces Presidente, le quitó la concesión a Taselli y ordenó la intervención. «La Auditoría General de la Nación verificó la falta de inversiones y los incumplimientos sucesivos del concesionario», sostiene Mariela Arias (Donde lo invisible condiciona lo visible. La Nación, Enfoques, 01º/08/04). Kirchner no es bien visto en la mina. Cuando era gobernador sufrió paros y movilizaciones, que incluyeron la toma de la Legislatura en Río Gallegos. Pero nunca recibió a los mineros (Urien Berri, art. cit.). Ahora es Presidente. Y todavía no hay noticias sobre qué ocurrió. El senador Rodolfo Terragno hizo notar que «Kirchner fue un defensor incondicional de la convertibilidad, apoyó todas las privatizaciones de Carlos Menem (notoriamente la de YPF) y acordó con el gobierno nacional la privatización del banco provincial de Santa Cruz» (La Nación, 08/08/04, p. 14).

Como Duhalde, Kirchner gobierna mediante encuestas. Mientras la opinión pública se mantuvo firme, no cambió. Se preocupó una vez que su imagen comenzó a declinar. Es falso que el Gobierno atienda el reclamo de la población frente a los secuestros y la violencia en general. Todo sugiere que este “giro” es más bien un nuevo enmascaramiento al estilo gatopardo: el Gobierno necesita apoyo en las cámaras, y lo busca planteando brumosos acercamientos a la oposición y al partido.

La transversalidad encuentra su réplica especular en el desorden de la administración. La falta de control posibilitó que un tercio de la ciudad de Santa Fe se inundara, y que 14 mineros fallecieran en Río Turbio. Pudo haberse evitado, pero los (ir) responsables del Gobierno (nacional o provincial) eligieron no darse cuenta. La demagogia sigue a la orden del día, y la población sufre las consecuencias.

Santo Tomé, agosto de 2004.

© Carlos O. Antognazzi.
Escritor.

Publicado en el diario “Castellanos” (Rafaela, Santa Fe, Argentina, el 17/09/04). Copyright: Carlos O. Antognazzi, 2004.

Este artículo tiene © del autor.

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