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EL OTRO VALLEJO

Leo Zelada

Perú



Escribir sobre César Vallejo es hacer referencia a uno de los más importantes poetas del siglo XX, así como la del gran renovador de la lengua española en Latinoamérica. No obstante, a pesar de que su obra literaria es compleja y diversa, el estudio de sus textos ha caído en estereotipos tratando de sólo representarlo como el poeta del sufrimiento y el dolor, y, para otros, del compromiso y la solidaridad.

César Abraham Vallejo Mendoza nació en Santiago de Chuco, Perú, el 16 de marzo de 1892 y falleció en París el 15 de abril de 1938. Aunque la primera vocación del escritor fue la de estudiar medicina, luego acabaría definiendo su vocación por la palabra.

En este breve artículo quisiera tratar algunos aspectos centrales de su obra. La primera, es la de experimentación de las nuevas posibilidades de las estructuras y la de construcción del lenguaje que se dio en su segundo poemario titulado "Trilce", publicado en 1992, y en la segunda, el uso de la ironía como soporte esencial de su poesía.

En 1919, Vallejo publicaría su primer poemario "Los Heraldos Negros" con clara, pero original influencia modernista. Este libro rápidamente logró la sui generis aceptación unánime tanto de la crítica, como del público lector, haciendo del autor el más prometedor vate de su generación.

Pero la búsqueda de nuevas formas de comunicación en "Trilce", a través de un retorcimiento en la sintaxis, un ordenamiento del lenguaje aparentemente hermético e inclasificable, en que el idioma tradicional parece destruirse cada párrafo, inexorablemente hicieron que este libro cumbre de la vanguardia latinoamericana y global, sólo comparable a nivel de destrucción y origen del lenguaje, como "Finnegan’s Wake" de James Joyce, fuera inicialmente rechazada.

Incluso, hoy con toda la parafernalia de la teoría post-estructuralista, no es correctamente interpretado. Bastará, sólo para corroborar ésta afirmación de la falta de acierto al tratar de estudiarlas su propuesta estética, las palabras de Vallejo en una entrevista que le hiciera el crítico español Juan Larrea, que cito a continuación:

"Quiero alcanzar la expresión pura, que hoy más que nunca la encuentro en los sustantivos y los verbos". (Ver texto 1).

Habría que decir que la experimentación en Vallejo no fue un acto de búsquedas de símbolos, ni revelación de signos, sino un despertar en el océano de la imagen y la palabra, universo donde agota intangible e indescifrable "la poeisis”.

Aclarado lo anterior paso al segundo punto que es el uso de la ironía como un soporte central de su estética. Viendo Vallejo la inaccesibilidad del origen último de la poesía, que todo conocimiento es único e intransferible, a diferencia del sentido agresivo y mordaz, del sarcasmo y el humor socarrón que busca la risa fácil en la burla del otro, el escritor encontró en la ironía, desprovista de ostentosidad y mofa, la fórmula para ir enseñándonos, cual moderno y paternal Dante, las nuevas rutas de la creación literaria.

Esa actitud de no tomarse demasiado en serio las cosas, a pesar de lo importante que eran, esa postura de auto-ironía de su ser atormentado, hacían de Vallejo un creador que podía desdoblar sus angustias en una segunda persona neutra aparentemente, pero que era muletilla técnica para expresar un humor tierno, entrañablemente humano. Como se lee en el verso final de su poema "En suma no poseo para expresar mi vida", cito: "César Vallejo, te odio con ternura". (Ver texto 2). Esa ironía es un eje central de su obra, a su vez como el elemento lúdico que atraviesa la mayoría de sus textos.

El otro Vallejo, el audaz innovador de poesía, el del humor sutil y entrañable, el de un poeta, un hombre que amó la vida, es la que he pretendido apenas bosquejar. A partir de esa sabia y milenaria dialéctica en la que el sufrimiento y la felicidad son expresión de un mismo rostro, por ello acabaré parafraseando a Vallejo: "Salud y sufre", Cibernauta lector.

 

 

 

TEXTO I

TRILCE
VII

Mañana ese otro día, alguna
vez hallaría para el hifalto poder,
entrada eternal

Mañana algún día
sería la tienda chapada
con un par de pericardios, pareja
de carnívoros en celo.

Bien puede afincar todo eso.
Pero un mañana sin mañana
entre los aros que enviudemos,
margen de espejo habrá
donde transpasaré mi propia frente
hasta perder el eco
y quedar con la frente hacia la espalda.

 

 

TEXTO II

EN SUMA ,NO POSEO PARA EXPRESAR MI VIDA...

En suma, no poseo para expresar mi vida,
sino mi muerte.
Y después de todo, al cabo de la escalonada
naturaleza y, del gorrión del bloque, me duermo,
mano a mano con mi sombra
Y, al descender del acto venerable y del otro gemido,
me reposo pensando en la marcha impertérrita del tiempo.
¿Por qué la cuerda, entonces si el aire es tan sencillo?
¿Para qué la cadena, si existe el hierro por sí solo?
César Vallejo, el acento con que amas,
el verbo con que escribes,
el vientecillo con que oyes, solo saben de ti por tu garganta.
César Vallejo, postrate por eso, con indistinto orgullo,
con tálamo de ornamentales áspides y hexagonales.
Restituyete al corpóreo panal, a la beldad;
aroma los florecidos corchos,
cierra ambas grutas al sañudo antropoide;
repara, en fin tu antipático venado; tenta pena.
¡Que no hay cosa más densa que el odio con voz pasiva,
ni más misera ubre que el amor!,
¡Que ya no puedo andar, sino en dos arpas!
¡Que ya no me conoces, sino porque te sigo
instrumental, prolijamente!
¡Que ya no doy gusanos, sino breves!
¡Que ya te implico tanto, que medio que te afilas!
¡Que ya llevo unas tímidas legumbres y otras bravas!
Pues el efecto que quiebrase de noche en mis bronquis,
lo trajeron de día ocultos Deanes y si manezco pálido,
es por mi obra; y si anochezco rojo, por mi obrero.
Ello explica igualmente, estos cansancios míos
y estos despojos, mis famosos tíos.
Ello explica en fin, esta lágrima que brindo por la dicha
de los hombres.
César Vallejo, parece
mentira que así tarden tus parientes,
sabiendo que ando cautivo,
sabiendo que yaces libre!
¡Visto y perra suerte!
¡César Vallejo, te odio con ternura!

Este artículo tiene © del autor.

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