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La Luna, el cuerpo y el amor

Carlos Reyes Lima

España



“Las imágenes no viven. Sin embargo, me parece que teniendo este aparato, conviene inventar otro, que permita averiguar si las imágenes sienten y piensan”
“La eternidad rotativa puede parecer atroz al espectador; es satisfactoria para sus individuos. Libres de malas noticias y de enfermedades, viven siempre como si fuera la primera vez, sin recordar anteriores”
Adolfo Bioy Casares.

Viajar desde su casa a la mía. Creo que es de noche, pero el sol me despierta, y descubro que es de día. Pero en mi interior, sobreviven cosas de la noche. Cosas de ayer. No me despierto, dudo en mi duermevela.
La imagen de la luna sobre su cuerpo, la luz que baja desde sus caderas a su nacimiento de vida; su olor de noche; su respiración de luna en arena, redonda, llena de polvos y de peces de vida. La imagen, espejo, memoria, en fin equipaje para no sentirse solo, y esa necesidad de agua, de hacer el amor en un globo, en una pecera, y la humedad que bebo, pero no puedo descubrir, se me esconde en los besos, en las caricias. ¿Tiene misterio eso? ¿tiene necesidad de descubrimientos?. De viejos navegantes que necesitan ver nuevos paisajes y por eso se inventan nuevas geográficas, en este caso el cuerpo es mi isla, mi abrazo es mi grito de conquista, mi estandarte de reconocimiento, me siento astronauta que busca en los pliegues de su piel, el comienzo de la vida, es la luna su luz, su baño. Y nosotros, los dos cuerpos, delante, detrás, abajo, en la mano que se crispa en un abrazo en un beso largo, en un beso nuevo todo los días.

Quizás la mujer gorda de lentes me descubre, el autobús amarillo me delata, tanto color a las 8:30 de la mañana solo puede ser celebración de la vida. Y seguro me miran sin ver, a la mejor manera del fisgoneo. No comprenden mi olor entre salvaje y felino, mi olor a trasnocho bien habido.

Mis manos no dejan de tocarte... mi respiración se confunde en una palpitación acelerada de pasión. Y otra vez la mujer de bolsas de hiperdino me mira desde el rabillo de su envidia.

Otra vez naufrago, sin la mujer balsa, sin la pecera, sin el agua que nos baña. Ella, a estas horas, no sabe sé sabe sí es ella, o soy yo y ella, que somos nosotros que encontramos una playa de basura, una playa donde van a parar todas las cosas de la vida; no sé si me lo contó o lo soñamos. Hay botellas de mensajes cifrados, de fechas, de sabores saboreados, hay tantas cosas de vida que algún recuerdo nuestro, cualquier pensamiento perdido, alguna palabra por decir, esté también en la playa de la basura. Pero deja de ser playa de basura, ahora es playa de luna, de mar, de salitre, cementerio de palabras que no decimos. Entonces se me ocurre verte río, en el mar, encontrarte en un mensaje de amor, cerca del mediodía. Playa, luna, medio día y ella mi amor, mi mulata lejana y cercana en está lluvia de imágenes que no paran.

El timbre suena sonoro. Todo se detuvo. En la calle ya es de día.
 
Autor: Carlos Reyes Lima.
Derechos reservados.
Las Palmas de Gran Canaria. Mayo 2004.
reyeslima58@hotmail.com
reyeslima@cantv.net

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