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PATAGONIA / POESÍA E IDENTIDAD

Roberto Goijman

Argentina



Roberto Goijman
Trelew - Chubut
patagoniapoesia@hotmail.com
robertogoijman@yahoo.es

Lenguas e Identidad: Ponencia duración 20’
 1° Congreso de LaS LenguaS - Rosario, noviembre 2004
 1er Encuentro Nacional de Escritores Universidad Nacional de Quilmes, julio 2004.
 4to Encuentro de las Letras. San Juan, septiembre 2004.
 1er Encuentro de poetas. San Luis, noviembre 2003.


Poema: Eufemia, enredada en el viento de Jorge Spíndola:

“ahí empezó otra vez a soplar ese viento desgraciado
basta que lo nombren
para que arranque con su maldita remolienda
ahí anda el san putas metiendo su hocico de resuello
anda como un brujo, pisoteando las chapas de la casa,
toda la noche dale que dale con ese malaquín,
dele azotar esa puerta vieja/ por qué no se calmará un poco, digo yo
todo lo arrastra, todo come,
ni las plumas les deja a esas gallinas
andan peladas adentro de su trompa,/ todo lo tumba el infeliz
el otro día se llevó esa sábana colgada
se la mascó en el aire,
sepa dios cristo señor adónde la llevó
ahí está otra vez el chucha de su madre
parece que fuera a arrancar los guesos de la casa.
adentro de uno viene a escarbar el infeliz
levanten hijos corran/ corran a buscar la ropita que vuela por allá” 


A diferencia de otras latitudes de la Argentina, en los últimos quince años, más concretamente a partir de fines de década de los ’80 y principios de los ’90, en el sur del país, aparece un movimiento que, sin saberlo va a ser determinante para la poesía y la música de la región patagónica, con el tiempo éste se va a convertir en lo que se conoce hoy, como poesía fundacional. En ese entonces, para la misma época, aparece Canto Fundamento, movimiento de músicos y poetas, que se trasladan de ciudad en ciudad organizando festivales populares. 
Santiago Sylvester, poeta salteño, dice que las veces que le ha tocado estar con los escritores de la cultura patagónica, le ha hecho recordar lo que paso en el noroeste hace unos cincuenta años cuando surgió de una manera casi espontánea, pero programática, un grupo importante de escritores, músicos y pintores, que crearon y sistematizaron de una manera irrepetible, la cultura de una región. Se refiere entre otros a: Manuel Castilla, Raúl Aráos Anzoátegui, Raúl Galán o músicos como Gustavo Leguizamón. Gente que, de una manera extraordinaria, prácticamente, inventó la cultura de una región. Ellos tenían la impresión, la noción de que estaban en la fundación de algo, o dicho de otra manera, que la cultura de toda una zona, que tenía muchos años por detrás, cuajaba de golpe en un momento que fue realmente espléndido, no solamente en la literatura sino incluso en difusión netamente folclórica. Eduardo Falú, Atahualpa Yupanqui, grupos como los Chalchaleros, los Fronterizos, son consecuencia directa del grupo La Carpa, de la revista Tarja, de Calivar, todo un movimiento cultural que hubo en el norte argentino. Y en la Patagonia está ocurriendo algo parecido. Es decir, la Patagonia esta dándose cuenta que está en la fundación cultural, recogiendo la cultura que ya tiene más de un siglo, porque comenzó en el siglo XIX y la oral antes, pero que, en este momento esta cuajando poderosamente. 
El cancionero patagónico, desde sus comienzos, siempre estuvo integrado a los años ’60 y a la voz de Armando Tejada Gómez. La libertad, la vida, el trabajo de los mineros o del petróleo, son algunos de sus temas, además de los referidos a los sucesos trágicos del ‘21. Posición que se combina entre los poetas junto al acontecer nacional o latinoamericano. Este se da en el marco de una búsqueda, la identidad. Diferentes corrientes tienden a definirse en lo poético, como en lo musical, en sus letras confluyen la gran diversidad y el desarrollo del hombre, con los duros factores climáticos y la esencia de la tierra.
Julio Leite, nacido y residente en Tierra del Fuego, en su poema “Matemática de las manzanas” dedicado a Repetto, Linscken y Fesquet y a algunas tristes profesoras de su secundaria, nos dice:
“Una manzana/ puesta en la mesa/ vale para cinco/ diez o los que sean./ Una manzana/ mordisqueada a hurtadillas/ tiene sabor a vergüenza./ Uno por diez/ es igual a veinte,/ uno por uno igual a nada./ Antu/ nunca me gustaron las manzanas,/ más la tuya, ésa, la repartida,/ tenía y tiene/ el dulce sabor/ de la revolución. / Eso es la vida,/ así lo creo / y que así sea.../ Si no es así,/ dividan mis ojos,/ mis dedos,/ mis neuronas,/ todas mis vísceras/ y los pocos dientes que me quedan,/ estaqueen mi piel/ sobre el techo de una fabrica/ ó empálenme en Ushuaia/ sobre la casa de gobierno,/ si eso no basta/ atrapen cuatro guanacos,/ monten en ellos/ alimañas de traje o uniforme,/ y a lo Condorcanqui/ desguácenme/ hacia los cuatro extremos/ y déjenme tirado/ sobre la mesa de la tierra helada/ como una manzana.../ sé/ que de cada pedazo/ saldrán semillas/ calladas, inquietas,/ semillas/ -niñas y claras-/ como tu porfía,/ Antu/ de cambiar la matemática.” 

Esta poética se contrapone al desarrollo de la poesía en Buenos Aires y de sus ideólogos literarios, quienes levantan las banderas de la poesía globalizada a través de los suplementos culturales o de las revistas literarias.
Hablar de éstas, o de su ideología, es saber que detrás de cada de una de ellas, detrás de sus poemas impresos, de su falta de opinión sobre el acontecer nacional o internacional, hay una clara postura política e ideológica, es común que en nombre de la poesía, las mismas se abstengan de opinar, es común que en nombre de la poesía se publiquen sólo poemas, reportajes o notas a poetas, donde el acontecer nacional no aparece, sin embargo esta acción intelectual es un claro posicionamiento ideológico que oculta un fin, quedar bien en nombre de la estética.

Es sabido que desde el golpe genocida del 76 y, a partir de la desaparición de más de cien poetas, la mayoría de éstos opta por la negación escrita, negación que, en su momento, fue producto del temor que se vivía, y que con el tiempo, se convirtió en el común denominador.
Al respecto el poeta recientemente fallecido, Joaquín Giannuzzi, decía: “Nuestra generación fue humillada por la historia, nosotros hemos sido testigos directos y muchos han sido protagonistas, es como si hubiéramos metido el dedo en la llaga viva de la historia, estábamos en el centro vivo del tumulto de la historia. Uno salía a la calle, veía una manifestación y la consecuencia de la historia la teníamos ahí; en esta parte había otros elementos en juego en esos días, la utopía, la expectativa, la pasión por el cambio se trasladaba a las vidas personales, se sentía la intensidad de la existencia, la acción y cuánto uno dá. Yo siempre veía un horizonte, velábamos por una luz al final del túnel; el problema fue que vino un tren en sentido contrario y nos dejó un sentimiento trágico de la situación, y de lo que ocurrió. Tanto que ha veces pensamos si no era verdad que la historia es una pesadilla de la cuál quisiéramos no despertarnos, no ser parte de la historia”.
Este último concepto es el que predomina en las generaciones siguientes, acompañado de la mano del alejamiento y ruptura en los últimos casi treinta años de los poetas con la gente y viceversa. Hay que escribir con un nuevo lenguaje enriquecido, aunque éste sea sólo académico, fue casi la consigna asumida, la revolución, entonces, no pasa más a través del cuerpo o la conciencia sino a través de revolucionar la palabra escrita, para que sea ésta la que perdure en el tiempo.
Existe una clara actitud derrotista sobre el hombre y la humanidad, que se impone en los poetas a partir de los diferentes fracasos de los movimientos sociales de las décadas de los ’70 y del ’80, extendiéndose luego con la caída del muro de Berlín, la Unión Soviética y los países del Este, la imposición de la mal llamada globalización y el paradigma post moderno.
A diferencia de otras actividades del arte, en los círculos poéticos, no existió el efecto asambleario, de los sucesos del 19 y 20 de diciembre del 2.001, para enfrentar y posicionarse en una actitud transformadora, por el contrario, esto demostró cómo y de qué forma en los poetas está enquistada la individualidad reaccionaria que atenta contra cualquier cambio; querer entonces, desarrollar o pretender revolucionar las letras en forma aislada de los acontecimientos nacionales, hablar de enriquecimiento del lenguaje a partir del aislamiento social o creer y sostener que la capacidad intelectual de los pueblos está inmadura para entender a la del poeta, atenta contra la búsqueda de esos pueblos en la recuperación de su propio lenguaje.

Que en la Patagonia, desde fines de 1.980 y en especial desde los ’90, haya aparecido un movimiento poético riquísimo en su lenguaje, entendido como fundacional, quizás uno de los más grandes e importantes que se podría dar a partir de los ’60, y casi totalmente desconocido en el país y entre los poetas, demuestra que la riqueza, la variedad y la estética en el lenguaje es parte del desarrollo de su población, y que éste no se podría haber dado sin el concretado crecimiento de los últimos treinta años y la búsqueda de una identidad en la región Patagónica, que parte de una impresionante inmigración nacional, la de los países limítrofes, y a ésta, la historia trágica, genocida, desde la conquista de Roca.
Por entonces, no hubo de pasar mucho tiempo, para que los peones traídos por la conquista se alzaran en lo que hoy conocemos como los sucesos de la Patagonia rebelde. Luego, las prisiones de Ushuaia y Rawson fueron centros de referencia. Dirigentes de organizaciones obreras y populares ocuparon sus celdas. Después, los fusilamientos del 22 de agosto... 
Podemos hablar de la masacre de Trelew, podemos hablar de la guerra de Malvinas que se libró en territorio Patagónico. En Comodoro, y fundamentalmente en la isla de la Tierra del Fuego, donde sus habitantes veían salir los aviones y esperaban su regreso para contarlos.
Podemos hablar de los acontecimientos de la primera represión menemista, con la muerte del obrero Víctor Choque. De los primeros cortes de ruta o piquetes surgidos en los levantamientos de Cutral-Co y la muerte de Teresa Rodríguez; o las Asambleas Populares Chubutenses del año 1.990, o las movilizaciones contra el Basurero Nuclear en Gastre, o contra las minas de oro de Esquel, o la resistencia a las cenizas del volcán Hudson, o el profundo significado que tiene hoy, la fábrica recuperada Zanón.

El poeta Marcos Britos, nos dice: “La Patagonia tiene una gran duplicidad en el paisaje; es urbano y desértico sin términos medios; porque en la cordillera hay gigantescas extensiones de bosques tan despobladas de humanos como las planicies de las mesetas. No hay en esas tierras una ancestral cultura dominante de tipo campesina, o semiurbana y sedentaria. No la hay, ni la hubo.
La Patagonia no sólo tiene una geografía desafiante y dura. Tiene una tradición desafiante y dura en sus habitantes”.
Joaquín Giannuzzi, en el año 1.998, opina que “los de la Patagonia sin quererlo van a revelar implícitamente o explícitamente el drama de esa tierra; aunque el tema trate de algo aparentemente ajeno a esa visión de las cosas, el drama de la época y del territorio, va a tener que mostrarse, es decir salir, asumir la problemática de la región en que viven, el problema es encontrar la expresión, creo que la van a ir consiguiendo, incluso creo que la consiguen, por lo que veo hay una intensidad de la palabra muy bien manejada”. 
Resumiendo, en la poesía patagónica como en sus poetas está ésta historia, y producto de su necesidad histórica, es que sus hombres salen en busca de ella, porque no puede existir por mucho tiempo una región sin gente de letras, y mucho menos sin poetas.


En 1.989 se edita La Cacería, de Pavel Oyarzún, libro que pasa a constituirse en una de las expresiones poéticas más importantes de la literatura patagónica-fueguina de los últimos quince años. De él extraemos el relato poético Nocturno:

“La Patagonia y sus formas tienen algo de lo inmutable, de lo que se nos muestra como una herencia eterna. Es lenta. Parece una mirada humana fija en un punto muerto. La pampa extensa y árida es una patria donde existen misterios ocultos en el interior de lo solitario.
Estos bosques son como arrancados de un sueño profundo de la naturaleza y de los dioses de su mandato.
En su inmensa extensión todavía quedan superficies en las cuales sobrevive un planeta primitivo.
Resulta difícil en nuestros tiempos y espacios comprender la vida humana antes de todo esto, quizás porque de algún modo u otro estamos marcados por la idea de que el prodigio de vivir comenzó hace unos cuantos años, y lo anterior, en el mejor de los casos, pudo ser más libre o puro, pero inferior hasta lo terrible.
...
Una vez implantada la soberanía nacional , a partir de mediados del siglo XIX, comenzó a elucubrarse la idea del exterminio necesario de estos pueblos, en ciertas conciencias terratenientes, especialmente dotadas para el crimen y el despojo feroz.
La doctrina del castigo cayó sobre la Patagonia, para hacerla a su imagen y semejanza.
Sabido es que bastaron unas cuantas décadas para que no quedara nadie en pie. El chasquido de las balas rompió el silencio secular de la Patagonia. Mataron a diestra y siniestra.
Si no eran las balas, era el arrancarlos de la barbarie, para llevarlos a la barbarie. Brutalmente despojados de su mundo y de sus universos, para hacinarlos en algún sitio y fotografiarlos como algo curioso, para marcarles límites, fijarles fronteras y establecerles zonas prohibidas.
No es mera licencia literaria, una apología o exageración si digo que después del holocausto la Patagonia quedó como es ahora. Que el silencio no es como el de antes, que en la pampa este silencio emergió de los cadáveres humanos que la cubrían y la quemaban.
El crimen fue perfecto, no quedó nadie con vida. De los miles de seres humanos que habitaban esta tierra no quedó nada, salvo fotografías, postales y algunas calaveras en un museo.
Pueblos enteros desaparecidos del mundo, como por un acto de magia, como por un soplo de muerte sobrenatural y todopoderoso.
Aquí no quedó nadie en pie, nadie, ninguno, tal como si sobre ellos alguien hubiese arrojado una bomba de Nitrógeno.
 

Y en el poema, Yo los despido, del mismo libro Pavel Oyarzún se lee:

Yo los despido de mi mano, / y de esta confesión triste y sin alquimia, /que retrocede por instinto a buscar lo que/ queda, / hacia los esqueletos de la Patagonia, / que no fueron / como el grano de trigo en la parábola de Juan, / el apóstol.

Despido las fotografías en blanco y negro, / y a los capturados y muertos que están allí, / sin movimientos extraños, / ni sonidos de ultratumba, / que no producen alucinaciones.

Esta tarde tiene algo de confesionario / y acto seguido afirmó que ya no vuelven más./ Aquí los signos de la resurrección son una/ utopía, / la más solitaria de las utopías.

Esta historia es algo así / como un planeta muerto.
Es la inercia de su órbita constante y fría. / La nada en su existencia feroz, / que congela a la lluvia y a la poesía, / y se tiende en la noche / con su lenguaje inerte, / donde desaparece el rastro humano, / y el reino feliz tiene el aspecto / del vacío absoluto.

Aquí la muerte fue más que una profecía moderna / y detrás de las leyes de la plusvalía / y de los fusiles / quedaron los asesinados sin volver al mundo. / En el territorio quedo suelta la canalla de los capturadores, / y el lamento sordo / del exterminio cayendo a un abismo / sin fronteras conocidas, / como una gotera invisible en el tiempo.

Aquí en la Patagonia estuvo el miedo por el miedo. / Los suplicios del olvido y de los balazos desplazándose como un péndulo sobre los cadáveres... / y no hubo guerra. 


Celedonio “Chele” Díaz, de Esquel, Chubut, en el relato poético La huelga del viento, nos dice:

“Esta es una historia nuestra. Una historia que contiene pasión y muerte. Una historia de luchas que quedaron en el olvido, atrás, en la estepa silenciosa donde hoy los pueblos que emergen de ella tienen una misión: Olvidar lo que fue el enfrentamiento entre hombres pobres, explotados y estancieros extranjeros que sabían como dominar a los débiles con la complicidad de sus iguales de adentro. 
No es la historia de una región ni la de inmigrantes que contaron con el apoyo de gobiernos para dedicarse a trabajar nuestra tierra. Nos abarca a todos porque somos herederos de la sangre que se vertió para que las majadas blanqueen los campos patagónicos. Majadas que tienen una solo señal en sus orejas y es la de la indignidad, de la complicidad para dar vuelta la cara y dejar que se masacre a hombres que creyeron que no era justo vivir a la sombra del patrón.
Porque los hombres se igualan cuando tienen los mismos intereses. Por eso hubo y habrá opresores y oprimidos. Por esos intereses que enfrentaron a los hombres del tañino del norte, los que exterminaron a los habitantes patagónicos después, cazándolos como animales que huían al zumbido de las balas del progreso.
Toda la Patagonia está regada con sangre de hombres que huían o enfrentaban a los intereses de otros hombres.
Nosotros heredamos la historia y no podemos negar que bebimos agua contaminada con sangre. No podemos negar que algún hueso de algún otro hombre que murió con el estómago vacío, fue el abono para nuestro alimento. Del mismo alimento que le damos a nuestros hijos. Alimentémoslos. Pero no les neguemos el derecho a saber que nuestro siglo XX está construido con sangre y muerte de otros hombres. Digámosle que si no corremos el velo de la historia, de nada habrá valido su paso por el mundo. No les hablemos de tan lejos. Digámosle Santa Cruz, año 21, estos peones. Digámosle que para conseguir igualdad las únicas armas son el tiempo y mucha sangre.
Digámosle Santa Cruz, Patagonia, para que la paz no nos convierta en olvidadizos”.

 

 

 

SPINDOLA, Jorge (1963) Calles Laterales, Ediciones culturas del sur mundo, Trelew - Chubut. 2002. Revista Patagonia Poesía, “La yema del cráneo y el ojo” N° 11, marzo 2001; Pat. Poesía N° 14, octubre 2002. Trelew - Chubut. 
SYLVESTER, Santiago. (1940) revista Patagonia Poesía N° 15, julio 2003. Trelew - Chubut.
LEITE, Julio (1957) De Límites y Militancias, Punta Arenas - Chile, 1996. Revista Patagonia Poesía. “ La yema del cráneo y el ojo” N° 1, octubre 1997; N° 8, enero 2000. Trelew.
GIANNUZZI, Joaquín (1924-2004) Revista Patagonia Poesía N° 5, diciembre 1998. Trelew.
BRITOS, Marcos (1956) Revista Patagonia Poesía N° 6 abril 1999. Trelew.
OYARZÚN, Pavel (1963) Patagonia. La Memoria y el viento, Santiago - Chile, 1999. La Cacería, Punta Arenas - Chile, 1989. Revista Patagonia Poesía N° 2 febrero 1998 Trelew.
DÍAZ, Celedonio (1950) La huelga del viento, inédito. La huelga del viento, cantata. Esquel - Chubut, 2000. Revista Patagonia Poesía N° 4 septiembre 1998. Trelew.

GOIJMAN, Roberto (1953) Poeta, periodista cultural, editor, antólogo, compilador, organizador de Encuentros Literarios.
Radicado en la provincia del Chubut, Patagonia Argentina desde fines del año ‘84. 
Ha disertado en destacados eventos de Argentina y Chile. Organizador del 1er y 2do Encuentro de Narradores y Poetas; Puerto Madryn, Chubut. “Los Maestros de la Rosa Blindada” (2001), “Los Maestros del Escarabajo de Oro” (2002)
Dirige la editorial Ediciones Patagonia y la revista literaria Patagonia / Poesía “La yema del cráneo y el ojo”. Fue partícipe y difusor del Nuevo Canto y Poesía Patagónica, “Canto Fundamento”. En el año 1997, es destacado por la provincia del Chubut por enriquecer a las Letras Chubutenses.
Libros editados:
La vereda rota, (1996) 2da edic. (2001), prólogo Rosa Albariño; Edic. Patagonia.
Humo Petrificado, (2000); Edit. Nueva Generación, colec. dirigida por Atilio Castelpoggi.
Hospital Fernández y otros acontecimientos (2002), Prólogo Horacio González; Edic. Patagonia.
Un vapor que navega, (2004) Prólogo Luis Benítez, Edit. Nueva Generación.

Este artículo tiene © del autor.

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