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UN NOMBRE

Bella Clara Ventura

Colombia



Cuando una revista de letras se acerca a un nombre para posar sus intereses y hacer de su hallazgo, su mejor artículo, detiene su mirada sobre la trayectoria de algún personaje, o en la última publicación de un libro de algún escritor de fama, o simplemente busca que su artículo llegue al alma de sus lectores por medio de un agente de la cultura que deje huella a su paso, haciendo alarde de malabares con las palabras. Todos estos argumentos se reúnen en el caso de una Matilde Espinosa de Pérez, que aún a su alta edad, aunque detesta que mencionen esa parte, ya que insiste que la energía no tiene edad y su luz cabe dentro de la mayor fuente energética. Nunca confiesa sus años de vida, alega que a nadie le interesa su fecha de nacimiento porque el saberla o no, no cambia su visión del mundo y con los números la gente hace cabalas equivocadas. Se piensa que a una cierta edad las neuronas no reciben la misma irrigación y por lo tanto la mente se extravía, Matilde comprueba lo contrario, desafía el tiempo y se colma de metáforas para hacerle el quite a la existencia, aún cuando ésta la ha llenado de dolores. Sabe capear cualquier situación por penosa que se presente. Es huérfana de hijos y viuda de un hombre prestante. Le dice a la vida que con su fuerza abrirá puertas para introducir su nombre en todas las páginas literarias. Es una incansable trabajadora del verso, lo calienta en la mañana y lo arrulla en la noche para dejar que despierte nuevamente con el peso de la sabiduría que le cargan las estrellas y el brillo de la luna, madre de la inspiración. Una musa que no conoce el reposo. Matilde ha publicado 14 libros que la acreditan como la poeta del siglo en Colombia.

Nace en un pueblo del olvido, Tierra Adentro, la zona deprimida del departamento del Cauca donde indígenas y colonos se hacen uno en la lucha cotidiana por un bienestar que les resulta esquivo. Su madre, María Josefa Fernández de Espinosa, una de las primeras maestras blancas que se dedica como un sacerdocio a la enseñanza, sigue la ruta de la selva por el amor a un hombre. Desde sus primeros años Matilde sorbe la savia de la naturaleza. Se mimetiza con los árboles y juega con los animales. Se viste de fiesta cuando su madre le arrima cuentos al oído, los mimos que harán en su mente un derroche de imaginación. A temprana edad muestra una inclinación por la justicia, se abandera por las causas difíciles y toma la rienda de buscar el voto para la mujer en un país que no le daba oportunidad de voz a las féminas. Se les clausuraba la entrada a la universidad y se cuestionaba su libertad. Bañada de ríos de violencia por las historias que se colaban en su entorno, desde siempre supo que su sino sería cantarle al necesitado, hacer de sus notas las más altas para ser escuchadas en otros continentes y traer por medio de la palabra, el alivio necesario. Se rebela contra sus males, se divorcia en un época donde el basta ya para una mujer era frase prohibida. Rompe el esquema de sumisión y talla un nuevo camino de independencia. Su grito sirve como paradigma para otras que no se atreven a ponerle coto a la violencia en casa.

Mujer de verso tardío, como ella misma confiesa no empecé temprano, tal vez porque estaba recogiendo vivencias antes de plasmar mi sensibilidad. Amalgama experiencias propias y ajenas para arrojar sus poemas a los cuatro vientos. La variedad de su temática poética la sitúa muy pronto entre las grandes, aunque ya estuvieran figurando otras mujeres. Su poder de convocatoria le dibuja un halo de magia. Irrumpe con el verso libre para dejar constancia que el vuelo es desde la esencia. Sus versos cargados de ritmo la hacen danzarina de la palabra y dueña el mundo. Crea sus propios universos dejando al descubierto una sensibilidad que la nombra mujer inmensa. Aún hoy en su retiro, sigue escribiendo porque todo la toca, desde la ceguera de un niño hasta la crisis del hombre frente a su destino y su planeta. Abarca los temas con el sesgo de quien todo lo sabe desde el adentro, con esa sabiduría que se quiere milenaria para poner de manifiesto que el ser desde que se puso de pie, empezó a cuestionar a las estrellas sobre sus pasos. Hablar de Matilde Espinosa llevaría páginas enteras de deleite sobre una mujer que se anticipó al sol. Cada mañana despierta con un brillo renovado que nos permite degustar sus metáforas y su infinita necesidad de cantos a sus congéneres, desde esa solidaridad que la pinta con magnitud de profeta. Conoce los misterios y los mundos espectrales porque de ellos se nutre y trasciende con la metáfora al desnudar al hombre. No existe tema que su voz poética no haya acariciado para darle el tono a su poesía de universalidad.

La parte humana que le da su geografía interior nos remite a una mujer viajada, que desde sus veinte años toma el rumbo del río Sena. Con su primer esposo, un pintor de talla internacional Efraín Martínez, vive 3 años en París, donde nacen sus dos únicos hijos, que luego por extrañas circunstancias la vida le arrebata en un mes de septiembre, mes fatídico para ella, ya que las muertes sucedieron con un año y un día de intervalo. Cada año se recoge en su dolor y piensa en otras madres que pasaron y pasan por el mismo trance. Suman muchas en Colombia. Su hijo menor se accidenta contra una tractomula en una carretera de la Costa Atlántica donde los conductores de camiones no siempre vigilan el timón, el segundo, como si su hermano le hubiese hecho un llamado, es asesinado por un sicario para silenciar una voz de justicia que denuncia a los corruptos o gente sin moral ante el micrófono. Obedeció a esa época donde se silenciaba al que era estorbo para el hombre fuera de la ley, como se mata a una gallina para hacer una sopa de vísceras. Tristes temporadas de violencia que azotan a Colombia desde hace más de 60 años y que dejan a los homicidas libres como el viento buscando nuevas víctimas y no permitiendo un desarrollo justo para una patria herida de muerte. Esos dolores que en otros seres más débiles hubiesen borrado su mente o llevado hasta la casa de reposo, en la sensibilidad de Matilde crea una fuerza de león que no desea venganza sino la necesidad de estar alerta sobre los procesos de su amada Colombia para defender a sus semejantes de nuevos atropellos. Su voz cantante lleva la delantera para hablar sobre los muertos, sobre el dolor del mundo y los huracanes que devastan la entraña de la generosidad. 

Abuela de uno de los mejores managers u hombres públicos del planeta, Fernán Martínez Mahecha, bien conocido como promotor de Julio Iglesias, Enrique Iglesias y Juanes declara públicamente que su abuela es el ser más inteligente que él haya conocido y no nos cabe la menor duda que en su universal trajinar se le han presentado demasiados rostros para no conocer la diferencia. Me uno a su concepto, ya que le conozco de cerca la viva inteligencia que nunca la desampara como tampoco los anhelos de seguir entregando sus ideas, siempre de avanzada para que las mujeres la siguen como el mejor paradigma vivo. En la intimidad vive su soledad, a veces con nostalgias y otras con la firme promesa que harán de su dolor el verso del momento. Se monta en cualquier motivo para esculpir en el nuevo siglo los afanes de todos los mañanas.

Importante recrearnos sobre su obra para entender de donde sale su dimensión y poder apreciar la hondura de sus versos.

Entre más hurgo sus orillas, más salta a los sentidos que esta mujer no sólo fue una anticipada a su época sino a cualquiera. Y casi chorreando su existencia sobre 3 siglos, a manera de metáfora, nos comenta que el hombre a pesar de sus inventos cada día se hace más flojo, más máquina y menos humano. Le preocupa el devenir de este hombre que se despersonaliza y cada vez atiende menos a sus hermanos y ni decir a los vecinos. Filósofa por naturaleza, escudriña cada momento las noticias del mundo y filtra sus pensamientos en las metáforas. Le cabe el sótano del mundo en la mente, donde acomoda trastes viejos e ideas nuevas.

Su obra se inicia con la publicación de:

LOS RIOS HAN CRECIDO en 1955,

POR TODOS LOS SILENCIOS 1958

AFUERA LAS ESTRELLAS 1961

PASA EL VIENTO 1970

EL MUNDO ES UNA CALLE LARGA 1976

ANTOLOGIA DE MATILDE ESPINOSA 1980

MEMORIA DEL VIENTO 1987

ESTACION DESCONOCIDA 1990

LOS HEROES PERDIDOS 1994

SEÑALES EN LA SOMBRA 1996

LA SOMBRA EN EL MURO 1997

ESPEJO EN LA SOMBRA 1998

LA CIUDAD ENTRA EN LA NOCHE 2001

TIERRA OSCURA 2003

Antologada en varías publicaciones a nivel internacional y nacional y con la presencia de varias medallas en su honor que le cubren el pecho. Considerada la voz de la musa más auténtica y elevada podemos transcribir algunos de sus versos:

 

DE LOS RIOS HAN CRECIDO 1955 el poema EL AGUA que nos riega su verso: “ Doncella de las rocas, niña sin sombra entre la hierba verde, estalactita sorprendida en las manos oscuras de las grutas. Azahar de la antigua corona de la tierra, nodriza del arroz y de las barcas, peinadora de musgos y de sauces, espejo tembloroso donde el mundo contempla su rostro innumerable. Cuando rompes tus venas en mi cuerpo pienso en la sed del mundo, en su pecho quemado y en el duro estandarte de sol en los desiertos”.

 

Del mismo tiempo el poema EXODO que dice:

“Prendido de los montes y la niebla, como racimos que engendra la noche, adelgazan su sombra en el camino. De sollozo en sollozo, de pregunta en pregunta, la vida es un recuerdo que se quiebra, de abismo a piedra, de alambrada a llama. Allá quedó la aurora desgarrada”. 

 

En AFUERA LAS ESTRELLAS 1961, poema MUJERES: “Aquí en mis brazos humo de antigua suplicante si miro por sus ojos trasciendo soledades, si digo sus palabras oigo el trigo quemado. Todas tienen secretos que entregan a la noche entre llanto y las manos. Alguien ha descendido hasta sus lechos, anclas para el amor crucificado. Porque son la memoria dolorosa sus voces se confunden con el agua. Quién desvela sus quejas de campana, no será el corazón, válvula ciega porque ellas fueron migración, transito de la entraña deslumbrada”.

 

En 1970 de su libro “PASA EL VIENTO” recogemos el poema UN DÍA, “Un día se borrará el paisaje, se apagará la luz para mis ojos. Debajo de la tierra, de la fría tierra buscaré otras raíces. Tal vez las venas de un amigo, tal vez la sangre compartida de alguien que amé al respirar la brisa o al mirar al cielo de promesas inocentes, el cielo pesado de las lluvias o de las nubes, sudario de los pájaros. Un día, quizá, de campanas luminosas, alguien dirá cómo se escribe el nombre de una mujer, que fue un poco sólo un poco de ternura dispersa, de ala glamorosa pidiendo ser no más, viento que pasa”.

 

Otros versos del mismo poemario del poema “EL NIÑO QUE SE QUEDÓ CIEGO”.

“Ya todo será igual, nubes y mariposas y el mundo habrá perdido los júbilos de un niño que hizo revoluciones con los pájaros. Y seguirá en naufragio la fiesta de las hojas con el viento y el pueblo de cometas y los nidos dormidos o deshechos. Nunca tuvo la luz mayor tristeza ni mayor soledad tuvo el color”.

 

En LA CIUDAD ENTRA NOCHE poema LA GUERRA escuchamos estos versos: “Sobre el mundo, la guerra. Sobre la palabra, la guerra. Sobre la mujer que mira al hijo, la guerra. Letanía innumerable como el diluvio que vendrá. La guerra trastorna a los oficiadores del desastre. Cambia el paso de los hombres y pone el delirio de sol en la corneta de las ondas marciales. Se olvida de que lado palpita el corazón y ve correr la sangre como rueda la arena en la pendiente. Muerde las montañas y agota sus manantiales puros. La guerra como la muerte no tiene predilectos, es insaciable, devora como los huracanes. La guerra es ególatra, sólo habla de sí misma. La guerra no cabe en ninguna relación mítica. El dios de la guerra es la negación de los astros. Los hombres la inventaron y ganaron la ferocidad sin nombre, el universo se cubre el rostro. Así la guerra rompe los ojos y los oídos del mundo. La escalera hacia el infinito nada devuelve. El dolor camina y no hay tiempo para apagar su llama”.

 

En TIERRA OSCURA en su poema RECUADRO nos dice: “Ladra un perro prisionero y el niño de la calle indaga y canta. En la lejanía, la esquirla rompe el silencio y llora el aire. Suben los murmullos envueltos en neblinas y descienden los miedos buscando un rincón, un rodaje oxidado, un paraguas de sombra. La reliquia apretada sobre el temor y el pecho suspira largamente. Se ajustan los recuerdos, aromas ondulantes, angélicas criaturas sobre las piedras blancas y el coro de las voces que no llegará nunca”.

 

Mujer que se adelanta a la tragedia del mundo, su alma llora estrellas cuando amanecen los días con lluvia y conmueve su corazón de anciana. Profetiza que el hombre se hace cada vez más a su soledad donde entierra su voz de ángel para regresar con el aliento en llama.

Como el tiempo siempre está de su lado, escribe actualmente un nuevo poemario cuyo título aún desconoce pero que desde ya intuimos hará temblar al huracán y sostendrá en la palabra la última frase sobre el malestar de su semejante. Se inunda de versos para hacerle el quite a la cotidianidad cuando sus ojos cansados de lectura apaguen su visión, soñará con nuevos universos donde el canto con su oda abierta dejará el cielo en el aplauso.

 

Y en su tumba sembrada de versos rezarán las flores para que su alma inmortal se haga luz y nos asombre cuando en cada nube leamos su nombre.

Bella Clara Ventura
Escritora y poeta colombo mejicana

Este artículo tiene © del autor.

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