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LA CALLE NUEVA de Jorge Rendón Vásquez

Desde el punto de vista del lector

Frank Otero Luque

Perú



El pasado 30 de julio, dentro del contexto de la 9na. Feria Internacional del Libro de Lima, fue presentado el compendio de relatos y cuentos de Jorge Rendón Vásquez (JRV) titulado "La Calle Nueva", aludiendo a una antigua y conocida calle arequipeña que lleva precisamente ese nombre.

Leopoldo Gamarra Vílchez actuó como maestro de ceremonias y los comentaristas fueron Winston Orrillo,
Oswaldo Reynoso y Frank Otero Luque; este último responsable del presente artículo. Las apreciaciones académicas sobre la obra de JRV y las habilidades creativas y narrativas del autor estuvieron a cargo de Orrillo y Reynoso, en tanto que los comentarios de Otero Luque se centraron en el punto de vista del lector. He aquí sus (mis) conclusiones:

Para cualquier lector, tomar un libro en sus manos es, ante todo, una experiencia sensorial: desde el diseño de la carátula, el formato, la calidad del papel, la encuadernación, la diagramación y hasta el tipo y tamaño de la letra. En el caso de "La Calle Nueva", todas estas características resaltan en forma positiva.

De otro lado, el autor posee un notable dominio del lenguaje: su prosa es clara y fluida, y maneja un amplísimo
vocabulario. Probablemente, algunos lectores se hayan visto obligados como ocurrió en mi caso- a recurrir varias veces al diccionario para confirmar el significado de ciertas palabras, a pesar de que el contexto dejaba entrever el concepto. Por ejemplo: Quelqueres (tinterillo, con nota explicativa al pie de la página 29), instilar (infiltrar, página 198), turiferario (portador de incienso, página 227), trasgos (duendes, página 240), obstar (oponerse, página 241), jifero (sucio, soez; página 258); y jocundo (alegre, página 259).

Pero ahora pasemos de la forma al fondo: La Calle Nueva, como barrio arequipeño, es sólo un escenario, un
pretexto para que, aparte de los personajes con "P" mayúscula, imprescindibles en todo buen cuento, también interactúe gente simple, común y silvestre, cuya misma sencillez y dramas cotidianos los hace universales y permanentes, a pesar de la ambientación geográfica y temporal, en Arequipa y a mediados del Siglo XX.

De los personajes, no sólo llaman la atención su personalidad y apariencia sino también sus respectivos
nombres, que los visten de cuerpo entero y aportan a los relatos, además de realismo, el viso pueblerino y, en ocasiones, hasta cómico- que JRV aspira y logra transmitir. Por ejemplo: Polidoro Bardo es un eterno estudiante y poeta soñador, quien valientemente defiende su tesis ante el doctor Tarsilo Murgaburo, un vengativo miembro del jurado calificado (Vox populi, vox Dei). Asimismo, hallamos al correctísimo y modesto abogado Serapio Calisto, en oposición al inescrupuloso doctor Tobías Sacarosa; y qué decir del discreto sacristán Epifanio Carrizo, del grafólogo Zenobio Grafito, y del perito calígrafo Estuardo Redondo (La herencia). Genoveva es el nombre de la madame del burdel, donde prestaba sus bondades Zoila Hermosa (La flor del volcán). Y así se suceden a lo largo del libro nombres como el del maestro Arquímedes Alatrista (La venganza de Tomás); Nicasio, Filomena, Raymundo y Rudecindo (Los amigos); Clodomiro Gorgozada Almendralejo y Esperanza Wilcox Chicot (Por el honor de la familia); Nepomuceno Arca y Telésforo Quilla (El Elíxir del herbolario), Clodoaldo y Zelmira (Un voto de amor); Elba Hirondelle Lucena y Agapito Lucho (Una vieja historia); Clarisa, Floro Corpango y Lindolfo Ventocilla (Un intenso deseo de transparencia); Hermeregildo, Doroteo y Edubiges (El Corralito), y un largísimo etcétera.

Pero es más sorprendente aún la tan hábil manera en que JRV describe a estos personajes:

"Usaba anteojos tras los cuales un par de ojos recelosos escrutaban a su interlocutor su verba denunciaba

vocación de político trashumante y, en concordancia con ella, su amabilidad estudiada buscaba inútilmente recubrir su arrogancia, que lo traicionaba asomándose, sobre todo, en los exámenes". (Doctor Tarsilo Murgaburo; Vox populi, vox Dei; página 18)

"Debía tener unos 28 años. Su cabello negro, sus ojos vivaces y sus facciones finas, que parecían dibujadas a
pincel, irradiaban una frescura semejante a las frutas de colores vivos y brillantes exhibidas en su puesto. Llevaba un delantal blanco". (Yolanda; Vox populi, vox Dei; página 20).

"Se acomodó los lentes tras los cuales las bolsas de los ojos parecían más abultadas. Sólo le quedaban unos
cabellos grises sobre la cabeza. Su rostro era grueso y sus labios finos. Era un hombre corpulento, a pesar de que había pasado ya los 70 años. Vestía una sotana negra y del cuello le colgaba un crucifijo". (Canónigo Timoteo Alvar, La herencia, página 53)

"Tendría unos 50 años. Llegaba a un metro setenta de estatura y exhibía una barriga notable. Vestía un terno
gris con chaleco y reloj de bolsillo con leontina, cuello alto y duro y abultada corbata, y portaba el sombrero en la mano. Sus ojos claros se movían con desconfianza en su rostro blanco con una frente muy amplia". (Dr. Tobías Sacarosa, La herencia, página 53)

"A sus 15 años, Manuela estaba en pleno crecimiento. Sus facciones eran finas y sus ojos muy vivaces, aunque
en su expresión persistía un aire infantil. Tenía las piernas largas y los senos ya se le redondeaban, y su largo cabello le caía a un lado de la cara". (Manuela, página 72)

"Era un hombre muy alto con un bigote ancho, una boina azul oscuro y de andar cansinosu mujer, blanca como
él, también alta y algo entrada en carnes, tampoco caminaba muy rápido". (Comerciante de telas y su esposa, Manuela, páginas 77 y 78)

"Zoila Hermosa debía estar por los cuarenta años. Tenía los ojos negros algo soñadores, las cejas bien
delineadas y la tez blanca, y los labios revelaban su sensualidad. Era delgada, casi de un metro setenta de estatura y con el busto, las caderas y las piernas torneadas. Alguien había dicho que era demasiado lujo para la ciudad y otro que era un orgullo contar con esa joya viviente que podría haber ganado todos los concursos de belleza que quisiera"Todos coincidían que estaba lejos de ser caprichosa, antojadiza o selectiva. Los de mayor nivel cultural se sentían encantados de encontrar en el burdel una hermosa mujer que podía departir con ellos con desenvoltura y propiedad. El apodo La flor del volcánobedecía a que Zoila era ni más ni menos que una flor desplegada como una estrella indómita y triunfante en el panorama nocturno de la pampa, que prodigaba su belleza a quien se detenía a contemplarla". (Zoila Hermosa, La flor del volcán, página 91)

¿No dan ganas de conocerla?

"Los ojos de Joaquín revelaban inteligencia y simpatía, y su rostro de mestizo, oscurecido por el sol y bien

afeitado, mostraba sus rasgos agraciados y recios". (Joaquín, Por el honor de la familia, página 145)

"El padre de Diana, Clodomiro Gorgozada Almendralejo, era alto y de cuerpo magro. Su energía desbordante
parecía bullir en su semblante. Bajo su frente amplia y tras sus finos anteojos con marco dorado, acechaban sus ojos pardos con la dureza de un hombre acostumbrado a imponer su voluntad y extraños a todo asomo de ternura. Había cumplido los cincuenta y dos años. Esperanza Wilcox Chicot, la madre de Diana, tenía ocho años menos que su marido. Su cuerpo naturalmente delgado no era, sin embargo, elegante, pero su rostro y sus ojos azules conservaban aún los rasgos de una mujer que había sido bella en su juventud. Vivía pendiente de los gestos de su marido, presta a obedecer lo que entendía eran sus decisiones". (Clodomiro Gorgonzada Almendralejo y Esperanza Wilcox Chicot, Por el honor a la familia, páginas 148 y 149).

Tengo la impresión de haber visto "con mis propios ojos" a todos estos personajes.

Los temas de los relatos y cuentos son variados, originales y amenos, y siempre triunfa la justicia sobre la

injusticia, trasluciéndose la vocación y formación abogadil del autor. No es raro, pues, que varias escenas se desarrollen en estudios jurídicos o en la Facultad de Derecho, y que héroes civiles se hallen implicados en conflictos policiales, judiciales o ambos (Vox populi, vox Dei; La herencia; La flor del volcán; Por el honor de la familia; Un voto de amor; Un intenso deseo de transparencia; La inexorable pasión del entrenador; El corralito; y Una carta al pasado). JRV se vale de esta pugna del bien contra el mal para -dentro de ese contexto- criticar duramente al clero (La herencia, Un voto de amor); para poner sobre el tapete el tema del racismo (Una vieja historia), la homosexualidad, los matrimonios arreglados, y subrayar la discriminación que ejercen ciertas clases sociales sobre otras (Por el honor de la familia); para hacernos ver la prostitución desde el punto de vista de las mujeres que practican ese oficio (La flor del volcán y La inexorable pasión del entrenador); o sencillamente para hablarnos de sexo de la manera más desinhibida, pero sin llegar a ser procaz:

"Basilio la abrazó y la besó, le tocó los senos y su mano bajó hasta su sexo Basilio la desvistió, se desnudó y
se echó sobre ella. Luego, se movió mucho tiempo hasta que Marilí llegó al orgasmo pero él siguió como un experto hasta arrancarle un segundo orgasmo" (La inexorable pasión del entrenador, página 273).

"Se miraron y, sin decirse nada, se estrecharon casi con violencia, se cubrieron de besos y se dejaron caer
sobre el suelo de fina arcilla. Se desnudaron de prisa y se poseyeron frenéticamente hasta quedar exhaustos, tendidos a la sombra de un arbusto, ella recostada en uno de sus brazos". (Manuela, página 81).

"-¡Ven! le ordenó y lo condujo a la parte trasera del anaquel revestido por una lámina de madera donde había una
cama. Lo estrechó de nuevo besándolo y se tumbó con él sobre el lecho. Se desnudaron e hicieron el amor hasta saciarse". (La venganza de Tomás, página 125).

"-Y ahora, mi amor, nos rendiremos culto a nosotros mismos exclamó Nicasio". "Ella se dejó abrazar y besar.
Se desnudaron y se amaron bajo el sol ardiente templado por la brisa fresca, ansiando cada cual retener el tiempo". (Los amigos, página 131).

A mi juicio, La herencia es el cuento mejor logrado en "La Calle Nueva". Aquí los diálogos prevalecen largamente
sobre la narración y, a través de ellos, el autor logra sumergirnos de lleno en el injusto mundo al que debe enfrentarse una joven no reconocida por su padre, quien era, ni más ni menos, un alto prelado de la iglesia católica; para luego deleitarnos con un ingenioso y sorpresivo final. Sin embargo, para una mejor distribución de los puntos de tensión dramática, me atrevería a sugerir que el cuento acabe en el primer párrafo de la página 68, donde dice: "y que ambas eran de canónigo Froylán Alvar Robledo".

A Tolstoi se le atribuye la frase "Pinta tu aldea y pintarás al mundo", y eso es precisamente lo que consigue JRV
en sus relatos salpicados de pasiones mundanas y miserias morales, matizadas con escenas de solidaridad y actos heroicos, protagonizadas por los vecinos de un barrio, de un punto en el mapa accidentalmente "La Calle Nueva" de Arequipa-, que podría ser cualquier punto en el mapa.

Pero lo que más me capturó del libro de JRV es que todos sus relatos están preñados de "pinceladas de
genialidad" en cuanto a metáforas, comparaciones y estampas lingüísticas:

"y sintió el primer aguijón de los celos" (Vox populi, vox Dei; página 19)

"esa tarde la poesía se quedó encerrada en el cuarto de Polidoro. (Vox populi, vox Dei; página 21)

"Los tres volcanes se divisaban enhiestos en el aire azul intenso de la lejanía". (La herencia, página 51)

"El abogado se agarró el mentón y pronunció una cifra que le hizo fruncir las cejas al Canónigo". (La herencia, página 55)

"su vista se posaba en los habitantes eternos de la noche: la Cruz del Sur y las miríadas de estrellas". (Manuela,
página 77)

"las tresinstaladas en su balcón, como largos espárragos en un florero" (Manuela, página 78)

"tratando de ubicar a sus amigos entre el gentío multicolor en movimiento". (Manuela, página 84)

"El Canje de revistas zozobró en el olvido". ("Manuela, página 85)

"tras comunicar su mensaje ineluctable de abeja reina, dejó la tienda". (Manuela, página 86)

"Levantó la vista y la dejó vagar en la negrura del cielo poblado de constelaciones". (Manuela, página 86)

"se fue hundiendo en el fondo de su conciencia en cuya superficie bullía ahora su deseo de estar más

frecuentemente con Laura" (La venganza de Tomás, página 123)

"al amparo de las sombras, la atrajo hacia sí y ella se dejó llevar". (Por el honor de la familia, página 145)

"Ambos levantaron las últimas barreras colocadas ante sus vidas". (Por el honor de la familia, página 145)

"El movimiento de sus manos subrayaba lo que decía" (Por el honor de la familia, página 145).

"Se horrorizó ante esta pregunta cuya respuesta, no obstante, parecía irrumpir con la fuerza de un alud". (Por el honor de la familia, página 168).

"Diana advirtió, a la luz fulgurante de una centella lanzada por el choque de su aflicción y su entendimiento, que
había dejado de pertenecer a la familia de sus padres". ("Por el honor de la familia, página 169).

"y ambas mujeres se confundieron en un solo llanto". (Por el honor de la familia, página 169)

" y de allí pasó a conjeturar cuánto podría divertirse si se enterase de los pensamientos y recuerdos de cuanta persona cayese bajo el telescopio de su mente" (El elixir del herbolario, página 185)

"resbalando por el tobogán de la desconfianza" (El elixir del herbolario, página 187)

"cuando sólo la respiración de los niños dormidos irrumpía la quietud de la habitación" (El elixir del herbolario, página 198)

"Josefina era su antípoda ideológica. (Un voto de amor, página 208)

"Y, súbitamente, atravesando la niebla del pasado, el profesor recordó quién era esa mujer". (Una vieja historia, página 236)

"en el rostro de Elba se dibujó un gesto ostensible de altanería mientras seguía de largo". (Una vieja historia,
página 237).

"no le quedó más camino que enjugar su tristeza vertiéndola en sus versos". (Una vieja historia, página 238)

"como si navegara en la estratosfera mientras el cálido sentimiento del poeta se elevaba sólo hasta la altura de la copa de los árboles más altos" (Una vieja historia, página 239)

"Las hojas de una palmera se irradiaban como abanicos". (Un intenso deseo de transparencia, página 248)

"tendría que fingir lo que no sentía hasta poder evadirse del pozo sórdido en el cual se había precipitado". (La inexorable pasión del entrenador, página 285)

"Avanzó bajo la luz pálida de la luna llena en el silencio turbado a veces por el ladrido de los perros" (El corralito, página 297)

"el cielo estrellado y la luna se ofrecieron ante su mirada" (El corralito, página 301)

"el radio despertador quebrantó la quietud del dormitorio con las notas de una tradicional canción" (Una carta al asado, página 309)

"Avanzó bajo el follaje de las poncianas y los sauces de la calle observando el cielo de un color gris monótono, como si hubiera sido suspendido allí para impedir el vuelo de la imaginación". (Una carta al pasado, página 309)

"y lo dejó varado en la soledad de su amplia casa". (Una carta al pasado, página 310)

"y la vio en la lejanía de un pasado irrecuperable que vivía sólo en su memoria". (Una carta al pasado, página 313)

"Su mente se quedó tan blanca y vacía como el papel". (Una carta al pasado, página 315)

"esa esquina donde el tiempo parecía haberse detenido, incólume ante el embate del olvido" (Una carta al pasado, página 321)

"como si temiese abrir la puerta de su confianza a un extraño" (Una carta al pasado, página 323)

"Hipólito se entregó a diversas suposiciones de las que, al cabo de un momento, juzgó imperioso huir para evitar que se tornasen en ideas obsesivas". (Una carta al pasado, página 325)

En resumen, "La Calle Nueva" es un libro de cuentos y relatos muy bien logrado, en el cual JRV, con excelente
dominio del lenguaje, nos narra interesantes temas y nos describe magistrales personajes. El estilo del autor es abundante en figuras literarias y está cargado de tono poético. Sólo restaría preguntarle cuándo nos deleitará nuevamente con otro libro similar.

Frank Otero Luque

Este artículo tiene © del autor.

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