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Cultura en Argentina (X): Di Tella en el circo

Carlos O. Antognazzi

Argentina



La vulgaridad del ex Secretario de Cultura de la Nación es proverbial. Uno podría pensar que buscaba que lo expulsen, no que lo comprendan. Pero el Gobierno fue más grosero todavía, porque no reaccionó cuando debió hacerlo. Ni siquiera un llamado de atención. Y cada exabrupto de Torcuato Di Tella no quedaba en las fronteras; trascendía. En su momento fue Toni Puig Picart, asesor del Ayuntamiento de Barcelona, quien lo corrigió desde un artículo en La Nación: Prioridad para el país y la gente (30/05/04). La vergüenza o el ridículo pueden no percibirse (para todo hace falta sensibilidad), pero es sabido que del ridículo no se regresa. Y Di Tella, a estas alturas, más que un provocador, como se empecinaron en definirlo algunos intelectuales y funcionarios, es alguien que hace el ridículo demasiado a menudo. Sus últimos artículos en La Nación son sinónimos de incompetencia, no de audacia.

Cultura en Argentina (X):
Di Tella en el circo

La vulgaridad del ex Secretario de Cultura de la Nación es proverbial. Uno podría pensar que buscaba que lo expulsen, no que lo comprendan. Pero el Gobierno fue más grosero todavía, porque no reaccionó cuando debió hacerlo. Ni siquiera un llamado de atención. Y cada exabrupto de Torcuato Di Tella no quedaba en las fronteras; trascendía. En su momento fue Toni Puig Picart, asesor del Ayuntamiento de Barcelona, quien lo corrigió desde un artículo en La Nación: Prioridad para el país y la gente (30/05/04). La vergüenza o el ridículo pueden no percibirse (para todo hace falta sensibilidad), pero es sabido que del ridículo no se regresa. Y Di Tella, a estas alturas, más que un provocador, como se empecinaron en definirlo algunos intelectuales y funcionarios, es alguien que hace el ridículo demasiado a menudo. Sus últimos artículos en La Nación son sinónimos de incompetencia, no de audacia.

En varios escritos propuse su renuncia. Kirchner se la pidió recién el 23/11/04, cuando el daño ya estaba hecho. Di Tella debió haber renunciado mucho antes, en mayo, cuando en una nota, conmemorando su primer año en el cargo, reconoció que no le interesaba la cultura ni a él ni al gobierno al que representaba. Eso debió bastar para que Kirchner actuara. No lo hizo, y Di Tella continuó aportando una triste imagen del país.

Hambre de cultura

La revista TXT publicó una entrevista («El peronismo es una cebolla». 12/11/04) donde Di Tella no vaciló en reconocer «mi cultura es de Billiken» (p. 27), y de explicar que recorta los artículos que lo mencionan para leerlos «cuando necesito algún tipo de estímulo sexual» (sic, p. 29). Señaló igualmente, en clara alusión a Nacha Guevara, que «el Gobierno debe resolver primero el problema de los chicos que se mueren de hambre en Santiago del Estero y no quién es la pelotuda o puta que va a dirigir el Fondo de las Artes» (sic, p. 27). Explicó que «la Secretaría de Cultura es un circo», por lo que necesita «monos, jirafas, enanos, elefantes. Pero claro, no puedo pasarle la mano por el lomo al tigre ni puedo quejarme si hay estiércol en el piso, porque con tantos animales es imposible», para precisar luego que él es «el dueño del circo» (sic, p. 29). Y se autodefinió como «un tipo que dice cosas para hacer pensar más a la gente, para romper ese conformismo mental. Yo puedo decir cosas que ministros, personas serias, no pueden decir» (sic, p. 27). Curioso razonamiento para un Secretario de Cultura de la Nación.

Fiel a la «lógica perversa» del peronismo pese a ser extrapartidario, Di Tella no dudó en mentirle a Susana Reinoso cuando lo consultó por sus declaraciones a TXT. Sostuvo que la nota no respetó sus palabras, y que él dijo «la puta pelotudez de quien va a dirigir el Fondo de las Artes» (La Nación, 16/11/04, p. 11). Pero la entrevista estaba grabada, y cuando se pasó el audio por la radio pudo comprobarse que la versión de TXT era la correcta. La pretendida “provocación”, entonces, pasó a ser confrontación. Ya no se trataba de “mojar la oreja” al lector, sino de humillarlo. En especial a Nacha Guevara, que si bien no presenta condiciones para dirigir el Fondo Nacional de las Artes, tampoco las reúne para ser tratada como lo hizo Di Tella.

El ex funcionario debe tener problemas con su Ego, ya que se desvive por ser noticia y aparecer en los medios: «me gusta figurar», reconoció en la misma entrevista de TXT (p. 29). Por ese camino seguramente procurará ser cada vez más directo y obsceno, hasta que, con suerte, como a su hermano Guido, lo exoneren por senilidad. En tanto los argentinos sufrimos durante un año y medio la vergüenza ajena: Di Tella expulsó a Jorge Glusberg de la dirección del Museo Nacional de Bellas Artes; descabezó al Fondo Nacional de las Artes (que un año después sigue acéfalo); al retacearle apoyo obligó a renunciar a Horacio Salas a la dirección de la Biblioteca Nacional; basureó a los intelectuales que procuraron mantener la imagen del país dentro y fuera de las fronteras. ¿Todo para “figurar”?

Di Tella sabía que cuando hablaba no lo hacía como ciudadano, sino como Secretario de Cultura de la Nación. Debió saber, igualmente, que sus últimos desatinos, publicados dentro de la semana en que se realizaba el III Congreso de la Lengua, tendrían un mayor público y una valoración abiertamente negativa por parte de los invitados extranjeros.

Rebelión en la granja

Es probable que Di Tella haya equivocado el bando. Como en aquel informe para una Academia, de Kafka, quizás no descubrió todavía que es una auténtica bestia y que los que durante su gestión él veía como “animales” son justamente los humanos bonachones, que lo toleraban y pagaban el sueldo a fin de mes (además de aprender algunas estupideces para sobrevivir en el infatuado mundo de los “sapiens”). Esta condición animalesca también fue señalada por Jonathan Swift en Los viajes de Gulliver. En general la literatura ha sabido sacar partido de los “animales” de cada época, y eso ha permitido que los conozcamos hoy. Lo que no deja de resultar una paradoja, porque si, por el contrario, Di Tella pertenece al bando de los Sapiens, con sus actos y declaraciones estaría promoviendo el sistema de la animalidad y la marginación: a menos cultura, más bestias para engrosar su circo personal. ¿Habrá consistido en esto el acuerdo con Kirchner?

Podría argumentarse, igualmente, que si Di Tella posee un circo, y además lo dirige, está acostumbrado al lenguaje y las maneras animales, y los ha incorporado a su propia formación por camaradería o convencimiento. O porque, como en la feroz crítica Rebelión en la granja, de George Orwell, ya nadie puede diferenciar los animales de los humanos y todo aporte es «segual».

Pero el verdadero circo no es la Secretaría de Cultura, sino el Gobierno que ha tolerado a Di Tella hasta la ignominia. Esa “tolerancia”, que en realidad es degradación y desinterés, es lo que patrocina un Gobierno amorfo, tenazmente inculto. Sólo desde la suprema indiferencia se puede permitir que alguien reniegue públicamente y sin consecuencias de la función por la que está cobrando honorarios. Sólo así, y gracias a que al sueldo no lo paga el Gobierno sino los ciudadanos, que somos quienes formamos el Estado, Kirchner y su cohorte se permitieron llegar a esta instancia. Claro que la burla no fue para el Gobierno, sino para los miles de trabajadores de la cultura que una y otra vez sobrellevaron las jactancias pendencieras de este señor. Hubo alusiones desde el extranjero, y un grupo de intelectuales argentinos pidió que se removiera a Di Tella del cargo. Sólo entonces Kirchner entendió que debía hacer algo.

También se fue la otra bocona de la Secretaría, Magdalena Faillace, cuyo desempeño en la organización del III Congreso de la Lengua fue lamentable, como he venido informando en distintos artículos.

La etapa Nun

Adolfo Castelo, director la revista TXT, donde se publicó la entrevista que aceleraría la dimisión de Di Tella, falleció el mismo día que éste renunció: el 23/11/04. Insospechado pero merecido homenaje, pues todo periodista desea que su trabajo cause algún cambio en la epidermis social. Al mismo tiempo, surge la paradoja: TXT es una publicación de la editorial Capital Intelectual S. A., la misma que edita la colección de libros “Claves para todos”, dirigida por el politólogo José Nun. Di Tella acaba de publicar allí. Nun es el reemplazante de Di Tella en el cargo. Ambos son amigos desde hace años. Y hace tiempo Nun es asesor del gobierno de Kirchner.

El ambiente intelectual se mostró esperanzado con la elección de Nun. Pero La Nación del 24/11/04 (p. 10) consigna una frase suya que da que pensar: «El político actúa primero y piensa después. El intelectual, en cambio, piensa primero... y a veces actúa. Kirchner es un pleno animal político que actúa». Debe entenderse la frase como laudatoria de un modus operandi que, evidentemente, reniega del sentido común de pensar para luego, una vez establecido un plan de acción, llevarlo adelante. Es también un reconocimiento de la animalidad que venimos planteando, y del “estilo K”, desmañado y adolescente. Durante el III Congreso Kirchner dejó plantados dos horas a los reyes de España, a quienes no se les avisó del desperfecto del avión presidencial (al final viajó, ahorrando gastos y tiempo, con Felipe Solá en el avión de la provincia de Buenos Aires). Luego Kirchner faltó a la cena del lunes 22/11/04 donde el Gobierno argentino agasajaba al presidente vietnamita Tran Duc Luong. Previamente, recordemos la gafe con Carly Fiorina (27/07/04), y el tiempo dispensado a Daniel “la Tota” Santillán o Diego Madadona, entre otras desinteligencias.

Es preferible que nos gobierne un animal menos político y más pensante. Ya hay suficientes bestias en el circo. Es hora de que ingresen algunos seres humanos. Y es de esperar que el laudatorio Nun asuma la secretaría de Cultura con otra concepción, porque lo que necesita Argentina es planificación y no acciones caprichosas. Di Tella ha dejado sin resolver el Fondo Nacional de las Artes, los premios nacionales y regionales de literatura, la cultura oficial en general, que muere lentamente con el 0,17 % del presupuesto mientras España, por ejemplo, está invirtiendo el 9,4 %. Nos separa un abismo de la civilización. Seguimos peligrosamente cerca de la barbarie y la necrosis.

Espero, por último, que este artículo sirva para algo más que provocarle una erección al señor Torcuato Di Tella.

© Carlos O. Antognazzi.
Escritor.

Publicado en el diario “Castellanos” (Rafaela, Santa Fe, República Argentina) el 10/12/2004, y en la revista “Hoy y Mañana” (Santa Fe, Argentina) Nº 48, diciembre 2004. Copyright: Carlos O. Antognazzi, 2004.

Este artículo tiene © del autor.

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