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¿NO DA?

Frank Otero Luque

País



DAME TU MANO (Haiku)

- Yo tengo Sida
- y tengo mucho miedo.
- Dame tu mano.


Estaba recién llegado a Caracas y vivía en El Paseo Real, un hotel tan nuevo como yo. Laboraba de sol a sol -expresión que, en el trópico, hace valer su cabal significado- en un bufete internacional de abogados. Me habían contratado como consultor en litigios bancarios.

Encontré tanto trabajo acumulado esperándome que, a duras penas, tenía tiempo para ver las calles de día, salvo de ida a una reunión fuera de mi oficina, al retornar de un almuerzo con un banquero, o cuando mi secretaria había seleccionado un departamento en alquiler (nunca llegué a decir "apartamento") digno de que yo lo viera.

La verdad es que me asfixiaba permanecer todo el santo día encerrado entre cuatro paredes, ansiaba siempre la calle, y la soledad de la habitación del hotel, la 609 -número de buen augurio, según mis creencias de ese entonces- me resultaba más aplastante aun que en la oficina. Siempre he sido un alma libre y la rutina, la saturación de mis horas con actividades estrictamente laborales, era la peor de todas las cárceles.

Anhelaba la caída del sol, como el mejor de los dráculas. Esperaba que pasara la hora de la cola, calculaba que el camión del aseo hubiese finalizado su recorrido por la avenida Miguel Ángel, y salía despavorido de la oficina, como a eso de las 7:30 p.m., a tomar el primer taxi que quisiera llevarme de Bello Monte a Las Mercedes, pero sin cortar por el camino de montaña que me aterrorizaba.

Ni bien llegaba al hotel, me daba una larga ducha y salía a aplanar las calles. Tal era mi necesidad de estar al aire libre que, en el año que estuve alojado allí, nunca visité el centro comercial sobre el cual está ubicado. Un duchazo y afuera, ¡afuera!

Contradictoriamente, me agradaba visitar un pub llamado el Dog & Lock, a unas ocho cuadras del hotel, en plena avenida Río de Janeiro, frente al "caudaloso" Guaire. Un pub era cosa rara en la Venezuela de aquella época, pues la vida nocturna giraba -y gira hasta hoy- en torno a tascas y discotecas. El ambiente era, definitivamente, cerrado: mucho humo (y nunca he fumado), rock, gente de pie, bailando o lanzando dardos; gente apoyada contra las paredes, sentada sobre las mesas; muchas chicas solas.... ¡Bueno! Ni tan chicas ni tan solas, porque algunas superaban ampliamente los cuarenta y llegaban en manada.

Una cerveza y una mirada de reojo, ¡zaz!... Una colombiana de veinticinco. Dos cubas libres y una mirada sostenida: otra colombiana, pero de treinta. Tres whiskies y una amplia sonrisa garantizaban una venezolana de cuarenta, y así sucesivamente. Pero para levantarse a una sueca, a una mayorcita como Danka (siempre me han gustado las "veteranas de Vietnam"), hacía falta todo lo anterior, más litros de litros de caña. Danka hacía honor a sus antepasados Vikingos; además, siempre pedía "un poquitico de mother nature", como eufemísticamente llamaba a cualquier hierba buena.

"Dog & Lock, three o’clock" era mi lema de fuga. A veces, sólo era "tocata y fuga", pero otras reptaba all the way back to my hotel room y seguía reptando hasta el amanecer con Danka, mi amiga de Estocolmo. Como ya era conocida mía y se había ganado mi total confianza, me duchaba por la mañana, le daba un beso de despedida -que ella respondía como un reflejo automático, pues ya estaba dormida- y me iba a trabajar, dejándola disfrutar mi cama hasta la hora que se le antojara. Luego, ella ordenaba un “Brunch”, que jamás cargaba a mi cuenta (por supuesto, no era latina) y me dejaba una coqueta nota, escrita con la peor letra que haya visto en mi vida.

En todo el cuerpo un temblor,
en la boca un sabor amargo,
en el estómago ardor
y en la mente un gran letargo.

Mi secretaria observaba silenciosa pero descaradamente las ojeras de Basset Hound con que llegaba yo a trabajar y, horas más tarde, con franca desaprobación, me pasaba la llamada telefónica del Angelus que solía hacerme Danka como al medio día, toda vez que pernoctaba conmigo. "Thank you forr everrything, Frrancisco", me decía agradecida. "Thank you, Danka", le respondía yo, enfatizando el "you". Lo que no me perdonaba Yajaira, mi secre guajira, era la plácida sonrisa que, después de aquella llamada, se me quedaba congelada en el rostro durante toda la tarde. Pero como Yajaira era apenas una niña recién salida del cascarón, y para colmo trabajaba conmigo ("Donde tragues, no...”), yo descartaba rápidamente cualquier pensamiento lujurioso que se cruzara por mi cabeza.

Por momentos, llegué a pensar que el ciclo vital de una persona medianamente feliz se resumía a trabajar, comer, chupar, tirar (con una sueca vieja, de preferencia) y dormir. Todas estas fases me producían gran placer, inclusive la del trabajo, encerrado entre cuatro paredes, aunque ansiara que cayera la noche para poderme largar.

También era maravillosamente entretenido conversar con "Estocolmo", como cariñosamente llamaba a Danka. Ella era toda una filósofa, de mente abierta, sin prejuicios, que expresaba sus convicciones en perfecto “Spanglish” con acento sueco.

"Perruviano", solía decirme; "making love con prreservativo (porque a ella le sonaba feo eso de condón) es like eating un chocolate con platina y tooddo". Yo sabía que esa expresión se la había copiado de una respuesta que le había dado María Conchita Alonso a Marcel Granier en una entrevista en la tele, pero igualmente se la celebraba como original suya. Desde entonces, cada vez que pelo una Princesa, los chocolates que más me gustan, es inevitable que evoque un condón y, por ende, a Danka, quien jamás aceptó usarlos.

Estocolmo opinaba, entre otras tantas cosas, que la fidelidad era algo así como ser condenado a cadena perpetua, o como tratar de convertir a un león en vegetariano. Asimismo, sostenía que la marihuana era un producto tan natural y sano como la Uña de Gato. Además, afirmaba que su éxito como pintora residía, precisamente, en la inmensidad de sensaciones a las que no se negaba para nada en esta vida. ¡Y vaya que vivía intensamente! ¡Y vaya que pintaba bonito!

Chocolate con platina + cadena perpetua + león vegetariano me convencieron muy fácilmente, aunque nunca logró que yo le diera siquiera una pitada a su "bate".

-¿Y no le temes al SIDA, Danka?

-¿Crrees que I go to bed con tooddo el mundo?

-No lo sé.

-No, gaffo; only con hombrres guapos y sanos como tú.

Ingenuamente, lo primero me reconfortaba más que lo segundo.

Al cabo de un año finalizó mi contrato y regresé al Perú. Nunca llegué a conseguir un departamento a mi gusto y que se ajustara a mis posibilidades económicas. Según teoría de mi secretaria, cuando yo pronunciaba la palabra "departamento" en vez de "apartamento" frente a un corredor de inmuebles, el canon de arrendamiento se elevaba automáticamente en un 50%.

Pero, en verdad, era imposible hallar un lugar adecuado para vivir que estuviese cerca del Dog & Lock y que no fuera El Paseo Real. ¡Claro! Estaba el Gran Jefe Mariche, pero costaba una fortuna.

Por otra parte, me gustaba caminar. Nada de mudarme lejos y verme obligado a tomar taxi de noche, lo cual es super peligroso en Caracas; o tener que manejar a cualquier hora, y menos en aquella ciudad, donde los motorizados "vuelan" como moscas, a velocidad supersónica, sin usar los frenos, y no tienen el más mínimo respeto por su vida. Para colmo, si uno llega a atropellar a alguno de estos criollitos, se lo cobran como... ¡sueco!

-¿Que quién no tenía el más mínimo respeto por su vida? -me preguntó Daniel, el enfermero de Laboratorios Roe, con quien había entablado una buena amistad.

-¿Que quién no tenía el más mínimo respeto por su vida? -inquirió nuevamente, en son de broma, aunque sin dejar de ser cruel, mientras terminaba de sacarme la última muestra de sangre y colocaba un algodón en el pliegue de mi brazo para retirar la aguja.

Y, por primera vez en mi vida, reflexioné en el criollito que era yo, y que estaba pagando el precio de un sueco, porque en vez de caminar preferí correr a una velocidad supersónica, sin usar los frenos...

A cuántas creo querer,
pero en resumen a ninguna,
porque el amor verdadero ha de ser.
pues solamente con una.

Ver en línea : Amigos de "El Señor de Palpa"

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