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SIETE PERLAS Y UNA ESMERALDA

(de Livorno a Córcega)

Valentín Justel Tejedor

España



Cuenta la mitología que las siete islas del Archipiélago Toscano, por el que vamos a navegar, tuvieron su origen cuando Venus Tirrénica surgió de las aguas y se rompió la diadema de perlas y gemas preciosas que adornaba su frente. De las perlas que cayeron sobre la superficie del mar nacieron siete hermosas islas: Capraia, Elba, Giglio, Giannutri, Gorgona, Montecasino, Pianosa, y una bella esmeralda: Córcega.

Dejemos que la leyenda nos acompañe, en esta inolvidable travesía que sitúa su punto de partida en el puerto de Livorno, allí nos esperaba el "MOBY VINCENT" un ferry con capacidad para más de mil vehículos y cuatro mil pasajeros, así tras soltar amarras, el viaje se inicia con viento flojo de componente Sur-Sureste, y con mar llana, condiciones inmejorables para contemplar un amanecer idílico en policromía azul y rojiza.


La travesía nos devuelve a la inmensidad de un mar cálido, que se resiste a abandonar la línea de costa, que paulatinamente se difumina en la lontananza, sin llegar a desaparecer por completo.


En este monótono marco de azul añil en cielo y mar, destaca la existencia de cinco elementos que vienen a impregnar de perspicuidad el uniforme cromatismo de la composición; a proa, varios delfines escoltan a la embarcación describiendo acrobacias constantes, que son objeto de admiración por parte del pasaje, produciendo con sus bailes armiñadas y espumosas salpicaduras; también son numerosos los cúmulos algodonados que jalonan la empírea atmósfera celeste; el níveo acastillaje del buque proyecta su blancor sobre la encalmada superficie marina, a babor y a estribor; de igual modo, las chimeneas de este gigante expulsan un humo denso y anacarado que se va alejando como un fino hilo que el viento, paulatinamente va debilitando hasta conseguir disiparlo en su totalidad, resultando practicamente imperceptible en la lejanía; a popa, una gran estela mágica de claror perdidamente enamorada del rumbo, sigue a éste hasta el ocaso de la singladura.


Así, cuando había transcurrido media hora escasa de navegación a dos millas naúticas aproximadamente, a estribor se vislumbró la preciosa isola di Capraia, en la que destacaba su fortaleza - penal, y sus masas boscosas de pino mediterráneo. Asimismo, se acercaban sobrevolando hasta nuestra embarcación muchas de las especies de aves que anidan en esta encantadora isla tales como halcones, tórtolas, gavilanes, etc


Pronto, Capraia desaparecía de nuestras retinas envuelta en una suave neblina que la hacía cada vez más indefinida, pero súbitamente apareció ante nuestros ojos otro capricho de la naturaleza esta vez por babor, se trataba en este caso de la imponente isla de Elba, de gran significado histórico principalmente porque aquí fue donde estuvo exiliado Napoleón Bonaparte.


La belleza de la Isla de Elba se refleja en sus aguas brillantes otorgándole un status de hermosura único en el mediterráneo, desde el buque se aprecia con cierta nitidez el Monte Capanna la cima más elevada de la isla con más de mil metros de altitud, también se observa la capital Portoferraio, nombre que evoca la principal riqueza de la ínsula y que fue explotada por las distintas civilizaciones que han habitado en ella, tales como griegos, etruscos, cartagineses y romanos.


Así, mientras la suave brisa marina acariciaba nuestra tez, lentamente iban desapareciendo de nuestros ojos los últimos y abruptos acantilados cincelados por la fuerza de las olas en la zona más meridional de esta isla, toda ella de un característico color rojizo intenso.


Proseguía la travesía entre aquel maravilloso archipiélago Toscano, para minutos más tarde aproximarnos a la conocida Isla de Montecristo, la cual, está situada a unas veinticinco millas naúticas de la isla Pianosa, entre Córcega y la isla de Elba. Montecristo, que ha estado siempre y está todavía enteramente desierta, es una gran peña de forma casi cónica, que parece emanada de una erupción volcánica desde el fondo del mar a la superficie. Allí el escritor Alejandro Dumas sitúa parte de la trama argumental que recoge en su famosa novela "El Conde de Montecristo", así en uno de sus párrafos el autor describe esta ínsula diciendo: "La isla estaba desierta. El sol, en su cenit, la abarcaba toda con sus miradas de fuego. Las olas juguetonas parecían barquillas de zafiro". Magnifica descripción para una isla que según la leyenda brilla permanentemente, pues todavía quedan restos del grandioso tesoro de diamantes, rubíes, perlas y barras de oro que encontró allí Edmundo Dantés (El Maltés).


Después de navegar en aguas próximas a la renombrada isla de Montecristo nuestro rumbo cambia a dirección Oeste, poniendo proa a la isla de Córcega "Montaña en el mar", un verdadero subcontinente en pleno mediterráneo, así entre la neblina se divisa la inconfundible silueta de esta incomparable isla, así como alguno de los atributos heredados de su pasado.


Lasciamo la lingua italiana, pour parler le française; Ciao l`Italia, Bonjour La France.

Así tras desembarcar en el puerto de Bastia, capital del norte de Córcega, nos dirigimos al casco antiguo dónde se ubica la ciudadela, bastión militar reconvertido en lugar lúdico, del que en esa noche mágica irrumpen personajes de época con largas pelucas blancas de tirabuzones, ataviados ellos con casacas rojas y azules, y ellas vistiendo trajes de corte renacentista con innumerables abalorios.


Es como un gran teatro con decorados naturales al aire libre, desarrollado de forma espontánea y magistral, todo ello acompañado de una música propia del renacimiento europeo.


En nuestro recorrido por esta maravillosa isla nos encontramos con "todos los paisajes del mundo"; playas pedregosas que esconden los peligros de un oleaje violento; Aguas cristalinas adornadas en sus fondos por piedras de los colores más diversos que podamos imaginar, algunas imitan verdaderas esmeraldas, gemas e incluso rubíes; Acantilados verticales, calizos y estratificados que parecen desplomarse con la sola brisa marina; tupidos y frondosos bosques de coníferas junto a lagos y montañas de extrema altitud.


En palabras del autor del famoso libro "El Principito" Antoine de Saint-Exupéry, que había sobrevolado tantos bellos y grandiosos paisajes por todo el mundo, expresa: "Córcega con sus maravillosos golfos con arabescos de ágata, en sus playas, en sus calas secretas, en sus montes de nevadas cimas, sus bosques, sus misteriosos sotos, sus ríos, sus cascadas y sus mil aromas".


En definitiva, Córcega representa la belleza de una gran isla en el seno del Mediterráneo.

Este artículo tiene © del autor.

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