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POSMODERNIDAD Y FIN DE SIGLO

Liana Friedrich

Argentina



 Posmodernidad no significa precisamente muerte de las utopías; más se hubo consti-tuido en el" disparador" que abre el gran debate de fin de siglo.
 Desde el punto de vista humanístico, ha significado una reacción hacia el exacerbado individualismo de los tiempos modenos, cuyo exponente máximo fuera instaurado, en el transcurso del siglo XX, por las llamadas democracias autoritarias.
 Más que con movimientos circulares, la historia se despalaza pendularmente. Esto lo vemos a diario en manifestaciones populares como la moda , o en otras no tan vulgares, como los movimientos artísticos, cuyos extremos máximos avanzan según los paradigmas griegos de loapolíneo versus lo dionisíaco ,es decir, desde las líneas sobrias, austeras, hacia el oscurantismo complejo y retorcido (o dicho de otra manera, desde lo clásico hacia lo barroco). En realidad, estas posturas antagónicas responden a una concepción bipolar del universo , basada a su vez en las dicotomías bien/mal , luz/oscuridad, blanco/negro, día/noche, guerra/paz, amor/odio... 
 La crisis humanística finisecular reaccionó contra el concepto iluminista del sujeto au-tónomo ,que se erigiera en "rey del universo", y cuyo ideal le hacía suponer que la sociedad progresaría ilimitadamente, gracias al poder del pensamiento y la evolución constante de las ciencias. Hoy las concepciones orientalistas, de carácter holílsitco y naturalista, inva-den todos los foros de la cultura, oponiéndose básicamente al excesivo egoísmo individua-lista, y propugnando la ruptura del "yo" como categoría que se disuelve en la armonía cósmica. Una mente ecologista se apodera de esta sociedad, donde no es posible admitir que el hombre domine la naturaleza como un demiurgo caprichoso y tirano, sino que es menester intentar una inserción equilibrada en ella. En conclusión, asistimos a la disolu-ción del sujeto racional egocéntrico en la otredad del "nosotros", para sumarnos así al To-do con el objeto de con-vivir en paz y armonía.
 Como Lipovetzky, podríamos sustituir el término"posmodernidad" por "sobremoder-nidad", porque el momento actual es el resultado de los excesos de la sociedad posindus-trial, (caracterizada por una saturación de las invenciones que no siempre responden a de-mandas reales,y por la aceleración en los tiempos y en las comunicaciones) la que nos su-mió en una cultura "light" - "collage" irreverente de "feelings" y "zappings"- donde una cambiante gama de placeres, colores e imágenes nos deslumbra constantemente con sus falsos espejitos de pseudo-conquistador tecnológico siglo XXI... Para reaccionar al gran "vacío existencial " que plantea este filósofo de nuestro tiempo, y al consumismo como ac-titud de vida, es necesario interponer una postura trascendente, que lleve al hombre a tran-sitar caminos más elevados (los que, paradójicamente, no desembocan en el mundo físico sensible, sino que se adentran en el interior del ser). De ahí que la utopía de un mundo me-jor, a partir del constante desarrollo progresista (el que paralelamente ocasionara la des-trucción sistemática del equilibrio ecológico y una contaminación ambiental irreversible), demostró la falacia del racionalismo científico . Es por eso que la relación- aparentemente antagónica- entre los opuestos debe necesariamente subsumirse en un Todo, cuya caracte-rística de unicidad es la que logrará superar las diferencias que nos enfrentan.
 La culminación del siglo XX dejó como saldo una actitud científica más amplia (la teoría de la relatividad de Einstein constituyó un antecedente, en este sentido), porque la verdad es relativa. No es absoluta, como pensaba el hombre moderno. Y el avance de la tecnología debe ser condicionado éticamente. Es así como una actitud crítica universal reencauza el camino de la ciencia, con grados de apertura crecientes, dando lugar también al mito y a la religión. Surge, por ejemplo la "medicina alternativa" como opción válida, y la razón va dejando paso a la intuición como instrumento viable de conocimiento.
 Se ha dicho, además, que el fin de siglo implicó, desde el discurso posmoderno, la "muerte de la historia", porque si no hay lugar para las utopías, entonces, ¿podría acaso exisitir una opción de futuro? Es así como, en los países desarrollados se habla de la "post historia", caracterizada por el desarrollo económico como meta la crisis de representativi-dad política y el triunfo del consumismo, que sólo sirvió para ahondar las diferencias socia-les, clausurando definitivamente los ideales de la modernidad. El racismo, el fundamenta-lismo, la marginación, la violencia y la droga son parámetros que indican el colapso del li-beralismo occidental. De ahí que el pensador japonés Fukuyama sostiene que la instancia válida sería la constitución de una sociedad armónicamente integrada en el contexto natu-ral. Dicha postura forma parte de una ética mutualista , junto con una concepción cíclica del tiempo, que desde el punto de vista oriental, interpreta vida/muerte como las dos caras de una moneda, integrante de un mismo Todo.
 Y para concluir -también con una visión orientalista- los chinos registran el concepto de crisis por medio de dos ideogramas: el primero significa peligro, y el segundo, oportu-nidad. Esto nos ofrece la posibilidad de responder ante los peligros de esta época de desen-cantos , de "carpe diem", de desigualdades marcadas o de falta de proyectos , con la opción del CAMBIO, interpretado como una transformación básica que debe partir en primera instancia del interior de nosotros mismos, por medio de la apertura existencial que nos conduzca a la integración. Lo universal no se halla centrado en lo homogéneo, sino en la heterogeneidad de los sujetos (distintas etnias, religiones, credos, etc, etc). Sumemos en-tonces nuestras individualidades a la unidad del Todo. El inicio de esta NUEVA ERA no se halla determinado por condicionamientos astronómicos fijos; más bien podrá dar co-mienzo cuando no existan barreras que separen, dividan, segreguen...no sólo de carácter fí-sico como el Muro de Berlín, sino más bien espirituales, porque en realidad, las primeras son sólo consecuencia de las segundas.

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