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LOS ACANTILADOS DE CÓBRECES Y TOÑANES

Valentín Justel Tejedor

España



 

LOS ACANTILADOS DE CÓBRECES Y TOÑANES

 

Aquellas áureas camberas1 se abrían paso, entre un inextricable mar esmeralda, de pernales2 lombizas3 de pastizal. Había que ser un autentico baquiano4 para no extraviarse en aquel farragoso laberinto de caminos polvorientos, cuajados de encrucijadas, bifurcaciones, confluencias y derrotas.

 

Cada una de aquellas trechas podía conducir, bien al deleite más absoluto del excelso paisaje, bien al abismo más ominoso y funesto. Resultaba pues, emocionante e inquietante, transitar estas sendas de conclusiva incertidumbre.

 

La silueta de los acantilados, se recortaba sobre el cerúleo cielo, integro de azulez. Apenas, si había algunos cúmulos, níveos y algodonosos, que con sus curvocóncavas y convexas torsiones, quebraban la imperturbable serenidad de la perspectiva.

 

La inopinada y fresca brisa vesperal, acariciaba con lenidad el piélago vegetal. Las hierbas vivaces, que rebrotaban desde los tallos subterráneos, se combaban semejando sinuosas olas de mar. El paraje mostraba una marejada de infinitos verdes. La crominancia5 de los glaucos, sinoples, cetrinos y verdeceledones, resultaba verdaderamente fascinante.

 

En la elevada cabezada del montaraz promontorio, había un miracielos, es decir, un banco de fundición, con su estructura de arrabio azabache, y sus listones de madera de iroko. Su silueta aparecía desdibujada en las obnoxias alturas, como algo irreal o delusivo, como si se tratara de algo mágico o taumatúrgico.

 

Su posición privilegiada, invitaba a admirar desde la cumbre, las excepcionales y bucólicas panorámicas celestes, orográficas y marítimas.

 

Así, al aproximarnos a los suspendidos cornisamentos, se vislumbraba un mar ampuloso e ilimitado. De forma inesperada, irrumpió un severo turbón6, descargando un momentáneo e inclemente aguacero. Durante unos prolongados minutos el mar zarco y celeste, se tornó azulenco, naval, añil; con sus ebúrneas y agitadas lesas7; con sus resacas y sus revesas; con sus crestas albares y sus fondos fuliginosos; con sus rompientes y batientes…

 

En aquel hostil proscenio un terril8 volaba a baja cota, enseñoreado, casi rozando las vilotreras9, y los escarpes de los acantilados. Asombraba su elevada celeridad en el veleo10, pues allí donde el viento se encañona, es donde más difícil resulta planear. Su plumaje gríseo, atramentoso y nacarado, le permitía ser distinguido en las verticales paredes, ocres y abramadas11.

 

Pronto asomó la rojana12, entre las densas y desparramadas formaciones de nubes, agrupadas por convección.

 

En el perillano, formado por una amplia agüera declinada entre dos prominentes acantilados, había un parampial13 y vejero14 molino. Su emplazamiento no era casual, pues estaba enclavado junto a una vadera de aguas pluviales. Al llegar las crecidas giraba sus palas desembarazadamente, desaguando la ácuea corriente, hacia una bella cascada, formada por abruptos pedrigales y marfileños cantiles. Las dúlcidas aguas desembocaban en el desabrido y tempestuoso Cantábrico.

 

Allí, en la rasa mareal de los gigantes, unas estriadas y apaisadas rocosidades, trataban de proteger a calandas15 y saleras16.

 

Así, con cada pantocazo17 de mar, los sargazos y equinodermos18 eran barridos, con suma facilidad hacia los adentros de la plataforma continental. En la superficie de las erosionadas rocas, se originaban salseros19, que escurrían sus salobres flecos, entre los intersticios de las sólidas anfractuosidades margosas.

 

Tierra adentro, despuntaban los procaces chapiteles gemelos de la iglesia parroquial de Cóbreces, y el de la octogonal torre de la abadía cisterciense.

 

Trazada entre casonas de labranza y nobles palaciones20, la bituminosa línea rodoviaria, que conducía a la emblemática y elegante Comillas, se perdía entre las glaucas lombizas3.

 

 

1.- Cambera. Camino de carros.

2.- Pernales. Inclinadas

3.- Lombizas. Lomas.

4.- Badiano. Practico de los caminos, trochas, y atajos

5.- Crominancia. Saturación del color.

6.- Turbón. Aguacero.

7.- Lesas. Espumaradas.

8.- Terril. Ave marina.

9.- Vilotreras. Areas escarpadas del acantilado.

10.- Veleo. Planeo de un ave.

11.- Abramadas. Resquebajadas.

12.- Rojana. Sol entre nubes.

13.- Parampial. Edificio en ruinas.

14.- Vejero. Viejo.

15.- Calanda. Alga

16.- Salera. Estrellas de mar.

17.- Pantocazo. Golpe de mar.

18.- Equinodermos. Estrellas de mar.

19.- Salsero. Espumaradas que forman las olas al batir sobre las rocas.

20.- Palaciones.Palacios

Este artículo tiene © del autor.

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