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LAS TRES GUERRAS DE ANICETO RECIO PEDROSO

Lázaro David Najarro Pujol

Cuba



 

LAS TRES GUERRAS DE ANICETO RECIO PEDROSO (1).

Por Lázaro David Najarro Pujol

El Comandante del Ejército Libertador de Cuba, Aniceto Recio Pedroso, -hijo de Juan Recio y Felipa Pedroso, que a su vez eran descendientes de esclavos- nació el 12 de agosto de 1847 en el poblado de Palma Hueca, situado en época de la colonia, en el antiguo barrio Buenaventura, del Partido Pedáneo de Santa Cruz del Sur.

Los Recio Pedroso se dedicaban a las labores de la agricultura. En ese ambiente campestre transcurrió la niñez de Aniceto, quien se vinculó con los esclavos y la tierra. Con mucha frecuencia escuchaba las narraciones de negros apalencados, amotinados y sublevados. También conoció de los asaltos que realizaban los cimarrones a las fincas cercanas, asaltos que devinieron. verdaderos combates. 

Señala el historiador Vilfredo Avalo Viamontes, en su ponencia: Un jinete de la caballería de Agramonte, que “la constante actividad de estos esclavos del sur de Puerto Príncipe, obligó a las autoridades de la villa a fortalecer la vigilancia del Partido de Santa Cruz del Sur, con grupos de rancheadores encargados de perseguir a los sublevados”.

La niñez de Aniceto transcurrió en una etapa en la que el país se debatía en medio del candente conflicto de la esclavitud: Inglaterra se oponía al tráfico ilegal de negros y se iniciaba asimismo la esclavitud de chinos, conocido como “importación de colonos asiáticos”.

Según refiere Vilfredo, los primeros 600 chinos llegaron a Cuba en 1847 (precisamente el año en que nació Aniceto), en virtud de una carta firmada por la Real Junta de Fomento.

Para la familia Recio-Pedroso, la vida era muy tensa y aún más por su condición de negros estaba condenada al trabajo indiscriminado y al analfabetismo. En esa etapa, solo en el barrio de Santa Cruz del Sur había una escuela, creada en 1843, y a la que asistían pocos alumnos.

El niño Aniceto Recio Pedroso, jamás tuvo la oportunidad de recibir el pan de la enseñaza y en esa etapa de la vida se vio en la necesidad de vincularse al trabajo en el campo.

Así transcurrió el tiempo y con el tiempo, la niñez y la adolescencia de Aniceto. Pero el 11 de octubre de 1868, llegaron a la Villa de Puerto Príncipe, las primeras noticias de la liberación, por Carlos Manuel de Céspedes, de sus esclavos y de la convocatoria a incorporarse a la lucha independentista, en el ingenio la Demajagua, en el Oriente de la Isla.

En Santa Cruz del Sur se supo la nota el 12 de octubre. Las autoridades españolas orientaron la adopción de un grupo de medidas para evitar que el levantamiento de la Demajagua fuera secundado por los camagüeyanos, pero el 28 del propio mes un grupo de 25 sublevados, encabezado por Pedro Recio Agramonte, comenzaron algunas operaciones en la zona. En respuesta a esa acción los españoles reforzaron la guarnición de Santa Cruz del Sur y construyeron fortificaciones y cuarteles. Esas medidas frenaron la organización de una estructura militar mambisa  en el sureño territorio, perteneciente a la Brigada Sur del Ejército Libertador.

Al ocurrir el levantamiento de la Demajagua, Aniceto Recio contaba con 21 años de edad y motivado por el alzamiento de los 25 santacruceños y las sublevaciones de los esclavos, principalmente de los de Serapio Recio, en la hacienda de Cuatro Compañeros, no vaciló un instante y se sumó a la lucha por la Independencia de Cuba y se incorporó a la Infantería del Tercer Cuerpo del Ejército Libertador y posteriormente es asignado a la Caballería de El Mayor General Ignacio Agramonte, destacándose por el dominio de las armas, su disciplina, seriedad, responsabilidad y valentía.

Los cubanos participaban en una guerra contra un enemigo superior en número y armas, por tal motivo el Ejército Libertador aplicó la efectiva guerra de guerrilla.

La mayoría de los hombres que formaban parte de aquella fuerza insurrecta, era analfabeto, entre ellos Aniceto Recio Pedroso.

Ante aquel panorama, Ignacio Agramonte estableció, entre sus tropas, lo que hoy se denomina en Cuba “Círculos de Estudios”.

Con la punta del cuchillo les ha enseñado a leer y a escribir en la corteza de los árboles y a valerse por sí mismo. Según testimonio, se afirma que Aniceto fue alfabetizado por Agramonte, pues al concluir la guerra ya este conocía las primeras letras y leía (2)”.

El 22 de septiembre de 1872, en la zona de Las Deseadas, camino de Santa Cruz del Sur, Ignacio Agramonte decide que Aniceto Recio Pedroso forme parte de su escolta. En febrero de 1873 es ascendido al grado de cabo y en octubre de ese mismo año protagoniza unas de las páginas más gloriosas de la Guerra de los Diez Años: El Rescate de Sanguily, integrando la caballería de 35 jinetes que heroicamente liberó al brigadier. Después de la caída en combate de Ignacio Agramonte, en los potreros de Jimaguayú, Aniceto, con los grados de sargento formó parte de la escolta de Máximo Gómez.

Tras el Pacto de Zanjón, Aniceto regresa a la vida de campesino, pero al reiniciarse la Guerra Necesaria de 1895 (preparada por José Martí), con 48 años de edad y con la experiencia de las dos contiendas precedentes, se incorpora en el mes de junio de ese año a la Primera División del Tercer Cuerpo. Se incorpora a la guerra acompañado de Luis Recio La O, el mayor de sus nueve hijos. Prestó servicios hasta el 24 de agosto de 1898 y alcanzó los grados de Comandante del Ejército Libertador. Una vez terminada la guerra, regresó al barrio de Guaicánamar, en Santa Cruz del Sur, arrendando al señor Mariano Brull, la finca Las Uvas. Como señala Rafael Soto Ruiz: “Y tantas vicisitudes y tantos esfuerzos, tanta sangre vertida y como final ni siquiera el palmo de tierra que Don Aniceto cultivaba en unión de sus nueve hijos era suya(3)”.

En la finca las Uvas, se dedicaba a labores agrícolas. Al conmemorarse el aniversario 54 del Rescate de Sanguily, en 1925, se crea un Comité Gestor en homenaje a los supervivientes de ese importante acontecimiento, quienes frente a la estatua a El Mayor, se les impuso la medalla conmemorativa a los cuatro jinetes que aún quedaban vivos: el coronel Elpidio Mola, el Alférez José Antonio Regino Avilés, a Eugenio Barceló y al Comandante Aniceto Recio Pedroso. También fue homenajeada Cirila López Quintero. Las medallas fueron impuestas por el Mayor General Javier de la Vega Basulto.

Ya en 1941, al conmemorarse el Centenario del natalicio de Ignacio Agramonte, nuevamente Aniceto Recio, con 94 años de edad, fue invitado a la ceremonia, efectuada en la Logia Tínima, a la que asistió asimismo Herminia Agramonte Simoni, la hija de El Mayor.

El periodista Rolando Nieves Casa, publicó en EL CAMAGÜEYANO, el 25 de diciembre de 1941, una entrevista sobre el bravo mambí en la que resaltaba que “Aniceto era en ese momento todo lo que quedaba de Agramonte como guerrero, un hombre de piel negra, de 94 años, hospedado en el Hotel Habana e invitado de honor por la Sociedad “El Liceo”.

A la pregunta: ¿Cuál fue su participación en el rescate? Aniceto, con una dosis de modestia dijo “estar muy viejo y no recordar apenas lo que había hecho él como soldado del Ejército Libertador, con 24 años entonces. No obstante, si guardaba en su mente con claridad, pese al tiempo lo que hicieron los demás”. “Habló con calor de su jefe y al contemplar la bulliciosa multitud  de la ciudad desde el sitio del hotel donde tuvo lugar la entrevista, dijo, como pensando en voz alta: “parece increíble, tantos años”. Al decírsele que había un cuadro del Mayor allí, pidió que se le enseñara para ver si tenía los ojos caídos como en realidad eran los suyos.

“Con sus ojos cansados de mirar, le contempló como si estuviera en pose militar ante su jefe. Respetuosamente, sombrero en manos se extasió observándolo quién sabe con cuántos recuerdos en su mente: “Tiene gran parecido. Lo pintaron bastante bien”. Fueron sus palabras.

“Algo cansado y entristecido por los recuerdos, se detiene y no nos atrevimos a insistir. (...) ¿acaso no lo conmovió en lo más profundo de su alma una foto del Mayor?

Finalmente al despedirse del periodista le dice:

-Volveré lo más pronto posible para mí finca en Guaicánamar donde dejé los míos, mí compañera que es una ancianita, nueve hijos y numerosos nietos.

En el año 1943 visita la capital, acompañado de su hijo Alberto, quien  ingresó en el hospital Mercedes. Aprovechando la estancia del viejo mambí en La Habana, el Doctor Pedro Hidalgo lo invita a un conversatorio en el Salón Santa Clara de la Cámara de Representantes del Capitolio Nacional. Allí intercambió con el doctor Julio Sanguily, nieto del brigadier y momentos después fue entrevistado por el diario habanero El Crisol, el 11 de marzo de 1943.

Cuentan que Aniceto, salía muy poco de su casa, solo los domingos se reunía con un grupo de veteranos en la casa de Amado Abalo. Así lo sorprende la muerte el 20 de julio de 1948, a la edad de 101 años, en la más extrema pobreza y con una bochornosa “pensión”. Muere como consecuencia de una hernia estrangulada por falta de atención médica. 

Según el investigador Vilfredo Avalo Viamontes, todos los vecinos de Guaicánamar supieron rendir oportunamente los honores al Comandante mambí. Su muerte fue muy sentida, al menos en su pueblo. Viejos compañeros de armas lo escoltaron hasta su última morada.

Su ataúd iba cubierto con la bandera que tantas veces ondeó en los combates. Por caminos intransitables, como consecuencia de las lluvias caídas, la masiva peregrinación recorrió a pie más de tres kilómetros, hasta llegar al cementerio.

El pueblo, conmovido pero firme y enérgico, entonó las notas de nuestro Himno de Bayamo y posteriormente se escuchó la descarga de fusiles, como última despedida a aquel bravo mambí.

 

(1) Bibliografía:  Vilfredo Avalo Viamontes: Un jinete de la caballería de Agramonte.
           (2) América Vidal Ortiz, quien brindó su testimonio, fue vecina de Aniceto, el testimonio fue firmado por Librada Recio, nieta del mambí quien afirmó que su abuelo la alfabetizó y a otros nietos.
           (3) Rafael Soto Ruiz: Un superviviente del Rescate de Sanguily.  Pueblo, 17 de mayo de 1943.

Este artículo tiene © del autor.

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