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LA VIDA SECRETA DE MEYER LANSKY EN LA ESPLENDOROSA HABANA

UN LIBRO QUE CAUTIVARÁ A LOS LECTORES

Lázaro David Najarro Pujol

Cuba



Después he haberme leído La vida secreta de Meyer Lansky en la esplendorosa Habana, del prestigioso escritor camagüeyano Enrique Cirules - su último libro testimonial, publicado recientemente por la edotorial de Ciencias Sociales de La Habana - he quedado profundamente impresionado con esa evocación magistral que recorre toda una época. Además, por las técnicas que utiliza su autor, este libro transcurre como si se tratara de una fascinante novela sin ficción, igual que otros textos suyos, a los que ya nos tiene acostumbrado, tal y como ocurrió con su libro Conversación con el último norteamericano, Premio Nacional en el Concurso Literario 26 de Julio en 1972; obra en la que se conjugan múltiples historias y una excelente literatura.El también autor de El imperio de La Habana (Premio Casa de las Américas 1993 y Premio de la Crítica en 1994), nos explicó que este nuevo libro sobre la mafia en Cuba es el resultado de un paciente y lento proceso de investigación, con un grupo de personajes que estuvieron muy cerca del financiero de la mafia norteamericana durante 1957 y 1958.

El libro está narrado en primera persona por quien fuera el chofer-guardaespaldas de Meyer Lansky en la capital cubana, después de haber realizado estudios en una universidad de los Estados Unidos, entre 1949 y 1952; y de cursar una escuela de dealers, para comenzar a trabajar en el mítico casino del Hotel Flamingo de Las Vegas, antes de que el financiero de la mafia norteamericana lo trajera de nuevo hacia los parajes de la esplendorosa Habana, a mediados de 1957. La vida secreta de Meyer Lansky en la esplendorosa Habana, es un libro que profundiza en las actividades clandestinas del jefe de la mafia norteamericana en la capital cubana, para un período que incluye la guerra entre el clan de La Habana y las familias sicilianas de Nueva York, por el reparto de los fabulosos negocios que se estaban generando en Cuba.

Este nuevo libro de Cirules es sin dudas uno de los más apasionantes textos que se han escrito sobre las actividades del hampa norteamericana.

Se trata de una fascinante y reveladora historia, donde ha logrado reconstruir el delirante entorno que dominaba en los más afamados sitios de una Habana conocida por entonces como "El París del Caribe."

En más de trescientas páginas, un prólogo, y una cronología histórica - además de una colección de fotos de los sitios que utilizó Meyer Lansky en La Habana - el lector encontrara una detallada explicación de lo que aconteció con la mafia norteamericana en los días en que el movimiento guerrillero dirigido por Fidel Castro sacudía con intensidad las raíces de la dominación de Estados Unidos en la mayor de las Antillas. La vida secreta de Meyer Lansky en la esplendorosa Habana está narrada con un lenguaje depurado, que por momentos alcanza el delicado y tenso tono de una excelente novela.

En el prólogo al libro se precisan un conjunto de circunstancias, pero sobre todo de cómo se forjó ese proyecto; las situaciones y el entorno en que se desenvolvieron las actividades de los principales personajes, así como otras consideraciones que contribuyen a ubicar en tiempo y espacio a historias y personajes.

Posteriormente el relato se adentra en los primeros años del testimoniante principal, en los avatares de su aprendizaje; y en las relaciones que sostuvo en la capital cubana, siendo apenas un adolescente, en zonas de juego, turismo, riñas callejeras, etc, hasta su partida hacia Estados Unidos dentro del maletero de un auto, en uno de aquellos viajes que realizaban los ferrys de La Habana a Key West, después de haberle entrado a tiros a un matón del barrio de Jesús María. Seguidamente Cirules describe de manera magistral la presencia del personaje en Estados Unidos, con sus muchas y variadas incidencias, primero en Nueva York y más tarde en Chicago, a donde se traslada con el ánimo de lograr el ingreso a una universidad, con el fin de estudiar la carrera de relaciones públicas, algo que logra de una manera insólita.

En el capítulo "En los umbrales de la mafia", uno puede acceder a las diversas aventuras del testimoniante en la ciudad de Chicago, hasta la noche en que, mientras está cenado en un lujoso restaurante de aquella ciudad, se encuentra con un antiguo condiscípulo suyo, hijo de emigrados, que había conocido en La Habana, quien se lo lleva a pasar una escuela de dealers; y al concluir su entrenamiento, comienza a trabajar en el afamado casino del Hotel Flamingo de

Las Vegas, donde poco después entraría en contacto con Meyer Lansky. Es entonces que Lansky le propone que vaya con él para La Habana, como chofer-ayudante, algo que le permite revelar al testimoniante las relaciones que se van estableciendo; y en especial, la metodología utilizada por el hampa norteamericana, así como muchos de los aspectos nunca antes revelados sobre el crimen organizado en Estados Unidos: sus actividades, formas y estructuras, y la manera de manejar los más complejos negocios.

En este nuevo libro de Cirules se van esclareciendo los vínculos y relaciones en una ciudad poseedora de una rutilante vida nocturna, en tanto que el chofer-guardaespaldas de Meyer Lansky se enfrenta a una Habana llena de luces, de esplendores, después de casi diez años de ausencia.

La Habana de época narrada por Cirules, estaba diseñada para recibir a miles de turistas norteamericanos, y para que las grandes fortunas radicadas en Estados Unidos pasaran de mano, en esos recorridos por casinos, esplendorosos hoteles y restaurantes, zonas burdeleras, y sitios de la aventura.

En La vida secreta de Meyer Lansky en la esplendorosa Habana también está presente la guerra entre el clan de La Habana, y los grupos sicilianos de Nueva York, en los días en que don Alberto Anastasia arribó a la capital cubana tratando de forzar la entrada de los intereses de las familias neuyorkinas; así como las previsiones y medidas que Lansky comenzó a tomar para vivir de incógnito en la capital cubana, dos o tres semanas antes de que Anastasia fuera asesinado en la barbería del Sheraton Park de Nueva York.

En este libro el escritor camagüeyano nos revela por primera vez un conjunto de sucesos, de medios, de medidas, y de sitios escogidos por Meyer Lansky para su estancia clandestina en la fabulosa habana, instrumentando muy sutiles métodos, desde septiembre de 1957: meses que incluyeron la inauguración del Hotel Capri, y la afamada reunión de Apalachin, en el sur de la comarca newyorkina; sin que el escritor descuide la vida emocional y amorosa que sostuvo el financiero de la mafia norteamericana en un apartamento del Paseo del Prado, con una preciosa mucha conocida como la bella Carmen.

Eran los últimos meses de la mafia norteamericana en Cuba, cuando se estaban produciendo continuos viajes de Meyer Lansky hacia otras zonas del Caribe, con el ánimo de ampliar sus negocios; meses en que se efectúa también la gran reunión de toda la mafia radicada en Estados Unidos, en un increíble paraje del Caribe: República Dominicana. Reunión de la que nadie, hasta hoy, poseía la más mínima información.

En este libro, por supuesto, no podían faltar algunos de los más importantes encuentros que Lansky con el dictador Fulgencio Batista. Los sitios de estos encuentros y sus circunstancias, ni lo que ocurrió cuando Meyer Lansky tuvo conocimiento de la fuga del general Batista hacia la República Dominicana. Las frustraciones de Lansky constituyen un tema muy especial, así como su asombrosa fuga de La Habana.

De igual modo, a través del hilo conductor de En la vida secreta de Meyer Lansky en la esplendorosa Habana, el lector podrá conocer de los gustos, preferencias y nostalgias del jefe mafioso del imperio de La Habana: algunas de sus evocaciones, inquietudes, sosiegos y previsiones, incluyendo sus silencios; sus casas de seguridad, y los hombres que contribuyeron a conformar en Cuba el más grande imperio delincuencial del hampa norteamericana fuera de Estados Unidos. Cirules nació en uno de esos parajes tocados por los mitos y las leyendas del Caribe; y desde muy joven comenzó a trabajar en el puerto de San Fernando de Nuevitas, en la carga y descarga de buques, por lo que, antes de convertirse en un escritor, recorrió los más diversos oficios: aprendiz de barbero, obrero portuario, vinculándose después a los estudios de telegrafía y pintura, y a las excavaciones arqueológicas en zonas costeras del Camagüey.

La obra de Enrique Cirules se ocupa de espacios muy peculiares de la cultura cubana: además de las míticas ciudades de los norteamericanos y europeos fundadas en la región camagüeyana a principios de siglo, aborda temas de pescadores, tortugüeros, cazadores y aventureros de la cayería de Romano. Las historias de amores, mares y guerras, sus temas preferidos.

¿Quién es Enrique Cirules?

Enrique Cirules (Camagüey, Nuevitas, Cuba, 1938) es narrador y ensayista.

 
La obra literaria de Enrique Cirules aborda espacios muy peculiares en la cultura cubana: las míticas ciudades de los norteamericanos y europeos en el norte de la región camagüeyana; historias de pescadores, tortugueros, cazadores y aventureros de la cayería de Romano; y la presencia de la mafia en la esplendorosa Habana, entre otros temas, que incluyen el amor, el mar y la guerra.
Entre sus títulos más afamados se encuentran Conversación con el último norteamericano (novela sin ficción, 1973, donde se narra la fundación, auge y destrucción de una ciudad de norteamericanos en Cuba. Guardafronteras, 1983 (historias y relatos en la cayería del Viejo Canal de Las Bahamas). Y el libro de cuentos La otra guerra, finalista del Premio Casa de las Américas, 1977. Cirules también es autor de las novelas La saga de La Gloria City, 1983 (leyenda sobre los amores de una norteamericana con un cubano en el contexto de la llamada guerra de La Chambelona, en 1917; Bluefields, 1986, cuyo tema es la presencia de los cubanos en Nicaragua; y Extraña lluvia en la tormenta, 1988, donde se tratan conflictos sociales y religiosos.
En tres ocasiones ha recibido el Premio Literario 26 de Julio (1971, 1972 y 1986); y en 1993 obtuvo el premio Casa de las Américas con su libro: El imperio de La Habana (estudio sobre las operaciones y negocios de la mafia en la capital cubana. Este libro fue galardonado con el Premio de la Crítica en 1994.
Con el ensayo literario y a su vez investigación histócia, Hemingway en la cayería de Romano, Mención Premio Casa de las Américas 1999, Cirules reveló un conjunto de acontecimientos hasta ahora desconocidos,o poco estudiados, relacionados con la obra y la vida del más universal de los escritores norteamericanos en Cuba.
Sus últimos éxitos fueron alcanzados con la publicación del libro de memorias La vida secreta de Meyer Lansky en La Habana, (2004) donde el que fuera chofer guardaespaldas de Meyer Lansky en La Habana, nos narra los últimos años en Cuba del jefe del clan mafioso Habana-Las Vegas; y la novela Santa Clara Santa (2007), primera parte de una trilogía sobre una familia cubana que participó en los acontecimientos mundiales más importantes del siglo XX.
Cirules es miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba y de la Sociedad Cubana de Estudios Filosóficos.
Libros suyos han sido traducidos al inglés, ruso, francés, alemán y portugués.
 
 
Libros publicados en Cuba:
 
1. Los perseguidos, cuentos, Editorial Arte  Literatura. La Habana, 1972.
2. Conversación con el último norteamericano (novela sin ficción). Editorial Letras Cubanas. La Habana, 1973.
3. En la corriente impetuosa (cuentos). Editorial Letras Cubanas. La Habana, 1978.
4. La otra guerra (cuentos). Editorial Letras Cubanas. La Habana, 1979
5. El corredor de caballos (cuentos). Editorial  Letras Cubanas. La Habana, 1980.
6. La saga de La Gloria City (novela). Editorial UNION. La Habana, 1983.
7. Guardafronteras (relatos) Editorial UNION.  La Habana, 1983.
8. Extraña lluvia en la tormenta (novela).  Editorial UNION. La Habana, 1988.
9. Bluefields (novela). Editorial Letras Cubanas. La Habana, 1986.
10. El imperio de La Habana (ensayo). Editorial  Casa de las Américas. La Habana, 1993.
11. Luces sobre el canal (cuentos). Editorial UNION. La Habana, 1998.
12. El iceberg de Ernest Hemingway en la cayería de  Romano (ensayo) Editorial José Martí. La Habana, 1999.
13. La vida secreta de Meyer Lansky en La Habana. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 2004.
14. Santa Clara Santa (novela). Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2007.
 
 
 
Enrique Cirules
Calle F, No. 22, apartamento 105.
Entre 12ª y 3ra. El Vedado. Habana 4.
Cuba. C.P. 10-400. Teléfono: 32-5792.
 
 
 
LOS PARAJES DE ENRIQUE CIRULES
 
Desde muy joven comenzó a trabajar en los mercantes que arribaban a Puerto Tarafa, donde cada año confluían cientos de buques a cargar azúcar. Por entonces Puerto Tarafa era el enclave exportador azucarero más importante del mundo; y San Fernando de Nuevitas una pequeña ciudad costera llena de tabernas, de hospedajes, de embarcaderos, de antiguos hostales. Pero San Fernando de Nuevitas era también una comarca muy rica en cuanto a su cultura marina, con sus pescadores, tortugueros, cazadores y navegantes, que poseían un profundo conocimiento de su entorno. En estos parajes era usual que uno pudiera encontrarse con viajeros de todas las latitudes: personajes errantes, mujeres de rumbo, rufianes, jugadores, aventureros, estafadores, contrabandistas, o navegantes solitarios; y estaban los experimentados pescadores y tortugueros de la cayería de Romano; y los amigos del escritor, los braceros y estibadores de los puertos de Tarafa y Pastelillo.
En esa pequeña villa marina, cuyas calles adoquinadas ascendían por una baja colina hacia el centro del pueblo, donde se encontraba el parque, una vieja iglesia de dos torres amarillas, y un recio edificio colonial, edificado con piedras calizas, sede del Gobierno Municipal; y la afamada y muy estrepitosa barriada del puente, con la barbería de Felo Centellas, donde el futuro escritor era por entonces aprendiz de barbero.
Esa mítica realidad que ofrecía la cayería de Romano (con las continuas navegaciones del viejo Antonio, para cazar o pescar, entre tiburones, alecrines y caimanes, caballos salvajes, perros jíbaros, rocadales, lagunas y pantanos, en el mismo borde de la impetuosa corriente del Canal de Las Bahamas) fue lo que, al decir de cirules, incitó su vocación literaria; por el hecho de haber entrado en contacto, desde su niñez, con las más variadas y fabulosas historias, enraizadas en aquellos sitios de mares, en los que existía un maravilloso espacio de la memoria colectiva; de temas que aparecían como olvidados; temas insólitos que el tiempo amenazaba con borrar; pero que estaban allí, en las conversaciones, en los encuentros, en las tertulias que se producían de manera espontánea, sobre todo en los alrededores del antiguo muelle de los Carrera, donde era cotidiano que pescadores y navegantes evocaran historias y aventuras de tal o cual otro paraje de la costanera; aventuras en las que podían mezclarse hazañas y mezquindades de corsarios y piratas, de barcos hundidos, de imprevisibles navegaciones y desafíos; incluso relatos de embrujos, de tesoros escondidos, de muertos y aparecidos; de los vuelos de las brujas de la Gran Canaria en los alrededores del fondeadero de Las Antillas; recuerdos de viejos emigrantes que solían acudir al Hotel de Los Prada –castellanos, gallegos, catalanes, aragoneses, salamanquinos y asturianos-, y algún que otro ilustre personaje que anduviera de paso, arrastrando leyendas y mitos.
También era usual que en las tabernas del embarcadero de El Guincho los pescadores hicieran alusiones a lo acontecido en aquella comarca durante la II Guerra Mundial, con Hemingway persiguiendo submarinos alemanes en el yate Pilar; y podía hablarse, además, de la época en que imperaban las cañoneras españolas, y de un destacamento de la caballería mambisa que, a una legua de la colina del cementerio, entró en reñido combate con un batallón de San Quintín; y en los días claros y azules, desde aquella misma colina, se podía observar una buena parte de la bahía; y en la distancia, tierra adentro, se perfilaban las zonas boscosas, y los llanos de San Miguel de Nuevitas; sitios de tránsito, de movimientos de tropas y operaciones militares, de incendios, de batallas campales que dejaron sus rastros en los mármoles de las tumbas; eso era lo que se notaba en el cementerio de San Miguel: las huellas de los fusilazos; y se podían escuchar historias sobre Pueblo Viejo, pequeño y escondido refugio (a media milla de San Fernando de Nuevitas) arrasado a fines del siglo XVIII por el ataque de un pirata inglés; y hacia el otro lado de la bahía, el embarcadero del Bagá, con los restos de una línea férrea que yacía entre la hojarasca y la maleza; línea que abrió esa vasta comarca a los rigores del comercio, con sus extensos potreros, de abundante ganado, de ingenios y esclavos; comarca incendiada y saqueada en las guerras anticoloniales; pero sobre todo, lugares que sirvieron al tráfico negrero, y al cruce de los emigrantes que, desde los embarcaderos cercanos, se encaminaban hacia las llanuras de la costa norte del Camagüey, donde se encontraba el valle de Cubitas, con el ánimo de fundar las perdidas ciudades de norteamericanos y europeos.
La cayería de Romano, con ese perenne cruce de goletas, bergantines, veleros y yates, cargueros y mercantes, navíos de guerra y buques de travesía, desde los confines del arco antillano a los portetes de la costa continental, para hacer rumbo a la altura de Faro Maternillo, en busca de los puertos del Golfo, dejando historias, rumores de festines y naufragios, anclas y jarcias, odios y rencores, persecuciones y asesinatos; luces y resplandores en noches de tormenta; y las rumbantelas que se organizaban en la villa, con tambores, trompetas, boleros y canciones, que hacían que las noches fueran poco menos que interminables. Para el escritor sus temas preferidos, los más fascinantes.

Este artículo tiene © del autor.

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