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MISTICISMO Y FÍSICA MODERNA (VI) Parapsicología y fraude

César Rubio Aracil

España



Negar la naturaleza no local, o la trascendencia de los fenómenos paranormales atribuyendo sus efectos a causas alucinatorias, no lo considero acertado. Una cosa es que la ciencia no tenga explicaciones lógicas ni pruebas concluyentes como para pronunciarse en ningún sentido sobre dicha fenomenología, y otra, distinta, que se desestimen las evidencias experimentadas por millones de personas en el mundo sin someterlas a un riguroso examen científico.

Todos sabemos que desde hace años funcionan en determinadas universidades de varios países facultades de parapsicología que intentan desentrañar algunos de los múltiples fenómenos psíquicos que se dan con frecuencia, tales como la concentración de ectoplasma emitida por el médium en sesiones espiritistas, la telepatía, las premoniciones, la levitación, etc., sin que hasta el momento presente (al menos que yo sepa) la psicología científica haya podido establecer las causas de semejantes enigmas. Sin embargo, pese a la existencia de tal investigación, no creo que los Estados realicen los esfuerzos económicos necesarios para desarrollar de modo conveniente los estudios parapsicológicos en curso. ¿Por qué, tratándose de un asunto de relevante interés social, médico y psicológico no se pone mayor interés en el asunto? Seguramente porque las inversiones en esta área del saber humano, lejos de ser económicamente rentables requieren grandes desembolsos de no fácil recuperación. Y donde no hay dividendos, ya se sabe lo que sucede: que el alma del capital es el dólar.

Todo el mundo ha oído hablar alguna vez de la levitación experimentada por algunos místicos en estado de gracia. Se trata de un fenómeno de ingravidez. El cuerpo, en ciertos casos de arrebato emocional (o mejor decir espiritual para no herir a ciertas delicadas sensibilidades) queda suspendido en el aire. Éste es un fenómeno que contradice las leyes de la gravitación universal. ¿Por qué? ¡Ah ...! Doctores tiene la Iglesia. ¿Y qué decir de las psicofonías? Hablemos sobre este misterio aunque sea de manera breve.

Yo mismo he grabado supuestas voces del más allá en un magnetófono, y he escuchado otras centenares de veces en reuniones esotéricas. Bueno, ¿y qué? ¿Acaso el disco magnético no guarda información? ¿Es que no es posible que nuestras voces queden grabadas en algún lugar de la tierra, por ejemplo en la abundante sílice, o que el inconsciente colectivo -del que tan poco conocemos- guarde celosamente ciertos secretos que nos inclinamos, por fantasía, comodidad o conveniencia a interpretar a nuestro aire? De ahí a que se asegure que dichas articulaciones verbales provengan de espíritus desencarnados, hay un largo trecho que explorar. No obstante, es innegable la realidad de las psicofonías. Seamos serios y no desmerezcamos con ilusas manifestaciones las paraciencias. Quizá sea conveniente esperar a que los físicos avancen por el estrecho camino de la investigación cuántica, donde posiblemente las partículas subatómicas (electrones, protones, neutrones y demás corpúsculos infinitesimales) tengan algo que decirnos al respecto. Deberíamos tener en cuenta que la trama del universo es tan intricada que jamás, supongo, podrá ser desvelada por el hombre. Hay aspectos, como el que vamos a abordar a continuación, de muy difícil estudio.

La ciencia nos habla de la “mente no local”. ¿Qué significa esta expresión? Se trata de un término que introdujo Larry Dossey (doctor en medicina y especialista en medicina interna) en 1989, refiriéndose a que “la conciencia no puede localizarse completamente ni ser confirmada en puntos concretos del espacio, como el cerebro o el cuerpo, o en puntos determinados del tiempo, como el momento actual”. Esta afirmación, avalada por autoridades científicas como el ya fallecido físico teórico David Bohm (“Todo lo material es también mental y todo lo mental es también material”) tiene como principal significación la imposibilidad de separar la materia del espíritu o, a la inversa, el espíritu de la materia. De igual modo el premio Nobel de Física Edwin Schrödinger (uno de los pioneros de la física cuántica) sostuvo que “la mente, por su misma naturaleza, es un "singulare tantum"; yo diría que todas las mentes son sólo una”. Podríamos asimismo citar a prestigiosos científicos (físicos, biólogos, botánicos, matemáticos y astrónomos) como Gerald Feingber, Amit Goswami, David J. Chalmers, Nick Herbert, el Nobel de Física Brian D. Josephson, Ruper Sheldrake y otros tantos que inciden con sus acreditadas opiniones científicas en el mismo sentido.

La mente no es patrimonio particular de cada cerebro, sino un flujo (por llamarla de algún modo) que impregna el universo. Materia, en mi opinión, es espíritu condensado y éste, a su vez, materia volatilizada.

Partiendo de la idea que acabamos de exponer, ¿resulta exagerado o extravagante pensar en la no localidad de la conciencia como creen quienes critican todo aquello que no encaja en su desfasada concepción mecanicsta? Lo puramente local, acabamos de sugerirlo, está fuertemente asido al tiempo y al espacio, y de ahí que la muerte suponga una tragedia. Pero no solamente la desaparición definitiva del individuo presupone un infortunio, sino que también el arraigado sentimiento de propiedad acarrea grandes desgracias al ser humano. En cambio, si tuviésemos una visión más amplia de la realidad integral de la vida nos daríamos cuenta de que el concepto espaciotemporal sólo nos sirve (que ya es bastante y necesario) para saborear la existencia en la medida que nuestra salud nos permita gozar de nuestro ego sin estar aferrados a él. Porque lo fundamental de la vida, lo único que del individuo queda como huella inmortal de su paseo por la Tierra es su esencia o partícula de la eternidad. Éste es uno de los conceptos básicos de lo que se ha convenido en denominar no localidad. En otras palabras, lo que Es fuera del tiempo y el espacio y que a su vez forma parte de la existencia consciente; de lo contrario sólo seríamos materia.

El curanderismo y las mancias, por ejemplo (por mancias me refiero a la cartomancia, aeromancia, alectomancia, etc., como artes adivinatorias), son palabras cuyos significados escapan a la lógica, quedando supeditadas a la concepción no local de la física donde el tiempo y el espacio no cuentan. Pues bien, dado que en esta disciplina la racionalidad no tiene cabida, no son pocos los arribistas y aventureros del espíritu que sacan buen partido de la ignorancia ajena. De hecho, numerosos gurús tramposos que diría Alan Watts juegan a ganar con los miles de incautos que en sectas, grupos afines al esoterismo y raras iglesias donde el sexo y el dinero configuran su religión, dejan en manos avaras lo mucho o poco que poseen para ganarse el favor del nirvana. Esta contundente afirmación no incluye a los místicos que, equivocados o no, sacrifican su vida para favorecer al prójimo. Porque también existen personas nobles y abnegadas con poderes psíquicos que emplean su tiempo para curar sin recibir nada a cambio. Pero la tónica general no es ésta.

Pocos son los que están en condiciones de aportar pruebas sobre los efectos de la no localidad en el ser humano; pero los hay. Entre ellos, el Nobel de Química Ilia Prigogine. Quien busca, encuentra. Lo malo es conformarse solamente con la realidad experimentada en el diario vivir.

Si supiéramos que somos eternos, cuánto sufrimiento evitaríamos al mundo. Pero eternos no como individuos o fragmentos de la totalidad indivisa, sino como entes de un universo conservador de la vida imperecedera. Esto es algo parecido al fruto de un árbol que no se cree parte de dicho árbol y sufre cuando se está pudriendo. Si supiera la manzana que su savia permanece en las ramas, en el tronco y en las raíces del manzano, no sentiría su muerte como tal desaparición. “Morir antes de morir”, como dijo el Buda, es vivir eternamente.

César Rubio (Augustus).

SUGERENCIA.
La Editorial Kairos (Numancia 117-121, CP. 08029 de Barcelona, España) tiene editada una buena colección de libros titulada “Nueva Ciencia”, donde nos podemos documentar al respecto.

Este artículo tiene © del autor.

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