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Cronopio sin goma de borrar

Saludo a una dama desconocida (todas las mujeres de verdad son desconocidas...)

Antonio Marín Segovia

España




 Ahora, después de olvidar para que vuelan los pájaros y duermen los gatos, que me voy a pasear, incendiado y lleno de de la piel que el mar dibuja cuando un niño muere lejos, sin risas ni pan....

Soy yo el que conoce su sabor al despertar... y nunca me veo tejido de sombras ni robando reflejos. No soy, tampoco, cajas cerradas o sueños rotos de una primavera pasada...

Yo vivo en la brisa de los futuros, en los deseos que se anudan a los pies de los ríos... Y espero sin desesperar que la Maga pueda jugar y correr dentro de mis silencios (y hay tantas Magas que no hay palacio ni castillo para que puedan bailar y bailar durante cien noches, durante quinientas mañanas, durante un suspiro, durante los llantos de la Luna en marzo).

Espero que usted, amiga mía acepte las presentes salutaciones y comparta mis ojos... No hace falta que desnude su altura, que susurre sus sueños. No precisamos escuchar los secretos de su infancia, la música que la despierta cada mañana... Tenemos tiempo para inventarnos un barco o una torre llena de lluvias y cansados muebles...

Ya sabe usted que es una sorpresa hablar y callar a su lado... Siempre es bueno, muy bueno, subir las escaleras que nos llevan hasta las caricias que una mancha no puede borrar...

Y mirarla despacio, conversando con vos, es tan grato como comer naranjas después de haber escalado el Himalaya en una tarde de agosto, de ese mes estival duro como un adiós...

Reciba, dama esquiva y desconocida, mis felicitaciones desde el Mediterráneo, desde el presente mar que hierve dentro de un desayuno; reciba y acepta mis saludos bailando conmigo dentro de las noches de mar y fuego, para que mis manos la nombren, la acaricien e inventen sus miradas...

Ahora, después de olvidar para que vuelan los pájaros y duermen los gatos, me voy a pasear, incendiado y lleno de esa piel que el mar dibuja cuando un niño muere lejos, sin risas ni pan....

Entraremos siempre en su casa, para que no pueda vencernos el dolor ni los números de hierro, para que todo pueda desconocernos y no duela el agua que nos dibuja eternos...

 

Valencia, a 12 de febrero de 2004
Antonio Marín Segovia
antoniod17@ono.com

Ilustración: Daniela Luna
Buenos Aires, Argentina
dalla_luna@yahoo.com

Este artículo tiene © del autor.

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