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CARNÍVORO Y TERRESTRE

Frank Otero Luque



Carnívoro y terrestre,

en mi jaula de carne y hueso

mi vida aderezo

con Martha, con Paula o con cualquiera.

Animal pedestre

(una fiera)

que no recuerda su origen ni su
destino,

que sin el más mínimo tino

se entrega a la cerveza, al ron y al vino.

Cazador y presa,

permanente deprimido

que termina exprimido por cualquier droga.

Piensa en hacer Yoga,

piensa tantas cosas...

De pronto, angustias horrorosas.

Escaparme quiero, pero no puedo.

Morir prefiero

y tengo miedo.

Banales ilusiones mi “espíritu” levantan:

un coche, la moda, al dinero una oda,

y mis bajas pasiones al oído me cantan.

Mas todo se acaba o todo me embota.

Tendido en mi lecho mi alma rebota

y añoro un pecho del que lactaba.

No el de mi madre

sino el de la vida.

Evoco las notas de una vieja canción

y solo las gotas de un lejano perfume

hacen que me esfume a una extraña nación.

Mas aquella se me hace mucho más conocida,

se entreabre una puerta y me invita a que pase.

Mi acodo se injerta

y reencuentro el camino de la senda perdida.

Una luz vaticino,

mejora mi herida.

Retorno a este mundo feliz de mi hallazgo.

Con convencimiento profundo

a mis amigos les cuento de mi gran momento.

Mas mi liderazgo no halla seguidores;

hasta mis parientes son poco receptores

y se tornan burlones, bufones e hirientes.

Averiguo, indago, mil preguntas hago.

Descubro, de repente,

que más gente está en la misma onda.

La lombriz inquietante se vuelve anaconda.

Embriones y huevos eclosionaron.

Y los amigos que hasta hoy me entendieron

también se marcharon.

Ya todos se fueron.

Pero no importa,

porque todo es tan claro:

en lo que a mí compete,

la luz brilla con más intensidad,

las notas musicales son más de siete...

Inspiración a raudales,

en un paso una milla;

todo es musicalidad.

Y hay tanta, tanta “causalidad”.

De pronto,

contra mí se conjuran los cuatro elementos

y todos los astros del firmamento.

Ya nada entiendo;

estoy sucumbiendo...

Y me procuran mis cinco sentidos

más y más tentaciones.

Y a ellas me entrego

con fuertes latidos y loca pasión.

¿Dónde está la nueva nación?

De nuevo soy lego

y me embargan la ira, la lujuria y la mentira.

Mis amigos tenían razón...

¿Pero a quién engaño sino es a mí mismo?

Me embarga la desazón.

Porque al borde del abismo develé un paño

y atisbé el camino de la perfección.

Somos semilla más que fruto,

más camino que llegada.

Somos joya siempre en bruto;

obra siempre inacabada.

Ver en línea : Frank Otero Luque - Literatura & Fotografía

Este artículo tiene © del autor.

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