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DIOS huyò de Buenos Aires

Daniel Adrián Madeiro

Argentina



Imaginemos un matutino uruguayo en el que apareciera publicada la siguiente nota:

“El infierno comenzó a las 13 horas del pasado martes cuando una avioneta violó el espacio aéreo correspondiente a la planta de combustibles del Dock Sud, en la Provincia de Buenos Aires, Argentina.
La aeronave, conducida por un piloto despedido días antes de su trabajo por alcoholismo, se precipitó sobre el centro del conjunto de depósitos de naftas y otros productos de alto poder ígneo.
De nada sirvieron los múltiples recursos tecnológicos y humanos de seguridad dispuestos y ensayados mil y una veces en la planta, conforme las normas internacionales.
Se omitió montar un dispositivo de seguridad militar encargado de advertir cualquier intrusión y derribar si fuera necesario al infractor.
La explosión acontecida en el Dock Sud barrió lo que encontró a su paso en un radio superior a los sesenta kilómetros.
Más de 10 millones de víctimas fatales y una ciudad arrasada son la triste muestra de la imprevisión; la terrible noticia que este periódico jamás hubiera querido dar”.

Yo vivo muy cerca de la localidad de Dock Sud y me alegra saber que la noticia precedente no es real.
Me preocupa, no obstante, saber que puede llegar a suceder.
Hay organismos que dan cuenta de que si algo saliera de control (como este hipotético aviador suicida) sería catastrófico dada la ubicación geográfica de la planta.
Sería terrible desde cualquier plano que se lo mire.
Y recuerdo otro informe sobre inseguridad. Escuché en la radio, no hace mucho, que hay varios puentes que unen Capital y Provincia, que corren riesgo de derrumbe por falta de mantenimiento. Me quedó grabado porque entre ellos se encuentra uno que cruzo todos los días: el de Pompeya.
Según pienso, hace tiempo que de diversas maneras quedó demostrado que DIOS no es argentino. Es bueno tomar nota de esto. Muchas cosas malas hemos padecido y sería hora de recurrir a nosotros mismos y a nuestra propia responsabilidad para aprender de las desgracias pasadas y trabajar seriamente en evitar otras futuras.

Pero estamos permitiendo que pasen cosas terribles. El más reciente triste ejemplo es el incendio de República Cromañon, causa de muerte de 193 personas hasta la fecha, en su gran mayoría jóvenes.
Y, más allá de la similitud en la cifra de víctimas, debemos asumir que no es una desgracia nacida del ataque de terroristas como sucedió el 11 de marzo del pasado año en Pozo, Atocha y Santa Eugenia, en España. No.
En realidad la palabra “desgracia” no es muy apropiada porque apunta más a un suceso ajeno a la voluntad ya que, en su primera acepción, significa “suerte adversa”.
Como bien señaló en un reportaje un familiar de una de las víctimas, hablar de “la tragedia de Cromañon” tampoco es correcto. Sólo sería válido en cuanto al horror que produce su rememoración.
Tampoco se puede hablar de “masacre” ya que no se trata de una matanza de personas indefensas por un ataque armado o algo similar.
Y en todo este planteo de calificar apropiadamente lo que pasó, me parece que la palabra correcta es “homicidio” (muerte causada a una persona por otra). Y podríamos agregar, siempre basándonos en meras definiciones del diccionario, la palabra “culposo” que se define como el acto u omisión imprudente que origina responsabilidades.
Llegado a este punto tenemos lo que entiendo es la forma correcta de titular lo sucedido el 30 de diciembre de 2004: “El homicidio culposo de Cromañon”

Ahora, si analizamos los elementos que produjeron el hecho veremos, efectivamente, que uno o varios causaron la muerte de otros por lo que hicieron o por lo que dejaron de hacer.
Se combinaron tres elementos imprescindibles para este homicidio: un comerciante inescrupuloso, un joven con pirotecnia y un estado ineficiente.
Obsérvese que si alguno de esos tres factores faltara no habría muertos:

 Sin un comerciante inescrupuloso, todas las instalaciones estarían preparadas debidamente, cuidando el derecho a la vida de sus concurrentes y no habría incendio;
 Sin un joven con pirotecnia en su poder tampoco hubiera habido incendio;
 Sin un estado ineficiente el local sería clausurado, nadie podría concurrir y no habría incendio.

Esto último pasa ahora: No habrá incendio en los locales bailables como lo era Cromañon porque el estado, que debió clausurarlo oportunamente, después de 193 muertos que no debieron ser, no permite la reapertura de los mismos hasta que cumplan con toda la normativa vigente (tan vigente como lo estaba antes de Cromañon).
DIOS no es argentino. Pero algunos funcionarios parecen inclinados a esta creencia irresponsable como aquellos personajes de la película “La plata dulce”.
Y es triste. Hay 193 víctimas. Si mal no recuerdo más que los muertos del “atentado terrorista” en España conocido como 11M.

Si el “dios” de algunos lo permite, se votará la continuidad o no del más alto funcionario de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Es lamentable que alguien realice esa vergonzosa propuesta a sabiendas de que corre con ventaja.
Sí, corre con ventaja.
En el caso del “Homicidio culposo de Cromañon”: hay 193 seres humanos a quienes segaron su derecho a expresar en el voto su dolor y su verdad.

Este artículo tiene © del autor.

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