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A DIANA (Prosa poética)

César Rubio Aracil

España



A Diana Gioia, verde fosforito marino, con gratitud por sus valiosas enseñanzas poéticas.

Ella es así: instructora fugada del Olimpo. Con su proverbial dulzura - cuasidelito de bondad- nos sugiere, tímida luz noctiluca: "¡Hermoso poema! ¿Qué te parece si, en vez de acentuar la segunda sílaba de este verso ...?" Al rato, ¡zas!, apostilla Apolo, su hermano gemelo, subrayando la imagen: "Ganaría el poema en calidad".

La vida, flujo invasor de la compleja materia, fondea su ancla en el proceloso océano, o en la aplacerada bahía, de los impulsos. Anclas de leva, siempre las serviolas, despejadas, estarán dispuestas a largar la retención. ¿No lo sabéis, hermanos? Las emociones traicionan. Por eso la Existencia, ojo avizor en lo alto del trinquete, otea el horizonte, confín de toda aventura. Es preciso apuntar al, y dar en el, centro de la diana, núcleo del acierto.

Yo he sido marinero. Para más señas, pescador. En la mar encontré la palabra: gaviota, bonanza, ardentía, guindaleza, bahía, alfaque, aguaje, pejererey, acedía, japuta, noctiluca ... ¿"Noctiluca ..."? , pregunté a mi patrón, quien, al observar mi extrañeza (en el momento que un marinero pronunciaba esta palabra), sonrió.

- ¿Qué significa eso?

- ¡Hala, hala!

- Halé la malleta con la que estaba operando y vi cómo ésta resplandecía.

- De la mar vives, sin conocer sus misterios. Noctilucas son protozoos marinos flagelados, fosforescentes, que forman parte del plancton.

Mi patrón (nostramo le llamábamos los marineros) era un hombre instruido y bueno que se lo llevó la mar. En su tiempo libre, que no era mucho, leía a los clásicos griegos. Me prestó "La Odisea", que devoré en el sollado mientras algunos de mis compañeros roncaban. A golpe de mar, mil versos. Entre bandazos, poesía. Y después, la pesca: copo lleno de palpitantes oro y plata.

En "Metáfora", mar de noctilucas estrofas, también se pesca. Yo, hoy, unas cuantas recomendaciones. Ayer, vivas sugerencias a modo de fosforitos. Siempre que largo el arte a la mar, copada. Pero las gaviotas, voraces meaucas mediterráneas, me roban las fanecas y me dejan los marrajos. Aunque es bien cierto que de vez en cuando algún pez luna se enmalla. Es entonces cuando, rebenque en mano, defiendo de las gavinas mi derecho a la luz.

¡Hala, hala, que ve peix!

Mientras acciono el andarivel, pìenso en unos versos que me recitaba nostramo, a quien la mar se lo llevó: "Les pupilles del mar rellampegaven/amb misterioses llums, plenes d’amor".

César Rubio (Augustus)
Miembro de la A.
"Escritores Castellano-manchegos
y de La Mediterranía".

Este artículo tiene © del autor.

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