Portada del sitio > LITERATURA > Ensayos > Cultura en Argentina (XXIV): La dignidad no se negocia
Grabar en formato PDF Imprimir este artículo Enviar este artículo a un amigo

Cultura en Argentina (XXIV): La dignidad no se negocia

Carlos O. Antognazzi

Argentina



Las recientes descomposturas del Papa, que finalmente lo llevaron a la muerte, dejaron entrever un vacío normativo en el Vaticano sobre hasta dónde es lícito mantener con vida a una persona que no puede expresarse. Si el Papa hubiese permanecido en estado vegetativo la Iglesia Católica habría sido dirigida por otra persona, mientras el Papa sería una especie de títere. Su fallecimiento liberó al Vaticano de un dilema difícil, pero no cerró un tema que el avance de la medicina torna cada vez más cercano.

Cultura en Argentina (XXIV):

La dignidad no se negocia

Las recientes descomposturas del Papa, que finalmente lo llevaron a la muerte, dejaron entrever un vacío normativo en el Vaticano sobre hasta dónde es lícito mantener con vida a una persona que no puede expresarse. Si el Papa hubiese permanecido en estado vegetativo la Iglesia Católica habría sido dirigida por otra persona, mientras el Papa sería una especie de títere. Su fallecimiento liberó al Vaticano de un dilema difícil, pero no cerró un tema que el avance de la medicina torna cada vez más cercano.

¿Hasta dónde soy?

En una nota medular sobre las enseñanzas emanadas del caso de Terri Schiavo, la doctora en filosofía y magíster en Bioética, Diana Cohen Agrest, hizo notar que «este creciente poder de la medicina ha llevado a que el momento en que morimos sea, cada vez más, la resultante de una decisión médica» (El caso Schiavo. La Nación, 31/03/05, p. 19). Morir ya no es un hecho natural, o una decisión propia del individuo, sino una decisión de terceros. Y además de terceros desconocidos, como los médicos, con quienes el moribundo puede no haber tenido contacto alguno. Cohen Agrest afirma que «si se piensa que la vida humana se reduce a la vida meramente biológica, Terri está viva gracias a una tecnología que impide que la naturaleza siga su curso. Si se considera, en cambio, que la vida es vida biográfica, Terri dejó de vivir hace quince años». La aseveración es lapidaria, y abre un interrogante jugoso al proponer una definición del término «vida» y sus consiguientes alcances, obligaciones y derechos.

Carlos Chernov aporta otro enfoque necesario en Eutanasia: dilema de nuestro tiempo (revista Ñ, Clarín, 02/04/05, p. 12). Refiriéndose al libro Cartas desde el infierno, de Ramón Sampedro, y la posterior película sobre él, Mar adentro, reproduce un diálogo crucial entre el cuadripléjico Sampedro y un cuadripléjico cura: «No hay acto más cruel que el de prohibirle a una persona el derecho de liberarse de sus sufrimientos, aunque lleve consigo ayudarle a morir», dice Sampedro, a lo que el cura responde «Una libertad que elimina la vida no es libertad». Sampedro entonces retruca: «Una vida que elimina la libertad tampoco es vida». El dilema podría ceñirse, así, al concepto de «libertad», que a su vez conlleva al del «libre albedrío», tan caro a la Iglesia. Pero Sampedro dirá también: «Vivir es un derecho, no una obligación».

¿Hasta dónde soy capaz de elegir? ¿Hasta dónde la sociedad me lo permite? ¿Hasta dónde la religión? ¿Puede decirse que soy persona si no puedo elegir libremente sobre mí? No se trata, naturalmente, de la libra de carne del mercader de Venecia de Shakespeare, que procura apropiarse del cuerpo de otro, sino del propio cuerpo. Esta elección, que sólo involucra a uno mismo y su propia conciencia ó, en su defecto, a quien desea ayudar a bien morir al otro, representa la esfera de la dignidad. Para el Código de Ética y Deontología Médica, sin embargo, la eutanasia, llamada «homicidio por compasión», está prohibida (cfr. art. 28). Los años de sufrimiento de Schiavo y Sampedro enseñan que vivimos bajo el imperio de la crueldad.

Santo Tomás dixit

Santo Tomás de Aquino niega que el embrión humano sea un ser humano. Umberto Eco transcribe el párrafo: «después del Juicio Universal, cuando el cuerpo de los muertos resurgirá para que también nuestra carne participe de la gloria celeste (cuando según Agustín, revivirán en la plenitud de su belleza adulta no sólo los nacidos muertos sino, en forma humanamente perfecta, también las burlas de la naturaleza, los mutilados, los engendrados sin brazos o sin ojos), en esa “resurrección de la carne” no participarán los embriones. En ellos aún no se había infundido el alma racional, y por lo tanto no son seres humanos»; Suplemento a la Summa Theologiae (80, 490). Citado por Eco en El comienzo de la vida (La Nación, 30/03/05, p. 15).

Dice Eco que para Santo Tomás «el embrión tiene solamente alma sensitiva (Summa Theologiae, I, 76, 2 y I, 118, 2)», y que «en un cuerpo ya formado, se crea el alma racional (Summa Theologiae, I, 90)». Este alma es la que «define a una persona como “sustancia individual de naturaleza racional”». Como señala Eco, la afirmación pertenece a la máxima autoridad de la Iglesia Católica, no a un recién llegado. Este señalamiento resalta elípticamente una contradicción de la Iglesia sobre el tema del aborto y desde cuándo puede hablarse de vida. En algún momento la Iglesia le dio la espalda a esta premisa de Santo Tomás y construyó otra verdad que, en la práctica, lo contradice. No es este el espacio para determinar porqué el cambio pero, al menos desde Maquiavelo (en forma racional), sabemos que las verdades se construyen desde el poder para favorecer a ese mismo poder. Pensar lo contrario sería negar que el poder sólo apetece más poder para perpetuarse, y de esto el Vaticano es un ejemplo paradigmático pues es la única institución humana que ha prevalecido por más de dos mil años siempre fiel a sí misma.

Hace un año el Papa Juan Pablo II, en un congreso sobre enfermos terminales, escribió que «un hombre, aún si se encuentra gravemente enfermo y está impedido para ejercer sus funciones, es y será siempre un hombre y nunca será un vegetal o un animal», para afirmar luego, crítica pero también un tanto incongruentemente, que «el valor intrínseco y la dignidad personal de todo ser humano no cambian y no dependen de las circunstancias en que se encuentra», para definir finalmente que «el enfermo en un estado vegetativo, que espera despertarse o que llegue su final natural, tiene derecho a una asistencia sanitaria básica», y que «la administración de agua y nutrición, incluso por vía artificial, representa un medio natural de conservar la vida y no un acto médico. Esa práctica debe ser considerada moralmente obligatoria» (cfr. Elisabetta Piqué. Severa condena del Vaticano a la Justicia. La Nación, 01º/04/05, p. 04).

En su escrito el Papa incurrió en una contradicción, al considerar «medio natural de conservar la vida» a la «vía artificial». No se trata de una mera cuestión verbal, sino que lo natural en tanto naturaleza es que el individuo muera, mientras lo artificial es mantenerlo con vida con aportes de la medicina o la tecnología. Toda injerencia para contravenir a la naturaleza es artificial. ¿Avala Dios el uso de la tecnología para impedir que, según los designios de la naturaleza, ese ser muera? Al afirmarlo la Iglesia entra en jugosas contradicciones y explicaciones bizantinas. También contradice a Santo Tomás y al Papa el Partido Demócrata Cristiano argentino, que entre muchos adherentes, en una solicitada en La Nación (18/04/05, p. 08) asegura que «la vida humana es un continuo que tiene comienzo en la concepción y su final en la muerte natural».

Según lo apuntado por Cohen Agrest, podemos argüir que el Papa consideraba la vida sólo en su faz biológica, pues Terri Schiavo “vivió” quince años asistida técnicamente, no porque su “naturaleza” así lo haya determinado. ¿No es indigno de un ser humano ser mantenido con vida cuando la naturaleza se rebela? ¿Hasta dónde es «moralmente obligatoria» esa práctica de mantener artificialmente con “vida” a una persona irrecuperable? ¿Qué se entiende por «vida», una vez más? ¿Es sólo respirar con un respirador artificial porque el cuerpo no puede hacerlo por sí solo? Si es difícil definirla por lo que es, podríamos intentar hacerlo por lo que no es: ¿«Vida» no supone lo contrario de un electroencefalograma plano?

Dueños del cuerpo

Sólo una institución verticalista y con un sentido de omnipotencia como el ejército o el Vaticano pueden arrogarse el absurdo derecho de considerarse “propietarios” de una vida o un cuerpo humano ajeno. En el caso del ejército, el Teniente Coronel Bendini llevó esta lógica a un extremo grotesco cuando hace pocos días encarceló al teniente Mercado por declaraciones públicas de su esposa, como si ésta careciera de integridad e independencia y sólo fuera un apéndice sin mayor importancia o significado que ser portavoz de su marido.

Bendini entendió que Mercado era “culpable” de tener la esposa que tiene y de no controlar su lengua (o su pluma, ya que se trata de dos cartas); y considerando que el ejército es “propietario” de los uniformados, procedió a castigar a Mercado. Kirchner salió al paso, como comandante en jefe de las fuerzas armadas, y terminó con la pantomima liberando a Mercado. Pero el dilema subyace en la creencia de algunas instituciones en que poseen lo que en realidad tiene vida propia y es independiente. Ser militar es un trabajo, y como tal no puede suponer pertenencia absoluta a una causa. Otra habría sido la situación si era Mercado el autor de las cartas, pues entonces estaría faltando el respeto a un superior: el Presidente. Ahora la esposa de Mercado, María Cecilia Pando, publicó una tercera carta, directamente contra Bendini (La Nación del 16/04/05). ¿Cómo lo tomará el ejército, que aseguró que no habrá represalias contra Mercado? ¿Entenderá que la esposa del militar, en tanto apéndice, también es pertenencia de las fuerzas armadas?

Como hace notar Chernov, «los humanos vivimos en la ilusión de que somos individuos autónomos, dueños de nuestras vidas y de nuestros cuerpos. Pero no somos dueños de ninguna de las dos cosas». Es decir que en la práctica la dignidad es violada por la sociedad, la Iglesia y el ejército (al menos el argentino), al no permitir la decisión sobre nosotros mismos. Pero la dignidad, al ser que seamos lo que somos, no puede negociarse. Cuando comienza la discusión por el alcance de la dignidad, por sus fronteras elusivas, termina el concepto de ser humano.

Difícilmente el nuevo Papa, Joseph Ratzinger, reconocido conservador y miembro del ala dura de la Iglesia, cambie este estado de cosas. Lo hizo notar en la homilía previa a la votación, cuando desdeñó la posibilidad del diálogo y enfatizó que «adulta no es la fe que sigue las olas de la moda y la última novedad». La Iglesia aún necesitará muchos años para humanizarse.

© Carlos O. Antognazzi.
Escritor.

Publicado en el diario “Castellanos” (Rafaela, Santa Fe, República Argentina) el 22/04/2005. Copyright: Carlos O. Antognazzi, 2005.

Este artículo tiene © del autor.

1009

Comentar este artículo

   © 2003- 2015 Mundo Cultural Hispano

 


Mundo Cultural Hispano es un medio plural, democrático y abierto. No comparte, forzosamente, las opiniones vertidas en los artículos publicados y/o reproducidos en este portal y no se hace responsable de las mismas ni de sus consecuencias.

Visitantes conectados: 10

Por motivos técnicos, reiniciamos el contador en 2011: 3386506 visitas desde el 16/01/2011, lo que representa una media de 492 / día | El día que registró el mayor número de visitas fue el 25/10/2011 con 5342 visitas.


SPIP | esqueleto | | Mapa del sitio | Seguir la vida del sitio RSS 2.0