Portada del sitio > LITERATURA > Crónicas > CRÓNICAS MALDITAS (I)
Grabar en formato PDF Imprimir este artículo Enviar este artículo a un amigo

CRÓNICAS MALDITAS (I)

Nefastos recuerdos del colegio San José Obrero

Ramón Fernández Palmeral

España



Mi vida en un Centro masculino de Formación Profesional, de artes y oficios que dirigía un cura con sotana talar con mucha mala leche llamado el padre Mondéjar, un nombre que no olvidaré jamás.

Yo tenía diez años cuando mi padre me metió en el colegio San José Obrero, (año 1957), situado en la calle Pozos Dulces, masculino, en el casco viejo de la ciudad de Málaga, a espaldas de la calle Carretería. No era un internado, era peor, era un Centro de Formación Profesional, de artes y oficios que dirigía un cura con sotana talar con mucha mala leche llamado el padre Mondéjar, un nombre que no olvidaré jamás. Sin embargo, los demás profesores eran laicos. Empecé estudiando el oficio de mecánico ajustador, luego delineante proyectista, no sé muy bien por qué razón mi padre me mandó allí, ¿qué había hecho yo? adonde acudía la peor escoria de cada barrios malagueño. El colegio ya no está en Pozos Dulces, lo trasladaron de aquel dédalo de calles estrechas, viejas y angostas, en forma de “z”; muy cerca estaba la calle de las putas y  la iglesia de nuestro Santísimo Cristo de los Viñedos y un convento de las Catalinas, en cuyos soportales las putas se ponían a sisear a los clientes. Creo, que hoy en día, este Centro está por la barriada de Carranque, pero de mi paso por este Centro no conservo ni siquiera la foto recuerdo con el mapa de España detrás de mí, como era de costumbre en la época, fotografiarse en el despacho del director. Un día antes de que viniera el fotógrafo nos decían a todos los niños: «Mañana vine el fotógrafo, que vuestra madre os adecente, os lave la cara y os peine las greñas». Aquella fotografía anual individual era un negocio porque después había que pagarla. La verdad es que el aseo de los demás niños dejaba mucho que desear, pero a mí, mi madre me tenía como un sol a pesar de que éramos cinco hermanos. Yo era un Tarzán y los ratos que no estaba en el colegio, me los pasaba jugando en la calle, porque en la casa no se cabíamos, y, por la maña ya te echaban afuera, a jugar a las bolas (canias) o al trompo. Los maestros no ponían deberes. Mi aula estaba en el último piso y hacía mucho calor, no en vano estábamos en la Costa del Sol, había en la pared un cuadro que siempre me impresionó, la de un hombre con un candado taladrándole los labios y que le cerraba la boca, era la señal de que allí dentro no se podía hablar ni con el compañero. En la pared frontal el retrato de Franco y al lado el de José Antonio, había un mapa grande de España. Recuerdo una clase de siderurgia sobre el convertidor Bessemer que consistía en un sistema de producir cantidades mayores de acero refinado que el proceso del crisol, pero que no nunca me enteré cómo funcionaba. Son recuerdos de tardes con merienda de un vaso leche en polvo y queso de bola de los americanos, se ve, que cuando los yanquis dieron la ayuda a España por las bases estos alimentos entraba en el lote. Los domingos teníamos misa obligatoria en la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, a espaldas del colegio. Teníamos una cartilla donde nos ponían un sello de asistencia, y los lunes tocaba enseñar la cartilla y si te faltaba el sello de control, el propio padre Mondéjar te daba un repaso en el salón de actos con una correa de goma larga, parecida a la correa del ventilar de un coche, hasta que al cura le parecía bien, y allí en público, sin contemplaciones, te azotaba por pecar contra los mandamientos de la Santa Madre Iglesia Católica y Romana, por incumplir la obligación de asistir los domingos a misa. Otras veces te azotaban porque ibas sucio o te habías peleado con algún alumno que era lo cotidiano. Una vez que falté a misa, se me ocurrió dibujar el sello para evitar el castigo, es decir, hice una falsificación del sellito control, cuando me tocó enseñar la cartilla con la asistencia a misa estaba acojonado, me temblaban las manos, sudaba, y se me salía el corazón por al boca, sin embargo, logré engañar al temible padre Mondéjar, y como tomó el engaño decidí hacerme pintor. Lo peor que tenía la iglesia del Sagrado Corazón era cuando llegaba Semana Santa, todas las mañanas nos pasábamos horas y horas y más horas de pie o sentados en los bancos escuchando al cura en el púlpito: «La muerte de Cristo es culpa de nuestros pecados...», y más cosas que no puedo recordar, en lo que se llamaban ejercicios espirituales, las verdad es que cuando llegaba el Jueves Santo y las Siete Palabras, aquello era morirse de sueño, y que no se te ocurriera tener ganas de orinar, porque levantarte era ya un pecado de atención, algunos alumnos se lo hacían sentados en los bancos. Yo me tuve que orinar una vez en el banco también, era preferible esto que probar la goma. Desde que vi cómo el cura azotó a dos niños delante de mí, porque se habían fugado al río Guadalmedina, le tomé un miedo feroz, era para mí como el demonio vestido de negro. En el salón de actos, preparado con escenario de teatro y pantalla de cine, se proyectaba el NO-DO y una película censurada, religiosa, por supuesto, y al niño angelical Marcelino pan y vino, le habías cogido un odio mortal. Cuando venía alguna autoridad de visita, camisa azul con chaquetas blancas había que hacer una exhibición simultánea de preguntas (diez o doce alumnos en el escenario y un profesor nos iba peguntando desde el patio de butacas), una especie de demostración cerebros, sobre los avances tecnológicos y culturales que habían logrado el profesorado con aquellos niños descerebrados y desahuciados de otros colegios, unos días antes nos daban la lección que nos teníamos que aprender de memoria para el día señalado. Una vez, no sé por qué razón me escogieron a mí, y me dijo el maestro que me preguntaría los números primos, cuando llegó la hora yo no me acordaba de nada, me quedó la mente en blanco, y no dije ni pío a aquellos señores de camisa azul. Quedé fatal, y humillado para siempre en la mente y en las manos que me las puso moradas, porque, después en clase probé la palmatoria. Por las tardes había clases prácticas de mecánica en el taller, por lo general, nos encargaban fabricar una pieza geométrica de un trozo de hierro dulce, lo diseñabas primero con tiza y agua, y luego le sacabas el poliedro limando horas y horas. Un día que me despisté de vigilar la pieza, el compañero de al lado me echó saliva sobre la pieza que tenía en el torno, y esto es lo peor para el hierro dulce, luego no se puede limar. A esta provocación tenía que enfrentarme yo solo, el compañero era un gordo del Perchel allí no podía medirme con él porque de lo contrario el padre Mondéjar nos aplicaría el látigo de la goma del ventilador para medirnos las espaldas. Me fui a casa maquinando mi venganza, la cuestión era harto complicada de resolver, si me acobardaba los demás alumnos se iban a envalentonar conmigo y me llamarían  «gallina o gallinita».  Así que al día siguiente en la calle, en el reñidero, antes de entra en el Centro, nada más ver al gordo del Perchel me fui contra él como una locomotora y lo tumbé, él se levantó con la sonrisa de «ahora verás» con la excusa del mal pagador, y se vino contra mí, dos veces di contra una pared, sangraba por la nariz, sin embargo, era feliz, porque aquella sangre era el pago para hacerme respetar. Hubo un corrillo azuzándonos hasta que nos separaron. Pero me gané el respeto a puñetazos, que eso pasaba casi todos los días en el reñidero, y ya nadie osó en echarme saliva en la pieza de hierro dulce nunca más.  Cuando llegué a mi casa mi padre no estaba, menos mal, de lo contrario me llevo otra paliza, porque mi padre nunca estaba, mi madre  me limpió «¿Con quien te has peleado esta vez?», me preguntó. No recodaba ya cuantas veces me tuve que pelear para sobrevivir en aquella mierda de colegio en el barrio de Carretería. Menos mal que a los dos años mi padre compró una casa en Coronel Osuna y nos fuimos a vivir allí me metió en un colegio de pago el de Don Francisco en la plaza de Humilladeros para estudiar el bachiller, aquello sí que era vida, de vez en cuando un reglazo nada más. Y los alumnos del bachiller eran corderitos comparados con los salvajes del San José Obrero. Por primera vez tuve amigos: Antonio Zorrillo y Paco Sánchez. Nunca jamás he tenido ganas de visitar el nuevo Colegio de Carranque, ni peguntar por mi expediente académico, perdido, pero la verdad es que no me atrevo, no puedo, no soy capaz de superar el trauma de aquella época escolar traumatizadora.

Este artículo tiene © del autor.

3094

3 Mensajes

  • CRÓNICAS MALDITAS (I) 28 de septiembre de 2007 18:14

    Yo creo que tu problema no fue el instituto, fue la epoca, que era una MIERDA, represión y malos tratos era lo normal en aquel entonces, yo he sido alumno durante 15 años del nuevo instituto San Jose y apenas habia nada de todo eso que has narrado, en todos mis años alli habian compañeros y profesores algunos gilipollas y otros estupendos, pero eso no hace culpable al instituto sino a la gente y a los tiempos que te toquen vivir, personalmente guardo más buenos recuerdos que malos de mi epoca en el San Jose

    repondre message

    • CRÓNICAS MALDITAS (I) 17 de noviembre de 2008 22:12, por unodetantos

      Yo tambien fui alumno del internado de P.Dulces, no instituto, la enseñanza como todos los de la época era cristiano-política. Cristiano: se llegaba a Dios por el temor. Política: demasiada alianza con el franquismo.
      La enseñanza de llegar a Dios por el temor provocaba en las conciencias juveniles y sus necesidades juveniles como la masturbación un temor al pecado por sus consecuencias de alcanzar el infierno y de ser para los resto de tu vida un desgraciado si te salias de los cánones que la iglesia indicaba . Esta situación de represión sexual ya que todo era pecado, la mirada, los tocamientos, los malos pensamientos provoco algún caso que otro de tratamiento psicológico. Recuerdo cuando en unos ejercicios espirituales de tres dias de internamiento una de las veces se llegó a apagar la luz de la Iglesia Sagrado Corazón para alimentar mucho más aquello de las llamas del infierno, uf terrorífico. Almodovar no lo habría hecho mejor.
      Al padre Mondejar ni decir que al verlo, no sigo, aún me entran escalofrios y no quiero pasar mala noche.
      Este sacerdote de Dios se fue a Amèrica a pedir dinero para una nueva escuela que es la que actualmente se ubica en Carranque, argumentaba que era necesaria la escuela para estos jovenes pobres ya que de lo contrario seriamos presas del comunismo (?), ya podeis imaginaros lo apegado al Regimen, por cierto Franco siempre le agradecio la labor por ello. Sin mas comentarios.
      Un día nos obligaron a comer una comida que no estaba en condiciones, ni que decir que nos pusimos todos malos, pero se guardaba muy bien la imagen hacia el exterior. Nosotros eramos los malos y los pecadores. Así transcurrio la juventud de muchos de nosotros, en fin no sigo que siento escalofrios-

      Ver en línea : unos mas

      repondre message

  • CRÓNICAS MALDITAS (I) 21 de diciembre de 2008 08:20, por Manuel Rodríguez

    08-12-20

    Por circunstancias casuales, que no vienen al caso, he leído “los nefastos recuerdos que don Ramón Fernández Palmeral tiene de su paso del colegio San José Obrero (España) el 30 abril 2005” contenidos en este enlace.

    Sin pasar por ese centro conocí al Padre Mondéjar. La labor formativa que ejerció en Málaga solo tiene parangón con la llevada a cabo por otro sacerdote, D. Jesús Corchón, en el Ave María. Dos sacerdotes, no malagueños de nación pero sí de ejercicio, que por su buen hacer en la formación de los niños y jóvenes de Málaga, merecen un monumento.

    También he tenido alumnos y compañeros formados en la EFP San José, la escuela del Padre Mondéjar. Su solidez intelectual y moral derivaba de una extraordinaria y completa formación cultural, técnica y humana recibida en su niñez y adolescencia.

    La falta de aseo del escrito del Sr. Fernández Palmeral, impropio de un escritor, según reza la ficha, me hace dudar de su contenido. Tiene demasiada visceralidad, que no se corresponde con una exposición serena de su biografía.

    Así cuando dice: “mi padre me metió en el colegio”. Impropio de un intelectual aseado quizá debió decir “inscribió” “matriculó” o alguna equivalente. Lo ven, falta de aseo.

    Así cuando dice: “un cura con sotana talar”, es una redundancia innecesaria ya que por su estructura, llegar a los talones, la sotana es talar. Luego el talar sobra. Distinto hubiera sido que hubiera escrito: “un cura con traje talar”, que es una sotana. Eso es probable que lo ignore. Lo ven, falta de aseo.

    Así cuando dice: “Empecé estudiando el oficio de mecánico ajustador• luego delineante proyectista”, eso no es falta de aseo; es rigurosamente falso. Con diez años no se puede empezar el aprendizaje de mecánico ajustador. Entre otras cosas porque no alcanza al banco. No se sabe cuanto tiempo encierra el “luego”. Casi al final de su escrito dice: “Menos mal que a los dos años mi padre compró una casa en Coronel Osuna” Según eso él estuvo allí con 10 y 11 años. Con esas edades se estaba en primaria no en una Escuela de FP.

    Refiriéndose al alumnado de la Escuela dice: “adonde acudía la peor escoria de cada barrios malagueño”. Con esta aseveración se autodescalifica. La escuela acogía a hijos de obreros y niños muy pobres. Que la pobreza sea escoria humana es una manifestación deleznable. Lo que me extraña es que los dos comentaristas, antiguos alumnos de San José, no hayan respondido al sentirse calificados como escoria.

    Dice que el colegio está “en Pozos Dulces (…) muy cerca de la iglesia de nuestro Santísimo Cristo de los Viñedos”; este “nuestro” da a entender que el autor pertenece o ha pertenecido a la Hermandad de Viñeros, no de “Viñedos”, hecho, que si lo es, se manifiesta incongruente con la afirmación anterior de llamar “escoria” a los alumnos que no eran él.

    Dice también: “de mi paso por este Centro no conservo ni siquiera la foto recuerdo con el mapa de España detrás de mí, como era de costumbre en la época, fotografiarse en el despacho del director”. Las fotografías, que dice, no se hacían en las escuelas de formación Profesional sino en la escuela primaria lo que prueba que no pudo estar, con esa edad aprendiendo “mecánico ajustador”. Tampoco debían ser un negocio, antes bien, constituían un recuerdo de los años escolares. Como hoy.

    También dice: “en la casa no se cabíamos, y, por la maña ya te echaban afuera, a jugar a las bolas (canias) o al trompo” (…) “pero que no nunca me enteré” (…) “la correa del ventilar de un coche” (…) “una especie de demostración cerebros” (…) “antes de entra” (…) La falta de atención en su forma de redactar y escribir, prueba el poco cuidado mental de sus recuerdos. Lo ven, falta de aseo.

    Merece la pena detenerse en esta cita un poco más larga: “Por las tardes había clases prácticas de mecánica en el taller, por lo general, nos encargaban fabricar una pieza geométrica de un trozo de hierro dulce, lo diseñabas primero con tiza y agua, y luego le sacabas el poliedro limando horas y horas”. En ajuste no se “diseñaban” las piezas, se trazaban. El diseño es creación, invento. El trazado es reproducción de algo existente. La imprecisión de su lenguaje prueba la imprecisión de sus recuerdos. Sigue diciendo: “Un día que me despisté de vigilar la pieza, el compañero de al lado me echó saliva sobre la pieza que tenía en el torno, y esto es lo peor para el hierro dulce, luego no se puede limar”. Aquí dice una falsedad; quizá por ignorancia o por la falta de atención en lo escrito que antes he reseñado. En el torno (máquina) no se trabaja con la lima ni se hacen piezas poliédricas. Puede que en vez de “torno” quiera decir tornillo de banco que es donde trabajan los ajustadores.

    Continúa diciendo: “Y los alumnos del bachiller eran corderitos comparados con los salvajes del San José Obrero”. Vuelta al desprecio hacia las personas que asistían a las clases de San José que procedían de los barrios pobres de Málaga. Les llama además de “escoria”, “salvajes”. Sigue extrañándome que los comentaristas, alumnos que fueron, no se hayan dado por aludidos.

    Finalmente dice: “pero la verdad es que no me atrevo, no puedo, no soy capaz de superar el trauma de aquella época escolar traumatizadota”. Ese será su problema que tengo la sensación, es fingido. Por esa época pasamos millones de personas que ni la sienten ni la han sentido traumatizadora.

    Como conclusión diré que en su escrito percibo una intención torticera; fabula sobre recuerdos irreales. En su perfidia arremete, y no sé porqué, contra una persona que no puede defenderse, murió hace tiempo, y contra una institución modélica, La Escuela Profesional San José, hoy centro de Secundaria que ha formado en sus aulas, y con su ideario, a miles de profesionales que hoy recordarán, con agradecimiento, la formación recibida. MR.

    Ver en línea : Crónicas malditas I

    repondre message

Comentar este artículo

   © 2003- 2015 Mundo Cultural Hispano

 


Mundo Cultural Hispano es un medio plural, democrático y abierto. No comparte, forzosamente, las opiniones vertidas en los artículos publicados y/o reproducidos en este portal y no se hace responsable de las mismas ni de sus consecuencias.

Visitantes conectados: 24

Por motivos técnicos, reiniciamos el contador en 2011: 3403034 visitas desde el 16/01/2011, lo que representa una media de 570 / día | El día que registró el mayor número de visitas fue el 25/10/2011 con 5342 visitas.


SPIP | esqueleto | | Mapa del sitio | Seguir la vida del sitio RSS 2.0