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CUATRO PENSAMIENTOS

TEMAS DE ACTUALIDAD

Salvador Enriquez

España



Desde hace unos quince años vengo publicando mensualmente en el periódico “La Hoja de Vallecas” (una sencilla publicación de barrio, en soporte papel, de Madrid - España) una columna de opinión titulada PENSANDO EN...
Hoy me gustaría compartir algunos de esos “pensamientos” con los lectores de Mundo Cultural Hispano; creo que pueden servir para reflexionar, incluso debatir mis puntos de vista sobre temas de actualidad. Los que ofrezco más abajo corresponden a los cuatro últimos meses.
Para un mejor entendimiento debe leerse antes de cada título la cabeceara de la columna en la que se publican: PENSANDO EN...

CUATRO PENSAMIENTOS

Desde hace unos quince años vengo publicando mensualmente en el periódico “La Hoja de Vallecas” (una sencilla publicación de barrio, en soporte papel, de Madrid - España) una columna de opinión titulada PENSANDO EN...
Hoy me gustaría compartir algunos de esos “pensamientos” con los lectores de Mundo Cultural Hispano; creo que pueden servir para reflexionar, incluso debatir mis puntos de vista sobre temas de actualidad. Los que ofrezco más abajo corresponden a los cuatro últimos meses.
Para un mejor entendimiento debe leerse antes de cada título la cabeceara de la columna en la que se publican: PENSANDO EN...

EL DÍA “D” que en la nomenclatura militar se usa para designar un día básico, a partir del cual se puede programar cualquier acontecimiento. El más conocido en la historia reciente fue el 6 de junio de 1944, en la II Guerra Mundial, cuando las tropas aliadas desembarcaron en las playas de Normandía, pero en la actualidad tenemos otros días “D”, no son días tan bélicos, es verdad, pero sí lo bastante conflictivos para la economía y los sentimientos: de El Padre, de La Madre de El Abuelo, de Los Enamorados... en los que el regalo se ha convertido en algo más que obligatorio.
Porque son días que, al amparo o con el argumento del amor y los sentimientos, nos inducen al consumo indiscriminado. “Dios mío, no sé qué regalarle” -oímos, como lamento, con alguna frecuencia- lo que deja en claro que el regalo no es fruto de la espontaneidad, sino el cumplimiento de un deber, perdiendo así todo su valor.
Malamente pueden casar dos cosas tan dispares como la economía y los sentimientos, a menos que tales días los entendamos como un conflicto bélico con nuestra cartera y hacia nuestros seres más cercanos a los que, por “obligación”, tenemos que obsequiar.
Si algún sentimiento despierta en mí cualquiera de esos días es el hastío a tanto cariño programado, a tanto amor inducido; repulsa hacia aquella frase, tan cursi como falsa, con la que hace años nos pretendían encandilar los expertos en marketing: “la elegancia social del regalo”, nos decían para que acudiéramos como moscas al panal de los comercios.
No soy nada partidario de los “días de” por lo que suponen de programación del cariño. Me gusta querer y que me quieran pero tiemblo ante la idea de que alguien me odie por no saber qué regalarme. De verdad.

LA NICOTINA sospecho que, de seguir así, en años venideros todos iremos al otro mundo con los pulmones limpitos, sin mácula de humo. Nuestros gobernantes, que más que tales parecen nuestras mamás, ponen todo su empeño en que abandonemos la costumbre de fumar para que estemos sanos y muramos resplandecientes, como flores en primavera. Pero lo hacen por el infantil procedimiento de mostrarnos al coco, como a los niños malos. ¡Infantiles ellos!
Supongo que pronto la emprenderán con la prohibición de, por ejemplo, escalar el K2 porque con sus más de ocho mil metros de altura... ¡no me digan que no encierra riesgos para el que decide llegar arriba! ¡Ah! sin olvidar, por recurrir a otro ejemplo, el clásico “vino español” con el que nos obsequian al final de cualquier acto. Los riegos y las consecuencias del consumo de alcohol son catastróficas, no sólo para el que lo consume sino para su familia. Juro que lo sé, pero que cada uno haga lo que le plazca. Defiendo la libertad de los demás.
Pronto tendremos las cafeterías asépticas, como laboratorios, algo así como si a las pirámides de Egipto las cubrieran con azulejos para evitar que el polvillo que se acumula entre las piedras afecte a los bronquios de los turistas; los centros de trabajo estarán sin una mota de humo, los empleados sin perder el tiempo en encender el cigarrillo pero, eso sí, con las uñas comidas por el nerviosismo del síndrome de abstinencia. Sin embargo, en algunos casos, esto es lo peor, puede haber un enfrentamiento entre fumadores y no fumadores ya que se está siguiendo el procedimiento de imponer y no el de convencer. Se está induciendo a que una parte de la población, no fumadora o ex-fumadora (que suelen ser los más radicales) que se siente dañada por el tabaco, se enfrente a la otra, fumadora, culpándola de sus posibles enfermedades. Así todos terminamos a hostias y los de arriba pensando “¡qué bien lo hacemos!”... mientras encienden un Cohiba.

EL ADULTERIO sabido es que, al menos en las sociedades occidentales, es algo mal visto y considerado reprobable, al margen de cuestiones religiosas que incumben a la privacidad de cada cual, pero no así en “aquellos entornos humanos donde existen familias polígamas, sean poligínicas o poliándricas, o donde se practica el intercambio sexual protocolario” (tomo la cita de la Biblioteca de Consulta Microsoft Encarta). Que el adulterio se remonta a la mitología, es algo que se puede constatar: en el Antiguo Testamento se narra la pasión adúltera establecida entre el rey David y Betsabé, también están en la literatura los amores furtivos del caballero Lanzarote y la reina Ginebra.
O sea: que no es nada nuevo, pero de un tiempo a esta parte ha surgido un “espécimen” que está convirtiendo lo que antes era deseo, devaneo, aventura, morbosidad, riesgo o amor en un reprobable negocio. Y, la verdad, cuando se mezclan cosas como tan heterogéneas sólo puede despertar rechazo cuando no asco: Asco me producen esos tipos y tipas (empleo adrede ambos géneros) que acuden a los programas televisivos para hablar, a cambio de dinero, de sus juegos de cama con otros u otras, pasados y presentes, casados o solteros, con novio o sin él. Airear tan públicamente lo que un día, se supone, fue mutuo acuerdo en la intimidad del apartamento, sólo es propio de gentuza que sólo merece desprecio.
Además... ¡caramba! lo pone difícil ¿quién se va a arriesgar, tal como está el patio, a aceptar una aventurilla? Lo mismo luego va y lo cuenta mientras mi mujer y yo estamos viendo la tele. Tendría que decir lo que se acostumbra en estos casos, cuando lo cazan a uno in fraganti: “Cariño, no es lo que parece, déjame que te explique”.

LO HUMANO Y LO DIVINO, creo que son dos conceptos diferentes y que no hay razón para que caminen juntos. El primero es inherente al individuo, el segundo lo considero opcional: se puede creer o no, sentirse integrado en determinada disciplina religiosa o, simplemente, ser agnóstico o ateo. Las sociedades modernas se rigen por unas normas consensuadas por quienes las representan como resultado de democráticas elecciones.
Por ello me alarma, aunque no me asombra, que la Iglesia Católica trate de imponernos a los españoles sus ideas y determinar nuestra forma de vida. Los obispos se oponen al casamiento entre parejas del mismo sexo, como temblaron ante el divorcio, y tocan a rebato para que incluso el Rey abdique durante unas horas evitando así firmar una ley que a ellos no les gusta. ¡Sólo faltaba que desde las grutas vaticanas dijeran qué debe hacer el Jefe del Estado! Sin duda añoran cuando, durante medio siglo, podían hacer y deshacer, certificar oficialmente qué era bueno o malo, incluso determinar quién iba al infierno o al cielo.
Las disciplinas religiosas se deben impartir desde los púlpitos, para quien libremente desee escuchar sobre lo divino, pero para los otros asuntos, para los humanos, está el Parlamento y no es bueno ni recomendable mezclar ambos espacios. El gobierno del estado Vaticano debe saber que si un día castigó al silencio a algunos de sus “disidentes”, por ejemplo a Leonardo Boff, inspirador de la Teología de le Liberación, no pude hacer lo mismo con quienes, voluntariamente, se sienten fuera de su disciplina. Deben, en fin, seguir al principio de no injerencia en los asuntos internos de otros países.
Será la forma de que nos respetemos unos a otros, sin mezclar lo humano con lo divino, y que no veamos en determinada creencia religiosa, la católica es este caso, a quienes nos quiere meter en el cielo pero... ¡a patadas en el culo!

Salvador Enríquez
e-mail: senriquez@portalatino.net

Ver en línea : Autor Teatral Salvador Enríquez

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1942

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