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Proceso y muerte del poeta Miguel Hernández

Ramón Fernández Palmeral

España



Miguel Hernández fue condenado a pena de muerte el 18 de enero del 40, por lo que llama Gutiérrez Carbonell «rebelión invertida», «la calificación de estos casos como delito de rebelión militar es aberrante; además se aplicó retroactivamente». Entre los hechos probados se le llamó «poeta de la revolución» Murió en las cárceles franquistas.

PROCESO Y MUERTE DEL POETA MIGUEL HERNÁNDEZ

 1.- INTRODUCCIÓN.

Miguel Hernández es un poeta del pueblo, un poeta auténtico, dotado de una increíble capacidad asimilativa que posee ese duende, intuición, «sonidos negros» de los que habló Federico García Lorca sobre el flamenco: ese «duende hay que despertarlo en las últimas habitaciones de la sangre». Esa sangre-tesoro, dignidad del líquido hermano, tan generosamente derramada por MH en su cosmovisión poética, porque «su voz era un chorro de sangre» ausente de toda falacia metafórica donde no habitan falsedades o higueras foscas. Poeta nacido de las raíces del pueblo con un marcado destino trágico, amigo de sus amigos, un alma pura, que supo llevar y comunicar su angustia vital hasta las últimas consecuencias y mantener la dignidad y fidelidad a las propias creencias e ideas. Un joven de la Vega Baja que tenía prisa por ser reconocido como dramaturgo y poeta como si, llevado por un sino de luna, visionara que su vida iba a ser tan corta como el trino de un «ruy-señor». Además nos los dice gráficamente «y sólo veo piedras como diamantes eclipsados» (v.14. soneto 22 de El rayo que no cesa). Quiso vivir “con prisa magnífica de muerte”, escribió Carmen Conde. Para ser un poeta verdadero, comprometido con su tiempo y su obra, es necesario tener «casta», haber sufrido «¡Ay de quien no esté herido, de quien jamás se siente / herido por la vida...!», escribió en su poema «El Herido» de connotaciones guerreras y uno de los más patéticos de este trabajo que presento: «EL HOMBRE ACECHA», puesto que ser sincero, y sobre todo, poseer la iluminación del genio es «carecer de los límites corporales», de los que nos habló el sevillano Vicente Aleixandre, o fluir de atávica sangre, sobre lecho de sedientos ríos sin márgenes ni riberas que den límite al líquido sediento, es una de las cualidades más sobresalientes que no podemos olvidar en Miguel: ruiseñor que cantó encima de los fusiles. Con «El Hombre acecha», demás de un libro imprescindible en la obra hernandiana y de guerra, nos hallamos ante una joya bibliográfica, un volumen histórico, una obra rarísima, una fortuna de poseerlo, puesto que en la primavera 1939 fue destruida toda la edición en Valencia, excepto dos ejemplares que milagrosamente se salvaron de la hoguera: uno hallado en la biblioteca del extremeño Antonio Rodríguez Moñino, y otro en la colección de José María Cossío, hoy Biblioteca-Museo de la Casona de Tudanca (Santander). Estos últimos, editaron una edición facsímil en junio de 1981, de cuya edición he realizado los comentarios críticos. Las publicaciones anteriores a 1981 fueron recopilaciones selectivas de manuscritos, ya que el original entregado a la imprenta se ha perdido. De toda su obra poética, los libros que ejercen una atracción irresistible sobre el autor de este ensayo, son aquellos que escribiera durante los años de la guerra civil: «Viento del Pueblo»; «El hombre acecha», y en prisión «Cancionero y romancero de ausencias», quizá debido a la carga dramática, garra y sentir verídico que guardan entre las sombras de un pasado trágico, y, sobre todo, por su hondura cabal de un hombre dolorido y enrabietado contra las injusticias y tropelías cometidas contra el pueblo llano y contra él mismo, por todo ello, considero que «El hombre acecha», auténtico poema de guerra, merece un análisis detenido y una atención más exhaustiva, de la que hasta ahora se le ha prestado por lo investigadores. «Versos como aristas, con palabras enjutas, con expresiones de honda y breve verdad. Estos tres libros merecerían un estudio global, por contener numerosa poesía de guerra, objeto de este ensayo, además de social y de muerte, tal vez la más valiente que se escribió, por su compromiso y evidentes peligros, y, sobre todo, por esa descarga de rabia, desolación ante la impunidad y la injusticia, que llevaron a muchos poetas a tomar la pluma y las armas, empujados por un turbio río bélico de una época trágica para las dos españas. Una selección de estos poemas bélicos los editó Leopoldo de Luis como Poemas sociales de guerra y de muerte, Alianza Editorial, 1977. Con «El hombre acecha», según la edición príncipe, facsímil, más otras publicaciones poéticas de otros autores contemporáneos, nos servirá como eje principal o parámetro para ahondar en la poesía española durante la guerra civil: la «poesía de guerra», «de urgencia», «de lucha y combate», «de resistencia», tan olvidada y denostada, en la que participaron excelentes escritores y poetas republicanos que tomaron la poesía como arma ideológica y propagandista en busca de la libertad y defensa de la República. Después llegó la derrota y la desolación del exilio para los supervivientes, entre los que podemos destacar a otro poeta alicantino, a Juan Gil- Albert natural de Alcoy. En aquella tragedia española quedaron en el limbo trágico del olvido muchos escritores y poetas, algunos, todavía anónimos y olvidados, como los hermanos poetas Francisco y Enrique Salinas (Jefe de Sanidad de Alicante, durante la República), ambos presos en el Reformatorio de Adultos de Alicante. Algún día se recuperarán estos poetas olvidados, tío y padre de la conocida poetisa callosina Rosario Salinas Marcos. Nos queda también a Vicente Bautista Belda, pintor y escrito de Callosa cuya memoria caudal imprescindible. No es fácil tarea comprender el dolor y el penar que siente el poeta orcelitano en la composición de algunos de estos poemas, también es verdad que he hallado algunas metáforas surrealistas que no he podido descifrar, bien por oscuras o demasiado enraizadas en su cosmovisión poética, de una intimidad que sólo el abismo de su yo y de su subconsciente pudieron alimentar. Algunas fórmulas líricas son de una factura que, únicamente le son concedidas a los tocados por los dioses, como ese latido de cartas; o ese «quitar la piel al sol; retoñarán aladas; rayo amarrado; reliquias de mi cuerpo que pierdo a cada herida...» Otros poetas podrán igualarlas pero jamás superarlas. He querido recuperar una parte de la vida de Miguel Hernández, la que he creído más próxima a la época de la contienda civil, una breve biografía de aproximación en la que pretendo recopilar en momentos decisivos y reveladores de su creación de poesía bélica, puesto que para conocer en detalle y profundidad su vida y su obra ya existen documentados, tesis, ensayos, obra completa y libros biográficos como el de su viuda o el de José Luis Ferris(o bien, consultar la página web de la Fundación Cultural Miguel Hernández). También me he valido de la información de la tesis doctoral de Aitor L. Larrabide y de la Odón Betanzos, la Antología de Francisco Esteve. A ellos mis agradecimientos. He dedicado un apartado a nuestra poesía de guerra o de urgencia o de exaltación guerrera, de la que quiero recuperar algunos valiente autores olvidados o imposibles de encontrar en librerías, agotados, sobre todo debido más que nada al interés suscitado durante estos últimos años por los libros relacionados de nuestra guerra civil, escritores que se atrevieron a defender públicamente y por escrito las ideas en las que creían en busca de su libertad. El viaje a Rusia marcó su vida postrera y le fortaleció en su ideología política y espíritu vital. Además ahondaremos en su actividad como miliciano-soldado para acabar este ensayo son sus encarcelamientos. Y un análisis detallado y a la vez arriesgado de cada uno de los poemas de El hombre acecha. Más unas ilustraciones de las que soy autor, llevado por los dictados del poeta a través de sus conmovedores versos y metáforas. Rafael Alberti, Vicente Aleixandre junto con Arturo del Hoyo, Guerrero Zamora fueron las primeras personas que se interesaron por dar a la luz, después de su muerte física y «muerte civil» la merecida e indiscutible obra poética del inmortal oriolano. Las primeras publicaciones son: El rayo que no cesa y otros poemas, edición de Rafael Alberti, Colección Rama de Oro, Buenos Aires, noviembre de 1942 y Homenaje a M. Hernández. La Habana. Palacio Municipal. 1943. Noticias sobre M. Hernández, de Juan Guerrero Zamora en Cuadernos de política y Literatura. Madrid 1951. Obras escogidas, Madrid Aguilar, 1952, con prologo de Arturo del Hoy. Tan importante y reconocida es la obra del poeta de la luna o “lunipoeta”, que hoy en día figura entre los más importante poetas universales como lo demuestra la Base Teseo del Ministerio de Cultura donde figuran 14 tesis doctorales, numerosas biografías y ensayos. Datos que nos apunta el interés despertado por este poeta universal. Y además posee una Fundación en Orihuela que vela por las investigaciones de su vida y su obra, y los trabajos que pueden ser estimados por su rigurosidad. Lucía Izquierdo, desde Elche, vela por los derechos de autor y el buen nombre del poeta, así como el Centro Hernandiano de Elche, en divulgar su obra. En la propuesta de conmutación de treinta años por la de veinte años y un día, dada en Madrid el 10 de diciembre de1943, se le calificaba como «Poeta de la revolución». Este documento está en mi poder.

  2.- BIOGRAFÍA BREVE

 Miguel Hernández Gilabert, nació en Orihuela el domingo 30 de Octubre de 1910, y falleció en al enfermería del Reformatorio de Adultos de Alicante a las 5'30 horas del sábado santo del 28 de marzo de 1942, de una afección pulmonar que acabó en tuberculosis, además padecía de hipertiroidismo, ya demás contrajo el tifus en el Reformatorio. Fue reconocido por el médico Antonio Barbero que certificó su muerte tres días después. No se le pudieran cerrar los ojos “sus fases de terror, con tríada de fijeza, insistencia de esplendor en la mirada” . Era hijo de Miguel Hernández Sánchez y de Concha Gilabert Giner (Concheta). A la familia le apodaban “Visenterre”. El matrimonio tuvo siete hijos, Miguel el tercero. Hijos del matrimonio fueron: Vicente, Elvira, Miguel, Concepción, Josefa (murió a los 5 años), Montserrate y Encarnación. Miguel fue bautizado en la parroquia de El Salvador con los nombres de Miguel Domingo, posiblemente por dos razones, una que nació en domingo y otra es que el cura Domingo Aparicio tenía la costumbre de ponerle su nombre a cuanto bautizaba. En el Registro civil consta en la Sección 1º, Tomo 60, folio 188. Había nacido en calle San Juan, núm. 82, a los cuatro años se trasladó con la familia a la calle Arriba, hoy Miguel Hernández, 73. Alumno de preescolar en el colegio llamado de Montserrate, cinco años en el Ave María, y luego en el Colegio de Santo Domingo, antigua Universidad, de la Compañía de Jesús, asistía a las clases gratuitas para obtener el bachiller[ ]. Dejó los estudios con catorce años, le faltaba poco para los quince años. Escolarización, sin embargo, a la que no todos los niños de su época podían aspirar. Su padre era un modesto contratante de ganado al que no le iban mal los negocios. El mito del poeta cabrero le vino muy bien en sus viajes a la Corte, ese aspecto de campesino y de niño maltratado, con su morena tez de hombre de campo, puro y verdadero, conferían más mérito a su labor, si cabe, a sus inicios poéticos, no exentos de calidad y elaboración, bajo la dirección de Ramón Sijé y sus amigos de Orihuela, católicos practicantes y con la fructífera lectura de los clásicos españoles y otros libros religiosos, no obstante, pretendió mostrarse bajo el halo de «la bendición de los dioses, homéridas y musas» comentado en mi ensayo De la creación poética (2003). Se le conocía como una persona risueña y sencilla, de ojos saltones y vivos, su amigo Efrén Fenoll le llamó: “el ángel de la poesía". En Orihuela toma amistad con su vecino y poeta Carlos Fenoll (1912-1972), «el poeta panadero» que es quien en realidad le descubrió y le facilitó su primera publicación en el semanario El Pueblo de Orihuela, administrado por Eladio Belda, quien le vendió una máquina de escribir usada (Corona 300 Pts), puesto que estaba cansado de ir a casa del vicario Luis Almarcha donde usaba la famosa Alder. Conoce a José Marín Gutiérrez (Ramón Sijé, seudónimo que tomó de la etimología del griego alma: psitjé, y el nombre posiblemente del de Juan Ramón Jiménez, puesto que era el poeta de más prestigio en su tiempo). Otra versión ingeniosa y acertada es la de Manuel-Roberto Leonís, y es la de un anagrama o emblema entresacado de las letras de su nombre y primer apellido: Conoce también a Jesús Poveda en la tertulia de la tahona, o en lo que se ha quedado en llamar “veladas en la tahona”, porque Ramón Pérez Álvarez, insiste en sus artículos Hacia Miguel... que la tertulia nunca existió y que Carlos Fenoll mintió para ganar gloria. Pero esta tertulia o velada, como se le quiera llamar, existió porque se crean La Farsa, representaciones de teatro entre amigos, y a la que se incorporó más tarde Paco Díe, Ramón Pérez, Manuel Molina, Adolfo Lizón y Gabriel Sijé. Y de ella nació el cuadernillo de poesía Silbo, del que se imprimieron tan sólo 2 números. A los 21 años fue declarado excedente de cupo para realizar el servicio militar, lo que le causó gran disgusto, e incluso reclamó en la caja de reclutas de Alicante. Según Manuel-Roberto Leonís, en la ya citada conferencia dada en El Campello (14-02-03), Miguel fue nombrado Presidente fundador de las Juventudes Socialistas, gracia a su amigo Augusto Pescador Sarget desde agosto del 31 hasta su primer viaje a Madrid. Su valiente deseo de huir de Orihuela y del yugo de su padre, quedó frustrado, no obstante, su deseo de gloria poética y valentía, le animaron a emanciparse, porque ya con 21 años, según el Código Civil de su tiempo, era mayor de edad. Recaudó dinero de sus amigos entre ellos de Juan Benllod, recomendaciones que buscó del abogado y ex - alcalde y diputado en Cortes José Martínez Arenas, a través de Ramón Sijé, para Concha Albornoz. También escribió una carta lastimera y llena de falsa modestia a Juan Ramón Jiménez, a Madrid, para que le recibiera, y éste ni le contestó. A MH se le reconoce ser autor de unas 500 cartas. Realizó múltiples viajes a Madrid. Su primer viaje a finales de 1931 duró cuatro meses y medio. En Madrid inició sus primeros contactos, visitó a Concha Albornoz, hija del entonces ministro de Gracia y Justicia, quien la remite a Ernesto Giménez Caballero, editor de La Gaceta Literaria que tenía el suplemento El Robinsón Literario de España. Quien le hace un «esperpento» de entrevista, burlesca si cabe. También, el yeclano Francisco Martínez Corbalán le hizo una entrevista en la revista "Estampa" de Madrid, que en su momento, tuvo escasa repercusión, aunque más profesional. A través de Ernesto Giménez caballero llegó la amistad con Arturo Serrano Plaja, quizá, queda por investigar la verdadera influencia de este poeta y periodista madrileño en el ánimo político de MH. De recomendación en recomendación, de promesas en promesas, le dan «largas» y regresa a Orihuela muy abatido y decepcionado. En su primer viaje sufrió grandes penalidades, hambre física y el desprecio de cuantos le conocían, puesto que nadie lo quería en su círculo de amistades por el aspecto de campesino que tenía y la falta de recursos, sus poemas juveniles no fueron suficiente aval. Más laaureola de poeta pastor al que que contribuyó su paisano poeta José María Ballesteros y el poeta Juan Sansano. No dejó de escribir a su amigo Sijé para que le buscara dinero, para regresar a Orihuela porque se iba a morir de penalidades en Madrid. De regreso en la estación de Alcázar de San Juan fue detenido por al guardia civil y estuvo en el calabozo, por falsa identidad, ya que había perdido su cedula de identificación. Regresa a Orihuela y se coloca en la tienda del padre de Sijé. Empieza a escribir, tras el frustrante primer viaje de aprendizaje. En octubre de 1932 y con motivo del homenaje a Gabriel Miró, es cuando conoce a los poetas cartageneros: Antonio Oliver, Carmen Conde, y a María Cegarra, con la que mantuvo afectuosa correspondencia, posiblemente María es destinataria de algunos poemas de "El Rayo que no cesa". En 1933 fue Raimundo de los Reyes, redactor-jefe de La Verdad de Murcia, quien le presentó a Federico García Lorca, cuando Miguel fue a llevar las galeradas de Perito en Luna, Lorca refinado y en apogeo de éxitos no recibió buena impresión del campesino Miguel, mantuvieron una corta y agitada correspondencia de reproches, y MH cometió el error, propio de los impulsos de la imprudente juventud: la de quejarse de su mala fortuna poética de Perito en lunas ante un divo de la época, con ese enfado «he maldecido las putas horas u malas que di a leer un verso a nadie» en busca de la palabra consoladora, y una falsa modestia, puesto que entre consolar y dar lástima existe una membrana fina y peligrosa, la del desprecio así mismo. Porque MH consideraba que había nacido poeta. Nadie quiera a su alrededor a los «quejicas», depresivos o a los que le lamen con descaro los zapatos de los divos. El segundo viaje a Madrid en marzo de 1934 fue más fructífero que el primero, llevaba en su equipaje la mejor recomendación posible: su libro Perito en lunas, de influencia gongorina, y alto valor cromático o impresionista. “Poeta rústico y acomplejado, consciente de una rudeza que debía superar a todo costa”, según página 9 del estudio de Agustín Sánchez Vidal, (Alhambra 1976). Quiso incluirse con estas octavas reales en la generación del 27. También llevaba un acto del auto sacramental Quien te ha visto y quien te ve... Recorre el Madrid literario y gracias a un reencuentro con al escritor Enrique Azcoaga, amigo de Plaja, inicia colaboraciones en las Misiones Pedagógicas que le permiten viajar por varios pueblos de La Mancha y Salamanca, en estas giras MH presenta el guiñol (teatro pequeño). Aitor L.Larrabide describe «La Tarumbra. Guiñol satírico al servicio de la guerra», que Miguel escribió para otro guiñol en 1937. Asiste a las tertulias de la velaña María Zambrano plaza del Conde de Barajas, y conoce a los poetas de guerra: Alberti, Rafael Dieste (digita el guiñol), Miguel Prieto, y al pintor murciano Ramón Gaya. María Zambrazo fue misionera en 1933 con Rafael Dieste por los Pirineos y Cáceres. Miguel publica en "Cruz y Raya" la revista de José Bergamín, en la redacción fue presentado al vallisoletano don José Mª Cossío y Martínez-Fortún, el cual le dio, al año siguiente, un empleo como secretario para el último tomo de la enciclopedia de Los Toros, que componía para Espasa-Calpe. Otros autores comentan que fue Raimundo de los Reyes quien le recomendó a Cossío para la obtención de un trabajo fijo con el que mantenerse en Madrid. En este viaje es cuando conoce al chileno Pablo Neruda y a su primera mujer Maria Antonio. Ese mismo años hace un cuarto viaje donde conoce a los pintores de la Escuela de Vallecas, escuela vanguardista madrileña. Lleva a cabo un proyecto con Benjamín Palencia para la ilustración de El silbo vulnerado, y conoce al escultor Alberto Sánchez. También se reencuentra con el pintor de Orihuela: Francisco Díe García, el que le hizo el cartelón para su conferencia en la Universidad de Cartagena cuando presentó su "Perito en lunas", que fue, a su vez, quien le presentó a la pintora gallega Maruja Mallo, con la que, se dice, que MH tuvo una relación amorosa de iniciación, aunque ella sólo dice de Miguel que «le parecía maravilloso». ¿Por qué? Se le atribuye como destinataria de la mayoría de los poemas de "El rayo...", entre ellos Me llamo barro... Aunque esto son hipótesis infundadas. Formaliza relación con la andaluza Josefina Manresa Marhuenda, hija de un guardia civil, destinado en Orihuela, costurera, trabajaba en la calle San Juan, y luego en la fábrica de seda, mujer pura y recatada, es la destinataria del soneto 4.- "Me tiraste un limón..." y del 11.- "Te mueres de casta..." En un quinto viaje durante 1935, conoce a Vicente Aleixandre al que le pidió que le regalara, argumentando falta de recursos y admiración, «La destrucción o el amor», Premio Nacional de Literatura (1933), libro que influyó en Miguel por el surrealismo y la idea del amor-destrucción. Aleixandre era un hombre muy abierto a los jóvenes noveles, se conocieron a mediados de junio 1935 cuando Miguel asistió al banquete-homenaje que organizó Gerardo Diego en el restaurante Biarritz de Madrid. Cuenta el poeta Luis Antonio de Villena que cuando conoció a Aleixandre y fue a su casa de la sierra de Madrid, se presentó como: «de Villena» con cierto aire de nobleza, para que el poeta sevillano le aceptara con mejor agrado. Se fundan varias revistas en Orihuela: la «Voluntad», «Actualidad», «El clamor de la verdad» y «El Gallo Crisis» simbología que viene a decirnos: Cristo en peligro, adviértase la semejanza entre Crisis y Cristo, una revista de tendencia neocatólica en armonía al filo fascismo de Ernesto Giménez, al que conocía porque estudiaba Derecho por libre en la Universidad de Murcia y Sijé le mandaba los apuntes a Madrid. En la Navidad de 1935 muere su amigo Ramón Sijé, tras veinte días de agonía a causa de una una altas fiebres por una septicemia al corazón, tenía 22 años, y MH escribe una elegía "Yo quiero ser llorando el hortelano..." El 14 de abril de 1936, MH subido a una escalera leyó unas palabras de recuerdo por su amigo y dio nombre temporal a la plaza de Sijé. Y hoy día no existe la plaza sino una calle paralela a Santo Domingo y la travesía que va al aplaza de la Fundación MH. En este quinto viaje a Madrid MH llevó su obra de teatro «El torero más valiente», obras que no pudo estrenar.

   3. MILICIANO EN LA GUERRA CIVIL.

   El 18 de julio del 36 se hallaba en Madrid, tenía 25 años y toma partido en defensa de la República el día 23 de septiembre, se incorpora voluntario en el 5º Regimiento de Valentín González «El Campesino», que le nombra Comisario Cultural, y no comisario político que ñel mismo dijo en una carta que escribiera a su esposa Josefina Manresa. Participando en las actividades de “Altavoz del frente”. Ver información más amplia en el capítulo 4-a). Miliciano-soldado. El 36 fue un año doloroso para la cultura: asesinan a Federico García Lorca en Víznar (GR), mueren Vale-Inclán, don Miguel de Unamuno y Ramiro de Maeztu, Muñoz Seca Villaespesa, José María Hinojosa fusilado en Málaga 22-08-36. A primeros del año 1936 publica «El rayo que no cesa», un conjunto de sonetos liberados de sus anteriores libros: «El Silbo vulnerado» e «Imagen de mi huella», con cierto surrealismo aleixandrino y nerudianos, que lo encumbran a la fama. Rompe con su novia Josefina y mantiene correspondencia con María Cegarra, que era perito químico. A finales de 1936 conoce al periodista cubano Pablo de la Torriente Brau, Pablo de la Torriente fue herido el día 18 de diciembre, en plena batalla de Majadahonda, y murió el 19, siete días después de cumplir los 35. Miguel asiste al entierro, y según anota José Luis Ferris (2002,356), Pablo vestía la zamarra de piel de cordero que Miguel [Hernández] le había regalado semanas antes. Delante de su fosa, posiblemente en Barcelona, el poeta leyó la «Elegía segunda» escrita en su recuerdo», que luego se incluiría en el libro Viento del pueblo, (1937): empieza con el primer serventesio: «Me quedaré en España compañero» me dijiste con gesto enamorado. Y al fin sin tu edificio tronante de guerrero en la hierba de España te has quedado. (Miguel Hernández). Esta elegía, fue ampliamente comentada en la edición facsímil de Viento del Pueblo, José Carlos Rovira y Carmen Alemany Bay, Ediciones de la Torre, Madrid, e Inst. de Cultura Juan Gil-Albert, Alicante 1992. El 9 de Marzo de 1937 se casó en Orihuela por lo civil con Josefina Manresa, su novia del pueblo. Al día siguiente salieron de viaje para Alicante y Alcoy ¿Acaso fueron a Alcoy a visitar a Juan Gil-Albert?. Y desde allí para Jaén, donde estaba destinado Miguel, en abril de ese año, murió la madre de Josefina (22-04-37), ella se tuvo que venir a Cox y hacerse cargo de las hermanas menores. Manolo, el hermano de Josefina, que tenía 17 años se fue con Miguel al frente de Andalucía al que colocó en Intendencia, murió de una bala perdida. Tras la desbandada republicana al final de la guerra civil (1-abril del 39) vino el exilio, MH, intenta en vano pedir asilo político en el Consulado de Chile a través de Carlos Morla Lynch encargado de negocios de Chile, quien se lo denegó, según Neruda, y desmentido por Arturo del Hoyo. Se entrevista en Madrid con Cossío, donde parece ser que le ofreció cobijo en su finca de Tudancia en Santander. Decide marchar a Andalucía con la posible intención de buscar cobijo o viajar Méjico. En Villaluenga del Rosario (Cádiz) tuvo una entrevista con su amigo el poeta y terrateniente Pedro Pérez Clotet, para meterse en la ganadería, a quien había conocido en Madrid en agosto de 1933. En Sevilla se entrevistó con Romero Morube, y como no encontró cobijo, marchó para al frontera de Portugal, donde el día 4 de mayo de 1939 es detenido cerca de Rosal de la Frontera (norte de la provincia de Huelva, carretera N-433 de Sevilla a Lisboa) por la policía portuguesa al cruzar clandestinamente la frontera, puesto que la dictadura de Salazar no acogía a los refugiados españoles, fue entregado a la policía española que lo ingresan en el depósito Municipal de Rosal y luego posó a Sevilla de donde es trasladado a la de Torrijos en Madrid, donde meses más tarde el 15 septiembre 1939 es puesto en libertad sin procesamiento, por cuestiones administrativas, o debido a las presiones de sus amigos intelectuales. Se dirigió a Cox en busca de Josefina y de su hijo, luego viaja a Orihuela, desde donde escribe José María Cossío y le pide un anticipo. Es el día 29 de Septiembre del 1939, el de su onomástica cuando es detenido de nuevo en Orihuela. Lo relata con detalle Manuel-Roberto Leonís, en su ya citada conferencia sobre MH: (...) «Por la tarde sale con Justino Marín y en la puerta de Eusebio Escolano, diputado de le CEDA..., es insultado por José María Martínez “Patagorda” oficial del Juzgado Municipal, que se la tenía jurada, [puesto que] había estado en Cox buscándole, [lo denuncio] al inspector Manuel Morell Roger, [que fue quien le detuvo] fue encarcelado en los sótanos del Seminario..., la prisión de San Miguel..., en sus cartas decía que le daban comer peor que a los cerdos». Es ingresado en la cárcel de Toreno de Madrid donde se reencontró conoció a Antonio Buero Vallejo quien le hizo el famoso retrato que sirve de logotipo para la Fundación de Miguel Hernández en Orihuela, puesto que Antonio Buero Vallejo y él ya se conocieron en el hospital de Benicasim en 1938. Fue sentenciado a pena de muerte por un Consejo de Guerra bajo la acusación de participación al lado de la República y sus actividades comunistas. Y gracias, sobre todo, a la intermediación de José Mª Cossío, Dionisio Ridruejo y José Mª Alfaro, consiguieron por su mediación que le rebajaran la pena de muerte a una inferior en junio de 1940[ ], por el general Varela a la de treinta años. Luego pasó por un rosario de cárceles, un total de 13 prisiones: Toreno, Palencia, Yeserías, Ocaña, hasta llegar el 29 junio de 1941 al Reformatorio de Adultos de Alicante, donde le «fallecieron» por las miserias de la mala vida carcelaria y la desatención médica. También se sabe por Juan Guerrero Zamora, en el libro «Proceso a MH». (Editorial Dossat, Madrid, 1990) que Pablo Neruda en París comentó el encarcelamiento de Miguel a Mª Teresa León y a la poetisa francesa Marie Anne Commène, que intercedieron a través del anciano Monsellor Braudillart, amigo de Franco, a quien le hablaron de la fe católica de Miguel, y al que le enviaron como pruebas un ejemplar de su auto sacramental. Aunque esta hipótesis, tan romántica no se sustenta documentalmente. Con el ya referido libro de José Luis Ferris, una de las biografías más completas y documentadas que se han escrito hasta ahora, parece que se ha dicho todo, que no queda nada por investigar, lo leo con desolación ante la muralla de datos, y nombres, aunque, parta mi alivio, me dijeron Juan José Sánchez y Aitor. L. Larrabide de la Fundación MH de Orihuela que todavía queda mucho por investigar, no se ha dicho todo, y esto me reconforta. Y así es, porque en el Archivo Militar de Guadalajara, y gracia al Coronel Director, me ha facilitado documentos de la propuesta de la conmutación de las penas (muerte y treinta años) por veinte años y un día, revisada por la Comisión Provincial de examen de penasde

  Madrid, propuesta número 12.443, fechada el 18 de marzo de 1943,en los hechos probados dice literalmente, que le conmutó la pena por la de veinte años y un día de reclusión mayor y accesorias correspondientes a esta pena. Se extinguirá el 3-05-1959. Hechos probados: «Que el procesado Miguel Hernández Gilabert, de antecedentes izquierdistas se incorporó voluntariamente en los primeros días del Alzamiento Nacional al 5º Regimiento de milicias pasando más tarde al Comisariado Político de la 1ª Brigada de choque, e interviniendo entre otros hechos en la acción contra el Santuario de Santa María de la Cabeza".

   Dedicado a actividades literarias era miembro activo de la alianza de intelectuales antifascistas [sin mayúsculas] habiendo publicado numerosas poesías y crónicas contra el Movimiento Nacional, haciéndose pasar por el “Poeta de la revolución». A la vez, también me ha facilitado fichas y el expediente número 10.768 donde se certifica la resolución ministerial de fecha 10 de diciembre de 1943, de la conmutación de la pena de treinta por la de veinte años y un día de reclusión mayor con la accesorias inherentes, por estimar el caso comprendido en nº 9 del Grupo III, con las firmas del Auditor Presidente. Los vocales: Militar y Judicial y el asesor del Ministerio del Ejército. El Expediente Penitenciario que consta de sesenta documentos lo cedió la Dirección de Instituciones Penitenciaras a la Fundación. En el nº 1 otoño 2003 de la revista El Eco Hernandiano aparece el artículo de su recuperación.

 4.- Ofrenda Floral.

    Esta mañana 18 de marzo (2005), he tenido la satisfacción de presenciar una ofrenda floral ante el monumento erigido al universal poeta Miguel Hernández que se levantó en 1998 en el lugar exacto que ocupaba la enfermería de la cárcel del Reformatorio de Adultos en Alicante, y que hoy es una zona ajardinada de la plaza de los Juzgados de Benalúa, cuyo autor es Agar Blasco, gracias a la iniciativa de la Asociación de Estudios de M.H, de Alicante. Este entrañable acto no sería tan significativo si los auténticos protagonistas no hubieran sido los niños alumnos del Colegio Público San Roque, un torrente de nueva sangre hernandiana. Entre las autoridades presentes me agradó ver a Vicente Magro, Presidente de la Audiencia Provincial de Alicante en una lección de ética cutural-judicial; al Rector de la Universidad de Alicante Jiménez Raneda.; al incombustible Director de la Sede de la Universidad Manuel Alcaraz; al veterano político socialista Beviá Pastor; y al no menos veterano hernandiano Julián Ramírez.

   Este evento ha sido organizado por la Sede de la Universidad de Alicante, que ha elegido este día 18 como «Día de Miguel Hernández» adelantándose 10 días al próximo 28 de marzo (coincide con las vacaciones de la Semana Santa) que se cumplirá el sexagésimo tercer (63) aniversario de la muerte del poeta oriolano M.H., con talleres, lecturas de poemas por grupos poéticos alicantinos, más una muy elogiable conferencia: «Miguel Hernández: mayoral que no cesa» del extremeño Félix Grande (Premio Nacional de las Letras Españolas 2004), que al finazar de la misma nos recitó de memoria, para asombro de los asistentes, el soneto 26 de El rayo que no cesa «Por una senda van los hortelanos...» y además como colofón de una tarde mágica, después de los aplausos y todo el público de pie, recitó el primer cuarteto de «Soneto final». Por ello creemos que, en estas entrañables fechas para los hernandianos de corazón «desmesurado», es necesario hacer una breve síntesis del injusto proceso y muerte del poeta oriolano, merecen una reflexión en estos tiempos de violencia en que lo bélico se nos vende como un acto de defensa propia.

5.- Proceso.

 Los trabajos más completos sobre el proceso contra Miguel Hernández Gilabert, se pueden consultar en los libros de Juan Guerrero Zamora, pionero en los estudios hernandianos, y en el de Miguel Gutiérrez Carbonell, Teniente-Fiscal en la Audiencia de Alicante, los de Vicente Ramos y en el más reciente de José Luis Ferris. El libro de Juan Guerrero Zamora Proceso a Miguel Hernández, El Sumario 21.001, (Editorial Dossat, Madrid, 1990) es el más completo hasta la fecha, por los documentos aportados y las entrevistas que hizo a Josefina Manresa en Cox. El libro de Gutiérrez Carbonell aporta el Expediente Penitenciario, y además una información jurídica muy clarificadora sobre la justicia durante el franquismo: «Uno de los posibles ensayos sobre el derecho represivo franquista (1936-1945)», p. 6 a 10 (Compás, Alicante,1992), donde hace un ensayo al proceso contra Miguel Hernández que fue, como escribe Gutiérrez Carbonell: «vulneración al derecho a Recursos, garantías universales reconocidas, ahora y siempre». Es decir, a nuestro entender un juicio sumarísimo sin garantías y sin derechos a recurrir contra las sentencias sumariales, un juicio kafkiano, el abogado defensor había de ser militar como el Fiscal.

     El Presidente del Tribunal fue el comandante Pablo Alfaro Alfaro. Lo inadmisible, escribe Gutiérrez Carbonell, los autos se ponen de manifiesto al defensor, que antes no ha intervenido, «por un término que nunca excederá de tres horas». Tres horas para preparar la defensa, inaudito, injusto. Al finalizar la guerra incivil, Miguel salió desde Cox para Sevilla y Cádiz el 22 de abril de 1939,con un salvoconducto que le facilitó Ismael Terrés (cuñado, marido de su hermana Encarnación) en Alcoy (CRIM). Estuvo en Cádiz buscando a Pedro Pérez Clotet (natural de Villaluenga del Rosario y director de la revista Isla, se conocieron en el 33 con motivo de la publicación de "Perito en lunas") pero Clotet estaba en Ronda, buscó al abogado Diego Romero Pérez en Valverde del Camino (Sevilla) según su libro M.H. en mi recuerdo (Camas ,1992), era el contacto pensado por Miguel para pasar a Portugal, y como no le encontró, ni a Romero Murube por recomendación de Llosent, decidió pasar solo a Portugal y le detuvo la policía portuguesa de Salazar en Santo Aleixo, y el día 4 de mayo de 1939 lo entregaron a la policía española (carabineros) en Rosal de la Frontera (Huelva). Se ha dicho, por algunos autores, que esta policía era la Benemérita, pero no es cierto, en aquellos años el Cuerpo de Investigación y Vigilancia de Fronteras dependía del Cuerpo de Carabineros del Reino [ ] que fue suprimido por la Ley de 15 de mayo de 1940 e integrado en la Guardia Civil. Y «estrechado a preguntas», según los informes, le interrogaron durante cinco días, ingresó en la prisión de Torrijos, Madrid, el 18 de mayo. Elvio Romero, escribe en el Prólogo de la Edición de Lautaro, MH Destino y Poesía, Buenos Aires de 1958: «Ocho días duraron las vejaciones y las interrogaciones infamantes en Rosal de la Frontera. Fuerte siempre, sin que haya sufrido suplantación su firmeza ni su pujanza, comienza a cobrar conciencia de lo que le esperaba; abarca con una sola mirada lo que la prisión tiene de sobrante tiniebla y de malos momentos».

     Pasaron las primeras diligencias al Juzgado Militar permanente nº 5, Rodicio Arias, se inhibe, según Gutiérrez Carbonell (pg.14), al Juzgado Especial de Prensa, presidido por Manuel Martínez Gargallo, que toma bajo su cargo el Sumario de MH, por tratarse de un periodista. Ante la falta de libertad de expresión había un Juzgado Especial de Prensa para estos temas llamados de imprenta. Se le instruye: «procedimiento sumarísimo de urgencia nº 21.001, constará de unas 75 páginas.» Nos dice Carbonell que este tipo de procedimientos sumarísimos se amparaban en el Código Penal Militar, artículo 649 y Decreto 11-04-1931, que se volvió a regular en 1936, y se amplió a todos los delitos derivados del Movimiento Nacional. El procesado permanecía preso (art. 653-1º). Este procedimiento sumarísimo vulneraba el derecho de defensa, porque era secreto, el defensor era militar y no intervenía en el previo al Juicio Oral. El mismo Instructor es quien realiza el Auto resumen de calificación. El Tribunal no tenía independencia. Pide Miguel a Josefina que tome su defensa el abogado oriolano Juan Bellod Salmerón, que no se hizo cargo de su defensa, aunque sí le avaló con una carta «generosos sentimientos y honda formación religiosa» desde Valencia. Luego a través de Eduardo Llosent, le puso en contacto con el abogado sevillano Diego Romero Pérez empezó a preparar los autos de la defensa, y empezó a buscar los avales o documentos de buena conducta, según la declaración indagatoria de Miguel ante el Juez Especial de Prensa, entre los que nombró, figuran: Cossío, Bellod, Luis Almarcha, Ernesto Giménez y Rafael Sánchez Mazas. El 14 de julio la alcaldía de Orihuela envía un informe negativo de Miguel «tendencias izquierdistas». El 15 de septiembre del 39, de forma inexplicable, es puesto en libertad en la Prisión de Torrijos, quizá por la mediación de Cossío, y poco probable lo de la intermediación del cardenal francés Baudrillart con Franco.

     En Madrid estuvo en casa del escultor Víctor González Gil y se entrevista con Eduardo Llosent (director de la revista Mediodía, al que había conocido en Misiones Pedagógicas, quería prepararle un refugio en la Dehesa del Hornill), acude también a la Embajada de Chile, Carlos Morla Lynch le ofreció asilo, pero Miguel no aceptó y regresa a Cox a ver a su mujer y a su segundo hijo Manuel Miguel que por entonces tenía nueve meses, y el día 29, día de San Miguel, es detenido otra vez en Orihuela por el «Patagorda» y encarcelado en el Seminario de esa ciudad, su padre no subió a verle, pasó a la prisión del Conde de Toreno el 3 de diciembre. El 18 de enero 40 el Consejo de Guerra le pide pena de muerte. El 15 de septiembre del 40 ingresó en la prisión de Palencia, pide a su mujer que vaya a visitarle, allí sufrió una neumonía, ingresa en la prisión de Yesería, el 29 de noviembre ingresa en la prisión de Ocaña, donde escribe a Josefina Sigo haciendo turismo... 6.- Creación poética en la cárcel. Este periodo de desgracias y desventuras de Miguel, es pesimista por la prisión, por muerte de su primer hijo, la condena a muerte, la enfermedad, las ansias de libertad y en especial la ausencia de los suyos. Cancionero y romancero de ausencias (1938-41), es el título a una serie de poemas de la experiencia que no fueron publicados hasta después de su muerte, cuyo especialista es José Carlos Rovira (Aproximación crítica, I.E.A., 1976). L.

      En la cárcel escribió su obra maestra Cancionero y romancero de ausencias, ampliamente comentada por la edición de José Carlos Rovira Soler (El Bardo, Barcelona, 1978)[ ]. Leopoldo de Luis y Jorge Urrutia (Cátedra nº 197,1998). las primeras setenta y nueve composiciones se las entregó Miguel a Josefina en septiembre de 1939, cuando fue puesto en libertad de la prisión de Torrijos. Después ya preso, algunos poemas salieron de la cárcel en un sistema muy curioso, ocultos en la tapadera de una lechera u hortera, donde Josefina le lleva alimentos. Comenzó a escribirlos a modo de diario en octubre del 38, a partir de la muerte de su primer hijo Manuel Ramón (10 meses). Nos recuerda Manuel-Roberto Leonís en su conferencia «En torno al universal poeta Miguel Hernández», (Campello 2003), que el soneto «Ascensión de la escoba», lo escribe en la cárcel de Torrijos, sancionado por no cantar con atención suficiente «El Cara al Sol», lo cantaban tres veces al día, es castigado a barrer durante una semana toda la galería, por ello es héroe entre aquellos que afronta la basura (v.2). Aunque uno de los poemas más patéticos y conocidos sea «Nanas de la cebolla», cuando dice en la cuna del hambre/ mi niño estaba/. Con sangre de cebolla se amamantaba/. donde llega a torpedear los más acorazados corazones. Quizás el tríptico de poemas reconocida por Juan Cano Ballestas (Cátedra nº 2,1991). como «lo más conmovedor y logrado de la poesía amorosa de M.H.» sea «Hijo de la luz y de la sombra» (unas serie de borradores aparecidos en Seis poemas inéditos y nueve más, edición de Vicente Ramos y Manuel Molina, Alicante,1951). Javier Herrero considera a la «noche» o «sombra» como la expresión de una «voluntad cósmica» (nota 69 Cátedra 2,1991) Aunque a nuestro parecer, la «sombra» se refiere al lugar donde van los seres que se han ido, «nido cerrado» (v.1, serventesio 10) pero dejan sus presencias como ya pintó, años después, la pintora alcoyana Polín Laporta con sus descabezadas. Y la «luz» como la esperanza de una nueva vida posible «la gran hora del parto» (v.1, serventesio 7).

   7.- Muerte.

    Fue condenado a pena de muerte como ya se ha dicho, el 18 de enero del 40, por lo que llama Gutiérrez Carbonell «rebelión invertida», «la calificación de estos casos como delito de rebelión militar es aberrante; además se aplicó retroactivamente». Entre los hechos probados se le llamó «poeta de la revolución». La Ley que se le aplicó a Miguel estaba recogida en el artículo 237 y 238-2, del C.J.Militar, de 1898, y un Decreto modificación del 2 mayo de 1931, de la propia II República. Es decir, le aplicaron una ley anterior a la guerra civil. Increíble pero cierto. Luego, la pena de muerte le fue conmutada a treinta años, y posteriormente, un año más tarde por la de veinte años y un día de reclusión mayor y accesorias correspondiente a esta pena, tal y como se recoge en el fragmento del documento que se adjunta (facilitado por el Archivo Militar de Guadalajara): La propuesta 12.443 de la Comisión Provincial de Examen de Penas de Madrid, de fecha 18 de marzo de 1943. El Expediente penitenciario que consta de sesenta (60) documentos se halla actualmente en la Fundación Cultural Miguel Hernández de Orihuela. El Penal de Ocaña tenía una superpoblación de presos, la mayoría enfermos, en mayo tiene fuertes dolores de cabeza a consecuencia de una bronquitis, sueña con su traslado a Alicante, cerca de su familia, el 29 de junio de 1941 ingresa en el Reformatorio de Adultos de Alicante (actual edificio de los Juzgados de Benalúa) hasta su muerte ocurrida el sábado Santo 28 de marzo de 1942, a la 5.30 de la mañana, en la enfermería del Reformatorio de Adultos a causa de un cuadro de tuberculosis aguda. Ramón Pérez Álvarez entregó al oficial Antonio Illán los objetos personales.

     Nada se hizo por salvarle, el jefe médico doctor Pérez Miralles solicitó su traslado al Hospital Provincial de Alicante, los cuidados médicos eran nulos. Se solicitó su traslado al Sanatorio de antituberculosos de Porta Coeli, Valencia. El pintor alcoyano Abad Miró buscó al doctor Antonio Barbero y un aparato de rayos X portátil para que fuera reconocido en la enfermería. En ese mismo lugar se casó por la iglesia con Josefina el 4 de marzo de 1942. En calle Pardo Jimeno número 15 vivió Elvira, la hermana de Miguel, y también una temporada Josefina, antes de que se marchara a la calle de San Nicolás donde vivían sus tíos maternos. En la casa de Pardo Jimeno, la familia le hizo el velatorio, nos lo cuenta Josefina Manresa, en la página 145 de su libro Recuerdos de la viuda de Miguel Hernández, Ediciones de la Torre, Madrid, 1980: «En la casa de su hermana [Elvira] pasamos la noche sin acostarnos, ella, su marido, Ismael [Terrés] -marido de su hermana Encarnación y, que llegó de Orihuela después de entierro-. Al día siguiente, a las 10 de la mañana se le dio sepultura en presencia de Justino Marín, hermano de Ramón Sijé, que le extrañó que lo metieran en el nicho por la parte de los pies, cosa que él ignoraba: una prima mía, de Cox; mi tío, hermano de mi madre; Elvira, su marido [Luis Fabregat]; Vicente, hermano de Miguel; Ismael; Miguel Abad; Ricardo Fuentes; mis tíos, los de la calle san Nicolás y dos hombres que vinieron de Orihuela con Justino; y yo...» Nada dice Josefina de los padres de Miguel, ¿Tan mal avenido estaba don Miguel que no asistió al entierro de su propio hijo? Los versos póstumos atribuidos por el poeta paraguayo Elvio Romero a Miguel, supuestamente escritos en la pared de la enfermería: «Adiós, hermanos, camaradas, amigos, / despedirme del sol y de los trigos». No pertenecen a Miguel sino Antonio Aparicio Elvio se los atribuyó llevado, más que nada por un estado de emoción o como escribe Aitor L. Larrabide en la pág.122 de su tesis doctoral: «El patético y decimonónico final parece sacado más de un folletín que de una biografía, por muy novelada que esta sea».

    Sus restos mortales descansan actualmente en el cementerio de Nuestra Señora de los Remedios de Alicante. Primero estuvo en el nicho número 1009, cuyo epitafio decía simplemente: POETA. En 1952 cuando se cumplía el plazo para comprar el nicho, de lo contrario los restos mortales de poeta hubieran ido a la fosa común, una suscripción entre amigos reunió las 2.042 pesetas que costaba la propiedad, entre los que se encontraba el poeta Gabriel Celaya, María de Gracia Ifach y Vicente Ramos, lo que enfadó a Josefina. Sus restos reposa en una sepultura con lápida de mármol blanco, donde también están enterrados: su hijo Manuel Miguel fallecido en 1984 y Josefina Manresa en 1987. ¡Descansen en paz!

En esta dirección se pueden consultar más artículos de este autor sobre Miguel Hernández: http://www.orihueladigital.es/orihuela/miguel_hernandez_280305.htm

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