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UNA SOMBRA FURTIVA

Adrián N. Escudero

Argentina



UNA SOMBRA FURTIVA

A H.P. Lovecrafht, con admiración...

(... Contaron antes que promediaba el verano cuando la sombra apareció en la ciudad. El cielo se mostraba diáfano y azul, y el canto de las cigarras era un sonido agudo e incesante que ganaba las playas de las inmediaciones, desbordadas por aquellas gentes felices en su desnuda palidez que festejaban al Sol. La Ciudad, mientras tanto, obligaba a otros seres a mantener el frenesí de sus costumbres, pero en el perfecto equilibrio con que los dones de la inteligencia, la libertad y la voluntad eran virtuosamente empleados para el bien común... Un mundo ideal, sin dudas. Pero la sombra no atacó, en principio, a toda la Ciudad. Prefirió a una de sus casas para dar el primer paso: aquella que había elegido para realizar, de a poco, su maldito trabajo de hechicera).

I
La casa era grande y estaba en las afueras. Era como parte de un desmembrado pueblo estirado sobre las vías de arribo a la metrópoli. Una brisa cálida resecaba el verdor de los geranios del parque y oxidaba sus malvones y hamacas (hasta ayer lustrosas, hoy sin niños).
Su puerta esta cerrada. La sombra, que volvía desde sí misma para completar y contemplar su obra, se filtró, furtiva, por debajo de una vasta hendija, aunque sólo hubiera necesitado el ojo de bronce de la cerradura para entrar en ella.
Era una sombra diminuta, pero nada tímida. Y conocía bien la casa.

La casa almacenaba todavía setenta y dos rayos que el Sol había abandonado allí, voluntariamente, en los flancos no agrietados de las paredes del living, y en algunos rincones de sus seis dormitorios, sin contar el Cuarto de Huéspedes (donde habitaba...). Pero los rayos, estremecidos por la sombra, se turbaron primero para luego aquietarse y permanecer tiesos, como momificados...
La bruja no necesitó andar mucho para darse cuenta que, tal como lo pensara, la casa (desde largo tiempo) estaría vacía. Y, más que vacía, desierta. Sus cálculos habían sido por demás acertados.
Los muebles y adornos estaban, pero sus dueños no.
Una insospechada rencilla (imposible, ¡qué lastima!, bromeó jocosa), pero de cruenta y incomprensión mutua (¡ejemplar; ah, vasallos de Mi orgullo...), los había alejado de su sueño tibio, rivalizados por algo que, más adelante, psicólogos y filósofos humanos pudieron haber llamado odio u aborrecimiento, según la escala de maldad protagonizada, en este caso, por la Familia de Sir Evadán...
No habían logrado entenderse entre sus miembros, aunque lo intentaron, si bien mucho no se habían esforzado para ello; excepto por algunas noches de pasión incontenible que los esposos llamaron, equívoca y neciamente, amor...

La sombra embrujada sonrió, alzó sus brazos sin distancias, y comenzó a pintar de verde moho y negro noche las paredes de la casa. Pero antes, tiznó el cielorraso de sus seis habitaciones, e incluso, la que habían construido arriba, a nivel de la Conciencia, en aislada arquitectura del conjunto espacial (... -y donde- la Ella había permanecido cohabitando al acecho desde que ellos llegaran, hasta finalmente lograr que se fueran y poder desperezar una risotada de triunfo y de locura, para huir luego de allí, por algún tiempo, en busca de otro hogar al que...).
Porque sus amigos nunca habían ocupado aquel privilegiado sitio, tan acogedor en su ambiente climatizado y ricamente ornado al estilo francés. Es que no tenían amigos ni los tuvieron jamás; ergo, tampoco habrían podido venir en su ayuda para dar sentido a ese huérfano Cuarto de Huéspedes. Sólo Sir Nadie y Ella, que lo disfrutaron a su antojo viendo a mil cochinas mujercitas cabalgar a diario los muslos varoniles de Caín, uno de los hijos de Sir Evadán...

II
A medida que la mano oscura terminaba escondiendo el color de sus recintos, los escaparates anudados a su cuerpo, el moblaje neoclásico y las alfombras turcas que cubrían su piso, fueron adquiriendo una ominosa tonalidad, hasta desaparecer de pronto en las entrañas desabridas de las, ahora, lúgubres paredes...

Cuando la sombra concluyó la tarea, sólo restaban aquellos rayos temerosos, no tan inmóviles ya, sino impasibles, vacilantes y entrecortados, que eran como inútiles alardes de un fuego ceniciento.
La sombra los miró, y los rayos temblaron aún más. Sin compasión, su mano negra se estiró y unos dedos de muerte ciñeron la luz que habitaban, haciendo de ésta un ramillete sombrío de flores vacuas, que una boca siniestra acabó por devorar.
Entonces, las paredes abandonaron su mutismo de siglos y profirieron un atronador grito de espanto al sentirse contraídas, como desintegradas o absorbidas por esa boca voraz...
Y, después del terror, reinó el silencio.

Es que la sombra ya no era pequeña. Había crecido. Y era tan grande y magnífica (aunque repugnante) como antes lo había sido la casa.
Imponente.
Su coraje había aumentado; por ende, su ambición también.
Fuera de ella, una hedionda morada (antes blanca, purísima y con doce arcadas romanas frontispicias), lloraba su ruina como una mujer ultrajada.
En su interior, una cosa oscura, agorera y llena de presagios absurdos, temblaba de gozo como una niebla de gas tóxico que se agita y explota, volteando de un lado a otro su bestial cabeza, y presta a continuar su rauda empresa, ahora sí, contra toda la ciudad...

Al cabo de un mes, media urbe crujía en ruinas.
El verano y sus playas habían desaparecido, y la niebla crecía y crecía como una esfera fecunda de inmisericordia que topaba, arrastraba y arrasaba muros y empalizadas, y desplomaba techos y sacudía la tierra como un terremoto incontenible... Enfurecida y golosa.
Al final del segundo mes, la ciudad no era más que un montículo desdibujado, un despojo material y espiritual desarticulado de formas.
Los hombres y su desnuda palidez, ya no existían.

Sin embargo, el Sol seguía allí, firme en lo Alto, difumado en el día por el poder de la niebla, pero oteando a la sombra bruja aún desde la noche, y enviando como mártires sobre ella, plegarias de luz...
Jaqueada por la imprevista andanada de estrellas fugaces, a cuyos resplandores unió el suyo la mágica revelación de la luna tras el polvo aquietado de la ciudad muerta, la sombra, extenuada, disipó su nube protectora y se durmió.
Durmió un tiempo de sangre y de carne arrebatada por las Furias.
Vengativa, ardiente en su despecho, soñó entre pesadillas ser Origen: ser el Único, el Todo y el Señor de Todo y de todos; Ella, tan grande y magnífica como la Summa Concupiscente, aunque repugnante como una Medusa... Como una asquerosa y sabia bruja marginada por los Ancestros.

III
Al despertar, eufórica su mente por el canto de las sirenas de lo Fatuo, dirigió su amenaza al cielo tratando de asfixiar también a Dios... Recobrada sus fuerzas, pero ciega y envuelta en una loca tiniebla de sinrazones, olvidó la espada que, el Sol, desde lo Alto, atento y prevenido, hacía centellear a sus espaldas... Y que enfiló sin dudar sobre su mole de Hiedra malvada, fulminándole de un golpe el cuello con que enarbolaba su aceitosa y corrupta cabellera de Tentaciones...

Batido su estandarte de guerra, una danza de gusanos se agitó entre sus pliegues. Y una gruesa máscara, fétida, negra y sanguinolenta, se resquebrajó junto al rostro de los Pecados que ocultaba.
Así, la sombra, herida mortalmente, trató en vano de protegerse del filo implacable y sostenido de la Justicia, pero no había nada que quedara en pie para ocultar su agonía...
Lo había destruido todo. Y había quedado sola.
Finalmente, como un gusano más de los que bailoteaban entre sus vestiduras de espectro, la sombra se devoró a sí misma y cayó exánime, disolviéndose en el aire -otra vez, sorpresivamente puro-, de la mañana del Génesis...

(Cuentan después que ese día nuevo, los nuevos Hombres -que nacieron-, no lo fueron sólo del polvo de la tierra; también del ladrillo, y del plástico y del acero que los Primigenios habían inventado como cultura y enterrado bajo sus huesos... Fuertes e invencibles, permanecieron de pie cuando, la bruja y su sombra, dieron el último suspiro).-

ADRIAN N. ESCUDERO - SANTA FE (ARGENTINA), 02-06-79. T.a.: 19 de Julio de 2005. Escritor santafesino (1951). Autor de los libros de cuentos éditos “LOS ULTIMOS DIAS” (1977); “BREVE SINFONIA Y OTROS CUENTOS” (1990) y “Doctor de Mundos I - EL SILLON DE LOS SUEÑOS” (2000), continuado en saga con los libros inéditos, “Doctor de Mundos II - VISIONES EXTRAÑAS” (2003-2005) y “Doctor de Mundos III” - LOS ESPACIALES (en desarrollo); así como de los libros de cuentos inéditos “NOSTALGIAS DEL FUTURO - Antología Fantástica” (2004-2005); “MUNDOS PARALELOS y Otros Cuentos para un Semáforo” - Antología de Realismo Mágico (2005) y “DESDE EL UMBRAL - Terrores Cotidianos y de los otros” - Colección del Horror (en desarrollo); todo sobre relatos inscriptos bajo registro en la Dirección Nacional del Derecho de Autor (Ministerio de Justicia y Culto de la Nación). Domicilio particular: Obispo Gelabert 3073 - (3000) Santa Fe (Argentina) - Te.: (0342) 455-4811 - E.mails: anescudero@gigared.com y adrianesc@hotmail.com.-

Este artículo tiene © del autor.

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