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Cultura en Argentina (XXXV): La farándula está de fiesta

Carlos O. Antognazzi

Argentina



Que se vayan todos, que se queden todos. La muletilla ha girado 180 grados y sigue siendo tan sugerente como su antonimia. Hace poco los cacerolazos clamaban por un cambio radical. Ahora aquellos que supieron protestar y desbarrancar a un Presidente constitucional guardan un inextricable silencio. Algo ocurre para que la sociedad mude de carácter en forma tan llamativa y disonante. No sólo no se fueron los que debieron irse, sino que ahora se procura sumar votos con candidatos cuya vinculación con la política partidaria es nula o sesgada, como vedetes, manosantas, inventores, cantantes. La lista encauza en el sin sentido. Si se quedaron los políticos que asolaron el país y se suman ahora ciudadanos sin experiencia política, ¿qué se espera que ocurra después de octubre?

Cultura en Argentina (XXXV):

La farándula está de fiesta

Que se vayan todos, que se queden todos. La muletilla ha girado 180 grados y sigue siendo tan sugerente como su antonimia. Hace poco los cacerolazos clamaban por un cambio radical. Ahora aquellos que supieron protestar y desbarrancar a un Presidente constitucional guardan un inextricable silencio. Algo ocurre para que la sociedad mude de carácter en forma tan llamativa y disonante. No sólo no se fueron los que debieron irse, sino que ahora se procura sumar votos con candidatos cuya vinculación con la política partidaria es nula o sesgada, como vedetes, manosantas, inventores, cantantes. La lista encauza en el sin sentido. Si se quedaron los políticos que asolaron el país y se suman ahora ciudadanos sin experiencia política, ¿qué se espera que ocurra después de octubre?

Voto en blanco

Alberto Fernández, jefe de Gabinete, sostuvo que «los funcionarios que son candidatos seguirán trabajando y haciendo gestión hasta octubre. No hay que esperar que hasta ese momento haya cambios, porque eso va en contra de la lógica política». No deja de ser una frase curiosa, que da que pensar sobre la lógica y la política y su enmarañada vinculación. ¿O es enmarañada la línea de pensamiento de Fernández? Convengamos que cerca suyo está su alma pater, Kirchner, y que esta cercanía no puede resultar inocua.

«Estamos en permanentemente campaña y no nos avergüenza», sostuvo el Presidente, para luego abundar en la demagogia: «No es un pecado mortal estar permanentemente en campaña para gobernar y llevar a la Argentina adelante» (cfr. La Nación, 21/07/05, p. 07). Es decir que para Kirchner gobernar y estar en campaña son valores similares, e ignorar el Código Electoral, que establece que las campañas pueden comenzar recién sesenta días antes de los comicios (es decir, el 23/08/05), es un mero dato anecdótico. Estos plazos para la duración de las campañas fueron definidos en la última modificación del Código, en 2002. Claro que ningún partido tira la primera piedra, acusando a los que delinquen, porque todos han comenzado a hacer campaña bajo la misma sistemática ignorancia del Código.

Algunos políticos argumentaron que no están en campaña porque no buscan el voto de los ciudadanos. Si lo que perpetran pegando carteles, haciendo pintadas y en sus recorridos no es parte de un «conjunto de actividades realizadas con el propósito de promover o desalentar expresamente la captación del sufragio a favor, o en contra, de candidatos oficializados a cargos públicos electivos nacionales», como define el Código el hacer campaña, ¿qué es lo que hacen Nito Artaza, Rafael Bielsa, Elisa Carrió y Olivera, Hilda Duhalde, Kirchner y Cristina Fernández? El amplio arco de partidos, opositores y oficialistas, esgrimen similar falta de ética. ¿Puede confiarse en estas personas que ya delinquen antes de asumir sus cargos? Algo huele mal, y no sólo porque los políticos hagan lo que ya es costumbre en ellos, sino porque la misma ciudadanía muestra una indiferencia que mina su propia capacidad de reacción.

Aún no se ha asumido lo que significa la república ni la democracia, y cuanto más se demore en hacerlo peor será. ¿Qué ejemplo se le puede dar a las nuevas generaciones, si quienes deben asumir el manejo del país reniegan de su obligación y derecho en medio de una abulia generalizada y denigrante? Es cierto que la juventud deambula descreída de los políticos, pero son los adultos los que no saben orientarlos en el civismo. Si los políticos son inescrupulosos y han bastardeado la ciencia política al extremo actual, no hay que alentarlos con nuestro silencio.

Hay una idea que poco a poco cobra fuerza, y que podría mejorar el panorama. El voto en blanco puede interpretarse de dos maneras: o enseña la abulia del ciudadano ante el sufragio, o su malestar ante candidatos que no le interesan, sea por sus trayectorias o por sus propuestas. Al primer caso sólo se lo puede corregir con civismo. Al segundo, en cambio, se lo podría apuntalar al otorgarle valor al voto en blanco (cfr. editorial de La Nación, 24/07/05). Si en lugar de actuar como hasta ahora se le otorga un valor positivo a este voto, que implicara lugares vacíos en las cámaras, por ejemplo, los políticos se verían obligados a mejorar sus discursos y propuestas para rescatar a la ciudadanía de la anomia. El espacio vacío de las bancas sería una inocultable vergüenza para muchos que hoy cacarean consignas.

La palabra empañada

En tiempo de elecciones el peronismo convierte al país en un circo. No se trata del mismo circo al que aludió el entonces funcionario oficialista Torcuato Di Tella, cuando se refería a una Secretaría de Cultura infectada por animales de diferente pelaje pero similar olor, sino de un circo más amplio, en donde los espectadores son los ciudadanos.

Como diputados y senadores están en campaña, el Congreso no sesiona. Ningún país civilizado puede comprender tamaño desajuste, así como tampoco pudieron comprender que, realizado un contrato de parte entre el ahorrista y el banco, en forma unilateral el banco decide no devolver el dinero. Claro que menos pudieron comprender que Duhalde, que en televisión aseguró que «el que depositó dólares recibirá dólares», saliera a amparar a los bancos. Desde distintos sectores entonces se sugirió que el Presidente debía iniciar una querella internacional que respaldara a los ahorristas, pero Duhalde se desinteresó del tema. Corolario: ningún banco quebró, el dinero no se reintegró, y hoy, presionados por las circunstancias, los ahorristas vuelven a confiar en los bancos que los estafaron. Y Duhalde, que públicamente se reconoció representante de la vieja política, y que aseguró no intervenir más en ella, hoy es el principal antagonista de Kirchner.

La falta de palabra, o su tergiversación con fines espurios, es el símbolo de esta tragicomedia donde, como en el teatro del absurdo de Béckett, cualquiera puede decir lo que guste sin por ello quedar atado a sus palabras. Un político como Barrionuevo asegura que todos, incluido él, deben dejar de robar para que el país se salve, y nadie le pide explicaciones. Luego de República Cromagnon Aníbal Ibarra salió a buscar firmas para plebiscitarse a sí mismo, como si eso lo salvara de la corrupción gubernamental que colaboró con el incendio y las muertes. Como no conseguía las firmas necesarias, se impuso desacreditar a la comisión que investigaba el hecho. Ahora que la comisión terminó un informe que desnuda la cadena de arbitrariedades e irresponsabilidades compartidas entre funcionarios del Gobierno de la Ciudad y empresarios privados, Ibarra pide que se defina el juicio político en su contra antes de las elecciones, «porque el gobierno no puede gestionar en el contexto de inestabilidad de los últimos meses» (La Nación, 31707/05, p. 27). De la frase se entiende que para Ibarra antes de Cromagnon el Gobierno trabajaba como correspondía, y que esa cadena de corrupción que el incendio permitió descubrir fue producto de extraterrestres o alguna potencia extranjera, pero no de su propio Gobierno.

La desvergüenza está a la orden del día. Hoy mueren cien personas, mañana salimos a recoger firmas para mantenernos en el puesto. Aquí ni siquiera funciona la sentencia «a rey muerto rey puesto», ya que “muerto” y todo el rey permanece bajo sus laureles. Para muchos el descrédito es un valor de canje. Y la necesidad del Presidente de encontrar adeptos hace que la dignidad se basuree a diario. Permanecer es la consigna. Provoca náuseas, pero es la realidad argentina de hoy. Realidad que, no hay que olvidar, también se construye con la abulia y el silencio de los ciudadanos. En este contexto “callar” es también “otorgar” un cheque en blanco.

Setecientos monos

El señor José Rainundo Fandi es la figura visible del Partido Capitalista, en obvia oposición al Comunista. Todavía no trabaja como político, ya que recién se postula. Su trabajo diario es el de inventor, y sugiere instaurar un test de inteligencia obligatorio para el Presidente y su gabinete. Argumenta Fandi que «deberían tener más de 160 de coeficiente intelectual». Lo normal oscila entre 90 y 110. Quizás esta peregrina idea no sea del todo errada, así como quizás tampoco lo era otra que hace unos años propuso la rinoscopia obligatoria dentro del Congreso.

Fandi no es el único postulante que proviene de una actividad poco vinculada con la política. Lo secundan, aunque en distintos partidos, Alberto Cormillot (médico dietólogo que confiesa ser peronista «porque mi mamá lo era», y que ya había incursionado en la política con Antonio Cafiero); Enrique Gorriarán Merlo, criminal y asesino que está en libertad gracias a un indulto presidencial (en realidad en campaña con miras a 2007); Dino Deón, abogado que también «energiza a mujeres en su camino a la diosa a través de masajes» (sic. La Nación, 17/07/05, p. 11); Moria Casán, ya definitivamente alejada de las plumas y con insólitas apreciaciones favorables al califato de los noventa.

Si esto no llama al asombro basta con agregar que en el país hay unos setecientos partidos políticos reconocidos por la Justicia. Una primera lectura hace pensar que tantos partidos esgrimen ideas totalmente diferentes, pues de lo contrario bastaría con sumarse a un partido de ideas similares y pulir las diferencias. Una segunda lectura hace pensar que la generosidad vernácula es tal que hasta aquellas personas que viven de profesiones diversas buscan la beca garantizada: si ni siquiera están obligados a la asistencia, mucho menos a elaborar proyectos. La tercera lectura es que en Argentina faltan neuronas y sobran sinvergüenzas.

Ahora Cristina Fernández trata de “usted” a su esposo. En su precaria concepción el “distanciamiento” del ustedeo la debería acercar a las masas. Nunca ha sido tan actual la mordaz visión de Carlos Fuentes en Cristóbal nonato, cuando la protagonista, Mamadoc, para estar cerca del pueblo debe caminar descalza, y para estarlo del Gobierno vestir joyas.

© Carlos O. Antognazzi.
Escritor.

Publicado en el diario “Castellanos” (Rafaela, Santa Fe, República Argentina) el 05/08/2005. Copyright: Carlos O. Antognazzi, 2005.

Este artículo tiene © del autor.

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