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Cultura en Argentina (XXXVII): Urge diseñar una política cultural

Carlos O. Antognazzi

Argentina



Hay una deuda que ningún intendente ha sabido cancelar. En 1996, con Enrique Maillier en la Dirección de Política Cultural, hubo un intento: se realizaron dos eventos basados en la participación ciudadana para debatir ideas y propuestas. Uno, organizado por la misma Dirección: el primer Congreso Santotomesino sobre «Comunidad y Cultura», entre el 10 y 11 de agosto en el Liceo Municipal. El otro fue un proyecto de mi autoría: el primer Ciclo de Pensamiento Contemporáneo, entre julio y octubre. Al año siguiente se editó el libro La cultura en el fin de siglo, que recogía las ponencias presentadas.

En el Congreso sobre Comunidad y Cultura las conclusiones fueron críticas sobre la gestión cultural en la ciudad, y constituyeron el primer eslabón que podría haber permitido un cambio substancial. Pero en 1997, con Daniel Yost a cargo de Cultura, se vivió un retroceso. Año tras año pudo haberse ido perfilando un proyecto cultural cotejado con los actores directos de la cultura. El cambio habría sido importante, porque lo usual es que a la política cultural se la instrumente desde arriba, bajando líneas sin consultar a los creadores. Así se dilapidan aportes y la cultura no prospera.

Cultura en Argentina (XXXVII):

Urge diseñar una política cultural

Hay una deuda que ningún intendente ha sabido cancelar. En 1996, con Enrique Maillier en la Dirección de Política Cultural, hubo un intento: se realizaron dos eventos basados en la participación ciudadana para debatir ideas y propuestas. Uno, organizado por la misma Dirección: el primer Congreso Santotomesino sobre «Comunidad y Cultura», entre el 10 y 11 de agosto en el Liceo Municipal. El otro fue un proyecto de mi autoría: el primer Ciclo de Pensamiento Contemporáneo, entre julio y octubre. Al año siguiente se editó el libro La cultura en el fin de siglo, que recogía las ponencias presentadas.

En el Congreso sobre Comunidad y Cultura las conclusiones fueron críticas sobre la gestión cultural en la ciudad, y constituyeron el primer eslabón que podría haber permitido un cambio substancial. Pero en 1997, con Daniel Yost a cargo de Cultura, se vivió un retroceso. Año tras año pudo haberse ido perfilando un proyecto cultural cotejado con los actores directos de la cultura. El cambio habría sido importante, porque lo usual es que a la política cultural se la instrumente desde arriba, bajando líneas sin consultar a los creadores. Así se dilapidan aportes y la cultura no prospera.

Pertenecer tiene sus beneficios

Ningún partido político habla de cultura. Al no mencionarla, la niegan. Al negarla no hacen más que fomentar la barbarie: el incremento de la violencia, la desidia, el desinterés, no son casuales sino causales. Los responsables se postularon una vez más. Los otros responsables, los ciudadanos, ahora esperan votarlos en octubre. El circo criollo sigue avanzando a los tropezones. Y chocamos con la misma piedra.

La UCR sigue prohijando a Ernesto Grenón, pese a las críticas y un pedido de expulsión. Consultado sobre las razones por las que la municipalidad a la que representa no invitó a muchos escritores locales a la IV Feria del Libro, Grenón respondió personalizando la cuestión: «lamento sinceramente no haber sabido de su presencia entre nosotros, ya que me enteré, con la satisfacción de siempre, de los importantes galardones internacionales obtenidos por su obra y por consiguiente la supuesta ausencia para recibir los mismos; hubiera sido una real satisfacción contarlo como participante efectivo de este encuentro» (sic; carta personal fechada el 14/07/05).

Grenón reconoce no haberme invitado, y alude a una «supuesta ausencia» que confirma el desconocimiento, ya que ni siquiera se muestra seguro de si yo estaba o no en el país. El hecho de que STV Televisión me entrevistara en la semana previa a la feria no lo inquieta. Harían bien las autoridades en informarse de esta respuesta, ya que muchos aseguraron públicamente que yo estaba invitado.

Para Grenón las invitaciones sólo parecen válidas cuando la persona está disponible. No son un gesto independiente, de dignidad y responsabilidad por el cargo que ostenta. Por otra parte, nada aclara sobre los demás escritores ninguneados. Aduce que se «llevó a cabo una propuesta institucional a la entidad que nuclea a los escritores de la Ciudad -SADE Seccional Santo Tomé-». Corresponde informarle a Grenón y a la ciudadanía que SADE no nuclea a los escritores de la ciudad, sino a unos pocos que, además, carecen de antecedentes literarios de relevancia cuando no directamente de publicaciones individuales o avales de jurados, sea en becas, concursos, congresos u otras manifestaciones que son las que legitiman el uso del nombre “escritor”. El abuso nominal del caso da cuenta de un desaforado afán por figurar. Además, Grenón cae en el ridículo (o en algo peor) al sugerir, per negationen, que para ser contemplado por el municipio un escritor debe estar asociado a la SADE local.

Grenón no puede desligarse del compromiso que su puesto exige, y si SADE Santo Tomé “olvida” a los autores, es obligación del municipio “recordarlos”. Se desprende, por razones de sentido común, que el municipio posee la injerencia necesaria como organizador de la feria como para corregir, si cabe, los yerros que alguna entidad comete.

SADE Santo Tomé

En la provincia hay seccionales de SADE en Rosario y Santa Fe. No hay en las demás ciudades importantes, como Rafaela o Reconquista. Orlando Guzmán, Presidente de SADE nacional, desconocía que Santo Tomé dista escasos cinco kilómetros de Santa Fe, y fue convocado para apadrinar el inesperado nacimiento de SADE Santo Tomé. La distancia no es un dato fortuito. Guzmán aceptó el nacimiento porque ya había viajado, pero su “aval” es contrario a derecho ó, por lo menos, inusual. Atendiendo a lo que establece el estatuto de SADE en su artículo 50, el grupo local debería ser una delegación dependiente de la seccional Santa Fe. La forma en que ha sido interpretado el estatuto despierta la suspicacia, en especial cuando se consideran algunos datos.

Los escritores santotomesinos nos enteramos de la creación de la SADE Santo Tomé por los diarios, ya que todo se orquestó entre gallos y medianoche, mediante reuniones convocadas por teléfono. No hubo invitación pública alguna, cosa que quizás no sepan el Sr. Guzmán y algunos asociados. Al no haber convocatoria se comprende que la comisión directiva esté formada por quienes se llamaron por teléfono, a excepción de los “idiotas útiles” (la categoría es de Lenin) que figuran para hacer número en puestos de poca o nula importancia. Al fin de cuentas el estatuto determina que son necesarios «un mínimo de quince (15) socios activos» para poder constituirse.

SADE Santo Tomé está formada por personas que se elogian mutuamente, faltos de autocrítica y mesura, y a los cuales la municipalidad de Santo Tomé a través de la Dirección de Política de Cultura y Educación les confiere una importancia incomprensible. Estas personas, además, faltan a la verdad. En una nota firmada por dos vocales y la presidente a cargo informaron que el 25/06/05 realizaban un «encuentro regional de escritores» al que calificaron de «Primero en la Historia de la ciudad de Santo Tomé» (sic). Bastaría leer las tres páginas del Suplemento Cultural que el diario El Litoral del 23/05/98 le adjudicó al Primer Campamento Cultural que organizamos con el taller literario que coordino y el apoyo de la Fundación Bica. Fueron tres días (13, 14 y 15/03/98) de lecturas y debates al que asistieron escritores de distintas provincias, incluida Neuquén.

Mal que les pese a estas personas y a los responsables del municipio, los asociados a SADE Santo Tomé sólo pueden erigirse en representantes de sí mismos y/o de la entidad, pero no de la ciudad, como quedó evidenciado en la IV Feria del Libro. Algunos que al principio apoyaron la institución han tomado distancia al comprobar que los actos son actuados por cuatro o cinco personas, cuyos nombres se repiten con inusitada (e injustificada) insistencia. Esta parcialidad viola el espíritu del estatuto. Sería interesante conocer la opinión del Tribunal de Disciplina de la entidad ante estas irregularidades.

Cuando en declaraciones radiales Grenón manifestó que a esta feria «fueron invitados los escritores representativos de la ciudad» (sic) pecó de ingenuo o de cínico. Es un descaro que la Municipalidad avale graciosamente estos desvaríos ególatras con el dinero de los contribuyentes. Las protestas de algunos ciudadanos por las ausencias en la feria no fueron debidamente examinadas por el oficialismo. Es curioso que en una feria del libro fueran invitados más periodistas de Santa Fe que escritores de Santo Tomé. ¿Cuál fue el criterio?

Hace unos años los ciudadanos le pagábamos a la Sra. Marilyn Jullier una revista en donde se publicaba a sí misma, además de a sus “alumnos” de taller literario. Ya no se trata de juzgar la calidad artística de los trabajos, sino del más elemental sentido común que impide ser juez y parte, algo que una abogada debería conocer, asumir y, fundamentalmente, ejercer. Es ilustrativo que Jullier se invite a sí misma a los cónclaves literarios que organiza, llegando a figurar como autora de la idea, conductora y participante.

Basta salir de la ciudad para sentir la vergüenza ajena cuando se menciona a ciertas personas y ciertas conductas amparadas por el ejecutivo. Los ciudadanos de Santo Tomé no tienen porqué apoyar estos dislates.

Tibios y “desinformados”

Algunos se solidarizaron y criticaron que no hayan invitado a la feria a todos los escritores, pero acto seguido concurrieron y participaron, apoyando el ultraje.

En un capítulo anterior me referí a la trampa del voluntarismo (La falsa opción del voluntarismo. El Santotomesino, noviembre de 2004). Estas personas no vacilan en acogerse a los cinco minutos de “fama” que les otorga el micrófono cómplice, y son utilizadas de la peor forma. No han aprendido que en ciertas cosas no caben los grises, y que se está de un lado o del otro. El problema no es la elección, sino el coqueteo impúdico entre el agua y el aceite. La ubicuidad pertenece a la ficción, no a la vida cotidiana.

Algunos consideran que quejarse públicamente por los ninguneados los libera del deber moral de asumir con los hechos lo que profesan con palabras. Suponen que la queja es políticamente correcta, pero acto seguido se enlodan en la participación de lo mismo que han criticado. Como al municipio estas actitudes le convienen, pues pasan por “progresistas” al permitir el “disenso”, los “idiotas útiles” son doblemente útiles (y doblemente idiotas): colaboran con el gobierno avalando el ninguneo, y hacen número para que las estadísticas del día después den una buena imagen. La Feria, así, aparece como un “éxito”.

Pero el parámetro del “éxito” no puede establecerse únicamente por el público que asiste (máxime en una ciudad donde no hay espectáculos); debe incluir la ética. Desligarse de una evaluación seria sobre lo ocurrido, como hicieron algunos medios, es garantizar la ignominia bajo el disfraz de la “información objetiva”. La pregunta es quién se beneficia con ese tipo de información. La respuesta queda para el lector.

© Carlos O. Antognazzi.
Escritor.

Publicado en el periódico “El Santotomesino” (Santo Tomé, Santa Fe) de agosto de 2005. Copyright: Carlos O. Antognazzi, 2005.

Este artículo tiene © del autor.

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