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Violencia en Argentina (XXVIII): Esquivo fulgor de la memoria

Carlos O. Antognazzi

Argentina



En su último libro publicado (El telón. Ensayo en siete partes. Tusquets, 2005) Milan Kundera hace notar que «tras el frágil linde de lo incontestable (no cabe duda de que Napoleón perdió la batalla de Waterloo), se extiende un espacio infinito, el espacio aproximativo de lo inventado, simplificado, exagerado, de lo mal entendido, un espacio infinito de no verdades que copulan, se multiplican como ratas y quedan inmortalizadas» (p. 179). Ese «frágil linde» que señala Kundera es cruzado y abusado a diario sin que medie respeto alguno por la mesura y el recato elemental por lo que se dice. No me refiero solamente a los políticos que trabajan como tales, sino a los hechos cotidianos actuados por ciudadanos con poca o nula vinculación con los políticos, hechos que por transcurrir en el seno de la sociedad, la polis, se erigen en hechos políticos.

Violencia en Argentina (XXVIII):

Esquivo fulgor de la memoria

En su último libro publicado (El telón. Ensayo en siete partes. Tusquets, 2005) Milan Kundera hace notar que «tras el frágil linde de lo incontestable (no cabe duda de que Napoleón perdió la batalla de Waterloo), se extiende un espacio infinito, el espacio aproximativo de lo inventado, simplificado, exagerado, de lo mal entendido, un espacio infinito de no verdades que copulan, se multiplican como ratas y quedan inmortalizadas» (p. 179). Ese «frágil linde» que señala Kundera es cruzado y abusado a diario sin que medie respeto alguno por la mesura y el recato elemental por lo que se dice. No me refiero solamente a los políticos que trabajan como tales, sino a los hechos cotidianos actuados por ciudadanos con poca o nula vinculación con los políticos, hechos que por transcurrir en el seno de la sociedad, la polis, se erigen en hechos políticos.

Indultar es divino

En la revista Noticias del 03/09/05 se da cuenta de la doble moral del Presidente. La nota, de Franco Lindner y Luciana Geuna, se titula Justicia por mano propia (p. 24-28). Kirchner era Presidente y Gustavo Béliz ministro. Como tal, debía refrendar el decreto 1334/2003, del 29/12/03, por el cual Kirchner, haciendo uso de sus facultades, indultaba a Martín Alejandro Santillán, de 24 años, que había sido detenido por enviar marihuana de Córdoba a Río Gallegos. Santillán tenía una pena de 3 años de prisión impuesta por la Sala III de la Cámara Nacional de Casación Penal. Kirchner lo indultó por el pedido expreso de Ángela Clementina Pérez, madre de Santillán, que trabaja en la gobernación de Santa Cruz y resulta ser conocida y/o amiga de la hermana del Presidente, Alicia Kirchner.

Ya hemos hecho mención en este espacio a la dualidad del Presidente, a sus idas y vueltas, a su moral mercenaria. Al fin de cuentas no se conduce por principios sino por conveniencias: sólo así puede comprenderse que acepte entre sus filas a Miguel Bonasso, que fuera indultado por Menem. El inconveniente de manejarse dejando de lado el matiz de la ética y el buen nombre, es que la persona se vuelve impredecible, y que hay cosas, aún en el ámbito de la política, que no pueden responder a dos razones opuestas y simultáneas. Kirchner no puede perorar a favor de los derechos humanos si apaña a delincuentes confesos, y no puede perorar contra el narcotráfico y Duhalde si indulta a quien trafica con drogas. ¿Cuál es el piso de credibilidad, a partir del cual construir la estantería del Gobierno?

Kirchner es crítico con el Gobierno de Menem, pero en su momento lo apoyó y ahora repite sus estrategias demagógicas. Es el mismo tipo de doble discurso que esboza contra el FMI: critica a Estados Unidos, pero es el Presidente que más ha pagado (cfr. Los laureles que supimos conseguir. Castellanos, 19/08/05).

El Presidente asumió con poco más del 20 % de los votos, y su misión principal desde entonces fue construir poder para poder gobernar con tranquilidad. Pero debe existir un mínimo de corrección que impida mezclar el agua y el aceite. Kirchner fuerza a voluntad ese frágil linde que señala Kundera, y pretende construir la Historia en un eterno presente que reniega del pasado.

Podría argumentarse que 18,5 gramos de marihuana (si bien alcanzan para armar 37 porros) no justifican un análisis extenso. Podría argumentarse, también, que marihuana no es cocaína, hecho incontestable pero que no amerita, ciertamente, menor riesgo en quien la consume. El parámetro cuantitativo o nominal no tiene razón de ser, máxime cuando de hacer docencia se trata. Kirchner no es un ciudadano de Santa Cruz, es el Presidente de los argentinos, y como tal debe impartir docencia con el ejemplo. Respetar y acatar las leyes es primordial. La selectividad llama la atención: Kirchner indultó a Santillán, pero no a otros cientos o miles de presos en las mismas condiciones. Corolario: la decisión fue tomada por amiguismo.

Esto daña a las instituciones, y además merma la capacidad de impartir justicia, porque indultar a uno es injusto cuando otros quedan encerrados por el mismo delito. Este tipo de decisiones nos acercan peligrosamente a la justicia según el humor del día y no de las leyes. Es decir, la Ley del Talión, sobre la cual Gandhi esbozó una ácida verdad: ojo por ojo y vamos a quedar todos ciegos.

Errar es humano

La Cumbre de las Américas de noviembre en Mar del Plata es un riesgo innecesario. En un principio se evaluaba hacerla en Bariloche, lugar que también pidieron desde Estados Unidos. No se trata de una cuestión turística, sino de dificultar, mediante la distancia, la llegada de los miles de personas que se darán cita para abuchear a George W. Bush y lo que él representa.

Quien solicitó vivamente que se haga en Mar del Plata fue el mismo intendente de la ciudad, para luego, una vez conseguido su objetivo, manifestar que Bush sería una persona non grata allí. ¿Para qué peleó tanto, entonces? ¿Jugó a dos puntas, o sólo a una: lograr que el Presidente de los Estados Unidos estuviera cerca para poder insultarlo mejor? Aún así la estrategia, en caso de que la hubiera, no se comprende. Los riesgos que suponen una fantochada de esta magnitud son considerables, y cualquier cosa, por programada que esté, se puede escapar de las manos en minutos. El Gobierno lo sabe. Kirchner ni siquiera confía plenamente en la policía. ¿Por qué arriesgarse, entonces? Mar del Plata es muy fácil de alcanzar por la autopista, está a un paso de grupos revoltosos que sólo esperan la oportunidad para manifestarse con violencia. Lograron hacer un caos en Capital Federal. ¿Acaso el Gobierno piensa que no lo repetirán en Mar del Plata?

Acostumbrado a los vaivenes del humor antes que a la planificación, y presionados por las críticas, el Gobierno evitó que los piqueteros tomen las calles nuevamente. Pero entonces, con críticas de otros sectores, que hablaron de «represión», el Gobierno terminó cediendo y permitió otra vez que sean dueños y señores de las calles. Los piqueteros festejaron. Vivieron el retroceso como un triunfo. Y lo fue, ciertamente. Como resultado, el viernes 09/09/05 avanzaron hacia Plaza de Mayo. El Gobierno pretendió repetir el esquema de indicarles por dónde podían hacerlo. Los piqueteros se negaron. Había demasiados caciques, y cada uno con poco poder de decisión. De hecho, los piqueteros estaban divididos en pequeños grupos, cada uno de los cuales responde a un jefe. ¿Cómo dialogar razonablemente así? La lucha estaba anunciada, y dejó un saldo de 11 policías heridos. El mes pasado Aníbal Fernández aseguraba haber «elegido como estrategia actuar por la vía pacífica, sin heridos y sin muertos» (La Nación, 18/08/05, p. 06). Como las fotografías, la realidad dice más que mil palabras.

Daniel Gallo hizo notar en La Nación del 10/09/05, p. 12, que este encuentro fue un anticipo de la Cumbre de las Américas. Para él lo ocurrido es sólo una preparación para noviembre, y una estrategia para obtener prensa. Asegura que la marcha, y el eventual encontronazo con la policía, fue pergeñada el 30/04/05 en La Habana. Asegura también que entre el 10 y el 17 de octubre habrá nuevas muestras de esta preparación. Ya no se trata, como bien descubrió el Gobierno con la toma de Plaza de Mayo en la semana del 15 al 19/08/05, de piqueteros hambreados y desorganizados, sino de grupos que tienen las ideas claras y saben cómo llevarlas a cabo. Y que cuentan, además, con la tecnología necesaria. Otros piqueteros, en el norte del país, utilizaron tumberas en lugar de los tradicionales palos y piedras, e hirieron a unos camioneros que, hastiados, intentaron romper el corte de la ruta.

Es probable que el Gobierno haya dicho una verdad cuando definió que en Argentina ya no hay piqueteros. Los grupos que ahora delinquen son de izquierda (esa izquierda violenta que reniega del civismo y la democracia), y sus reclamos son más bien de índole publicitaria que gastronómica o monetaria. Se está abonando concienzudamente el terreno para noviembre. Falta poco, y el Gobierno ha demostrado carecer de reflejos preventivos. Un error que puede ser humano, pero que también es crucial.

La Justicia es ciega

Todo sería diferente si el Gobierno, desde un principio, hubiese impartido las reglas con claridad. Hay cosas que se pueden permitir, y hay otras que no. Oscilar puede ser un divertimento, pero en ciertas ocasiones es un caos inmoral. En lugar de atenerse a la ley, que no es represiva, el Gobierno eligió amigarse a unos y demonizar a otros. El resultado está a la vista con un Castells opositor que por poco no muere de hambre (y que, de haberlo conseguido, hoy sería un mártir y el día de mañana contaría con su estatua ecuestre) y un D’Elía patotero, cuya incontinencia verbal pone en aprietos a sus amigos del Gobierno, y cuyos delitos son perdonados como si sólo se tratara de un chico travieso.

Pero este ya no es tiempo de travesuras. El Gobierno debería apelar a la memoria y dejar de repetir errores que termina pagando la sociedad. La única manera civilizada de actuar en democracia es aceptar el imperio de la ley. Que desde el Gobierno se establezcan hijos y entenados es vergonzante, además de delictivo. Se dice que, para ser ecuánime, la Justicia es ciega. Daría la impresión de que el Gobierno también lo es, pero por razones y con objetivos totalmente diferentes.

© Carlos O. Antognazzi.
Escritor.

Santo Tomé, setiembre de 2005.

Publicado en el diario “Castellanos” (Rafaela, Santa Fe, República Argentina) el 16/09/2005. Copyright: Carlos O. Antognazzi, 2005.

Este artículo tiene © del autor.

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