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EL JUGO DEL MANGO

Yarelis Fernández Nieves

Cuba



Cierto día la mamá de Aurorita compró un mango grande y maduro. Al verlo, la pequeña quiso comérselo pero prefirió que le hicieran un jugo. Antes de marcharse para la escuela les dejó dicho al mango, al cuchillo, al vaso, al azúcar, la cuchara y la jarra de agua que hicieran un rico jugo.

Cuando la niña se marchó, se formó el desorden, entonces el mango dijo:

- Sin mí están perdidos porque yo soy el principal para hacer el jugo.

-¡Ja! Engreído, sin mí el jugo no tendría sabor, afirmó el azúcar.

- Pero ¿qué se han creído ustedes, qué son los mejores? ¡pues no! Yo soy imprescindible porque, si no estoy presente, el jugo no es jugo - aseguró el agua.

-¡Qué tontos son! sin mí, el mango no se puede pelar - grito el cuchillo desde el fregadero.

Sin embargo, el vaso y la cuchara no dijeron nada. Ellos consideraban que todos eran necesarios para hacer el jugo. La discusión empezaba a ponerse fea. Todos comenzaron a alterarse y a gritar defendiendo sus criterios. De repente doña olla se despertó y les dijo:

-¡Cállense!  guarden su autosuficiencia para un concurso.

El grupo quedó inmóvil y el único que habló fue el mango.

-Yo no soy ningún autosuficiente.

-¿Ah, si?, ¿y te pones a discutir como un niño...?

-Pero es verdad que soy insustituible.

-¡No!, pues si ponemos a otro mango en vez de a ti, se podrá hacer el jugo, y quién sabe si hasta tenga un mejor sabor, lo más seguro es que eso ocurra, tú estás podrido por dentro.

El mango, insultado, no quería hacer el jugo, pero después de todo pensó que la olla podía tener razón.

Al poco rato, después de mucho refunfuñar en un rincón comprendió su error y el de sus compañeros. Su autosuficiencia lo había confundido, se acercó al resto del grupo y comenzó a decir:

-Bueno, si queremos finalmente hacerle el jugo a Aurorita a tiempo, tenemos que unirnos.

Rápidamente comenzaron su labor. Doña olla se puso muy contenta y ayudó también. Acabado de terminar el famoso juguito, entró por la puerta la niña, quien sin soltar su mochila exclamó:

-Vengo a saborear mi rico jugo de mango que ya debe estar hecho.

Cuando lo vio sobre la mesa lo cogió y se lo tomó de un tirón.

-¡Que rico está! Dijo mientras saboreaba el último sorbo del jugo.

En silencio, todos los personajes de este cuento se miraron unos a los otros y una sonrisa inmensa se asomó a sus rostros.

Este artículo tiene © del autor.

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