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Un rayo de sinceridad

Ramón Fernández Palmeral



      Hace tiempo que aprendí, no en ninguno de estos libros de autoayuda que tan bien sientan a los espíritus, no débiles, sino necesitados de explicaciones del por qué de las reacciones humanas y de los sentimientos y de las relaciones sociales, sino aprendido de la vida diaria, del cotidiano escalar puertas y ventanas de nuestros amados convecinos de interrelación, es decir, de mis otros seres humanos, aparte de mí mismo, porque yo soy quien más me quiere, respecto de los demás, pues de lo contrario perdería fuerza en la autoestima, y si viviera solo no tendría necesidad de quererme para autoprotegerme.

     Dicho este enunciado un poco empírico casero, he aprendido a NO PEDIR EXPLICACIONES A NADIE, sencillamente porque nadie me las ha dado a entera satisfacción, nadie me las ha dado sinceramente, sin rayo de luz y claridad, sino que me han dado explicaciones arregladas, explicaciones de conveniencia para salir del paso, unas veces mentiras y medias verdades. Y es que nadie da explicaciones sinceras si en ello se ve perjudicado su prestigio, su dignidad, su..., diríamos credibilidad, porque toda la gente del mundo quiere parecer sincera, que no se le vean los trucos de su decir, o comportamientos al contarte una excusa. Cuando pides explicaciones a alguien, tú ya lo presientes, presagias, sobreentiendes que esa excusa es falsa, sólo una excusa sin valor, lo cual y aunque fuera verdad que no lo va ha ser pierde autenticidad y fidelidad, no hay rayo de sinceridad, por lo tanto lo mejor es no pedir explicaciones a ningún amigo.

   Otra cuestión muy distinta y por valorar es el pedir expliaciones a un empleado, hijos, subordinados o trabajador a tu servicio de sus acto y fallos, esto, sin duda es la relación laboral en la que se mide la eficacia a través de tener que dar explicaciones de un hecho a cambio del salario, un informe verídico, en cuanto esto se rompe, se perderá la lealtad y la confianza, ya que muchas veces la relación entre patrón, jefe, padre, o director gerente con el empleado se basa en la relación de confianza. Por ello, he de concretar que el no pedir explicaciones se refiere a la relación, más bien entendida como amistad o de igual a igual, ya que muchas veces lo que esperamos es una disculpa “más o menos sincera”, que rebaje la tensión, porque disculparse es sinónimo hermano de justificarse, y justificarse es dar razones que convenzan y sea admitidas por el otro sin censuras. Porque sin duda la agresividad conduce a la ruptura, es como un arma atómica que no se puede emplear si queremos que esa relación de amistada o amorosa se mantenga estable. O sea, y comprender y disculparse con caballerosidad. En este nivel de amistad y de igual a igual cabría situar al cónyuge, a la pareja, donde el rayo de sinceridad debe brillar siempre, las sombras acaban con la mutua confianza y aparece la ruptura.

    La disculpa es la respuesta adecuada a una explicación, al sometimiento de una explicación directa, el interlocutor amigo o cliente, cónyuge, sabe que no contiene todo la verdad, pero es suficiente, porque la disculpa es un estado superior de la sumisión o del aceptar las consecuencias de un pequeño error, olvido o fallo. Por lo general, la gente no se olvida de los compromisos, lo que sucede es que, al no convenirle lo sitúa al borde del lapsus, y de ahí al lago del olvido no existe más que un simple paso. Por el contrario cuando algo nos interesa desde el primer momento, nuestra mente lo sitúa en un estado de volver a recordar, de anotar el compromiso, la cita, la promesa, y no se le olvida por que es de su interés y todo interés pertenece al estado se supervivencia, al instinto de conservación, cualquier molestia, contratiempo o peligro latente ya es un motivo de olvido, quizás inconsciente, no provocado adrede, para la que inventará una disculpa justificada si es que se la piden. Las disculpas son alegaciones más o menos válidas que el otro admite como válidas o no.

    En lo que sí hay que tener  mucho cuidado y atención es cuando te dan disculpan cuando tu no se las has pedido, esto sí que encierra una doble intencionalidad que acabará en el juzgado de guardia, si es que la cuestión es económica o del corazón.

Este artículo tiene © del autor.

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