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Tras los pasos de Juan Goytisolo por los "Campos de Níjar"-4

Ramón Fernández Palmeral

España



Tras los pasos de Juan Goytisolo por los "Campos de Níjar"-4

4.- DE ALMERÍA A RODALQUILAR

Señor Goytisolo:
Sale nuestro viajero en autocar por la carretera alquitranada hacia el Alquián. A la salida de Almería por el Zapillo, y pasado el puente sobre el río Andarax, hay un desvío a la izquierda para Viator. Es conocido el campamento militar «Álvarez de Sotomayor» por los que tuvieron que hacer el periodo de instrucción del servicio militar obligatorio, que se inauguró en junio de 1924 durante la dictadura de Primo de Rivera, como brigada de Reserva Estratégica para el ejército de África. Hoy en días es acuartelamiento de la Brigada Legionaria Alfonso XIII»), ¿Quién era este general Álvarez de Sotomayor?, se trata del general Fernando Álvarez de Sotomayor (Cuevas del Almanzora, 16-11-1844 - 25-7-1912), llegó a ser General de División y Gobernador Militar de Ceuta y Melilla. En 1875, construye el cañón que lleva su nombre.

Los terrenos del campamento de Viator fueron fondo marino, hace unos años, unos paleontólogos encontraron el fósil de un cetáceo desconocido de cinco mil años de antigüedad en terrenos del campamento. Los baños de Sierra Alhamilla, que sí nos nombra el viajero/narrador, pertenecen a Pechina, y nos cuenta que estaban derruidos, lugar donde «acostumbraban a reposar sus fatigas los ricos ociosos de la capital». Los baños son árabes reconstruidos en 1777, hoy hay un hotel de 2 estrellas con 19 habitaciones en medio un oasis de palmeras, las aguas hipertermales emanan a 58º C, son bicarbonatadas, sulfatadas, sódicas, cloruradas y cálcicas, están indicadas para artrosis, artritis, reumatismos, neuralgias, recuperación de motilidad, disminución de la inflamación, descongestión, estrés.

Pero el autocar toma camino de El Alquián sin nombrar a La Cañada de San Urbano, que en aquellos años sería incipiente barriada, no nos habla del Aeropuerto que se encuentra a ocho kilómetros de Almería porque no estaba construido, actualmente es el tercero de los aeropuertos andaluces en número de pasajeros -tras Málaga y Sevilla- y el decimoséptimo entre los españoles, según datos de AENA. Actualmente en el desvío para la entrada al Aeropuerto de Almería se alza un gran escultura: un Indalo, símbolo de Almería.

Lo del Indalo y el movimiento Indaliano tiene su historia, nos lo explica doña Mª Dolores Durán Díaz en el libro Historia y estética del Movimiento Indaliano.
"... el origen del nombre Indaliano se atribuye a D. Juan Cuadrado quien un día presentó un ídolo prehistórico. Era una estatuilla que representaba un rostro sonriente con incisiones representando barba, bigote, cejas y pestañas, con una curiosa copa como sombrero, donde partía una pluma o penca. Este falso ídolo se tomo como amuleto de la tertulia y por su parecido con el conocido de un contertuliano, llamado Indalecio, se le denominó Indalo."

Este ídolo prehistórico, protector, presidió las tertulias de un grupo de almerienses intelectuales, y pasó a denominarse Tertulia Indaliana y su impulso Movimiento Indaliano. Continúa la autora diciendo:

"Mas tarde fue descubierto que el tal ídolo nada tenía de prehistórico sino que lo habían hecho unos gitanos. Fue entonces cuando el arqueólogo D. Juan Cuadrado tomó conocimiento de un dibujo en la Cueva de los Letreros (Vélez Blanco), que representaba una figura humana con los brazos extendidos y unidos por un arco y las piernas abiertas. Este símbolo se tomó como emblema y recibió el nombre del ídolo."

Aparecieron más indalos en unos abrigos de Mojácar.

Cuando nuestro viajero/narrador toma asiento en el autocar, su vecino es un agricultor del Alquián, un hombre que emigró y regresó de Cataluña, porque a la mujer no le sentaba bien el clima catalán, y se arrepiente de haberse venido. En aquellos años, era muy frecuente que los médicos te recomendaban cambios de aire como terapia a una enfermedad para la que no tenían remedio como las depresivas o morriñas de la tierra.

Tras ofrecerle sus amarillentos Ideales, como una forma de comunicación etérea por medio del humo del tabaco, parece ser que en los autocares de los anos cincuenta se podía fumar. Nos describe el paisaje como un llano de color ocre, verde de higueras, suelo lleno de cantizales o grietas, el sol reverbera, porque esto es zona donde se forman espejismos en la carretera. Nos enumera que hay huertas experimentales, el anónimo acompañante le explica el sistema de cultivo intensivo por la aplicación de dos palmos de arena: «Pa guarda el caló» más adelante nos explicará con detalle el cultivo con arena, pero todavía sin plásticos, lo cual es un testimonio de este tipo de cultivos: «La novedad, dice, radica en el sistema de irrigación. Bajo el suelo del tempranal [dícese de la tierra que produce el fruto muy temprano] hay una cisterna cubierta por una rejilla metálica. Encima, dos palmos de tierra abonada y una capa de arena. Así se evita la evaporación, intensísima en aquella zona. A través de la rejilla metálica la planta hunde sus raíces en el agua». Los cultivos bajo plástico (invernaderos), que los ingenieros agrónomos de la Administración llaman ahora: «Producción integrada de cultivos hortícola bajo abrigo», estos sistemas trajeron plagas polivoltinas que raramente poseían momentos sensibles de intervención definidos, con gran potencial biótico en las condiciones bajo plástico, muy polífagas y agresivas.

Nos adelanta el narrador que el cultivo de la tierra se hace con una capa de dos palmos de arena, pero no nos habla del plástico, estos cultivos, a pesar de que se practicaban en Canarias, empezaron en la costa de Málaga y Granada gracias a la benignidad de su clima tropical que favorecía el cultivo cerca a las playas con arena sin plásticos y daban muy buenas cosechas de hortalizas y fresas. Hacia 1955 se comienza a practicar el enarenado, técnica traída de La Rábita y Adra, que tuvo una gran trascendencia, pues habría de repercutir en el incremento del cultivo de hortalizas (sobre todo tomate, berenjenas y pimientos).

Los primeros pozo se alumbran en Campos de Dalía 1928 por autorizaciones del Ministerio de Agricultura, a través del Instituto Nacional de Colonización, o INC (posteriormente, Instituto de Reforma y Desarrollo Agrario, o IRYDA). Los cultivos se incrementan tras los desastres de la riada de Albuñol (Granada), localidad situada entre las ramblas Ahijón y Aldháyar, al pie del cerro de Kas Yeseras en la ladera de la Sierra de la Contraviesa, forma parte de la comarca de La Alpujarra. Tormenta destructora conocida popularmente por “La nube” de 1973, ya comentada, que porvocó una emigración interprovincial, trajo el cultivo bajo abrigo, primero en el Poniente y luego en el Levante y Campos de Níjar.

El crecimiento de los municipios del Campos de Dalías a partir de los años 70 fue espectacular, especialmente en El Ejido, pero también de otros núcleos adyacentes. Esto fue así hasta el punto de que estos concentraban la mayor parte de la población de los municipios. (Ver los estudios de Francisco García Rubio sobre la Historia de Dalías). Luego, sobre los ochenta, el cultivo bajo cubierta pasó al Campo de Níjar: San Isidro y Campohermoso, Pueblobanco. Al principio, la localidad de Dalías no quería ver como perdía la hegemonía de la zona, y la Corporación Municipal decidió por mayoría un cambio de capitalidad del municipio de Dalía a El Egido. Contra eso se alzaron los vecinos de Dalías y Celín que creyeron que peligraba la conservación de su identidad como pueblo. Y así empezó una larga y sonada contienda de la que vamos a exponer los más destacados sucesos. Como posteriormente sucedió con Vícar, que pasó el ayuntamiento a Puebla de Vícar.

Esta situación de bonanza económica provocó una sobre explotación e hizo que los problemas no tardaran en aparecer: agotamiento de las capas freáticas, pozos cada vez más profundos y la consecuente salinización, emigración de subsaharianos y del Norte de África, riqueza incontrolada. El Ejido era en los 80 la localidad con más banco de España. El roce de las diferentes culturas, inseguridad y las costumbres opuestas, llegó a un insostenibles e irracional brotes de xenofobia.

Me contaba un agricultor de Almería, que son ya casi 16.000 agricultores que se miran de reojo porque el primero que mete la cosecha en el mercado se lleva los mejores precios. La mitad están asociados a una cooperativa o sociedad agraria de transformación; la otra mitad va por libre y mueven sus cosechas a través de las alhóndigas, donde se subasta el producto y se compra, por lo general, a la baja. Esto provoca recelos y mala vecindad.

Los invernaderos han acabado con los recursos hídricos, en 1980 se apreció la intrusión del mar en los pozos y la salinización, se pensó en el embalse del Benínar (Granada), que trae agua desde 1988, por un canal hasta Aguadulce y a la vez da agua a Almería. Consumen arena de playas, producen residuos de plásticos, enfermedades dérmicas por los venenos como el endosulfán que provoca cáncer, ha traído inmigrantes del norte de África, millonarios que viven en cortijos con el Mercedes y la furgoneta a la puerta. Riquezas que han traído inseguridad ciudadana, drogas y prostitución, y ciertos grupos mafiosos. La realidad de Almería no es la de un vergel, sino la de una realidad mucho más complicada. Os recomiendo el portal titulado «Almería: el fin de la gran cosecha».

El aspecto de El Alquián de los años cincuenta le recuerda a nuestro viajero, sin saber por qué, el aspecto de algunos caseríos del delta del Ebro. Hace años estuve en Amposta, aquello es una zona de marismas, que a mí particularmente no me recuerda la zona de El Alquián, a no ser por el mar de plástico y la reverberación del sol sobre los brillantes las aguas de la bahía.

Baja el viajero en el Alquián y sigue el camino a pie, arbolado por un bosque de eucaliptos, los cortijos empiezan a espaciarse y se suceden los alijares (terrenos incultos o barbechos), la vegetación se reduce a una expresión más mínima: chumberas, pitas, algún que otro olivo retorcido y enano (hoy se suele repetir por los escritores: olivos torturados). Nos describe el paisaje de la bahía del Cabo de Gata, diciendo que una nubes coronaba sierras, esta visión, por lo general es rara, poco probable, por los constantes vientos del cabo, si no del poniente o del levante, alguna vez el leveche sur, azotan inmisericorde esta sierra de Gata. Sin embargo el mar sí es «una franja de plomo derretido».

O un mar petrificado, o un mar metálico, o un acerado de olas quietas y muertos colores de azul enlutado por la muerte de muchos marineros. A mí, más que una «cordillera de cartón» me parece como la cresta dura y cenicienta de un dinosaurio tendido con las patas metidas para refrescarse en el mar, una quimera en medio de la calina.

El Cabo es cuna de civilizaciones, ya argaricas, ya del bronce, entre los navegantes fenicios se conocía como «Promontorio Charidemo»; después, dice la leyenda, que los griegos construyeron, en el mismo Cabo, un templo dedicado a Afrodita en el que se tenían encendidos fuegos perpetuos. Más tarde, fue conocido por los romanos como «Promontorio de Venus» y en la Edad Media tomó el nombre de Cabo de Ágatas. La playa de Los Genoveses era refugio de naves a los vientos del poniente. Durante la guerra civil instaron un bunker de ametralladoras que todavía subsiste. Esta es una tierra que responde sólo cuando se le interroga. Algunos eruditos creen que el nombre de Cabo de Gata procede de la abundancia de las gemas de ágata, y también de la amatista, originarias de la zona volcánica, otros opinan que no, porunlado, Gata puede tener un origen latino, viniendo de "Gata sole vestinus", es decir, «Gata, concha preciosa», mientras que hay otros historiadores que se inclinan por un origen pre-árabe, encontrando el topónimo GATA documentado por primera vez el año 1419. Gerald Brenan comenta en su libro Al sur de Granada que su nombre es en realidad una corrupción de cabo Ágata. «Sus rocas rojas, resecas, son de origen volcánico y desde los tiempos de los fenicios han sido famosas por sus reservas de piedras preciosas y semipreciosas como los carbunclos y las amatistas».

Pasará nuestro viajero por el desvío a Cueva de los Úbedas, donde ahora se levanta el centro penitenciario de El Acebuche como un fuerte en el desierto, y nos habla del poblado la Cueva de los Medinas. Que fueron centros mineros, que cerraros por la crisis de principios de siglo.

Nos habla el narrador del Instituto Nacional de Colonización, y del cultivo del henequén y el nopal y el «guayul» [no está en el diccionario], bien para fibras textiles o látex y caucho. Hace autostop y le para un camionero, se presentan, el viajero dice que es de Barcelona como un seguro de viaje, aunque no cuenta que en realidad vive en París y que ha tomado diez días de vacaciones. El camionero se llama Sanlúcar, para llevar a nuestro viajero, a riesgo de que lo multen los civiles, se para a recogerle porque teme a dormirse si anda solo, ya que no había pegado un ojo en todo la noche por un viaje que había hecho a Motril. Pasa por la paramera (región desértica y sin vegetación). Debió pasar por el desvío que lleva a la ermita de Torre García, junto al mar, hoy en día el Santuario de la Virgen del Mar es de nueva construcción, donde cuentan que en diciembre de 1502 las olas trajeron milagrosamente la imagen de la virgen del Mar, Patrona de Almería. Antigua torre vía con asentamiento romanos de una factoría de salazones. Anualmente se celebra la popular romería el primer domingo de enero porque la Virgen del Mar nada tiene que ver con la Virgen del Carmen.

El camión de Snalúcar abandona la carretera alquitranada de Níjar y se interna por la de Rodalquilar, pasan por Rambla Morales antes de llegar al Barranquete, nos habla de las cúpulas enjalbegados de las casas comparándolas con la campiña del sur de Italia. En El Barranquete nos encontramos con la necrópolis más importante de la comarca, perteneciente a la cultura de Los Millares, con 11 enterramientos en tholos excavados, luego apareció la cultura del Argar como evolución de la de Los Millares. Estos nuevos pobladores se caracterizabann por la explotación y comercialización ordenada de los yacimientos minerales, avances en técnicas agropecuarias, porque ya eran sedentario, las vías de comunicación y logros de organización social y fronteriza.

Sobre las albarranas de los muros de las casuchas se puede leer unas inscripciones: FRANCO, FRANCO, FRANCO. Debían ser las pintadas de cuando Franco pasó por aquí en el año 1956 para visitar Rodalquilar por las minas de oro del cuarzo aurífero. Yo he visto las pepitas de oro incrustadas en piedras de cuarzo, me las enseñó un buscador de oro aficionado del Pozo de los Frales. Las minas las explotaba la compañía A.D.A.R.O. Sanlúcar se arriesgan a pasar por el camino privado de las minas porque le supone ganar tiempo y evitar un rodeo, logra pasar porque éste conoce al vigilante, una vez salvado el trecho llegan a Rodalquilar. El viajero debió pasar muy cerca del famoso cortijo del Fraile, donde sucedió la tragedia que dio lugar a drama Bodas de Sangre(1932) de Federico García Lorca, obra en tres actos y siete cuadros, historia que tomó el autor de las noticias de la prensa de unc aso real, y que después Carlos Saura llevó al cine (lo ampliaremos más adelante). Pero nuestro narrador no nos coementa nada porque quizás usted, señor Goytisolo, no lo sabía o no lo recordó.

Una vez en Rodalquilar alrededor de las dos de la tarde se despide de Sanlúcar, al que invita previamente al bar como agradecimiento o pago del viaje, pero éste está cansado y no acepta. Busca la fonda de comidas, se sienta en la mesa familiar, a un extremo de ella. Hoy en día uno de los mejores restaurantes es «La Placeta» de comisa casera. Debería decir se sentó a la mesa, no en una mesa, porque parece que se sienta sobre la mesa, en esto hay que tener cuidado. Dos maestras han acabado de comer y han salido a la calle, le sirven un potaje de bacalao con garbanzos, dos huevos fritos anegados en aceite, de postre se toma un café. Tres hombres hablan en voz baja de la silicosis que padece un tal Edelberto, culpa del trabajo en las minas de oro, hablan de lo que le ocurrió a Emiliano, hablan de Cándido, de José, de Vitorino... Esta forma de enumerar me recuerda a Azorín en La ruta de don Quijote (1905). La comida le cuesta dieciséis pesetas, y nuestro viajero, apenas sin descanso continúa viaje. Este poblado de Rodalquilar me hacer recordar que en él nació y vivió su niñez la escritora Carmen de Burgos (1867-1931), "Colombine".

Este artículo tiene © del autor.

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