Portada del sitio > LITERATURA > Artículos literarios > CUENTOS Y AFORISMOS
{id_article} Imprimir este artículo Enviar este artículo a un amigo

CUENTOS Y AFORISMOS

Liana Friedrich

Argentina



REVELACIONES

 

“La duda es uno de los nombres de la inteligencia.”

Jorge Luis Borges

 

En lo más recóndito de las tierras bajas, los descendientes de la casta Kornay buscan refugio en las copas umbrías de los bosques boreales, ocultos tras las vedadas colinas... (A nadie se le permitiría acceder a la cumbre sagrada del Shupak, desde donde la luz del sol emerge para reiniciar cada jornada).

-“Me encontré en una selva oscura, donde el camino se perdía”- hubiese deducido el Dante...

Pero algo había cambiado en el paisaje habitual, después de la última ventisca: sobre la desolada ladera, próxima a la cima, un rectángulo sobresalía extrañamente... (¿O acaso la visión de los binoculares sería engañosa?). Parecía una enorme caja de madera encajada en el hielo, semicubierta por la última nieve de primavera, que ya se escurría bajo el sol del cenit. (¡Tengo que  llevar estas fotografías para que las estudien los expertos...!).

Indudablemente, no podía ser una construcción: en la montaña no existen aldeas, y entre la fronda del valle escondido, los custodios de la tierra del “más allá”-pequeños como elfos- habitan abigarrados racimos de “domos” vegetales, en cuyo ramaje se entretejen, delicadamente, enredaderas tapizadas con flores de perfume dulzón, empalagoso como las mieles silvestres.

Ese clima oscuro y  húmedo, suele ser propicio para que las mentes primitivas tramen todo tipo de hechicerías y fábulas... Aunque según cuentan los peregrinos (esos pocos que pudieron regresar a la tierra del “más acá”... con relativa cordura), los kornays suelen permanecer tímidamente ocultos, tras las verdes pantallas fragantes. Son, en cambio, los brujos caníbales quienes roban las almas desprevenidas, que deambulan entre los árboles centenarios, para avivar el humo de las fogatas rituales.

Ya al pie del cerro, me llamó la atención el graznido de un cuervo, posado sobre un cerco de zarzas... Inexplicablemente, cuando levantó vuelo, decidí -sin pensarlo dos veces- seguir su rumbo. (¿...Acaso sus alas me señalarían la dirección correcta, hacia el santuario perdido?).

Sentía como si alguien me manipulara, como si desde lejos tiraran de los hilos, hasta tensarlos, peligrosamente...

Entonces fue que recordé aquella pesadilla, cuando dormíamos junto al guía, las otras noches, en su refugio de troncos: decenas de esqueletos de animales y personas, yacían desperdigados bajo un túmulo de piedra, como grotesco remedo del famoso Guernica...

Cuando desperté, bañado en sudor frío, todo daba vueltas en la habitación; mi mente enloquecida giraba como dentro de un túnel, en cuyo mismo epicentro, el reloj del destino echaba a rodar las manecillas, vertiginosamente hacia atrás... cada vez más atrás...

-Es la llave  que abre las puertas a los misterios del arcano... que echa a andar la rueda del destino, siempre circular y eterno... que despierta la mente a la luz de la inmortalidad- pareció resonar una voz dentro de mi cabeza, en la semiinconsciencia del amanecer.

Jirones del pasado: apenas pantallazos de experiencias vividas, se superponían con  flashes de actualidad -como en un noticiario amarillista- pegoteando patéticamente retazos de enfermedad, dolor, imperfección, muerte..., sobre el kitsch grotesco de mi pantalla mental.

Afuera, la nieve aún esmerilaba los vidrios; adentro, el espejo se empañaba con el vaho de nuestro propio aliento... La calidez de la cabaña era acogedora, pero no podíamos seguir demorando la expedición. Era necesario recomponer los pedazos trastornados de la memoria, “liar los petates” y  reemprender el rumbo hacia las colinas.

 Ya en la ladera, ingresamos por una abertura que se había formado en el hielo. Era difícil desplazarse; caminar se había vuelto una empresa casi imposible; más bien teníamos que reptar, patinar, acostados de bruces, por el pasadizo que nos llevaba hacia el vientre de la montaña...

Aunque la incertidumbre y el cansancio nos minara las fuerzas, continuábamos la búsqueda por los blancos laberintos, sumergiéndonos más y más en las profundidades arqueológicas de nuestro propio mutismo...

Un macabro antro, minado de víctimas rituales, constituía nada menos que la antesala para ingresar al recinto sagrado, por donde el sol, según la leyenda, al final del día desciende -gracias a un complejo juego de espejos- al llamado “mundo de los muertos”: la tumba real, en cuyo centro crece el árbol de la vida, coronado de frutos relucientes de oro y plata...

Habíamos arribado, finalmente, al lugar cuyo nombre nadie se atreve a pronunciar... cuya historia se pierde en el fárrago de los tiempos... (También arrasada por un incendio voraz, tal como manifestaran unos pocos ancianos aedas, quienes aún deambulan perdidos en la maraña verde).

Pero dicen que luego vino el agua: “Durante 40 días y 40 noches, la lluvia cayó de los cielos”... -como rezara, punitivamente, el Génesis-. (¿Moraleja simbólica, para un mundo tan hostil y corrupto como éste?).

Las amplias murallas circulares de piedra pulida estaban perfectamente diseñadas para poder registrar, en su anillo de dinteles, los movimientos del sol, en su “continuum” incesante de equinoccios y solsticios, regular y eternamente programados...

-...“40 siglos os contemplan”- habría exclamado Napoleón, ante esa maravilla arquitectónica.

En sus toscos capiteles, inscripciones significativas marcan el lugar de tránsito hacia la misteriosa cripta... (Cada instante es sumergirse más, en ese oscuro peregrinaje hacia la clave del misterio, amalgama de vida y de muerte).

Grabados en la mole pétrea central, están los signos que conjugan la fórmula de la creación: aire-agua-tierra-fuego, plasma vital del universo... (Cuando los rayos se posen en el justo medio de la roseta, se avivará su color rojo profundo, que simboliza la sangre donada por el dios Kornay a su pueblo, como sacrificio original de la raza).

Según testimonian las antiguas escrituras (que aún hoy los aedas transmiten de boca en boca), ese escenario de antiguos sacrificios rituales, también representa una escalera al cielo, porque devela la respuesta trascendente que facilita el pasaje hacia el otro mundo...

 Pero la experiencia del descenso al núcleo interior de la cámara, sólo sirvió para exhumar la conjunción de los elementos, que en un marco de silencio estremecedor e inexpugnable, nos permitió contemplar el rostro: ese rostro incomprensiblemente igual, pero siempre turbador, celado de sombras en lo profundo de la gruta de los druidas...

Porque fue entonces que un gélido hálito -como exhalación del Averno- apagó la lámpara. El cabello de mi nuca se erizó ante la sorprendente aparición: la sombra se desplazaba lentamente hacia la pira central, vestida de una túnica negra (oscura como el plumaje de aquel cuervo del color de la noche: distintivo universal que utilizaran todos los buscadores de la verdad, desde los templarios hasta los alquimistas...).

Pero al girar la cabeza hacia donde nos encontrábamos apostados, el interior de la capucha exhibió, ante  nuestro estupor, sólo un hueco sin rostro, sin ojos, sin contornos...

-¿Van a quedarse fuera del tiempo toda la vida?- pareció acicatearnos imperiosamente la figura encapuchada... (¿Realmente lo ha dicho..., o tal vez es sólo fruto de mi imaginación?)

El aire se tornaba cada vez más espeso. La cabeza desvariaba..., los pensamientos parecían sumirse en un sueño profundo... (¡Las sienes me van a estallar, si sigo en estas profundidades!).

Como un autómata, salí del recinto por una abertura, que a modo de chimenea se elevaba en la roca tallada, con la impresión de entrar en una dimensión distinta, al sentir, ya afuera, el aire más tenue y diáfano...

Al fin, el valle -como un grito verde de triunfo- se abría ante nuestros ojos, enceguecidos por la luz brillante que tapizaba el pasto, circundado por los cerros sagrados, que como eternos custodios del secreto de los kornays, convocan el eco de todos los vientos cósmicos, capaces de armonizar el cuerpo y el espíritu.

Pero... ¡cuán grande sería nuestra sorpresa cuando nos reencontramos -eso sí: sanos y salvos- a la luz del sol!... Porque al mirarnos, casi no nos reconocimos. (¿Saben que, en circunstancias especiales, el plasma sobrecargado de electricidad puede llegar a afectar la mente con alucinaciones, y el cuerpo, con mutaciones sorprendentes...?).

 La única explicación racional que barajamos en ese momento, fue que el campo magnético, existente dentro de la caverna, debió haber acelerado los procesos de crecimiento: Ese sería el motivo por el cual, los frijoles que llevábamos -entre otras raciones de comida- brotaron dentro de las alforjas. Y una hormiga que había quedado atrapada en el saco de azúcar, adquirió dimensiones espectaculares... (¡Más bien parece un escarabajo real!). Hasta el cabello, la barba y las uñas, nos habían crecido increíblemente...

(¡Ja! -ahora me atrevo a pensar- Es que sólo las deidades pueden pasar de la luz a la oscuridad, y viceversa, sin perder su identidad esencial...).

 

               Las palabras que rotulan la salida al mundo exterior,

                            inscriptas en sánscrito, son aquellas, tan antiguas e inmutables,

 que Dios se dijera a sí mismo: principio y fin de toda la creación.

                                                                      

 

LIANA FRIEDRICH

 

 

 

 

 

 

 

 

Tankas desmesurados

Entre nosotros, el cielo y el infierno

 no hay otra cosa que la vida,

 que es la más frágil de todas las cosas.

Pascal

1

La canción de la muerte

puede quitarte dulcemente la vida

con su aliento cómplice...

 

Su nombre es “Eutanasia”:

sinónimo de agonía  sin sufrimientos.

2

Engendro agusanado,

que surgió de la crisálida

del poder más ostentoso:

 

Esa es la soberbia divina...

La que nos juzga y nos condena de por vida.

3

              La decisión de vivir en la luz

-desechando la sombra de la parca-

constituye nada más que una equivocación.

 

Es que nos gusta, de última,

el sabor de la sangre (y su cálido olor dulzón).

4

Sucede que el mar nunca retorna

para lamer las mismas playas...

Se echa sobre la arena blanca,

 

sin dejar más rastro

que un collar de nácar...

5

El rumor del oleaje

se acostumbra a la voz humana

y  guarda la sombra de nuestros muertos,

 

aherrojando su fiebre proteica

en la oscuridad heterocroma del lecho.

 

 

 

6

Un plato vacío aún sigue esperando

sobre la mesa de la humanidad.

Debajo de él, una nota dice,

 

con letra temblorosa, casi desfalleciente :

...“Ayúdenme”.

                       7

¿Por qué existen ciertas preguntas

que deben ser respondidas, y otras, permanecer

 como estigmas, torturándonos por toda la eternidad?

 

¿Ese será el precio de la duda?

¿Acaso podremos soportarlas, sin herirnos?

7

Es necesario que le demos

la espalda a tantas dudas,

y  poner “manos a la obra”:

 

Recordemos que los laberintos

tienen siempre una salida hacia la luz.

8

El tiempo es el fuego en el cual nos quemamos.

Pero la pasión también es enemiga de la precisión.

En cambio, el invierno, con su frío,

 

nos encapsula, nos reconcentra,

volviéndonos aún más egoístas.

                       9

Lograr objetividad:

Ese es el llamado “efecto cero”...

(¿No se te enfría la sangre tan sólo con pensarlo...?)

 

Si embargo nunca es tarde para sorprendernos ante lo inesperado...

Siempre debemos conservar una mente alerta.

                      10

Todos los días vivimos ciegos,

Precipitándonos vertiginosamente a tierra,

como aves heridas de muerte...

 

El destino es lo que ignoramos de nosotros mismos.

Y lo que vivamos, revela nuestra propia naturaleza.

                  

 

 

                    11

Lo fundamental es tener ideas,

pero no ser ideólogos.

Porque las ideas son libres;

 

no pueden ser encorsetadas

dentro de ciertos paradigmas finitos.

                     12

Insistes siempre en cuestionar lo incuestionable...

Confié en tu sabiduría, seguí tu consejo. ...¡Y así me fue!

Por eso odio las fechas definitivas:

 

Ellas no nos permiten

deshacernos de las obligaciones.

                     13

Paisaje de silencios.

Inquieta presencia se revela, sigilosa.

Algo se agita, oculto en tus ojos:

 

Es el recuerdo de un sueño

que asomaba apenas, en las flores tempranas...

                      14

Hay cosas que hierven dentro de uno...

Por eso se hace necesario luchar con los fantasmas

que duermen en el subconsciente...

 

para descubrir  la fuerza oculta

de todos los sueños con los que Freud alucinaba.

 

 

                                           LIANA FRIEDRICH

P.-S.

Esta obra ha merecido los siguientes premios:
Mención y 2º Premio, respectivamente, en los géneros narrativa y poesía , en el certamen latinoamericano organizado por "Ediciones Raíz Alternativa", Buenos Aires, Argentina, 2004.

Este artículo tiene © del autor.

479

Comentar este artículo

   © 2003- 2017 Mundo Cultural Hispano

 


Mundo Cultural Hispano es un medio plural, democrático y abierto. No comparte, forzosamente, las opiniones vertidas en los artículos publicados y/o reproducidos en este portal y no se hace responsable de las mismas ni de sus consecuencias.

Visitantes conectados: 24

Por motivos técnicos, reiniciamos el contador en 2011: 3435129 visitas desde el 16/01/2011, lo que representa una media de 543 / día | El día que registró el mayor número de visitas fue el 25/10/2011 con 5342 visitas.


SPIP | esqueleto | | Mapa del sitio | Seguir la vida del sitio RSS 2.0