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EL AVION QUE PASA

Pedro Fuentes-Guío

España



El sol, como un niño dorado, se duerme en la playa, en una cuna de calma, en ese cesto de mimbre que teje la brisa.

Los cuerpos caídos, sin sombra, las mentes reposan, la prisa enterrada en la arena. Al mirar el cuadro, no sé si es vida o es muerte, o simplemente es sosiego en los brazos humanos, en su mente siempre encendida, ahora en una siesta de tiempo. Me contagian su paz, porque al mismo tiempo, como un mensaje que viniera de lejos, escucho el rumor de las olas, que llegan taimadas, arrastrando su ira hasta el colchón de la arena.

De pronto, como un cuchillo de viento que cortara mi paz, que encendiera un despertar en la mente, escucho el ruido del avión que pasa. Lo miro, insecto volador vestido de urgencia, flecha que va ensartando pañuelos de sol, barco brillante, con quilla invisible que corta mares de aire; y mis ojos pierden la calma, y mis manos la brisa, y hasta el aliento se me torna avispa impaciente. Es el segundo contagio. Primero fue el del sosiego, ahora es el de la prisa. El avión va lleno de urgencia, de corazones que ansían llegar antes que sus pies, el reloj emperador, el nervio, el afán, el tiempo cortado en rodajas, que llego, no llego, la cita, la luna to trenzando las horas. Se trata de cenar en Barcelona, comer mañana en París y dormir por la noche en Nueva York. Y todo eso ¿para qué? ¿Acaso la prisa nos alarga la vida, o solo nos hace vivirla, y al final nos la acorta?

"En la carrera de la filosofía gana el que puede correr más despacio. O aquel que alcanza el último la meta", nos dice Wittgenstein. Con toda seguridad, me dice la mosca

detrás de la oreja, los que van en el avión, a tantas revoluciones por minuto, a tantos kilómetros por hora, no son filósofos. Los filósofos, o ejercientes de una filosofía muy particular, la del sosiego, son los que están tendidos en la playa. Alguien dijo que la prisa era materialista; la lentitud, espiritual. Tal vez sea cierto, tal vez el viento huracanado se dispone siempre a destrozar lo material, tal vez la suave brisa nos eleva el alma sobre paraguas de luz. Tal vez. "Prisa tienen sólo los enfermos y los ambiciosos", nos dice Ortega y Gasset. Los que van en el avión ¿son enfermos o ambiciosos?

 

El avión desaparece de mi vista, me devuelve los ojos, la calma, como si un relincho de tiempo comprara silencio, que los que van en el avión ven menos vida que los que pasean por el campo, luego la prisa no es para vivir más, sino para morir antes. El avión perdido, desaparecido, como si se hubiera estrellado en las nubes, como se estrellan a veces contra una montaña, y los pasajeros, todos, sin vida. Entonces, como un mal cenizo de sombras, decimos: Tratamos de vivir tan deprisa que, a veces, nos dejamos atrás la propia vida.

(Inédito... ¿por qué?)

P.-S.

de "TESTIMONIO", Editorial Raices, Alicante (España)

Este artículo tiene © del autor.

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1 Mensaje

  • > EL AVION QUE PASA 12 de noviembre de 2005 01:12, por Carlos

    Gracias por la forma de expresar cada detalle. Cada palabra o conjunto de ellas no hacen mas que graficar cuadros en mi mente, quizas más maravillosos, que la imagen misma. Gracias

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