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Violencia en Argentina (XXXI): Para que todo siga igual

Carlos O. Antognazzi

Argentina



Lo más bajo de la política es el abuso de la necesidad de la población. La especulación, el regodeo en la miseria, la hipocresía cómplice de un sistema pernicioso, son la cumbre en la que históricamente el peronismo se ha refocilado una y otra vez. La responsabilidad es compartida, pero no en partes iguales: no se puede comparar o criticar que la gente desamparada acepte un cheque o un electrodoméstico cuando es justamente lo que están necesitando desde hace tiempo. Sí, en cambio, puede juzgarse el gesto mercenario del poder, que a sabiendas de que su acción no corregirá la situación, insiste por tres semanas: su final anunciado es el 23 de octubre. Es la manipulación de la violencia.

Para que todo siga igual

Lo más bajo de la política es el abuso de la necesidad de la población. La especulación, el regodeo en la miseria, la hipocresía cómplice de un sistema pernicioso, son la cumbre en la que históricamente el peronismo se ha refocilado una y otra vez. La responsabilidad es compartida, pero no en partes iguales: no se puede comparar o criticar que la gente desamparada acepte un cheque o un electrodoméstico cuando es justamente lo que están necesitando desde hace tiempo. Sí, en cambio, puede juzgarse el gesto mercenario del poder, que a sabiendas de que su acción no corregirá la situación, insiste por tres semanas: su final anunciado es el 23 de octubre. Es la manipulación de la violencia.

Un electrodoméstico por allí

Que los gobiernos argentinos en general, y especialmente los peronistas, han industrializado el clientelismo político es una verdad de Perogrullo. Pero que se encuentren las pruebas indiscutibles no deja de provocar un malestar adicional. No porque se haya sospechado de parcialidad en los juicios contra políticos y estructuras venales, sino porque hasta no tener las pruebas un demócrata convencido se permite, aunque mínimo, el resquicio de la duda.

Pero lo que el diario La Nación desnudó el martes 04/10/05, que refrendó al día siguiente en una foto de tapa, muestra hasta qué punto el Gobierno de Kirchner es una fantochada. Enemistado con Duhalde, el Presidente y su esposa construyeron su discurso para diferenciarse de la “vieja política”, esa que abusaba de los contribuyentes más necesitados con el embuste de ayudarlos, que pontificaba la “justicia social” y que convertía en bandera a los marginados. La vieja política era la corporativa, la de los caciques, la de los matones a sueldo, la de la farsa y la mentira y la avivada. Al denunciar esos manejos espurios Kirchner procuró despegarse de esa concepción que, según él, con su mandato se terminaba. Pero lo único que cambió es el tenor de la prebenda, porque mientras el grupo que responde a Duhalde entrega cheques por 300 o 500 pesos, el grupo que responde a él, con el diputado piquetero oficialista Luis D’Elía a la cabeza, reparte electrodomésticos, camas y colchones. Y otro oficialista, Mario Oporto, entrega guardapolvos y útiles escolares ahora, finalizando el año. ¿Oporto fue previsor y se adelantó a la eventual escasez de útiles y equipos del año 2006?

Las “justificaciones” e ironías con que respondió el poder hubiesen hecho sonrojar al doctor Hannibal Lecter. Hemos entrado obscenamente en el ámbito del “todo vale”, en donde la palabra no importa (ni la escrita ni la oral), la coherencia menos y la dignidad es un elemento suntuario del que muchos prescinden con tenacidad suicida.

Vedetismos preelectorales

Días pasados Esther Goris se presentó al programa de Susana Giménez. Sabemos que una persona capaz de preguntar si un dinosaurio encontrado «estaba vivo» no es la más indicada para hacer una entrevista, pero la sorpresa no la dio Susana (perfecta en su papel de lela), sino Goris. Esta señora fue para hablar de su nueva relación afectiva, pero hizo campaña por el gobernador de San Luis, Alberto Rodríguez Saá. Si lo cursi suele molestar, lo patético irrita. Durante veinte minutos (una enormidad en televisión) Goris estuvo alabando la inteligencia, la cultura, la responsabilidad, el buen nombre, la sensibilidad social de quien hace unos años escapó de su mujer para ocultarse en un motel con una conocida puntana de origen árabe.

Goris, que supo interpretar a Evita, dijo en cámara tal cantidad de sandeces que o bien es una actriz consumada o bien vive encerrada en la casa de Rodríguez Saá, inestabilizada por los cuadros que el gobernador pinta en los ratos libres. Esta señora parece desconocer que hasta hace un par de meses la compañera del puntano era Leonor Benedetto, y que igualmente cumplió el ritual (seguramente retribuido con algo más perdurable que una aventura y un set) de cantar loas a la provincia. ¿Habrá vivido en un frasco también en Capital Federal? Pocas veces la televisión ha presentado un testimonio tan claro de la ramplonería criolla. Goris se preguntaba, dolida, porqué se oculta la realidad puntana (una especie de isla de la fantasía, para ella, en donde todos son prósperos e ilustrados y donde se desconoce lo que es la miseria), y parecía atribuirlo a las malas artes de la prensa, siempre dispuesta a tratar mal a los buenos políticos. Quizá la señora equivocó el dormitorio, y debió acercase a Kirchner, con quien demostró tener una llamativa afinidad conceptual.

En su momento argumenté que nadie desaparece del todo en el peronismo (cfr. La certeza del eterno retorno. Castellanos, 20/08/2004). Su virtud es la de transformar las cosas, sean discursos (Menem es peronista, e hizo lo contrario de Perón, que también lo era) o personas: reapareció Herminio Iglesias, aún recordado por la quema del cajón con la bandera radical en el cierre de campaña de 1983, y reapareció, aunque tampoco se había ido del todo, Luis Barrionuevo. El dirigente gastronómico que no hizo la plata trabajando y que aseguró que el país se salvaba con dos años sin robar, a principios de octubre afirmó que él y sus seguidores podían hacerle difícil la vida a Kirchner después de las elecciones del 23. No es una sorpresa, salvo por el detalle de que Barrionuevo lo dice a quien quiera escucharlo. Ya había tenido esta actitud en las pasadas elecciones, cuando quemó las urnas en Catamarca, confirmando que es un patotero que reniega de la democracia y sus mecanismos perfectibles. Iglesias y Barrionuevo también son peronistas de la primera hora.

Populismos

El embajador de Francia en Argentina, Francis Lott, calificó a Kirchner de «populista», y Cristina Fernández le enrostró que criticar al Presidente es criticar al pueblo. Mal que le pese a la primera dama, su argumento es falaz y cursi. En primer lugar le otorga demasiada importancia a la figura del Presidente que, además, se ha jactado públicamente de su populismo, al punto que milita en un partido históricamente populista, con todo lo peyorativo que tiene el vocablo. En segundo lugar, esta misma señora hace poco aseguró en Rosario que nadie es protagonista, sino que todos somos «instrumentos que toma la historia para hacer cumplir su designio y voluntad» (cfr. La Nación, 16/09/05, p. 09). ¿Por qué enojarse entonces con Lott, que seguramente no es más que un instrumento sin voluntad, igual que Kirchner?

Es cierto que el problema suscitado por la virtual partida de la empresa Suez deja un saldo negativo en el Gobierno, preocupado por atraer capitales extranjeros, por la forma en que se brindará agua a millones de personas, y porque la empresa hizo público que se retiraba porque se le había ofrecido firmar un documento con una parte blanco: la correspondiente a las tarifas. La empresa hizo lo correcto. ¿Quién está dispuesto a firmar un papel en blanco al Gobierno? Kirchner presionó a Suez con las elecciones, y una vez más se equivocó. El mundo civilizado (Francia lo es) no acostumbra a manejarse con desprolijidad. ¿Lo aprenderá alguna vez el Presidente?

Frente a esto, el Secretario de Cultura de la Nación, José Nun, anunció que en 2006 el monto de cultura se incrementará a un 0,20 % del presupuesto. Hoy cultura recibe el 0,17 %. En repetidas notas hice notar que la UNESCO sugiere como piso el 1 %. Es decir que, con suerte, el año que viene estaremos “sólo” cinco veces por debajo del piso. Toda vinculación entre un dato y otro no es tendenciosa, sino el reflejo de la incultura. Ningún país puede prosperar con un aporte ridículo para cultura (que no es un elemento suntuario, sino la base de la ciencia, la educación, el alimento fundamental de una sociedad: la materia gris).

Fue el populismo inveterado del peronismo quien contribuyó con sus tropelías vergonzantes a que miles de intelectuales se fueran del país, y quien en los albores del “movimiento” forjó laudatoriamente la sentencia alpargatas sí, libros no, estableciendo un orden de prioridades que se mantiene hasta hoy. Eso es el populismo, justamente: pan y circo, endeudamiento, proselitismo constante, cerramiento intelectual, críticas al periodismo por cumplir su misión (informar y controlar), adulación de los mercenarios de turno. Kirchner realiza con Lott el mismo juego que con el FMI: críticas patrioteras puertas adentro, para endulzar el oído de la gilada, y recato en el extranjero.

Recuerda, también (aunque entonces estaba Duhalde, que se manejó mejor), al sainete con Uruguay cuando su presidente, Jorge Batlle, trató a los argentinos de ladrones, y al ocurrido con Chile hace un año cuando fue nombrado su actual canciller, Ignacio Walker, quien había ilustrado en un artículo sobre la «lógica perversa» del peronismo. Lo que molesta a Kirchner es otra cosa: sabe, pues lo practica, que los presidentes necesitan de alguna persona dispuesta a decir lo que él no puede decir. Así, la opinión de Lott es la de Chirac. Pero Kirchner puede reprender a Lott, nunca a Chirac. Esa imposibilidad es la que lo ubica en su justo lugar: el subdesarrollo. Y la verdad, como sabemos, no sólo ofende; también duele.

© Carlos O. Antognazzi.

Escritor.
Santo Tomé, octubre de 2005.

Publicado en el diario “Castellanos” (Rafaela, Santa Fe, República Argentina) el 14/10/2005. Copyright: Carlos O. Antognazzi, 2005.

Este artículo tiene © del autor.

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