Portada del sitio > LITERATURA > Ensayos > Cultura en Argentina (XLII): Un escribidor como metáfora nacional
{id_article} Imprimir este artículo Enviar este artículo a un amigo

Cultura en Argentina (XLII): Un escribidor como metáfora nacional

Carlos O. Antognazzi

Argentina



En La tía Julia y el escribidor (1977) Mario Vargas Llosa creó una categoría que sería ampliamente difundida y con la que determinó el grado de profesionalidad del que trabaja con la palabra. Hizo notar Vargas Llosa que si bien todos pueden escribir, algunos son meros escribidores y no escritores. La diferencia radica en que los unos escriben pero trabajan en otra cosa o recién están aprendiendo sus primeras armas, y los otros escriben para vivir y poder comer. Honesto, Vargas Llosa construyó su personaje parodiándose a sí mismo, pues si bien escribe la novela cuando ya tenía su nombre hecho como escritor (es su quinta novela), la historia transcurre en los años de aprendizaje, cuando corría tras la tía Julia del título por un Perú desdibujado desde el distanciamiento del recuerdo.

Cultura en Argentina (XLII):

Un escribidor como metáfora nacional

En La tía Julia y el escribidor (1977) Mario Vargas Llosa creó una categoría que sería ampliamente difundida y con la que determinó el grado de profesionalidad del que trabaja con la palabra. Hizo notar Vargas Llosa que si bien todos pueden escribir, algunos son meros escribidores y no escritores. La diferencia radica en que los unos escriben pero trabajan en otra cosa o recién están aprendiendo sus primeras armas, y los otros escriben para vivir y poder comer. Honesto, Vargas Llosa construyó su personaje parodiándose a sí mismo, pues si bien escribe la novela cuando ya tenía su nombre hecho como escritor (es su quinta novela), la historia transcurre en los años de aprendizaje, cuando corría tras la tía Julia del título por un Perú desdibujado desde el distanciamiento del recuerdo.

Pero cabe, también, otra acepción para el término «escribidor»: aquel que, escribiendo y viviendo de lo que escribe, utiliza la escritura como una máscara tras la cual oculta su personalidad de vivillo, su falta de vergüenza, su amoralidad. En suma, un típico representante de buena parte del homo pampeanus.

Lo que natura non da...

Jorge Bucay aprovechó la coyuntura del fallecimiento de Jaime Barylko para ocupar su lugar. Sabemos que la “filosofía” de Barylko era una mezcla de sentido común y oportunismo, que sonaba bien al oído pero aportaba poco y nada al pensamiento. El tono era el apropiado para contar historias y dejar en suspenso la pregunta, con un dejo de angustia astutamente administrada que terminaba por volcar al público en su favor: algo así como decir «¿y entonces no les parece que...?». Cuando el público se inclinaba a responder afirmativamente la mitad del camino ya estaba hecha y Barylko y su esposa (una eficiente partenaire en las recorridas por el país) habían cobrado sus dinerillos.

Bucay no es Barylko. Sabemos que un aprendiz puede superar a su maestro con talento, inteligencia y trabajo, pero estas condiciones no siempre se dan. Bucay es más bien una especie de pálido reflejo de Barylko, y pone más oportunismo que sagacidad a la hora de venderse y vender un producto hecho a la medida de la mediocridad que, hay que destacarlo, no es patrimonio exclusivo de la Argentina: de Shimriti ha vendido más de cien mil ejemplares en España, por ejemplo, contra unos setenta u ochenta mil en Argentina.

La apetencia del público desorientado es terreno fértil para que los inescrupulosos se aprovechen. Claro que una cosa es sospecharlo, y otra poder corroborarlo. Bucay acaba de hacerlo en forma ejemplar. No sólo ha bastardeado el oficio más lindo del mundo (contar historias, no escribir “autoayuda”), sino que ha pasado a engrosar la lista de los caraduras: «Yo aggiorno y modifico. No soy el gran pensador o sabio que se quiere hacer de mí», se autodefinió (cfr. La Nación, 11/10/05, p. 09). Y procuró distanciarse del plagio a La sabiduría recobrada, de Mónica Cavallé, publicado en España en 2002, explicando que «un error absolutamente involuntario permitió que los textos de la profesora Mónica Cavallé fueran incluidos en “Shimriti” sin la correspondiente y merecida mención de su fuente». Ese “error” son 60 de las 270 páginas de Shimriti. Cuesta creer que algo siga siendo “absolutamente involuntario” luego de copiar los primeros párrafos. Transcribir 60 páginas exige tiempo y una voluntad consciente.

Se dice que los libros no muerden. Los de Bucay han mostrado los dientes de su autor y han dejado, a su autor, en el lugar de los delincuentes. Las palabras no son inocuas, y su apropiación ilegal balbuceando como disculpa un “error involuntario” es un eufemismo hipócrita. Con buen criterio el diario Clarín «llegó a un acuerdo» (otro eufemismo) con Bucay para dejar de publicarle el artículo semanal en la revista Viva.

Un escritor que se precie, y no un mero escribidor, es aquel que trabaja y procura (aunque no siempre se alcance) la originalidad, aportar algo rescatable a la excesiva producción de libros. En los primeros años de formación es natural, y hasta lícito y conveniente, que un escribidor “copie” a quienes considera sus maestros, pues de esa repetición saldrá, con suerte y esfuerzo, la voz propia. Sólo alcanzando esa voz es que el escribidor se convierte en escritor. Por eso el término exhibe un carácter peyorativo, de cosa en formación, más de anhelos y sueños que de realidades. Un escribidor es alguien que escribe pero que aún no sabe bien porqué ni para qué y que, fundamentalmente, no considera su afán como un trabajo o un oficio, sino exclusivamente como un medio para obtener dinero, fama o alguna otra cosa. Escribir, para el escribidor, no es más que un “curro”: acabada la “inspiración”, puede dedicarse a otro menester con la misma anuencia. No hay profesionalidad en el sentido artístico. Y vale una aclaración: la profesionalidad no necesariamente se traduce en términos monetarios, sino en una actitud.

El affaire Piglia

Hace unos años estalló un escándalo en el concurso de cuentos del diario La Nación, cuando se premió a un señor que trabajaba en SADAIC (entidad, qué paradoja, encargada de la propiedad intelectual de los músicos). El cuento resultó ser un plagio de un autor italiano. Como consecuencia, La Nación le hizo devolver los diez mil pesos del galardón, y SADAIC lo expulsó. De nada valieron los balbuceos del plagiario argumentando que lo suyo era “intertextualidad”. Pero de no haber aparecido un lector atento el embuste hubiese salido indemne.

El joven lector mostró su enojo contra el jurado, no sólo contra el plagiario. Lamentablemente un jurado, por meritorio y cuidadoso que sea, no puede conocer todo lo que se escribe, y esto refuerza la idea de que más allá del jurado propuesto por los organizadores del concurso, son los lectores los que tienen el deber de acompañar y denunciar los ilícitos. Por eso en España los organizadores suelen dejar pasar un tiempo prudencial para recibir denuncias luego del anuncio de los premios. La medida ha dado buenos resultados, y han debido retirarse importantes premios a “escribidores” que habían delinquido. En el caso del empleado de SADAIC se trató de un oscuro escribidor. Pero en otros casos se trata de autores conocidos, como Ricardo Piglia.

El affaire de Piglia con el Premio Planeta Argentina 1997, que galardonó su mediocre novela Plata quemada, tuvo la última chance hace un par de semanas cuando la Corte Suprema de justicia de la Nación falló a favor del escritor Gustavo Nielsen en el juicio que éste iniciara contra él y la Editorial Planeta. Nielsen se había presentado a la misma convocatoria con El amor enfermo (que sería finalista y terminaría publicada por Alfaguara), una novela muy bien escrita que, de no haber mediado la voluntad de la editorial y del jurado (que se plegó, servil, a los “señalamientos” de Planeta), debería haber ganado. A partir de esta sentencia, prácticamente inocua para la editorial y Piglia en términos económicos, pero de una relevancia superlativa por lo que implica en el ámbito cultural, Piglia ha descubierto que el nombre no lo es todo, ni siquiera con el apoyo irrestricto de un emporio como el Grupo Editorial Planeta.

Enlodado su nombre, de aquí en más Piglia deberá rever su conducta. Pues no se trata sólo de una argucia editorial, sino de su silencio cómplice cuando debió haber denunciado que Plata quemada no estaba presentada al concurso pues ya había firmado contrato con Planeta para publicarla. Ese silencio mercenario es lo que no se le puede perdonar a Piglia, pues demuestra la endeblez de su postura intelectual. Mejor dicho: define su impostura. ¿Desde qué base moral puede volver a hablar y señalar caminos?

Queda, además, otro detalle: con el aval de la Corte Suprema, ahora los cientos de autores que se presentaron a la convocatoria 1997 del premio Planeta Argentina podrían sumarse al juicio contra Piglia y la editorial, reclamando los mismos derechos de Nielsen.

La metáfora

No deja de ser sugerente que en su momento un grupo de intelectuales argentinos haya firmado una carta de apoyo a Piglia. A grandes rasgos el argumento era que un buen escritor, autor de Respiración artificial y fecundos ensayos, no merecía el deshonor de tribunales (como si la justicia supusiera un deshonor, otra curiosidad de la idiosincrasia interpretativa argentina). En otras palabras: Piglia no podía recibir el maltrato que estaba recibiendo por parte de un escritor joven. Es decir, un “escritor” no podía ser enjuiciado por un “escribidor”. Con Bucay se da la situación inversa: Bucay, el escribidor, fue denunciado por Cavallé, la escritora. ¿Podrá ayudarse a sí mismo el autor de libros de autoayuda?

Los que defendieron a Piglia jerarquizaron su obra por sobre su actitud, su capacidad intelectual por sobre su hipocresía. Piglia no necesitaba del premio para seguir siendo Piglia, pero ahora necesitará, forzosamente, un cambio de conducta para seguir siéndolo. Con Bucay el fenómeno es similar (salvo en la calidad). Si bien no posee el “nombre” de Piglia entre la intelectualidad argentina, sí posee un nombre para sus lectores, que ahora se han visto traicionados. La chabacanería pampeana se impone por sobre la racionalidad y la ética. Seguramente Bucay, mientras copiaba las 60 páginas del libro de Cavallé, o Piglia y los jurados, mientras garantizaban la ignominia, hicieron suyo el pensamiento del filósofo argentino Minguito: «segual». Somos así, y al parecer nos cuesta darnos cuenta del costo de la impostura. Pero cuanto más demoremos en asumirlo y corregirnos, peor será.

© Carlos O. Antognazzi.

Escritor.

Santo Tomé, octubre de 2005.

Publicado en el diario “Castellanos” (Rafaela, Santa Fe, República Argentina) el 21/10/2005. Copyright: Carlos O. Antognazzi, 2005.

Este artículo tiene © del autor.

976

2 Mensajes

  • > Cultura en Argentina (XLII): Un escribidor como metáfora nacional 5 de noviembre de 2005 18:46, por Adrián N. Escudero

    Por el contrario, y con el respeto y la admiración que me merece Vargas LLosa, pienso que el verdadero escritor está en el que ejerce el Oficio por Amor al Arte, sin objetivos subalternos como la supervivencia. Por el contrario, resulta simplemente un escribidor aquel que utiliza (usa) a la Palabra como medio de vida, y no como medio para trascender el espíritu del hombre. Todo lo útil perece. Todo lo espiritual permanece. Para eso hay que creer en el Creador de Todo y de Todos; de no, las categorías filosíficas y antropológicas que utilicemos para DESTACAR por sobre otros nuestras acciones escriturales, estarán viciadas de incongruencia e incomparabilidad. Por lo menos, querido Carlitos, así lo veo yo, y un tipazo como Pesante cuyo pensamiento, persona y obra nada tienen que envidiar al LLosa (príncipe del Realismo Mágico) ni al Antognazzi (profeta de Calamidades).
    Con amor... a la verdad. ADRIAN N. ESCUDERO (SANTA FE - ARGENTINA)

    repondre message

  • > Cultura en Argentina (XLII): Un escribidor como metáfora nacional 5 de noviembre de 2005 18:59, por Adrián N. Escudero

    Por el contrario, y con el respeto y la admiración que me merece Vargas LLosa, pienso que el verdadero escritor está en el que ejerce el Oficio por Amor al Arte, sin objetivos subalternos como la supervivencia. Por el contrario, resulta simplemente un escribidor aquel que utiliza (usa) a la Palabra como medio de vida, y no como medio para trascender el espíritu del hombre. Todo lo útil perece. Todo lo espiritual permanece. Para eso hay que creer en el Creador de Todo y de Todos; de no, las categorías filosóficas y antropológicas que utilicemos para DESTACAR por sobre otros nuestras acciones escriturales, estarán viciadas de incongruencia e incomparabilidad. Por lo menos, homenajeado por el Sistema, Carlos, así lo veo yo, y un tipazo como Pesante cuya cohrencia de valores, pensamiento, persona y obra nada tienen que envidiar a un V. LLosa (príncipe del Realismo Mágico) ni menos al Antognazzi (profeta de Calamidades) que parece haber escrito un artículo irreverente más, pero esta vez sobre un tema que no merece la importancia que sí radica en ambas "categorías" LlosaAntognanianas, la expresión: ESCRIBIR con los huesos y las entrañas sobre la vida, de la vida. Y para quien ha sido tan contundente y soberbio en sus apreciaciones sobre la esforzada labor de los demás creativos, no le acepto el derecho a réplica. El mismo se la ha negado. Sí, a difusión masiva de ésta, una dolorosa crítica constructiva, tendiente a poner en guardia a muchos talentosos "escribidores" de los lobos disfrazados de cordero que se consideran y autotilados "escritores", y que necesitan andar aullando -pero sin consuelo-por el mundo, para ser reconocidos como tales...
    Atentamente, y con amor... a la verdad.
    ADRIAN N. ESCUDERO (Desde SANTA FE - ARGENTINA) - 05/11/05

    repondre message

Comentar este artículo

   © 2003- 2017 Mundo Cultural Hispano

 


Mundo Cultural Hispano es un medio plural, democrático y abierto. No comparte, forzosamente, las opiniones vertidas en los artículos publicados y/o reproducidos en este portal y no se hace responsable de las mismas ni de sus consecuencias.

Visitantes conectados: 11

Por motivos técnicos, reiniciamos el contador en 2011: 3436873 visitas desde el 16/01/2011, lo que representa una media de 528 / día | El día que registró el mayor número de visitas fue el 25/10/2011 con 5342 visitas.


SPIP | esqueleto | | Mapa del sitio | Seguir la vida del sitio RSS 2.0