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El pintor CARLOS LEÓN CRUZ, entevistado por Frank Otero Luque.

Frank Otero Luque

Perú



"Me identifico con todos los pintores honestos
y, a la vez, con ninguno
en mi afán de ser genuino"

En setiembre de 2001, conocí a Carlos en la casa de campo que mis amigos, los Núñez Ferdmann, tienen en Pachacamac. Sin embargo, ya había visto deslumbrado varios cuadros de este talentoso pintor en la casa de Lima de estos mismos amigos. Su fama y su obra lo habían precedido.

Carlos vive en Trujillo, pero viene constantemente a Lima. Cada vez que lo hace visita a Poupée (Ferdmann), quien suele invitarme a tomar un café so pretexto de encontrarnos y charlar un rato con este sencillo y ameno amigo. Humo -un precioso Weimaraner, la mascota de la casa- se alegra de verlo tanto como nosotros, pero lo demuestra más, dando brincos, haciendo piques de ida y vuelta, y moviendo la cola. De hecho, entre Carlos y Humo existe una conexión especial que no puedo explicar con palabras. Basta mirar sus cuadros, para darse cuenta de la forma tan intensa como este pintor se relaciona con la naturaleza y con todo aquello que lo rodea.

- Cierta vez afirmaste lo siguiente: "Creo en un pueblo fuerte y desafiante como la piedra". ¿Por qué la piedra es desafiante?

-Porque, por ejemplo, a diferencia del oro o de la plata, que normalmente se esconden, la sencilla y común pero noble piedra se expone y se encumbra, retando al viento y al agua. Y al conocer su sabor, es afilada o moldeada sinuosa.

-Observo en tu pintura dos vertientes: una naive y otra lítica, casi arqueológica. ¿Por qué son tan bipolares y qué alimenta cada una de ellas?

-Tuve una infancia de ensueño: jugaba con las cigarras como si fueran cometas, con el cachipul (arcilla de colores) hacía alcancías, que luego quebraba para sacar mucho aire y pocas monedas, pero volvía a hacer otra. Se engastaban a mi cuerpo los granizos, que solía recibir con la boca y los brazos abiertos. ¿Cómo no hacer eco de tantas experiencias buenas? Ése es mi lado ingenuo de niño eterno. Por otra parte, al conocer cada vez más la historia de mi pueblo, me hago depositario de sus expectativas, para luego impulsarlas a través de la pintura.

-¿Por qué y para quién pintas?

-Pinto por mí mismo y para todos. Siempre tengo algo que decir y la pintura me da la oportunidad de decirlo cada vez mejor.

-¿Consideras tener alguna responsabilidad social como pintor?

-Sí, la de poner en relieve los valores que nunca deberíamos olvidar. Cultivo ese tipo de mensajes, los riego y los pinto, para luego verlos florecer en una sala de exposición o en la pared de un hogar.

-Tengo entendido que donas a los más necesitados un porcentaje de la recaudación por la venta de tus cuadros. ¿Por qué lo haces?

-Porque quiero ser un eslabón en la cadena de la gran dadivosidad de Dios. Es Él quien ayuda a través de mi pincel.

-¿Cómo pintarías el cielo?

-Recuerdo que, cuando era niño, sembré una planta de apio y le construí una casita de piedra y de barro. Cada mañana, saltaba de la cama e iba corriendo para verlo, regarlo, limpiarlo, hablarle... Ese proceso de convivencia y amor con todos los seres, traducido en formas y colores, es lo que yo llamaría un cuadro del cielo.

-¿Y el infierno?

-En antítesis a la respuesta anterior, pintaría el infierno como una parcela de apios secos.

-Cuéntanos la anécdota de tu tío Manuel y el pato que te dibujó.

-Es una experiencia que marcó mi vida. Yo tenía seis o siete años cuando mi tío Manuel pintó con acuarela un pato. Mis ojos presenciaron la aparición del pato más solemne del mundo, pero que, al mismo tiempo, era como un bolsillo para sonrisa. Y desde entonces, en todo lo que pinto siempre están presentes mi tío Manuel y su pato.

-¿Cuál es tu sueño?

-Mi aspiración cotidiana es emanar y, a la vez, ser depositario de la mayor fuerza existente: el amor.

-Los nombres de tus exposiciones -Uranio, Poesía, Casas del viento, Pasos, Alfabetizadotes de luciérnagas- son mucho más sencillos que los títulos de los cuadros mismos: Maniobra ingenua para encantar a la montaña, Negociando una idea con la naturaleza, Sólo quedan 14, Travesura medicinal, Costurera de mariposas, Domador de pajaritos, El niño que quería ser pepino, Globos en la oración, Gravitación en cabeza de corcel, La gaviota vende peces, etc. ¿Cómo se te ocurren estos nombres tan particulares?

-Alguna vez me pregunté como definiría al proceso de hacer poesía e imaginé que en el cielo había muchas palabras que no habían sido bajadas por otros escritores; que estaban flotando allí, esperándome. Cuando les presté atención y las bajé para mí, entonces hice poesía. Ponerle título a los cuadros es casi lo mismo: los objetos que nos rodean tienen un nombre, un espacio, una función y nos lo dicen de mil formas. Lo único que hago es invitarlos al diálogo.

-¿Consideras que el título de una obra es parte inmanente de la obra misma?

-Definitivamente, sí.

-¿Cuál es el concepto del "Huerto de los minutos", tu próxima exposición?

-Los personajes que aparecen en los cuadros de esta exposición pertenecen a un pueblo imaginario que fundé (Huerto de los minutos), a partir de mi propio pueblo. En ese lugar, el ave que vuela, la hojita que cae, las serpentinas del sol... todos quieren decirme algo. Tanto así que, con sólo ver el árbol, puedo llenarme de naranjas el corazón. Allí, todo aquél que lo desee ardientemente puede volverse hortelano y cosechar el buen tiempo de cada minuto sembrado.

-¿Qué común denominador puede haber, por ejemplo, entre Estela de balsa banana con mantarraya, Pueblo camote y La anuencia del pez perico, tres de las obras que conforman la exposición?

-Todos contienen elementos sencillos y cotidianos de mi entorno, con los cuales converso como amigo, como hermano. Es mi actitud hacia ellos, y la de ellos hacia mí, lo que sirve de hilo conductor.

-¿Quién es Nacor? (Nacor tiene un encuentro solemne con una lágrima).

-Es el personaje anónimo que habita en cualquier pueblo; ese hombre o mujer en cuya casa nace el río y es capaz de domeñar la agreste tierra, que hizo y que hace la historia, que es imán de estrellas...

-¿Cómo definirías tu pintura?

-Como un acto sencillo -pero a la vez cargado de entrega y respeto- de aproximación sincera al ser humano y a la naturaleza; algo así como una permanente invitación al diálogo.

-¿Crees que pintarías los mismos motivos si no hubieses nacido en Huaranchal, en la sierra de La Libertad?

-Si hubiera nacido en otro pueblo distinto al de mi eterna infancia, no podría entender ni explicar la pintura que hice y que hago.

-El crítico ecuatoriano Jorge Dávila Vázquez ha elogiado mucho tu obra. ¿Cuál debería ser la actitud de un artista frente al elogio?

-No sé cómo debería ser la actitud de otros artistas. En mi caso, comparto el halago con el río, con la nube, hasta con el silencio; con todos los elementos que aparecen en mis cuadros elogiados.

-¿Cómo quién te gustaría pintar?

-Como Gauguin, no tanto por su estilo pictórico sino por la forma como se enfrentó a su tiempo. Después de toda una vida de empecinamiento en lo que creía, finalmente logró realizar los temas, paisajes y colores que le interesaban, pero sobre todo, logro refrendar su vida misma con sus cuadros.

-¿Con qué pintor te identificas y por qué?

-Cada pintor se aproxima de manera distinta a las cosas. Al principio, la obra de Rembrandt ejercía en mí un poderoso magnetismo, luego fue la de Picasso, y así sucesivamente la de otros grandes maestros. Me identifico con todos los pintores honestos y, a la vez, con ninguno en mi afán de ser genuino.

Lima, noviembre de 2005.

http://www.geocities.com/frankoteroluque/carlosleonentrevista.html

www.carlosleon.org

http://www.geocities.com/asociacionsinfinesdelucromanos/carlosleon_jorgedavila.html

http://es.groups.yahoo.com/group/atelier_carlosleon/

P.-S.

El guerrero de la palabra amor

Guerrero por León y amor por Cruz:
conflicto eterno de tierra y luz.
Me llega al alma tu inspiración
de anfibio pez
infantil y tierno.

Pero esta vez no fue el neón
sino el cincel,
que con espíritu fraterno
gobernó el pincel.

Juguetería y romance: Balance.
Coquetería y pastel: Ternura y calma.
Roca y piedra: Mutante.
Hiedra loca, ansiosa y trepadora.
Y, sin embargo,
lítica premura que perdura a cada instante.

Responsable soy de la palabra lanzada
cual saeta,
que dejó de ser mía con la mano alzada,
inclusive antes de llegar a su meta.
Como este guerrero, sin manos ni guantes,
que con la vista engullo,
y que dejó de ser tuyo desde que lo vio el primero.

Por eso, el pato dibujado por tu tío Manuel,
que de plano a volumen fue pasado, no por él
sino por tu imaginación infantil,
se quedó para siempre en tu mundo sutil.

Sí, ese pato maravilloso
que cobró vida en tu infancia,
se quedó en tu pincel, en el color pastel,
en la cometa, en el árbol
y en la cuna de tu estancia.

Frank Otero Luque

Ver en línea : Carlos León Cruz

Este artículo tiene © del autor.

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