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Miguel de Nostradamus - Mi Humilde casa

Carmen María Camacho Adarve



MI HUMILDE
CASA
DE SALON (Nostradamus)

Yo, Miguel de Nostradamus, dejo una vida larga de trabajo, en la que he podido ver el futuro de las monarquías, gobernantes, y hombres. Ahora que la artritis poco a poco me va matando, junto con este mi viejo y cansado corazón tan solo que ya no quiere seguir. Buscando siempre la certera vedad de nosotros los hombres. La libertad humana, que en vuestras manos dejo, para que prosigáis sin descanso, hasta alcanzarla. Pasaran siglos si. No se debe abandonar el camino emprendido por todos los que hemos amado, luchado, y buscado la libertad.

Reposo con los ojos entornados en esta mi humilde casa de Salon. Mis familiares alrededor mío andan afanados esperando mi muerte. Parecen haber olvidado que solos nacemos y solos morimos.

No he buscado la fama, a pesar de todos los que no me creen. He buscado el conocimiento y como ya os he dejado dicho la libertad humana. Si me enriquecí, prestando dinero a interés y haciendo editar almanaques con mis profecías. Ha sido por ganarme el pan. Y así dedicarme con más ahínco a observar el mundo y la experimentación de todas las cosas que me han sido útiles.

Si, puedo predecir que mi muerte esta a la cabecera de mi cama, la barrunto y además me siento débil y en extremó cansado.

Escribirán en mi epitafio. “Aquí reposan los huesos de Miguel de Nostradamus, cuya pluma, casi divina, todos juzgan digna de trazar y transmitir a los hombres, según el influjo de los astros, los acontecimientos futuros en la tierra. Falleció en Salon de Crau, Provenza, en el año de gracia de 1566, el día dos de julio, y a la edad de 62 años, seis meses y 17 días. ¡Los que vengáis no toquéis sus cenizas no envidiéis su reposo¡”.

Desgraciadamente puedo firmar con mi puño y letra; ahora y en este instante de transito, sin ningún temor de errar. Se que durante la revolución francesa, las turbas envenenadas por el odio de la guerra y la muerte. Dispersaran mis cenizas. Años más tarde el municipio asegurara que las había recuperado. No fue así.

Al día de hoy algunos peregrinos llegan hasta mi sepultura, algunos son curiosos, otros rezan por mi alma y traen flores, también vienen a pedir, el don del conocimiento, los mas respetuosos, guardan silencio ante mi lápida sepulcral. En la capilla de la Virgen de la Colegiata de San Lorenzo.

En noviembre mes de difuntos de el año, 2005.

Este artículo tiene © del autor.

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