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LOS DÍAS ROJOS

(De los Últimos Días)

Adrián N. Escudero

ARGENTINA



LOS DIAS ROJOS

A Jorge Alberto Hernández.

Uno

La bruma ya se ha ido. La mañana comienza a reflejar los brillos del mediodía, y, la atmósfera, casi muerta, abanica a las moscas virulentas que bailan en los remolinos del aire oxidado del mundo, irrespirable ya, enfermo y sin cura.

Los hombres de carne y hueso, nacidos del vientre de Natura y otrora reyes del Planeta Azul, habían marchado aquel día, por una extraña razón, más tristes que nunca hacia el trabajo...

Vigilados por sus propias marionetas neuronales, y éstas, como autómatas de látex no exentos de inteligencia pero carentes de sentimiento y voluntad, controlados a su vez por otros seres de aparente perfil humano enmascarado por la concupiscencia del dinero y del Poder, sólo tenían un factor en común: la pérdida de la libertad.

El libre albedrío, de alguno u otro modo, le estaba negado a las tres especies que la evolución de la raza había terminado generando en los últimos días.

A los de carne y hueso, junto a los atributos que edificaban su plena conciencia de seres vivos, el don de la libertad se le había ido agotando proporcionalmente a la falta de oxígeno, volviendo a aquellos seres una suerte de minusválidos despojos humanos dependientes de la impersonal asistencia de robots que alimentaban con frío interés sus branquias pulmonares, cancerosas ya y secularmente agredidas por el smog y los rayos infrarrojos que invadían sin piedad la desenhebrada capa de ozono del Planeta Azul...

Por otro lado, los autómatas, sólo gozaban del supremo don de la inteligencia aunque más no fuera artificial, pero carecían de sentimientos y propia voluntad: el Cuadro de Mando de los Selectores que dominaban al mundo administraba su utilidad en servicio del hombre común.

Y los Selectores, una mixtura humana y computarizada denominada androide, al conservar sólo el cerebro como sistema conductor del resto de sus cuerpos flexibles y enteramente mecanizados, dependían por su parte del trabajo que los escasos humanos primigenios sobrevivientes podían prestarles, tanto en la generación de nuevos modelos de robots como de las partes sintéticas y electrónicas que, en virtud de una insensata búsqueda de la inmortalidad sin trascendencia, habían suplido en estos humanoides los órganos naturales primordiales.

Así, el hombre y el androide, extremos de una civilización que preanunciaba la desaparición de la vida en su contextura original y en su astro original, sumidos en la tensión permanente de una sorda lucha concebida por los particulares intereses de cada especie, habían llegado al límite de su forzada relación sociopolítica y económica, la cual estaba a punto de explotar...

Sí, aquel día los hombres habían vuelto a poner en movimiento, en los cuatro puntos cardinales de la Joya Cósmica Azul, toda una sistémica rutina de órdenes, fichas, puestos y controles electrónicos. Sin embargo, aquel día de los últimos días, los hombres se habían sentido especialmente diferentes...

Durante muchos otros días de estos últimos días, las manos sólo se les habían crispado de terror e impotencia sobre el frasco mensual de comprimidos amarillos. La vida estaba en ellos y en su poder para fijar los mendrugos de oxígeno que debían tramitar en los Centros Barriales de Oxigenación de cada villa planetaria, mientras servían a la necia supremacía de los Selectores. Pero ahora, el terror y la impotencia se les habían vuelto rebeldía... Una rebeldía incontrolable y programada; tan programada como el sistema que los Selectores les habían impulsado a diseñar para proveer a su inútil permanencia de dioses de arena en tronos de arena.

Entonces...

Los días rojos llegarían... Y los días rojos llegaron.

Los extremos, en positivo, harían contacto: las especies lucharían entre sí. Una para recuperar, y la otra para sostener su dominio del mundo y de las redes coloniales extendidas hacia el Universo en busca de nuevas expectativas siderales donde medrar, mutar o implantar las bases de su moribundo proyecto vital.

Dos

Por un momento el Refugio Atómico de la Resistencia abrió sus fauces de acero blindado, dando lugar al embajador humano ante los Selectores. Turbado severamente, éste balbuceó:

--- Sr. M., ¿es cierto lo que Ellos dicen? -la voz angustiada sembró un eco en las catacumbas de la resistencia humana.

--- ¿Qué si es cierto, qué, Sr. N.? -la voz firme derribó y suplió con fuerza el eco anterior.

--- Que, finalmente..., ¡les hemos declarado la guerra!

--- Ah... La guerra. Sí. Así es, Sr. N.

--- Pero...

--- Cuestión de perspectiva, si lo analiza con cuidado ¿O piensa Ud., Sr. N., que los últimos días han sido días de paz y dignidad para los nuestros?

--- ¿Entonces...?

--- Sí, mañana habrá guerra. Liberación o muerte será la consigna. El tiempo de los acercamientos se ha terminado.

--- Pero, ¿y las negociaciones que Ud. y...?

--- Los fines resultan incompatibles. Los medios también. No hay cadenas posibles de “relación medio a fines”. Mother Computer ha fracasado también en la búsqueda de alternativas atendibles para los seres humanos. O Ellos o nosotros. Lo que queda del Planeta está en juego: sólo existe una leve esperanza de salvarlo para revertir el proceso de calentamiento, y si el sistema productivo que mantiene a los Selectores no cambia de objetivo y funcionamiento, lo perderemos... Perderemos el Planeta. Y es lo único que tenemos. Ellos, en cambio, dominan el salto a las estrellas; nosotros, sojuzgados como estamos, jamás tendríamos la posibilidad de... Sin el Planeta, nuestra vida carece de sentido.

--- ¿Entonces...?

--- Mañana puede ser nuestro fin. El fin de la especie humana.

--- ¿El fin de la...? Pero...

--- Esta guerra no será detenida como las anteriores. No perdonará; lo siento. Se ha votado en los cuatro puntos cardinales. La suerte ha sido echada: los hombres lucharán hasta el fin. Hemos decidido morir a vivir esclavizados hacia un futuro macabro cuyo horizonte está a la vista. Es preferible así. De un solo golpe. Liberación o muerte.

--- ¡Están locos! ¡Ellos nos necesitan! ¡Y Nosotros a Ellos! ¡Sin Ellos, no sobreviviremos!

--- Tal vez, pero es la decisión que deberá comunicar Ud., Sr. N., a los Selectores.

--- ¡Están locos!

--- (...).

Y las voces se apagaron...

Tres

Como todo guerrero, Maniel no pudo dejar de recordar que se estaba por producir, como hace quinientos años atrás, un hito en la historia donde la suerte del hombre sufriría un doloroso quiebre; pero un quiebre que, esta vez, parecía ser fatalmente irreparable... Como un viaje sin destino ni retorno alguno para la Humanidad. Nada menos que la profecía apocalíptica cumplida...

Dicen que cuando alguien está cercano a su muerte, recuerda fugazmente toda su vida... Así también Maniel presintió como soldado que, cuando la muerte de la Humanidad se aproximara, casi inexorable -porque en su espíritu creyente la luz de la esperanza era como un óleo que sólo la esperanza y fe en su Dios podía mantener encendida, cual último recurso-, su mente recorrería los cruentos avatares del acontecer de la vida desde los israelitas registros bíblicos, haciendo hincapié, especialmente, en aquellas amenazas mortales que el Planeta Azul experimentara sobre todo desde la Segunda Guerra Mundial, donde el átomo fuera partido en una explosión de energía felizmente controlada...

También durante la Tercera Guerra y su milenio de consecuencias increíbles para la evolución de la raza. Una Guerra que escritores y filósofos llamaron “de los idiotas” o “guerra de los clónicos contra los comunes” , donde volviera a “gemir el Ignorado porque bien sabía que la libertad era inmanente a la capacidad de sus creaturas en distinguir y optar, día por día, lo natural de la diversidad. Que la equivalencia genética no mejoraría al Hombre destruyendo la vigencia cotidiana de los desacuerdos. Que en la vana esperanza de la Nueva Raza no había, sino, como en otros tantos ejemplos del transitar humano, un corazón endurecido... Los clónicos habían triunfado sometiendo a los comunes a una vana racionalidad sin sentimientos ni imaginación creadora”. Habían triunfado fue al cabo, una forma de decir; amargados infinita pero inconscientemente en razón de su normalidad forzosa, edificaron un mundo de callada quietud incorporándose a los dominios de un Reino Plástico y Aceral... Y abolieron la lluvia y su poder germinador... Y también las leyendas sobre aquel Dios triste y quejumbroso que, una noche (Feliz) sin embargo, decidiera volver por séptima vez a redimir al Mundo... Sí, Maniel recordó la historia que alguien contara de libro en libro y, después, de holograma en holograma, bajo el título de “El Sillón de los Sueños”, sobre aquel sempiterno Doctor de Mundos (Pascual y Resurrecto), haciendo posar -en postergada Parusía para el Juicio Universal, dando al mundo chances “detrás de las tinieblas” otra vez y otra vez y otra vez y otra vez y otra vez y otra vez y otra vez...- su Cohete Apostólico, humilde y misericordioso en tierra de gentiles y paranoicos, susurrando el antiguo bramido de trompetas angelicales, sólo para Él “estrepitoso y ronco”... (1)

Él, que como un duende eterno esbozara una tierna sonrisa de complicidad con su Amado Ignorado, al desatar aquella lluvia bautismal y benefactora, provocada por el desvencijado artefacto de la Salvación Eterna, mientras acumulaba, entrechocaba y enfurecía nubes de nostalgia, arracimándolas unas con otras, atemorizándolas con su iracunda alegría de volver a casa... Él, que como un cordero inocente reincidía en su entra a la Jerusalén Pecadora, renovando la promesa de no dejar al hombre solo hasta el fin de los tiempos, y que, un día, y para ese siempre, había pactado con sus hijos en un manso río galileo llamado Jordán...

Cuarto

... Las voces se apagaron y aquel día, el siguiente día, pronto estaría al llegar. El mortecino paso del sol por el horizonte hastiado, apenas podría anticipar su arribo.

Entonces, los hombres, organizados en pequeños grupos comandos atacarían los Centros de Oxigenación custodiados por los autómatas. Sería una operación única a ejecutar en el mismo instante en todo el Planeta...

Ese día fue llamado, el “Día Rojo”, porque los días sólo serían rojos a partir de aquel momento...

--- ¡Maniel!, ¡Maniel...! -gritó la mujer de los últimos días.

El hombre joven y esmirriado se detuvo. La extrema delgadez de su porte se agigantó a causa del pánico que, secretamente, quemaba sus entrañas.

Agitado, giró el rostro con rapidez hacia la sombra cuya silueta ensombrecía la débil fuente de energía del primer Centro de Oxigenación que habían capturado a los Amos, pero sin dejar de apuntar su arma contra quien intentaba, con sigilo, darse a conocer.

Ahora era de noche; la primer noche del Día Rojo. Una noche donde la atmósfera seguía alimentando su secular herrumbre con millones de moléculas irrespirables y el rayo lunar, debilitado por la constante formación de nubes de anhídrido carbónico, azufre y plomo, daba un aspecto terrible al beduino danzar de aquel aquelarre de sucias partículas...

--- ¡Ah!, eres tú... ¿Pero qué haces en zona restringida? Podría haberte... Vamos... -dijo el joven reconociendo a la mujer.

Y rápidamente penetraron en un subsuelo de la estación conversora de oxígeno; en aquel lugar yacían como momias egipcias los cadáveres de los autómatas destruidos durante la invasión, y había como un ejército de humanos recuperando sus piezas más valiosas para transformarlas en editores de información o armas tecnotrónicas de gran poder de fuego.

No era muy grande aquel agujero cavado bajo la superficie de la explanada principal del Centro de Oxigenación, y, de hecho, estaba agónicamente iluminado por unas nerviosas lumbreras eléctricas. Había mesas y sillas de exquisito diseño antropomórfico, pero en mal estado. Había pistolas desconocidas adormiladas en decenas de armarios empotrados en los muros del sótano, y un círculo de cabinas oblongas donde seguramente los autómatas chequeaban sus sensores y alimentaban sus registros informáticos.

El grupo que comandaba Maniel sólo atinó a un vistazo fugaz de la aparición del líder acompañado de Gina y un pequeño bebé en brazos. Todavía Gina no sabía si su destino estaría escrito como le había sido anunciado en el tenebroso sueño de la vigilia anterior(2), donde se veía muerta por el aséptico disparo de un autómata celador del Centro de Oxigenación al había intentado en vano penetrar, como en una pesadilla, en busca del comprimido vital, y dando así la vida por su hijo y por Maniel...

Sabía que su heroísmo de mensajera la llevaba a la audacia, y ésta, las más de las veces, a la imprudencia, y...

--- ¡Maniel!, insistió luego con el rostro aún bello pese al agónico desgajamiento que lo estriaba por la falta de oxígeno.

--- ¿Qué ocurre? ¡Habla! -dijo Maniel con dureza en tanto arrancaba al niño de un tirón de los brazos abatidos de su esposa.

Ahora sí aquellos hombres agotados, delgados, sucios y enrojecidos por la tos, no sólo prestaron atención sino que abandonaron sus tareas y rodearon a la pareja.

--- Algo terrible, Maniel. Algo... terrible.

--- ¡Dí, mujer! ¡Por Dios!, ¿qué información...?

--- Los Amos... -balbuceó la niña-joven-esposa-mensajera.

--- ¿Qué pasa con ellos? -preguntó Maniel sumamente exasperado- ¿Es que acaso no estamos derrotándolos?

--- Claro. Por eso es que...

--- ¿Es que “qué”? -demandó en un grito haciendo que el pequeño Fermín explotara en llanto. Sabía que como líder no podía perder la paciencia ante sus subordinados, pero lo que presentía le cerraba toda posibilidad de control mental.

--- ¡Ya! ¡Habla de una vez...! -y se arqueó de súbito tosiendo con ferocidad, y ahogando el sollozo que dilataba la respuesta de su mujer...

--- ¡Se han vuelto locos! ¡Los Amos se han vuelto locos! -espetó de pronto ésta y trató de hacerse de nuevo del aterrado Fermín. Maniel se resistió, y Gina cayó de rodillas transida por las lágrimas y el miedo...

Dos hombres la ayudaron a ponerse en pie. La mujer tenía un aspecto espantoso. Aparte de los andrajos que la cubrían y de la aparente fealdad que denotaba, no fueron sino aquellas lágrimas como de sangre las que enlodaron su mirada de angustia y desenredaron una por una a sus precoces arrugas...

--- ¡Tranquilízate, mujer!¡Siempre estuvieron locos!¡Por eso luchamos contra ellos! -dijo Maniel al abrazarla con firmeza consoladora.

Pero ella, insistió:

--- ¡Maniel!, escucha... -comenzó diciendo ella y se apartó de su esposo- ¡Escuchen todos! -ahora su voz era como tan cruel como lo que habría de anunciar...

--- ¡Nos han lanzado una proclama!

--- ¿Una proclama? -preguntó alguien del Comando Azul. Luego tosió ásperamente.

--- Sí -respondió Gina-. Una proclama...

--- ¿Y qué dice? -inquirió Maniel.

La mujer suspiró hondo, apretó los puños y quedó como muda, desorbitados los ojos y con la boca abierta en suspenso, mientras una espesa baba le circuía la comisura de los labios resecos... Pareció que iba a perder el sentido. Se tambaleó, y sólo los brazos de Maniel impidieron que cayera al suelo como un saco roto.

--- Ven, mi amor. Vamos a sentarnos... Tranquila. Ya pasa. Todo pasa... -la arengó con dulzura.

Después, ordenó a uno de los soldados que trajera un vaso de agua... ¡Al tope!, gritó.

La depositaron suavemente en uno de los extraños sillones metálicos del sótano. En seguida le dieron a beber el agua con un comprimido amarillo. Luego, trajeron un mascarón de auxilio, se lo aplicaron diez segundos y le inyectaron oxígeno puro. Entonces Gina pareció reanimarse e intentó adoptar una postura normal, separando de las rodillas a su cabeza vencida por la falta de presión sanguínea.

Fue un instante gravemente crítico para el grupo que, aunque sin demostrarlo, había estado gozando de las buenas noticias que llegaban del resto del Planeta acerca de los buenos resultados de la operación programada.

--- Despacio. No te agites. Cuéntanos: ¿qué dice la proclama? -le insistió ahora suavemente Maniel.

La niña-joven-esposa-mensajera un tanto anciana, tragó saliva, y en un tono bajo y pausado de voz, dijo:

--- Ellos dicen..., dicen que si ustedes se rinden de inmediato, todo será olvidado... Prometen que no tomarán represalias, excepto con los cabecillas de la revuelta. Los demás podrán reintegrarse a sus trabajos sirviendo a los autómatas, y todo volverá a la normalidad...

--- ¿A la normalidad...? ¿Pero de qué hablan malditos cerdos asesinos? -protestó Maniel.

--- ... Pero si no lo hacemos -continuó la mujer-, si no nos rendimos, los Amos desintegrarán el Planeta y escaparán a las estrellas... Afirman que ya están en condiciones de hacerlo. Y que no dudarán.

--- ¿Desintegrar el Planeta? ¿Destruir nuestro mundo? ¿Nuestro hogar en los cielos? ¿¡Más de lo que ya lo han deshecho!? Esto sí que es cómico... -agregó el segundo comandante del grupo.

--- ¿Y que más Gina; qué más dicen? ¿Cómo lo harán? ¿Qué plazo tenemos para decidir? -demandó Maniel.

--- Ellos dicen que tienen una hora para rendirse. El tiempo que estiman suficiente para lograr una comunicación y convencer a todos los demás grupos comandos esparcidos por la Tierra y aún en acción. Y tú eres su Comandante en Jefe, Maniel, tú...

La tos la devolvió al silencio. El ambiente del refugio ardió de tensión y, los demás hombres, también enmudecieron al unísono de la impotencia que les había arrebatado toda esperanza de triunfo.

La amenaza proferida por los Amos podía ser sólo una mentira. ¿Pero quién podía asegurar que ellos ya no hubieran alcanzado los medios para huir hacia...?

Entonces, la mujer prosiguió...

--- Si no rindes tus fuerzas, ellos pondrán en funcionamiento el mecanismo atómico que oculta cada refugio de cada Centro de Oxigenación, y el Planeta, en unos segundos, sólo será una mota de polvo vagando por el cosmos...

--- ¿... que oculta cada refugio de cada Centro? Pero, ¿de qué hablan? ¿Quiere decir que bajo nuestros zapatos tenemos al Angel Exterminador asomando las uñas? Pero, ¡muchachos!, ¡revisen!, ¡busquen!, ¡oraden!, ¡comprueben si es cierta esta patraña!

Sí, los Días Rojos habían llegado.

Los más rojos.

Y traían en sus vientres de sangre y fuego, cenizas de Días Grises...

ADRIAN N. ESCUDERO - Santa Fe (Argentina). Texto ajustado al 03-12-2005. Su versión original (1975) integró la primera edición del libro de cuentos este autor: "LOS ÚLTIMOS DÍAS" (Ediciones Colmegna S.A., Santa Fe-Argentina, mayo de 1977, págs. 27/31.

Breviario curricular del autor: Nacido en SANTA FE (ARGENTINA) (1951) - Autor de los libros de cuentos éditos “LOS ULTIMOS DIAS” (Edito, 1977); “BREVE SINFONIA Y OTROS CUENTOS” (Edito, 1990) y “Doctor de Mundos I - EL SILLON DE LOS SUEÑOS” (2000), continuado en saga con “Doctor de Mundos II - VISIONES EXTRAÑAS” (Inédito, 2005) y “Doctor de Mundos III” - LOS ESPACIALES (en desarrollo); así como, entre otros, de los libros de cuentos inéditos “NOSTALGIAS DEL FUTURO” - Colección Fantástica (Inédito, 2004); “MUNDOS PARALELOS y Otros Cuentos para un Semáforo” - Colección de Realismo Mágico (Inédito, 2005); “EL EMPERADOR HA MUERTO y Otros relatos” (Colección La Abadía) (Inédito, 2005); “LA TORRE DE LOS SUEÑOS (O los Sueños de la Torre) - Colección Onírica (Inédito, 2005) y “DESDE EL UMBRAL - Terrores Cotidianos y de los otros” - Colección de Horror (en desarrollo); todo sobre relatos inscriptos bajo registro en la Dirección Nacional del Derecho de Autor (Ministerio de Justicia y Culto de la Nación). Domicilio particular: Obispo Gelabert 3073 - (3000) Santa Fe (Argentina) - Te.: (0342) 455-4811 - E.mails: anescudero@gigared.com y adrianesc@hotmail.com.-

P.-S.

(1)- Remite al libro de este autor denominado “DOCTOR DE MUNDOS I - El Sillón de los Sueños” (Editorial Vinciguerra S.R.L., Buenos Aires-Argentina, 2000, pág. 25 y cc.), donde principiara a nivel de saga la temática apocalíptica y metafísica en torno al misterio cristiano de la “Parusía” o Segunda Venida de Cristo para el Juicio Universal de los hombres, pero cuya base encuentra fundamento precisamente en su primer libro titulado “LOS ULTIMOS DÍAS” (Ediciones Colmegna S.A. - Santa Fe, 25 de mayo de 1977), ahora con texto ajustado (año 2005) para una segunda reedición gráfica.

2- Remite al relato que, con el título de "LA MUJER (De los últimos días), fuera publicado por MUNDO CULTURAL HISPANO en su edición virtual del 12 de noviembre de 2005; y cuya lectura recomendamos. En realidad, LOS ULTIMOS DIAS constituyen una tetralogía de carácter apocalíptico, conformada por los siguientes relatos: LA MUJER, LOS DÍAS ROJOS, LOS DÍAS GRISES y EL HOMBRE. Estos dos últimos trabajos serán publicados en las próximas semanas, a fin de completar dicha expresión literaria.-

De este modo, la presente versión se presenta a título protémpore de la citada saga fantástica.-

Este artículo tiene © del autor.

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