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"ALGUNAS MUJERES"

Sobre el libro de relatos de Harmonie Botella

César Rubio Aracil

España



Mujer, pide cuentas también al Dios que te ha creado, y no sólo al macho que te maltrata. Exige a la Iglesia que te devuelva el alma que te negó en no sé qué Concilio.

El libro de Harmonie Botella, cuyo título encabeza este escrito, adolece de un "defecto": su fuerza narrativa, desgarradora, capaz de, en mi caso, sustraerme al placer de saborear la palabra como a mí me complace: deleitándome con sus compases. El cuerpo del relato, dividido en dieciséis narraciones -la primera, novela corta-, no deja de ser, aunque de prosa se trate, un canto elegíaco a la mujer explotada. Porque Harmonie dibuja la palabra con los trazos poéticos de un alma enferma de amor, utilizando pinceles impregnados de una fina tristeza que me recuerda a la melancolía. Con cuánta ternura, pese a la crudeza léxica, “Un timo en cada esquina” (“Ojos que se abren”), mima a sus personajes femeninos, incluyendo su propia tragedia, en un pandemónium de infinitas voces airadas -rebelión de la Justicia- clamando por su libertad. Qué dolor el de la escritora, inmersa en el infierno de los espíritus puros, párrafo a párrafo y línea tras línea denunciando el torticero trato a la mujer. Atropello no sólo atribuible al varón (ahí está el cuento “Los girasoles” para corroborarlo), sino también a la dama de sangre gótica, muestra representativa de la mujer "sarmiento", que recibe, hastiada, las disculpas de la campesina Enriqueta: “Sí, señora. La señora tiene razón. Que me disculpe la señora” “Que me disculpe Dios”, hubiese escrito yo, “a quien debo el tormento de haberme creado para contemplar Su obra”.

Dada mi naturaleza destemplada ante la injusticia, hubiese hecho uso del epíteto para descalificar ciertas actitudes humanas, dirigidas contra la mujer con el consentimiento social -hoy, por fortuna, menos acusado-, que la denigra hasta alcanzar cotas insospechadas. Sin embargo Harmonie, consciente de su deber como escritora, desestimando calificativos agrios, prefiere la perífrasis. Así, en “Ojos que no ven”, leo: “¡Qué poco les importa la opinión de estos millones de Españoles que dicen no a la guerra! ¡No a la guerra, sí a la paz! Palabras e indignación que se las lleva el viento. No somos nadie. Sólo mandan los dirigentes haciendo caso omiso de la voluntad del pueblo”. No sé cómo, yo hubiera empleado menos palabras y, sin excederme, habría clavado algún que otro dardo ponzoñoso en el alma de la oración gramatical. Un hierro envenenado, capaz de despertar en el lector la rebeldía que lleva anestesiada en los repliegues de sus arcanos.

He leído el libro de Harmonie, mas debo emprender una segunda lectura. No me conformo con la excitación que me han causado sus letras. Ahora necesito recrearme en la palabra, balancear mi sensibilidad en las imágenes poéticas de su obra; clavar mis incisivos allí donde el vocablo pueda desentonar; sopesar los valores literarios y, con indulgente mesura -como prefiero que se haga con mis creaciones-, criticar a la escritora amiga que me ha hecho vibrar. A veces, de cólera; en ocasiones, de gozo espiritual, y, en ciertos momentos -en esos instantes en que dejamos de ser humanos para transformarnos en flor-, de alegría ante la esperanza de un mundo más justo. El sentimiento de Harmonie, su implícita poesía, y no menos el arte narrativo con que nos subyuga, merecen de los amigos el obsequio de una rosa integral: también con sus espinas.

No sé cuándo -aunque espero de Harmonie una clara respuesta-, llegará el día en que nuestra excelente escritora nos hable sobre la tragedia del varón emparejado. De ese hombre que, navegando en el proceloso mar de la injusticia, sufre las consecuencias del ominoso poder que aún ejerce sobre la mujer. Porque el macho -expresión biológica, no peyorativa- también padece. No por deseo propio, muchos de ellos, obligados por las circunstancias, dejan de ser personas para convertirse en fieras. Mas si a los culpables nos dirigimos, escarbemos también en el Antiguo Testamento.

En síntesis, debo manifestar mi satisfacción por haber encontrado, ¡por fin!, un texto de relatos que me ha mostrado nuevas facetas sobre el amor. De él estoy aprendiendo, y del mismo sacaré provecho para comprender más a fondo el sacrificio de la mujer.

Harmonie, ¡cuánto agradezco haber leído tu libro, rebosante de calidad y de humanismo!

Augustus.

Este artículo tiene © del autor.

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