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Lo que natura non da... Salamanca non data

Meria Albari (Antonio Tortosa Sánchez)

España



Uno que ya casi ha perdido la década de los cincuenta, que tiene una inteligencia normalita que sólo le ha servido para obtener un doctorado en Medicina y Cirugía, que vive en una población que no llega a los treinta mil habitantes, que no cuenta con grandes consejeros(solamente su mujer y sus hijos a los que conviene escuchar por pequeños que sean), unos pocos amigos, pero selectos...;en fin, para no cansar, una persona de lo más vulgar y corriente, no termina de salir de su asombro y de hacerse un millón de preguntas.

Si tienen un poco de paciencia, y si siguen leyendo, se lo aclaro. Me refiero al desastre de Nueva Orleans. La administración norteamericana nos tiene acostumbrados, entre otras muchas cosas, a las sorpresas y sobresaltos, pero esta vez  creo que ha sobrepasado todas las cotas.

No es una novedad el que esta hermosa ciudad sureña está construida bajo el nivel mar, (no es la primera que lo está,  existen incluso naciones en estas circunstancias) y  bajo el del los lagos que la rodean y, por tanto, que en ella haya diques de contención necesarios para no quedar inundada. Se entiende que estos deben de tener una vigilancia exhaustiva y un mantenimiento continuo, de su buen estado depende no solo la vida de la ciudad sino, lo que es más importante,  la de sus ciudadanos. Esto lo saben muy bien los holandeses, claro, que como son europeos no deben de ser muy inteligentes...
Tampoco es una novedad que el final de verano y el principio del otoño esa zona es azotada por huracanes que son estudiados (velocidad, dirección, fuerza etc), con días de antelación. Las alarmas habían saltado y, antes de que sucediera, se hablaba de desastre. Cierto es que su magnitud ha sobrepasado, con creces, a las previsiones mas pesimistas.

Uno no entiende la falta de reacción, de sensibilidad y, si quieren, hasta de oportunidad política  -ya he dicho que soy corto de entendederas- del  presidente de la nación mas poderosa del mundo que no dudaba en firmar penas de muerte, cuando era gobernador, que presentó ante su nación, ante el mundo, pruebas falsas para justificar una guerra. Un presidente que ahora ha tenido que mandar a su Secretaria de Estado a que convenza a esos europeos (que tanto desprecia en su fuero interno) que no es verdad que existan cárceles secretas donde se tortura. En realidad no hace falta, los ciudadanos de a pie, los que no necesitan guardar las apariencias y que no tienen que ocultar trapos sucios, les basta  la muestra de Guantámano. Por cierto que la señora Rice, si bien ha admitido -y no es poco- que se “pueden equivocar”, sin embargo, no ha negado la existencia de esas cárceles.

Hoy, en la segunda página del País, leo que la bella Orleans aún no tiene luz eléctrica,  que el 60% de su población sigue desparramada por otros estados, que a la caída de la tarde, cuando el sol  desaparece, solamente quedan en ella unos 50.000 habitantes -los que no se han podido marchar, los obreros menos cualificados-, que siguen apareciendo cadáveres, que el olor en algunas zonas es insoportable (veremos lo que pasa no cuando lleguen los calores del verano sino, simplemente, cuando llegue la primavera).

Los telediarios de ayer nos mostraban como la gente de Nueva Orleáns había salido a la calle a ritmo de Jazz, no podía ser de otra manera siendo su cuna, a reclamar esas ayudas que le prometió bajo los focos, alimentados por generadores, que iluminaban su Catedral, un presidente que tardó tres días en ir a ver lo que había hecho el huracán Catrina. Posiblemente su tardanza fuera debida a que tuvo que esperar a  que su Secretaria de Estado terminara de hacer sus compras -en la 5ª Avenida, ¡por supuesto!- y  de asistir a ese concierto -añoranza de cuando quiso ser pianista-, para que le informara de este desastre. Labores, todas ellas, muy propias de su cargo y que requieren un gran esfuerzo tanto intelectual como físico.
 
Supongo que en su informe indicaría que el 25 % de la población era de color y que de ésta casi un 80% vivía en los umbrales de la pobreza. De paso, incluiría también,  -no hay que olvidar que la Sra. Rice es de Luisiana- en ese hipotético informe, a modo de ilustración, que en los lejanos días anteriores a la guerra de Secesión había en esta ciudad una población de color que rondaba los 18.000 habitantes. Población que para pasmo de algunos -incluyendo alguna que otra mamá- además era libre. Si, como digo, LIBRE; se la llamó, se le sigue llamando en los libros de historia (que no sirven para nada): “gens de couleur”. Es cierto que eran descendientes de concubinas negras, de esclavas negras, y de europeos -españoles y franceses-; pero, no es menos cierto que de entre ellos surgieron escritores, poetas, inventores, científicos, comerciantes, artesanos, mecenas, formando un núcleo social más culto, en algunos casos, que el de la población blanca.
La iglesia de Ste. Augustine que aún existe en la Isle de Brevelle se debe a uno de estos ”negros”. Otra de las curiosidades, que debe incluir, es que L'Album Littéraire, publicación de prosa y poesía, empezó a publicarse allá por el 1843 por estos descendientes de esclavos. Datos que no le deben suponer ningún trabajo encontrar a una persona que ya demostró en su Tesis Doctoral, sobre la Unión Soviética, una especial habilidad para labores de este tipo; incluso llegó a aprender ruso.

Pues bien, como decía al principio, a estas alturas, más de cien días que es lo que se suele dar de plazo como cortesía política, sigo en un estado de asombro
 ¿Es posible que la nación más poderosa del mundo, la más rica, la que dispone de la mejor tecnología, no haya sido capaz de llevar luz eléctrica a esa ciudad? ¿Cómo hay que entender esto? ¿Será que la población que ha quedado es una población de segunda y no es interesante para conseguir votos? Debe ser así por que la que disponía de medios propios, de coches, de gasolina y dinero tuvo la oportunidad de salir antes de la llegada del Catrina. Los demás  tuvieron que tomar autobuses, los más afortunados, y otros ni siquiera esto.

Espero y deseo que la administración Bush tenga por lo menos la vergüenza de mandar velas aunque no sean de cera, que son más caras, para iluminar estas largas noches de invierno. Bueno si este desembolso no le supone un desequilibrio y una merma de los “cuatro dólares y medio” que le cuesta esa Santa y Justa Cruzada que es la guerra de Irak.

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