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Violencia en Argentina (XXXVII): La ley del más prepotente

Carlos O. Antognazzi

Argentina



Argentina no cambia ni progresa porque los argentinos nos atamos a una idiosincrasia enfermiza, de próceres intocables, leyendas a medida, ciudadanos endiosados hasta el hartazgo y una ley elástica, de sentido único, que castiga sólo a un sector. El fenómeno no es prioridad nuestra, pero más nos vale corregir errores propios que ocuparnos de los de afuera: el idólatra piensa que el ídolo tiene respuestas para todo, desde la época de lluvias a la economía, desde política internacional a un hijo bastardo. Y el ídolo lo cree y se convence de que no sólo la suya es la mano de Dios, sino que también su persona encarna a la pitonisa posmoderna.

Violencia en Argentina (XXXVII):

La ley del más prepotente

Argentina no cambia ni progresa porque los argentinos nos atamos a una idiosincrasia enfermiza, de próceres intocables, leyendas a medida, ciudadanos endiosados hasta el hartazgo y una ley elástica, de sentido único, que castiga sólo a un sector. El fenómeno no es prioridad nuestra, pero más nos vale corregir errores propios que ocuparnos de los de afuera: el idólatra piensa que el ídolo tiene respuestas para todo, desde la época de lluvias a la economía, desde política internacional a un hijo bastardo. Y el ídolo lo cree y se convence de que no sólo la suya es la mano de Dios, sino que también su persona encarna a la pitonisa posmoderna.

En el país de los ídolos los políticos son actores que emulan la idolatría idiota y alimentan el ego exagerado de personas incapaces de manejarse a sí mismas con un mínimo de cordura, civismo o ética. Médicos como Borocotó o Socolinsky balbucean sandeces en cámara y el Colegio de Médicos no los reprende; religiosos como Storni o Grassi “ayudan” a los niños con actos reñidos con la moral (por usar una frase eufemística; en realidad se trata de pedófilos y pervertidos a los cuales el Vaticano apaña con cristiano perdón y santa negligencia); intelectuales que delinquen con mayor o menor apoyo de la editorial de turno (los editores sabían lo que estaban haciendo), como Piglia y Bucay. La metáfora nacional es la de la chantada. No debería sorprender que las elecciones recaigan en otros vivillos, o que predomine lo emocional por sobre lo racional.

Dime con quién te relacionas

Kirchner continúa acercándose a Venezuela, dejando de lado a países más serios. Elegir a Venezuela supone, además, un roce innecesario con Estados Unidos en un momento en que Hugo Chávez ha tratado a George W. Bush de «loco y genocida». Si elegir mal es un yerro, hacerlo en un mal momento es todavía peor. Kirchner lo hace con una impavidez que asusta. ¿Lo comprenderá o, ciego por las ínfulas del poder desmedido, ha caído ya en el cono de sombra de su propio mesianismo?

Una comparación entre México y Venezuela ilustra con números esto que escribo: México exporta 189 billones de dólares, tiene 16 billones de dólares en inversiones extranjeras, la renta per cápita es de 6770 dólares, el desempleo es del 3,4 %, la población pobre representa el 39 %, la inflación anual es del 4,6 % y la cifra de riesgo país es 119. Venezuela, por su parte, exporta 40 billones de dólares, tiene 1,6 billones de dólares en inversiones extranjeras, la renta per cápita es de 4020 dólares, el desempleo es del 16 %, la población pobre representa el 54 %, la inflación anual es del 17 % y la cifra del riesgo país es 315. Las exportaciones de México se triplicaron cuando se sumó al Nafta, el área de libre comercio que incluye a Estados Unidos y Canadá. Además, hoy el 84 % de sus exportaciones son de productos manufacturados (cfr. Ruth Costas, La economía en el ring. Revista Noticias, 26/11/05, p. 124).

Las cifras son elocuentes. ¿Por qué Kirchner no procura acercarse a México, máxime cuando Fox se interesó por integrar el Mercosur? Hay que buscar una posible respuesta en la ideología: Kirchner pretende reflotar el credo trasnochado de los setenta, con una izquierda utópica y combativa. En su esquema Estados Unidos es el caos, y México aprueba abiertamente al ALCA. Kirchner se obnubila con recetas fallidas, y pierde la visión pragmática y el razonable peso de los números. Argentina está lejos de posicionarse como un país importante en Sudamérica, pese a que tiene elementos con qué hacerlo. Perdemos oportunidades sin saber si volveremos a tenerlas.

Hasta ahora Chávez no ha mostrado una veta racional y equilibrada. Además, mientras el valor del petróleo subió desde que asumió la presidencia, esto no tuvo su correlato distributivo en la población, ya que la pobreza se incrementó un 25 %, el desempleo el 5 %, la deuda pública casi se duplicó, la inflación trepó del 11 al 17 % anual y cerraron la mitad de las industrias (cfr. Ruth Costas, art. cit.). La distancia entre los discursos y los hechos es real. Pero mientras a las palabras se las lleva el viento, los dramas de la gente quedan doliendo.

Una prueba más: en las elecciones legislativas del 04/12/05 Chávez volvió a ganar, pero hubo un 75 % de abstención (el voto no es obligatorio en Venezuela) y la oposición no se presentó al comicio ante las dudas sobre su legitimidad. Esta es un arma de doble filo; como ha manifestado el sociólogo Tulio Hernández, la oposición deberá revisar su estrategia pues al no participar está avalando la «autocracia y (el) totalitarismo». Cuesta entender a un Presidente que se autodefine como «socialista y de izquierda» y se considera un «católico devoto». Un poco como Lilita Carrió, que lee las escrituras como si se tratara de un oráculo. Incongruencias demagogas para quedar bien con todos antes que una posición intelectual firme.

Nueve días

El paro de Aerolíneas Argentinas tuvo una particularidad típica del tercer mundo: su ideólogo es Ricardo Cirielli, titular de APTA (Asociación de personal Técnico Aeronáutico), y simultáneamente funcionario del Gobierno. Ocupa la Secretaría de Transporte Aerocomercial, y sus jefes políticos son Kirchner y el ministro de Planificación Federal, Julio De Vido.

Cirielli se opone a la cúpula española propietaria de Aerolíneas Argentinas. La puja parece ser por reestatizar la empresa, algo absurdo porque Aerolíneas Argentinas no fue concesionada: fue vendida y comprada por capitales españoles. Es privada. El Gobierno sólo se ha reservado poco más del 1 % del paquete accionario. Además, sus legítimos dueños no desean desprenderse de la empresa.

¿Con qué cara Kirchner y su séquito de inescrupulosos puede responder cuando uno de sus propios funcionarios (que, por si fuera poco, sigue ocupando el cargo) alentó el paro? El Gobierno ha sido juez y parte en esta tragicomedia en donde, una vez más, los ciudadanos fueron vapuleados. ¿No es viable pensar que el Gobierno avaló el paro al no intervenir contra un funcionario díscolo? Es preocupante que el Gobierno estimule, por negligencia, el incremento de la barbarie, y que luego termine cediendo a las pretensiones de los huelguistas. ¿Se boicotea el Gobierno a sí mismo? ¿O hay algo más en la penumbra de los hechos? Como a Kirchner no le simpatizan los funcionarios independientes, es posible imaginar que Cirielli contaba con su visto bueno.

La ley es para otros

Frente a este panorama la ciudadanía esperó que se castigue a los responsables. Pero se anularon los 373 despidos, no se les sacó la personería jurídica a los gremios de paro, se retiró la presunta multa por más de diez millones de pesos por no acatar la conciliación obligatoria, y además se les entrega en forma no remunerativa hasta 1000 pesos a cada huelguista. Así, los gremios que tomaron como rehenes a miles de personas en Ezeiza vencieron en toda la línea. Todo esto, incluso, sujeto a nuevas discusiones dentro de 90 días. Una vez más la ley es para los otros: los giles, los ciudadanos comunes, los que carecen del poder que este Gobierno (más que otros) les ha otorgado a los gremios y piqueteros, los que votan y son burlados por los mismos votados. El Gobierno dio la espalda a miles de personas que perdieron sus combinaciones (otro Gobierno de idéntico signo hizo lo mismo con el “corralito”: amparó a los bancos y no a los contribuyentes). ¿Alguien querrá venir a conocer la Argentina? ¿Con qué promesas puede el Gobierno salir a pedir inversiones? ¿Qué panorama se brinda dentro y fuera del país?

La ley fue ignorada y nadie se hace responsable. Hay artículos precisos que delimitan el ejercicio legal de la protesta, y que incluyen, para evitar daños a terceros, planes de vuelos básicos. Nada fue cumplido. Los rehenes, de esta manera, han sido doblemente castigados. Primero, por los huelguistas. Luego, por el Gobierno. Los juicios que se prevén contra la empresa deberían ser derivados, también, contra el Gobierno, por su anuencia y obsceno favoritismo con los delincuentes.

La imagen que dio Argentina al mundo es una vergüenza que exige responsables políticos. Pero si en algo se caracteriza la Argentina de los últimos años es que los “responsables” son meros fusibles de un sistema aceitado en donde Kirchner se equivoca, pero pagan otros: Béliz con sus denuncias sobre la SIDE; Lavagna con sus denuncias sobre De Vido; Bielsa acusado públicamente de haber errado una campaña que no quiso ni organizó.

La ley de la selva se ha trocado en la Ley del Más Prepotente. El poder real está en otra parte, o bien la complicidad del Gobierno con el delito lo vuelve tan estafador como a los gremios. ¿Sabrá explicar Kirchner el ambiguo papel de Cirielli? ¿Es creíble un Presidente que cobija al mentor del peor paro que haya habido en Argentina en las últimas décadas y que, además, tiene por ganadores a los que protestan en detrimento de los ciudadanos?

El descontrol de la inflación no puede ser la válvula de escape del malestar presidencial. Fue votado para que Gobierne, no para que delinca con sus amigos. En las democracias responsables impera la ley de la Constitución, y todos los ciudadanos, comenzando por quienes deben dar el ejemplo, que son los funcionarios, la aceptan y respetan. Kirchner y su grupo de obsecuentes aún no lo ha aprendido.

© Carlos O. Antognazzi.

Escritor.

Santo Tomé, noviembre/ diciembre de 2005.

Publicado en el diario “Castellanos” (Rafaela, Santa Fe, República Argentina) el 09/12/2005. Copyright: Carlos O. Antognazzi, 2005.

Este artículo tiene © del autor.

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