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ES NAVIDAD

Carmen María Camacho Adarve

España



ES NAVIDAD

Vivo en una gran avenida, repleta de gete, trafico, centros comerciales, tiendas, bares, una bulliciosa zona. Ya luce toda ella brillantes guirnaldas de luces de colores, estrellas, renos, trineos, cuelgan por encima de los semáforos de extremo a extremo de la avenida. Las tiendas todas están llenas. En cada entrada un papa Noel, agitando una campanilla de abajo arriba en una mano enguantada en blanco, en la otra porta una cestita de caramelos que reparte a los viandantes al grito : ¡jul, jul, jul,¡ ¡feliz navidad¡ Asustando a muchos chiquillos y admirando a otros que no comprende, como papa Noel, es tan mágico que esta en todas partes. Hasta trepando por las ventanas se le puede ver. Si es la magia de la navidad.

Entro en el centro comercial más populoso y más caro de la avenida. Si no me equivoco, en la planta baja se vende ropa interior, productos de aseo y de higiene. Pero no esta la han cambiado a la primera planta por la navidad todos los productos de primera necesidad han desaparecido como avergonzados ante tanto glamour, ellos no piden competir con tanto brillo y lujo. Si puedo comprarme una braguitas llenas de diminutas lucecillas de miles de colores que se apagan y se encienden. Y gorros de Santa con sus luces qué culmina con una luz mayor en el pompo blanco de la punta, da ráfagas de luz amarillenta con intermitencias como una ambulancia.

Suelen salir, adultos, jovenetes, niños, en Noche buena, (tras la cena navideña) con sus gorros de fieltro rojo, sus luces, y como guinda una pompa amarilla remata sus cabezas. Llenan las aceras con sus gorritos con intermitencias, cuando se encuentra con otro grupo se gritan: ¡jul, jul, jul, feliz navidad¡

Atravieso la planta baja y busco las escaleras mecánicas por megafonía no dejan de sonar villancicos, “Noche de paz”...
A mí derecha veo unas estanterías. Hay lociones, champús, espuma de afeitar, cremas para la piel, artículos de bebe, papel higiénico, bastoncillos de algodón. Todo mezclado de manera provisional. Hago un giro y me meto por el pasillo de productos de limpieza; insecticidas, plumeros mágicos, bayetas.

Vuelvo a pensar, estoy en este mundo sin mi consentimiento.

- Me gustaría que justo aquí en medio del centro comercial se me acercará un ángel y me preguntase si es mi deseo estar en este mundo. Y le haría muchas preguntas sobre que quiere decir con exactitud “el espíritu de la navidad” ¿Qué cosa es? ¿En que consiste?

¿Se trata de comprar y comprar de forma convulsiva cosas incesarías en la mayoría de los casos? Solo necesito un ridículo cepillo de dientes y es mas me están entrando ganas de no pasar por caja, y unas braguitas. Claro que tendré que pararme entre cientos de modelos y escoger entre veinte antes de decidirme por el más barato.

Durante todo este tiempo no se me ha acercado el ángel nadie me ha apartado a un lado para preguntarme si alguna vez di mi aprobación para deambular por los centros comerciales y si realmente captó “el espíritu de la navidad “mi pregunta sigue sin respuesta tan sencilla como ¿tu realmente has escogido la navidad?

Ahora veo aparecer una mujer joven apoyándose en dos muletas. Coge dos paquetes enormes de pañales infantiles y sigue su camino. Esta escena me devuelve a la realidad, como si al ver otra persona en peores circunstancias que las mías me conviértase en una mujer miserable por tener este tipo de pensamientos. Despierta en mí la idea de portarme como una mujer buena saco del bolsillo de mi abrigo el cepillo de dientes con la intención de pagarlo. La idea es aceptable a mi no me ha aclarado nada.

La mujer de las muletas se aleja. Nuevamente desearía expresar mi falta de conformidad por estar en este mundo. Hago cola en una de las cajas, disimulando saco el cepillo de dientes del bolsillo y lo llevo en la mano. La cola avanza muy lentamente.

Al mirar a mí alrededor descubro a Miguel de la Rocha, un antiguo amigo, periodista sin trabajo, al que en una ocasión le preste una suma importante de dinero que nunca me devolvió, supongo que de esta forma se pierden muchas amistades.

Va desaliñado y con los zapatos polvorientos. Se acerca hasta la sección de perfumería prueba diferentes colonias y perfumes; en las manos, en las muñecas, en los brazos. Cada vez presiona un pulverizador distinto, ¡flux, flux¡

- ¡Dios Santo¡ me digo...

Se ha transformado en un espectro. Una de esas personas que se perfuman gratis en los centros comerciales un hombre pulverizador. Probablemente nunca encontrara trabajo, ni podrá pagar sus deudas.

Si en este momento el me mirase, pensaría de mi, que soy piadosa. No sucede. Mi amigo no deja de abrir frascos de perfume rociándose toda la ropa. No se percata que hay varias dependientas riéndose de el. Debería protegerle, acercarme a las vendedoras y llamarles la atención. No puedo. Ya que también yo me estoy burlando en un el. Desde los altavoces de arriba no deja de sonar “noche de paz”. Vuelvo a entrar a otro centro comercial próximo para buscar chocolate a la taza quiero hacerme un chocolate en casa. Un reponedor trabaja sin descanso en su expositor de productos navideños, dulces, Chocolates, mazapán, bolitas de coco. Hay un letrero junto a la carnicería felicitando las fiestas y pidiendo a sus clientes que efectuaran ya sus pedidos ¡habían llegado los pavos navideños¡

Por los pasillos mas allá, al lado de la selección de los mejores cafés del mundo entero. Quiero recordar que había un estante de chocolates a la taza. Solo queda un paquete. Antes de llegar a tocarlo un hombre malhumorado alarga la mano y desaparece el único paquete de repente. ¡Ni siquiera se ha dado cuenta de mi presencia¡ No encuentro ni rastro de chocolate para hacerme una taza.

Los precios exorbitantes hacen que la gente de este centro comercial no compre en exceso. Pero ello no hacia efecto en la velocidad a los que entraban y salían. Cada producto era pulcramente examinado, cuando pasaba por caja, por una antipática cajera. Eso si, como es época navideña cobran vida las sonrisas, entusiasmo, incluso memoria para recordar los apellidos de algunos clientes.

Imagino lo hermoso que seria poder saltar la Navidad, un tirón de almanaque y saltar al día doce de Enero.

Ni árboles ni compras ni regalos absurdos ni aglomeraciones ni propinas ni envolturas de papel brillante ni tráfico caótico ni muchedumbres ni polvorones ni fruta escarchada ni jamones innecesarios ni fiestas familiares ni de empresa ni de amigos.

¿Es posible disfrutar de la Navidad? Sin felicitaciones, sin fiestas, sin banquetes, sin regalos, innecesarios, y absurdos. Si toda la serie de cosas que por alguna extraordinaria razón. Se asocia con el nacimiento de Cristo.

Este artículo tiene © del autor.

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