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Violencia en Argentina (XXXVIII): El costo de la impostura

Carlos O. Antognazzi

Argentina



El paro de Aerolíneas Argentinas traerá costos en turismo y credibilidad. Si la inseguridad jurídica es uno de los caballitos de batalla con que se critica a la Argentina, este paro no ha hecho más que refrendar la idea: Argentina es una republiquita histérica, que grita mucho y hace poco, y que, por añadidura, ampara a delincuentes de distinto tenor pero similar corrupción. Dentro y fuera del Gobierno la corrupción se propaga, pues el límite primero, que es la Ley, es violado sistemáticamente. El doble discurso del Gobierno da vergüenza.

Violencia en Argentina (XXXVIII):

El costo de la impostura

El paro de Aerolíneas Argentinas traerá costos en turismo y credibilidad. Si la inseguridad jurídica es uno de los caballitos de batalla con que se critica a la Argentina, este paro no ha hecho más que refrendar la idea: Argentina es una republiquita histérica, que grita mucho y hace poco, y que, por añadidura, ampara a delincuentes de distinto tenor pero similar corrupción. Dentro y fuera del Gobierno la corrupción se propaga, pues el límite primero, que es la Ley, es violado sistemáticamente. El doble discurso del Gobierno da vergüenza.

Tiene razón Elisa Carrió cuando sentencia que la voz del pueblo no siempre es la de Dios, porque entonces habría que tomar como dioses a Hitler, Mussolini y otros impresentables. El pueblo también se equivoca, y el 23/10/05 le dio carta blanca a una corporación neofascista. No nos engañemos: el poder en pocas manos corrompe, y la corrupción en Argentina ya viene desde antaño. Lo que ahora estamos viviendo es el perfeccionamiento de un sistema que, con el amparo del voto popular, profundiza las diferencias entre hijos y entenados.

El cinismo de Bonasso

Miguel Bonasso aludió a la idoneidad moral para descalificar a Luis Patti y evitar que asuma como diputado, cargo que ganó legítimamente con el aval de cuatrocientos mil votos. Los partidos que apoyaron su impugnación son partícipes de la ignorancia de la ley. La Junta Electoral permitió que Patti se postulara. ¿Por qué no se lo impugnó antes? ¿Si la voluntad popular lo eligió, cómo puede ser que luego los “representantes” del pueblo ignoren ese mandato y se arroguen el derecho de expulsar a uno de sus pares por sospechas no comprobadas? Quienes lo votaron ya conocen a Patti. La “docencia” que pretenden ejercer Bonasso y otros es una tergiversación jurídica. En democracia es la ciudadanía quien elige y no algunos pocos adjudicándose una potestad que los excede. Esa fue la arrogancia de Montoneros y del gobierno de facto.

En un escrito de Montoneros emitido el 04/12/1979 (Ante la crisis del partido. Reflexiones críticas y una propuesta de superación) Bonasso, Daniel Vaca Narvaja, Jaime Dri, Olimpia Díaz, Pablo Ramos y Gerardo Bavio preguntaban si correspondía matar a toda la familia o sólo al indicado por la agrupación. Argumentaron que «la ejecución deliberada de niños nos descalifica ante las masas y favorece la propaganda del enemigo», y que hacerlo «cuestiona innecesariamente nuestra campaña internacional en materia de derechos humanos» (cfr. Javier Vigo Leguizamón. Amar al enemigo. Pasco, Buenos Aires, 2001. p. 318). Bonasso no adhirió al asesinato de niños no porque fuera una aberración, sino porque eso lo «descalifica ante las masas» y debilita «la campaña». Per negationen, Bonasso justificaba el asesinato de adultos como medio para llegar a un fin. ¿Con qué autoridad moral puede ahora argumentar razonas éticas para impugnar a Patti?

Bonasso y sus partidarios de los setenta se atribuyeron el derecho de matar a los que pensaban diferente y, como vemos, con Patti la disposición perdura: no se lo “mata”, pero se le impide ocupar el cargo. Además, Bonasso fue sentenciado y luego indultado por Menem; Patti nunca fue sentenciado y los jueces de la democracia lo encontraron inocente de los cargos que se le atribuían. ¿Bonasso reniega de la justicia de la democracia? Daría la impresión de que sólo acepta la ley cuando lo favorece. Es decir: como en los setenta, Bonasso se sitúa por fuera y sobre la ley, algo que lo ubica en la antípoda del espíritu democrático.

Es llamativo que se impugne a Patti pero simultáneamente se apruebe a Eduardo Lorenzo Borocotó, cuya maniobra provocó la jactancia del presidente y el jefe de Gabinete, Alberto Fernández. Ambas actitudes son favorables al Gobierno: con la primera se excluye un opositor, con la segunda se suma un diputado al oficialismo. Es lícito pensar, entonces, que detrás de esta hipocresía se oculta una artimaña del Gobierno para incrementar su poder. Bonasso no sería más que un “idiota útil”.

Cuando juró como diputado Borocotó se permitió aleccionar sobre los «sumisos» que se molestan por la «libertad» de otros. Será interesante observar con qué libertad se maneja en un Gobierno que sólo tolera la obediencia. Para este tránsfuga la libertad excluye la ética: es un fin en sí misma, que suprime las demás manifestaciones del ser humano y la equidad de los pasos para llegar al fin. Ya el marqués de Sade hizo notar que la libertad absoluta ni es libertad ni es humana, pues convierte a quien la ejerce en un monstruo esclavo de sus propios humores. La libertad requiere de cordura y un sustrato ético. Las acciones nunca son inocuas. Por eso la libertad debe ser ejercida con responsabilidad. Con sus actos y sus dichos, Borocotó ha demostrado que es un mercenario irresponsable. Y el Gobierno que lo cooptó, también. Podría “disculparse” la incultura del tránsfuga, pero, ¿cómo interpretar la del Gobierno? ¿No se equiparan Borocotó y el Gobierno desde el momento en que Kirchner salió a defenderlo por ser una persona «absolutamente digna»?

El sainete de Bielsa

El vaivén de Rafael Bielsa de diputado electo a embajador, y de embajador a diputado, es el símbolo de la chantada criolla. Quizá a su pesar, ya que es una voz mesurada dentro del Gobierno, forma parte de la barbarie cultural argentina. Fue elegido para un puesto, renuncia antes de asumir porque el Presidente le ofrece otro mejor, y renuncia a éste por un cargo de conciencia: sus propios vecinos le hicieron notar que si no asumía como diputado de allí en adelante arrastraría el estigma del caradurismo.

Este debate no menoscaba la treta especulativa. Si desde La Nación (07/12/05, p. 08) no se hubieran destacado sus frases de los últimos meses, en donde manifestaba que si lo elegían diputado asumiría porque es «un contrato moral implícito», y lo contrario sería «defraudar a la gente» y «un mamarracho», y si la misma ciudadanía no lo criticaba, todo habría seguido el curso natural: se habría burlado una vez más la voluntad popular, y el Gobierno, comenzando por los funcionarios, habría hecho lo que quiso. La renuncia encierra también una esperanza: aunque tarde y deslucido, aún se puede esperar de algún político un gesto digno. Kirchner le hará pagar la osadía. Ya comenzó al deslizar que fue el mismo Bielsa quien hace un mes solicitó ser embajador en Francia. Nadie del Gobierno se opone a Kirchner; menos aquellos en los que ha depositado su estrategia. Pero el Presidente está descubriendo que algunos peronistas no son serviles ni comulgan abiertamente con su prédica: Béliz, Rosatti, Lavagna, María Eugenia Bielsa.

También el oficialismo critica a Bielsa. Para Luis D’Elía, «tendría que haber aceptado independientemente de los costos personales que eso le generara». El filósofo piquetero dio, así, una muestra más de su irrenunciable vocación antidemocrática y patotera: no importa el sufragio, sino lo que el Presidente ordene, incluso burlando al electorado o delinquiendo. Quien se definió como un «soldado del Presidente» vive bajo «obediencia debida». ¿Qué respuesta da a los miles de ciudadanos que votaron para que Bielsa sea diputado? Para D’Elía no importan la credibilidad, la ética, la responsabilidad y la palabra empeñada, sino la obsecuencia. ¿Ésta es la “nueva política” de Kirchner y su séquito? El Gobierno ni siquiera sabe que antes de nombrar a un nuevo embajador tiene que informarse al país de destino esperando que sea aceptado. Francia se enteró por Internet que habría un nuevo representante argentino.

Si a Kirchner no le importa la opinión de Francia al respecto, mal puede pretender que otros países le tengan consideración. Si no disculpa los desplantes de algunos funcionarios, menos puede esperar que en el extranjero le toleren agresiones más profundas, en general improcedentes.

El disparate de Taiana

En Derechos humanos en democracia (La Nación, 09/12/05, p. 23) Jorge Taiana menciona que «Canadá, España, Estados Unidos, Francia, Indonesia, Japón, el Reino Unido y Suecia, entre otras naciones», buscan nuestro concejo por la responsabilidad en que Argentina actúa frente a los Derechos Humanos. Podría pasar por una broma de pésimo gusto, pero el canciller insiste: «nos presenta como un país serio y nos permite encontrar nuestro lugar en el mundo».

Taiana no habla de la embajada de Israel, la AMIA, la voladura de la ciudad de Río Tercero; el oscilante trabajo de la SIDE durante los últimos gobiernos democráticos; el papel de Montoneros en el Gobierno al que él, justamente, pertenece; la segregación ideológica imperante; la coerción sobre la prensa independiente; el triste papel en el caso Hilda Molina, del que además es partícipe. No dice que en un país en donde cada dos horas muere un chico por desnutrición, donde hay más de diez millones de pobres y tres millones de indigentes el Gobierno permite que se pierdan quinientas mil raciones de alimentos por día gracias al veto del artículo 9, por decreto presidencial 2011/04, de la ley 25989 (cfr. La Nación, 31/10/05, p. 15). Tampoco menciona que el Gobierno no investigó la matanza de Ezeiza orquestada por el peronismo, ni los secuestros y muertes que hubo durante el gobierno de María Estela Martínez de Perón (el informe de la Conadep consigna 600 secuestros previos al 24/03/1976; Cfr. Nunca más. Eudeba, Buenos Aires, 2003. 6º edición. p. 16).

Estos casos siguen abiertos. Taiana escribió sobre un deseo antes que una realidad. Debería pensar por sí mismo antes que desde la sumisión irresponsable. Kirchner ha demostrado que su interés por los derechos humanos es sectorial y especulativo. Hasta tanto no asuma que los derechos humanos abarcan a toda la ciudadanía no corregirá el yerro lamentable en que ha embarcado a su Gobierno y el país.

© Carlos O. Antognazzi.

Escritor.

Santo Tomé, diciembre de 2005.

Publicado en el diario “Castellanos” (Rafaela, Santa Fe, República Argentina) el 16/12/2005. Publicado en el periódico “El Santotomesino” (Santo Tomé, Santa Fe) de diciembre de 2005. Copyright: Carlos O. Antognazzi, 2005.

Este artículo tiene © del autor.

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