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Violencia en Argentina (XL): Kirchner tiene quien le escriba

Carlos O. Antognazzi

Argentina



Se equivocaron los que pensaron que luego del 23/10/05 el Gobierno entraría en un terreno más consensuado y plantearía el diálogo. La realidad está demostrando que la corporación facciosa incrementó la vulgaridad y la presión sobre todo aquello que exprese disenso. «Con Kirchner se es esclavo o enemigo», puntualizó hace poco un funcionario adicto. Los grises no existen para la dupla gobernante. La ética y la coherencia, tampoco.

Violencia en Argentina (XL):

Kirchner tiene quien le escriba

Se equivocaron los que pensaron que luego del 23/10/05 el Gobierno entraría en un terreno más consensuado y plantearía el diálogo. La realidad está demostrando que la corporación facciosa incrementó la vulgaridad y la presión sobre todo aquello que exprese disenso. «Con Kirchner se es esclavo o enemigo», puntualizó hace poco un funcionario adicto. Los grises no existen para la dupla gobernante. La ética y la coherencia, tampoco.

El pago al FMI no se condice con la aprobación de la emergencia económica. ¿Acaso podemos pagarle al FMI si estamos en emergencia? El abuso de los resortes legales con que cuenta el Gobierno es uno de los rasgos distintivos de la era K. Y constituyen también, por arbitrarios, una eventual ilegalidad. La exageración de una ley no garantiza más equidad sino corrupción. Kirchner se está acercando ferozmente a ese límite incierto.

¿Prensa en retirada?

Alberto Fernández retomó su incontinencia verbal para asegurar que «la prensa está en retirada» (cfr. La Nación, 24/12/05, p. 12). Precipitado, olvidó un detalle: está en retirada la prensa mercenaria y acomodaticia, que disfruta de las suculentas partidas de publicidad que el Gobierno le otorga para que las noticias sean expurgadas de cualquier crítica. Fernández olvidó, o directamente ignora, además, que esa “prensa” ya no es tal, sino algún medio que trabaja en exclusiva como un apéndice del ejecutivo. Es casi una extensión de la oficina de prensa de la casa de gobierno, con la diferencia de que los hombres que la dirigen son otros, aunque un mismo espíritu servil los identifique. Prensa es otra cosa. Por otra parte, si es cierto que la prensa «está en retirada», no se comprende porqué Alberto Fernández aumentó diez veces el presupuesto para la pauta publicitaria ni porqué en la última semana el Gobierno reprendió al periodismo.

El parámetro «importancia» descansa en dos partes: una, en la parte intrínseca que le compete, y otra, en la respuesta que esa información puede promover. ¿Cabe el incremento destinado a publicidad si la prensa no es importante? Y si para el Gobierno la prensa no es importante, ¿por qué darle importancia al responderle? Es lo ocurrido con El fin del la Historia y el último hombre, el libro de Francis Fukuyama: la intelectualidad “políticamente correcta” lo criticó con furia. Pero, ¿si el planteo era inexacto, como decían, porqué tanta virulencia? La furia estaba señalando otra cosa: que en algunos aspectos Fukuyama tenía razón (comenzando por el “detalle” de que pudo elaborar su libro gracias a la caída del muro de Berlín), y que esos aciertos, que se basaban en el fin de una era, no podían ignorarse.

Aquí una vez más el Gobierno incurre en un doble discurso engañoso. Y la verdad parece más cerca de la prensa que del Gobierno. El periodismo independiente seguirá con su misión de informar con un mínimo de ecuanimidad lo que hay que informar, que no es, necesariamente, lo que el Gobierno desea que se conozca. Es la función de la prensa, justamente. Al responder a los cuestionamientos de la prensa el Gobierno está reconociendo su importancia y la molestia por lo que se informa. Si la prensa miente, existen canales legales para exigir la retracción. Si el Gobierno no apela a ese marco y elige, en cambio, la injuria pública, es porque ese marco no lo ampara y porque lo que la prensa está haciendo se encuadra en la ley.

Que la prensa “moleste” es saludable, y así debería entenderlo la ciudadanía. Lo que también debería entender, y actuar en consecuencia, es que si el Gobierno acalla a la prensa sólo quedará una única voz. Y, como dijo Ricardo Ibarlucía, «una nación sin crítica es una nación ciega» (cfr. nota del editor en The Buenos Aires affair, de Manuel Puig).

Presentar los hechos

Los actos del Gobierno apuntan a formar esa ceguera anodina, que es la materia adecuada para la impunidad de unos y la servidumbre de otros. ¿Qué respuesta dará la sociedad? Un primer paso, histórico porque no sucedía desde que asumió Kirchner, ocurrió el 27/12/05 cuando los partidos de la oposición y algunas ONG se reunieron para definir una conducta común contra el atropello del Gobierno en el caso del Consejo de la Magistratura.

Los ogros hoy son esa variopinta oposición y la prensa independiente. El Gobierno acusó el impacto opositor de no apoyar a ciegas la propuesta de reducción de 20 a 13 miembros del Consejo de la Magistratura. Entonces Kirchner arremetió contra la prensa como si ella fuera la causante de los problemas y no, en realidad, quien los señala. No deja de ser una clarificación: si el Gobierno se enoja porque la prensa destaca ciertos actos, es porque el Gobierno quiere ocultarlos. Ergo, si los quiere ocultar, difícilmente sean benéficos para la sociedad. La función de la prensa es transparentar los hechos que el poder quiere mantener en las sombras. No fabrica los hechos, los presenta para que la sociedad los conozca. Salvo los casos de medios adictos y acomodaticios, mercenarios, que se limitan a repetir como un loro los partes de prensa que entrega el Gobierno a cambio de publicidad oficial, la prensa seria descree de los espejitos de colores y bucea en aguas turbulentas. De allí suelen salir informes que desnudan intereses non sanctos. Como señalé más arriba, la crítica del Gobierno a esa prensa independiente es un elogio, pues esa prensa está cumpliendo cabalmente su cometido.

Hay muchas formas de “ocultar” algo. Gobernar mediante decretos de necesidad y urgencia en lugar de debatir las propuestas civilizadamente es una. Aquello que se quiere hacer evitando dilaciones o, peor, un voto contrario, se agilita mediante los decretos. Kirchner ha abusado de ellos más que su odiado compañero Menem.

Cuando Kirchner denuncia que no lo dejan gobernar, en realidad está diciendo que no lo dejan hacer lo que él quiere, a cualquier costo. Esa sentencia lo define: Kirchner atenta contra el espíritu democrático al renegar del disenso. Lo que él anhela entre líneas es lo contrario: la ausencia de crítica, el servilismo autista, el vasallaje. Pero estas actitudes son propias de los totalitarismos populistas de izquierda y derecha, la antítesis de la democracia.

Palabras vs. actos

Es sugerente la crítica de la senadora Cristina Fernández de Kirchner al Consejo de la Magistratura, pues hace unos años el menemismo quiso implementar una reforma similar a la que se debate ahora y fue ella quien denunció esa reforma definiéndola como un proyecto «hegemónico y fascista». Hoy ella impulsa la reforma. ¿Qué ha cambiado? ¿El proyecto ha dejado de ser «hegemónico y fascista» por el solo hecho de que ahora es ella quien lo impulsa y no Menem? ¿No se equipara la senadora con Menem al procurar implementar lo mismo? ¿En qué se diferencian uno de otro? Los seres humanos se definen por sus actos, no sólo por sus palabras. El Gobierno ha hecho del doble discurso su rasgo más característico, al punto que en sus actos demuestran lo contrario de lo que dicen sus palabras. ¿En qué creemos, entonces? ¿Las palabras o los actos? Como señaló Morales Solá, «el matrimonio Kirchner tiene un problema irresuelto con las palabras y los actos» (cfr. La Nación, 24/12/05, tapa).

El gesto de Cristina Fernández la define: cuando Menem gobernaba impidió la modificación del Consejo porque eso le daría mayor impunidad al caudillo riojano al poder manejar a la justicia a su exclusivo arbitrio. Ahora, en que es ella y su esposo quienes desean manejarla, hace todo lo posible por modificar el Consejo. Lo que subyace no es el bien común, sino el propio: para manipular el país hay que tener más poder, y éste sólo se logra interviniendo aquellas islas que pueden oponerse o trabar ciertos deseos. Es lo que moviliza al demagogo Hugo Chávez en Venezuela, que ha conseguido, amparado en elecciones populares con un lábil dejo democrático, desmembrar toda institución que pueda oponerse a sus declarados designios de mantenerse en el poder hasta el 2021. ¿Es eso la democracia o su invalidación?

Estas acciones, que son bien vistas y propagadas cuando nacen en el interés corporativo del propio Gobierno, pero que son denostadas cuando el interés es de otro Gobierno, así sea del mismo partido, son las que definen con el ejemplo la «lógica perversa» del peronismo, ese luminoso adjetivo establecido por el canciller chileno Ignacio Walker en su artículo del 06/05/2004 en el diario El Mercurio. Entonces Kirchner aseguró que «es ofensivo para el peronismo y, además, ese artículo destila argentinofobia» (La Nación, 02/10/04. p. 08). Los hechos, y no sólo las palabras, finalmente, le dan la razón a Walker: el peronismo se mantiene fiel a su idiosincrasia. Intrínsicamente sólo aspira a la acumulación de poder y a eliminar toda oposición. Hay que reconocer que hasta ahora los partidos opositores han colaborado por no terminar de construirse como una verdadera oposición sino como manifestaciones de deseos que no cuentan con peso real. El quórum dado por un radical días pasados en el Congreso, cuando el partido había determinado no darlo, es el ejemplo más prístino.

En ocasiones el patoterismo demagógico del Gobierno es alentado desde la oposición. Es un acto de irresponsabilidad mayúscula cuando se está labrando el futuro de los argentinos. Ojalá la actitud asumida por algunos legisladores y ONG el 27/12/05 perdure y se construya una oposición que equilibre el autismo y la prepotencia kirchnerista. Quedan dos islas a la vista en Argentina, además del Consejo: la desmembrada oposición y la prensa independiente. Protegerlas es un deber cívico.

© Carlos O. Antognazzi.

Escritor.

Santo Tomé, diciembre de 2005.

Publicado en el diario “Castellanos” (Rafaela, Santa Fe, República Argentina) el 30/12/2005. Copyright: Carlos O. Antognazzi, 2005.

Este artículo tiene © del autor.

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