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Cuestiones básicas

Revisionismo

José D. Diez

Andalucía, España



Escéptico ante la posibilidad de obtener respuestas universales a cuestiones básicas que mi mente se plantea, después de haber navegado todas las singladuras conocidas, soy, en cuestiones de pensamiento, como un desertor de un gran barco de pesca, repleto de grandes y acreditados pescadores que sólo van en pos de los grandes peces. Los he visto, perplejos ante sus redes vacías, y me he lanzado al agua con una pequeña barca, hecha por mí mismo, y también una pequeña caña de pescar.

Revisar la vida
Creo que para una persona, un motivo de máxima satisfacción sería tener la capacidad de revisar su pasado y corregirlo. Una persona tiene muchas formas de pasado: la forma en que vivió o padeció la vida, su comportamiento en sociedad, su gana o desgana en el vivir cada momento, su actitud ante los retos, su forma de adaptarse a las contingencias... Revisar y corregir el pasado no es cambiar de vida. Lo hecho hecho está y es inamovible. Pareciera, pues, que nada de tu pasado puede ser corregido, ni siquiera las consecuencias; podrá ser reparado el efecto causado con tu actitud, pero lo que hiciste permanecerá ahí, en tu memoria. ¿Puede la persona, en ciertos casos, cambiar su obra por la vía de la revisión? Supongamos un escritor que ha escrito una o varias obras. Publicadas o guardadas por la razón que sea, un día, este escritor decide revisar su obra, eventualmente corregirla, o incluso cambiarla sustancialmente. ¿Sería este acto una forma de revisar su pasado y la posibilidad que se le abre de cambiarlo? Pienso que sí. La vivencia endogámica del escritor con su obra es de la misma naturaleza que cualquier otra vivencia. El escritor, durante la gestación y posterior desarrollo de su obra, "vive" intensamente el mundo en el que está inmerso su pensamiento, hasta tal punto que su humor, estado de felicidad, desasosiego, sufrimiento, están casi en exclusividad ligados a su creación. Sucede, en ocasiones, que el escritor no tiene otro tipo de vida que la que inventa y plasma en palabras. Pues bien. Esta persona es de las pocas que tiene el privilegio de revisar su pasado y vivirlo de nuevo, con nuevos matices, nuevas experiencias y hasta nuevas decisiones; el resultado será que su antigua obra se desvanecerá en el mero papel de boceto de vida presente.
Yo me propongo, hasta donde se me alcance, hacer esto: revisar, corregir y hasta cambiar mi pasado literario para dejarlo en una simple idea que tuve. Y como ningún otro aspecto de mi vida pasada, presente o futura, me es o será posible revisar, dedicaré todo mi tiempo a intentar ser feliz con mi obra, que será cuando ya no la quiera revisar más y deje de atormentarme.
(JDD 2002)

El vértigo
Pero al mismo tiempo (o paralelamente) que reviso mi pasado literario, el presente se confunde con nuevas creaciones que, sin duda, serán revisables en el futuro. Esta dinámica revisionista mía, me hace pensar en si seré yo una persona sin convicciones, sin ideas fijas. Alguna vez, en uno de esos espasmos de mi mente, había dicho que las personas de ideas fijas me producen vértigo. Y así es. Cuando mi mente elabora una idea que me parece incuestionable, incluso por mí mismo, la desazón del vértigo se apodera de mí. Pienso si esa idea me hará esclavo de ella por no poderla cuestionar, lo que significaría que debo tenerla en cuenta en lo sucesivo para acomodar una parcela de mi libertad de pensamiento. Pongo un ejemplo. Supongamos que concluyo que estamos hechos de infinitas apócrifas historias. A partir del momento que el sentido de esa frase la incorporo como una convicción, el vértigo surge de inmediato: lo que digan de mí, siempre será mentira. La conclusión está perfectamente acomodada a la premisa. Siendo así, toda mi proyección pública dinamizará la falsa historia que se tendrá de mi mismo; o lo que es lo mismo: yo nunca seré algo verdadero. Y ese es el vértigo. Porque si nadie ha de decir de mí algo verdadero, significa que yo no he proyectado nada auténtico. A partir de ahí, sólo me queda el consuelo de que puedo revisar esa idea, que, a buen seguro, me hará sentir otro vértigo. Lo trágico de todo esto es que no puedo dejar de pensar, y eso no puedo revisarlo.
(JDD 2002)El ser auténtico
¿ Qué es la autenticidad? ¿Qué es la autenticidad referida al ser? Existen dos maneras de ser: el introspectivo, o sensación que tenemos de nosotros mismos, y el reflejado después de haberlo proyectado; en cualquier caso la sensación de ser sólo la percibe el ser mismo. ¿Qué sucede cuando ambas sensaciones no se corresponden e incluso llegan a ser antagónicas? El ser que percibe tal contradicción se siente confuso; ya no sabe bien si es el que cree sentirse que es o el que perciben los demás, y de ese dilema no se sale fácilmente. Cada vez que una persona afirma dubitativamente su identidad, lo hace bajo el temor de no ser aceptado. ¿Quién es capaz de señalarse como auténtico ante los demás? Siempre existirá ese temor. Y si uno mismo es incapaz de sentirse seguro de sí mismo, ¿dónde está su autenticidad? ¿Pero esta pregunta no me lleva a la afirmación anterior de estar hecho de infinitas apócrifas historias? Ciertamente, así es. Ahora me hago la pregunta: puesto que soy libre de poder revisar cualquier idea, ¿cuál es el camino para revisar ésta que tanta desesperanza lleva implícita? Sin duda debe haber una formulación, no sé si contraria, pero sí diferente. Y aunque ahora no la tenga, no debo cejar en el empeño de encontrarla; me va en ello el ser o no ser.
(JDD 2002)

Ver en línea : www.jose.diez.com/cuestiones.html

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