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Cultura en Argentina (XLV): Nuestro lugar en el mundo

Carlos O. Antognazzi

Argentina



La multitudinaria recepción del nuevo campeón mundial Welter de boxeo, Carlos Manuel Baldomir, el pasado 11/01/06 en Santo Tomé y Santa Fe, transparenta la construcción del ideario colectivo y sus ídolos. En sintonía con el fervor popular, el municipio santafesino vulneró un reglamento propio y lo declaró «Ciudadano Ilustre» con sólo 32 años, cuando la normativa exige un mínimo de 60. No se trata de negar un agasajo o una distinción que el esfuerzo de Baldomir merece, sino de señalar la correlación con otros esfuerzos que pasan desapercibidos.

Cultura en Argentina (XLV):

Nuestro lugar en el mundo

La multitudinaria recepción del nuevo campeón mundial Welter de boxeo, Carlos Manuel Baldomir, el pasado 11/01/06 en Santo Tomé y Santa Fe, transparenta la construcción del ideario colectivo y sus ídolos. En sintonía con el fervor popular, el municipio santafesino vulneró un reglamento propio y lo declaró «Ciudadano Ilustre» con sólo 32 años, cuando la normativa exige un mínimo de 60. No se trata de negar un agasajo o una distinción que el esfuerzo de Baldomir merece, sino de señalar la correlación con otros esfuerzos que pasan desapercibidos.

Es cuestión sabida que el deporte tiene en la sociedad una mejor recepción que el arte, pero no por conocido el tema pierde actualidad. En un artículo escrito hace años, pero de lapidaria vigencia, el poeta Miguel Ángel Féderik hacía notar que «en Inglaterra entierran a sus poetas en las catedrales. En Francia le dan su nombre a una plaza seca, o un bulevar de plátanos. Aquí le damos una cátedra o una mísera pensión al mérito literario. Propedéuticas varias de un idéntico exorcismo. Posologías de exilios, inversamente proporcionales a la libertad reinante (...) Tienen razón los políticos, los encomenderos del orden, los arcángeles del progreso, los “sponsor” del bienestar colectivo. Medida en dietas de un concejal, en parámetros de popularidad, en estadísticas portuarias, en ataúdes para desdichados, en cuatro chapas por un voto, la literatura es un lujo de astronautas, la brillante secreción lunar de unos cuantos inservibles. No hay rey de lo inmediato que no desprecie el otro reino de este mundo» (cfr. La hora de la palabra. El Litoral, 13/06/1992).

Reglas de la subsistencia

Evo Morales tiene la posibilidad de posicionar a los indígenas, esa amplia franja de pobladores originarios de América, y al mismo tiempo la presión de ser el primero, con lo que eso significa si su Gobierno no encuentra el rumbo y falla. No perdió tiempo y visitó una decena de países con sencillez y honestidad. En París se presentó diciendo «Buenas tardes. Soy Evo Morales, aymara, y, así como dicen muchos, presidente electo de Bolivia».

La frase lo muestra como presidente y como indígena. Eso que en Bolivia es motivo de orgullo puede no serlo en Europa, pero al lenguaje verbal Morales le agrega el de su atuendo: nunca una corbata, y sí remeras, camperas, alguna camisa, el colorido pulóver (chompa) de vicuña (que ya comenzó a ser moda para cierta izquierda lela). No parece haber pose alguna en Morales, sino la naturalidad del que se ocupa de cosas más importantes. Hay un antecedente: cuando García Márquez recibió el premio Nobel de Literatura en 1982 no alquiló el frac de rigor, y se presentó ante el rey de Suecia vestido con la guayabera, esa especie de saco típico de Colombia.

En esta época bullente de posmodernismo, definido por Umberto Eco como la pérdida de la inocencia, no se trata de signos arbitrarios. Hay que tomar a estos gestos como articulaciones de un discurso más complejo, consciente y no fortuito, en donde las formas pueden amenizarse sin por ello perder terreno en lo que importa para un país: la apertura. Resta ver si además hay en Morales un político que pueda sortear el difícil camino de posicionar a Bolivia y sacarla del atolladero en que se encuentra, que no radica solamente en una eventual salida al mar negociada con Chile. Para ello algunas cosas tendrán que cambiar. El incremento del precio del gas es sólo una. Respetar la propiedad privada, como aseguró en Francia que haría, es otra. Hoy ningún país puede prosperar sin establecer y cumplir reglas claras que atraigan inversiones y las mantengan. Lo cortés no quita lo valiente.

El “honorable” concejo

En sus comienzos trabajar por la ciudad era una cuestión de honor, al punto que quienes dedicaban sus esfuerzos por mejorar la calidad de vida de los habitantes y solucionar problemas lo hacían con la dignidad y el orgullo de no cobrar remuneración alguna. Esos concejales incipientes trabajaban en otras cosas, y luego aportaban su tiempo y voluntad para el bienestar de la comunidad. Por eso el nombre Honorable Concejo Municipal.

El transcurso de los años y la vida cada vez más compleja derivó en una inevitable especialización de los quehaceres, y los concejales tuvieron que dedicar cada vez más tiempo a ese trabajo. No es menos cierto, sin embargo, que la chantada criolla, cuando no el caradurismo más abyecto, convirtió ese trabajo en lo que, en general, vemos hoy: una “beca” para que algunos inescrupulosos se refocilen cuatro años a expensas de los contribuyentes. No hay mayores distingos en esta vergüenza: cualquier ciudad argentina sirve como ejemplo.

Del peronismo sabemos qué esperar. Pero duele ver que otros partidos se le equiparen en la práctica al votar el aumento de las dietas en unos 800 pesos. En Santo Tomé concejales como la señora Libertad Lostumbo, del socialismo, o Carlos Tepp, del radicalismo, que asumieron el 10/12/05, no dudaron en votar favorablemente el aumento de un sueldo que ni siquiera llegaron a cobrar con el “viejo” monto. Su primer trabajo como concejales fue aumentarse las dietas. ¿Predominó la avaricia? ¿El discurso sólo era válido para las elecciones? Lostumbo sólo recriminó la retroactividad del incremento, pero no lo esencial: el momento especialmente álgido en donde la ciudadanía ve con temor el avance de la inflación. Estos concejales comenzaron defraudando el voto que los llevó al cargo. ¿Tienen asesores o yerran por su propia cuenta y riesgo?

De otras personas, ya habituadas a los mecanismos del “honorable” concejo, cabía esperar el interés propio antes que el de la comunidad que dicen representar. Pero de los recién llegados se pretendía un mínimo de dignidad y coherencia con las ideas que profesaron durante la campaña. Las reprimendas del intendente Piaggio (que también aumentó su propio sueldo) a estas críticas se corresponden con la amoralidad reinante. ¿En qué se diferencian unos de otros? ¿De qué sirven los discursos “progresistas” cuando en la práctica todos eligen enlodarse en el mismo charco? ¿Ese es el ejemplo que se le da a la juventud? Resulta paradójico en una ex directora de escuela.

Es cierto que en algún momento había que aumentar dietas e impuestos, pues hace al menos una década que estaban congelados, pero hay formas que inducen la suspicacia. En Estados Unidos los congresistas también tienen la facultad de aumentarse los sueldos, pero quienes lo hacen no cobran ese incremento, que es destinado a los futuros congresistas. Se evita así que una persona se aumente el sueldo a sí misma. En otras palabras: se evita el espectáculo bochornoso que han dado los concejales. ¿No es hora de prescindir de la palabra “honorable” para referirse al concejo?

Nuestro lugar

¿Cómo ocupar un lugar destacado en el mundo si los mismos actores se traicionan? ¿De qué hablan los políticos argentinos cuando hablan del «lugar que nos merecemos»? Hace poco el canciller Jorge Taiana escribió un artículo increíble, donde entre otros desvaríos mencionaba la consideración que el mundo le tiene a la Argentina por su trabajo sobre los derechos humanos, diciendo que «nos presenta como un país serio y nos permite encontrar nuestro lugar en el mundo» (cfr. Derechos humanos en democracia. La Nación, 09/12/05, p. 23). ¿Cómo presentarnos como país serio si ignoramos civismo y cultura? ¿Cómo si nuestros representantes relegan la cultura como una molestia, o la utilizan como un medio electoralista cuando es, en realidad, una forma de vida y el sustrato de una nación? ¿Cómo cuando se subvierten valores como educación y libertad de pensamiento?

La dignidad y sencillez de Evo Morales, que hasta ahora se ha mostrado cauto, son un ejemplo. No puede decirse lo mismo de algunos políticos argentinos, más preocupados por la chabacanería y la eventual reelección presidencial. La seriedad, entre otras cosas, no se pregona: se ejerce. Así como Kirchner no puede fijar los precios o bajar la inflación por decreto, tampoco puede decidir que somos un país responsable. Si bien las comparaciones suelen ser odiosas, es interesante observar los primeros pasos en el cargo: lo actuado por Morales, por ejemplo, y lo votado por los concejales. No se puede saber cómo trabajarán de aquí en más, pero los comienzos despiertan la esperanza o el recelo, y definen conductas.

Nuestro lugar en el mundo no es algo ya establecido que alguna vez tuvimos y perdimos; nunca dejamos de tenerlo. Nuestro lugar es gerundio: el que decidimos crear a cada momento. Pero la importancia de ese lugar está dada por las maneras de la ciudadanía y sus representantes, no por trasnochados deseos de grandeza que sólo sugieren un problema irresuelto con nuestra mal llevada adolescencia. Nuestro lugar será importante o considerado en el contexto internacional si lo edificamos con seriedad y perseverancia; si alentamos la cultura en lugar de denigrarla; si seleccionamos los objetivos y nos abocamos a la tarea de alcanzarlos; si implementamos una política interior y exterior a largo plazo y terminamos con la oscilación emocional, siempre cortoplacista y populachera, parches de día domingo que se devalúan el lunes.

Para eso hace falta un cambio de conducta. Como sentenció André Malraux, los pueblos tienen los gobiernos que se les parecen. No somos la excepción que muchos demagogos pretenden, sino la triste confirmación de una regla universal.

© Carlos O. Antognazzi

Escritor.

Santo Tomé, enero de 2006.

Publicado en el diario “Castellanos” (Rafaela, Santa Fe, República Argentina) el 27/01/2006. Publicado en el periódico “El Santotomesino” (Santo Tomé, Santa Fe) de febrero de 2006. Copyright: Carlos O. Antognazzi, 2006.

Este artículo tiene © del autor.

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