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Irlanda, la isla Esmeralda



Dice una leyenda que las cinco penínsulas que forman el extremo sudoeste de Irlanda son en realidad los dedos de la diosa Hag de Beara adentrándose en el Atlántico para apartar la densa niebla. Durante siglos esta porción de la isla Esmeralda fue considerada el final de la tierra conocida, y aún hoy conserva ese aura de misterio, con sus enclaves megalíticos, sus mitos celtas, su música popular, su costa acantilada y sus abadías en ruinas. Todo esto puede admirarse a lo largo de un fascinante viaje en coche de 400 kilómetros desde la ciudad de Cork hasta Dingle, pasando por Killarney y el Anillo de Kerry.
Cork se encuentra 260 kilómetros al sur de Dublín, la capital irlandesa, y está asentada sobre el río Lee, que la atraviesa y la rodea con sus brazos. El sobrenombre de la «Venecia irlandesa» le viene de este singular emplazamiento, con el núcleo urbano instalado en una pequeña isla que está conectada con el resto de la ciudad a través de puentes y canales. Cork es, después de Dublín, la capital gastronómica y cultural de Irlanda. Esta vitalidad es evidente a la vista de los numerosos y variados restaurantes del centro, así como de la amplia oferta de productos del English Market, con carnes, quesos, marisco y otras exquisiteces locales. Por otra parte, durante todo el año hay una excelente agenda de teatro y danza, y en octubre, el festival de jazz, que reúne a los mejores músicos del panorama internacional.
Cuarenta minutos al este de Cork por la N8, la salada brisa del Atlántico indica la inminente presencia de la ciudad balnearia de Cobh, cuyo puerto es famoso por haber sido la última parada del trasatlántico Titanic el 11 de abril de 1912.
Estos muelles vivieron episodios dramáticos entre finales del siglo XIX y mediados del XX, cuando más de cuatro millones de emigrantes partieron hacia América empujados por la hambruna y la opresión. Una cifra brutal si se tiene en cuenta que en Irlanda residen hoy poco más de seis millones de personas. Esta tragedia es recordada en el puerto por la estatua de Annie Moore, la primera irlandesa inscrita en el registro de inmigración de la isla de Ellis en Nueva York, el 1 de enero de 1892.
Castillos y abadías medievales

Ver en línea : http://www.nationalgeographic.com.e...

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