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LA LENGUA ESPAÑOLA (2)

ORIGEN Y FORMACIÓN DE LAS LENGUAS PENINSULARES

Camilo Valverde Mudarra

ESPAÑA



Cuna y transformación de los primitivos dialectos

II. LA LENGUA ESPAÑOLA

En el año 711, tras derrotar a don Rodrigo, en la batalla del Guadalete, los árabes, procedentes del norte de África, al invadir la Península, abren una nueva perspectiva histórico-lingüística con la ruptura de la relativa unidad del latín hablado en el reino visigodo. El territorio queda dividido en dos grandes zonas: por una parte, el sur y centro dominado por los árabes, donde los cristianos sometidos, los mozárabes, mantuvieron su lengua, el latín hispano, a lo largo de más de dos siglos; y, por otra, la cornisa cantábrica, de clima áspero y relieve tortuoso, que sirvió de refugio a los cristianos, en su repliegue. Los hispanos se replegaron hacia las montañas septentrionales, muy pronto liberadas y fácilmente defendidas, y se hicieron fuertes en núcleos aislados de resistencia que, en un proceso secular, dieron lugar a los distintos reinos cristianos con sus lenguas y dialectos. En estas regiones norteñas, con difíciles comunicaciones entre sí y menos influidas por las formas culturales musulmanas, el latín evolucionó de manera diferente, hasta originar las lenguas españolas. Al desaparecer las presiones romanas y visigodas, los hábitos articulatorios y los rasgos peculiares de las lenguas aborígenes afloran y se desarrollan libremente y, entonces, irrumpen los sustratos étnicos y lingüísticos prerromanos sin trabas. Tales reinos y lenguas no responden, pues, a un prurito ni el azar, sino a unas causas históricas, geográficas y culturales concretas.
Los árabes, en su larga convivencia, impregnaron el naciente castellano de gran número de usos léxicos, que se calculan en algo más de cuatro mil (palabras). Los arabismos se fueron introduciendo a través de una doble afluencia. La primera corre por los siglos VIII-XI. Las zonas septentrionales, que quedaron fuera de las influencias árabes, recibieron los arabismos de los mozárabes, que, o por necesidad y o por admiración ante lo novedoso, adoptaron parte de la terminología que ha pervivido hasta nosotros: azote, aldea, alférez, etc.; y la segunda, por los s. XI-XIII, época en que tienen lugar varios hechos históricos de gran relevancia: el reino de Navarra pierde su preponderancia política, se extinguen los mozárabes, aparecen los reinos de taifas, se eclipsa el poder de León y emerge preponderante Castilla. Los préstamos de transmisión oral, reflejo del intercambio cultural existente en esta época, son por ejemplo: acequia, alcázar, alcaide, alguacil, almacén, aceite, alquilar.

La transformación.

La historia explica el origen de las lenguas y dialectos españoles. El hecho histórico de gran dificultad y duración, denominado «reconquista» tuvo una significación decisiva en la cuestión lingüística peninsular; ya decía, Menéndez Pidal que «la fragmentación lingüística actual de la Península Ibérica es, en lo fundamental, concluyente resultado de la reconquista». Efectivamente, en los s. VIII y IX, van surgiendo, con entidad singular, varios reinos cristianos, en los que el latín evoluciona de modo particular e independiente. Algunos de los fenómenos acaecidos en la larga evolución de las lenguas medievales se habían iniciado ya en el latín vulgar.La caída del Imperio Romano y la invasión de los bárbaros provocó la ruptura de las relaciones con la metrópoli romana; al desaparecer las estructuras políticas y la conciencia de conexión con el Imperio, el habla de las extensas provincias romanas, siguiendo las tendencias propias de cada región, evolucionó sin el cauce de una norma común y dio lugar al nacimiento de las distintas modalidades románicas, llamadas: gallego, castellano, catalán, el "aislado" mozárabe, y portugués; francés y provenzal; retorromano, italiano, rumano y dálmata.
Los bárbaros, comprendiendo que el latín era un instrumento superior de transmisión cultural, fueron desechando su lengua y adoptándolo, pero introdujeron términos nuevos referentes a sus usos y costumbres y subrayaron los caracteres lingüísticos diferenciadores, con lo que el latín hispano se fue escindiendo en realizaciones regionales diferentes, con fonética y modismos peculiares; variantes que se relacionan con las tres grandes demarcaciones provinciales de la Tarraconense (Levante), la Bética (al Sur) y la Lusitania (al Oeste).
En la Península Ibérica, factor coadyuvante del fenómeno y diferenciador del resto de la Romanía, fue la invasión árabe, que, lingüísticamente, además del aporte léxico, significó, en su progresiva retirada hacia el Sur, el fundamento básico al crear el vacío necesario para la expansión de los romances septentrionales. En su rápido empuje, conquistaron España, que, salvo ciertas zonas que se resistieron, quedó dividida en dos partes: La del Norte, refugio de los cristianos, que organizaban la Reconquista; y la del Sur, Al-Andalus, con capital en Córdoba.

El Mozárabe

En Al-Andalus, aislados de sus paisanos, quedaron los cristianos que no quisieron o no pudieron huir hacia el Norte. El mozárabe es la modalidad románica a que da lugar la evolución del latín hablado por los hispano-godos bajo dominio árabe.
Todos los dialectos medievales, menos el castellano, aun teniendo sus rasgos distintivos, vienen a coincidir, con el mozárabe, en gran parte de sus características fonéticas: la conservación de G-, J- ante las vocales a, e, i: jenuariu; la F- inicial: formica; realización -ll- del grupo -ly-; mantenían la -ll- procedente de -LY-, -C’L-: CUNICULU > moz. konilyo, gall. coello, leonés conello, arag. conell, cat. cunill. La evolución del grupo -CT- se había detenido en -ht-, -it-: NOCTE > moz. nohte, gall. noite, leonés nueite, arag. nueit, cat. nit. El grupo -SCI- produjo un sonido palatal [s] (ortográficamente, X): CRESCIT > moz. y arag. crexe, gall. creixe, cat. creix.
El mozárabe fue desapareciendo a medida que los reconquistadores iban imponiendo su romance. En mozárabe, están escritas las Jarchas, los primeros textos literarios que se conocen en lengua románica. A su interés lingüístico, se añade su importancia literaria, pues son testimonio de una primitiva lírica popular, la más antigua de la Romanía, que anticipa las "Cantigas de amigo" galaicas. Consisten en unas cancioncillas de tema amoroso, puestas en boca de una niña enamorada, que cuenta sus cuitas amorosas a su madre: ¿Qué faré yo mamma? Meu al-habibi está a yanna. Gómez Moreno las descubrió insertas al final de las "Muwasajas" árabes y hebreas.
El mozárabe es una preciosa reliquia de la lengua hablada en los últimos tiempos del reino visigodo. Gran parte de las realizaciones intermedias del latín al castellano se encuentran documentados en este dialecto más arcaizante.

El leonés y el aragonés.

El astur-leonés se formó en el primitivo reino cristiano que tuvo su sede en Oviedo, donde se organiza la reconquista, para pasar en tiempos de Ordoño II (914-924) a León. Por la acción de la reconquista, fue extendiendo este dialecto hacia el sur, hasta alcanzar en el siglo XI su máxima expansión, comprendiendo las actuales provincias de Asturias, León, Zamora, Salamanca y parte de Cáceres. De los s. VIII al X, predomina el leonés, dialecto muy conservador, que se encuentra influido por el gallego y por el mozárabe, cuyos hablantes huyen del dominio árabe, refugiándose en el reino de León. A partir del siglo XI comienza a sufrir el influjo del castellano, que va relegándolo hasta reducirlo a una especie de residuo. Del leonés, conserva cierta personalidad el bable asturiano, que en los últimos años ha contado con algún impulso revitalizador.
En los primitivos reinos de Navarra y Aragón, ya en las estribaciones pirenaicas, se formó un dialecto que tenía muchas semejanzas con el leonés. Constreñido por las presiones e influencias del castellano por el Oeste, del catalán al Este y del vasco en el Norte, no pudo sobrevivir. Ha ido perdiendo terreno y se encuentra reducido a ciertos valles y pueblos de Huesca, como Ansó, Hecho, Bielsa y poco más.

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