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APUNTES SOBRE EL RELATO CORTO

César Rubio Aracil

España



Escribir duele y divierte. Por eso escribe quien siente la dualidad como si fuese una rosa integral: con sus espinas.

No es fácil escribir relato corto. Lo digo desde mi propia experiencia y sin pretender sentar cátedra. Por tratarse de un texto de poca extensión, las exigencias literarias aumentan. En mi criterio son aconsejables, principalmente, los siguientes requisitos:

1. Sobrevenida la idea, meditarla para urdir la trama.

2. Mantener la ilación del tema.

3. Suprimir cualquier divagación y retórica.

4. Sugerir, más que explicar.

5. Mantener en todo momento el interés de la narración.

6. Adjetivar sólo lo indispensable.

7. Huir de las perífrasis o circunlocuciones (rodeos).

8. Elegir la palabra adecuada en cada caso. (Los diccionarios son imprescindibles).

9. Ordenar el principio y el desarrollo de modo que no se entremezclen, y lograr que tanto el inicio como la conclusión de la obra resulten, cuanto menos, atractivos.

10. Evitar cacofonías y repeticiones.

Con este decálogo no acaban las recomendaciones. Obvio es manifestar la contrariedad que produce en el lector/ra una deficiente ortografía, una mala sintaxis o una puntuación defectuosa, como asimismo el uso de palabras rebuscadas. Con un lenguaje sencillo, pero variado, es suficiente para hacerse comprender. (La pobreza léxica desluce la obra y le resta valor literario). Podríamos extendernos más en advertencias sobre el debido uso de comillas, corchetes, guiones, paréntesis y otros signos; pero, estimando que los escritores/as de MCH conocen la Ortografía, no merece la pena abundar en cuestiones tan simples.

DESARROLLO DEL DECÁLOGO

1. Hay ocasiones en que, cuando nos sorprende una idea, queremos plasmarla de inmediato en el folio, y a partir de ahí vamos hilvanando la trama a golpes de inspiración. Creamos los personajes, que normalmente nos llevan de la mano, y, sin apenas percatarnos, a veces olvidamos cuál es la misión del narrador, que participa en el relato tomando partido. Para evitar estas intromisiones imperdonables, y al mismo tiempo ordenar los pensamientos, conviene esquematizar la acción. Luego, posiblemente -como se acaba de apuntar-, se nos “llevará de la mano”; pero tendremos una noción de lo que deseamos llevar a cabo, y nos será más fácil evitar las numerosas contradicciones que se nos presenten.

Tengo por costumbre anotar en un cuaderno las características físicas y psicológicas de los personajes de mis relatos: ojos azules, cabellos rubios, nariz helena, temperamento exaltado, etc., con el fin de eliminar dudas al respecto y evitar pérdidas de tiempo buscando lo que haya podido decir en páginas anteriores sobre tal o cual protagonista.

2. Éste es un punto importante, que debe mantener vivo nuestro interés literario. Si buscamos la pulcritud del cuento, no podemos desviarnos del tema. La ilación ha de ser perfecta para armonizar el texto y no confundir y cansar al lector/ra. Cómo hacerlo, es una cuestión personal

3. Concisión. No queda otro remedio. Cuanto más corto sea el relato, menos palabras. La retórica y las divagaciones restan espacio y aburren. Nadie está en condiciones de inocular a un semejante su propio arte; por lo tanto, dependerá de cada autor/ra el éxito de su obra. El arte es intransferible por lo misterioso de su esencia. Trabajo, mucho trabajo, imaginación y perseverancia, sin olvidar las correcciones necesarias, hasta que, como dijo J.R Jiménez en uno de sus hermosos versos, “No la toques más, que así es la rosa”, nos rindamos ante la evidencia de que no damos más de sí. Hemos explorado todas nuestras posibilidades. Alguien habrá que luego nos eche una mano y pueda surgir una nueva idea.

4. No expliques, narrador, En todo caso, que sea tu personaje quien lo haga si lo considera conveniente. Mejor que explicar, sugiere. Habrás dado la oportunidad de que, quien lea, piense. Sé honesto. Que no te atraiga más el triunfo (“Mi obra engancha, ¡qué talento el mío!”) personal que la victoria de quien lee, al sentirse persona y no marioneta a expensas del manipulador literario. Mejor será enganchar la conciencia del lector/ra que su desinterés por la trascendencia. Además, tenlo en cuenta, la sugerencia es más difícil, por bella, que la precisión.

5. Mantener el interés en cada parte del relato resulta arduo y requiere motivación artística. Echa imaginación; piensa, aunque sea por un instante, que eres un dios. Si te divierte y te sorprende tu propia creación, estás en el camino literario. Si te aburre lo escrito, la papelera puede ser tu amiga inseparable. Sigue pensando, no te canses de especular; recuerda que eres un dios. Lo más probable será que una noche, harto de darle vueltas a la cabeza, cuando estés profundamente dormido te sorprenda la Musa y, lápiz en mano, comiences a escribir lo que te dicten tus demonios. Sí, tus demonios, porque los ángeles no mean.

No escribo más por hoy. Mañana, después de que mi gallega me haya preparado el cafelito de rigor, y luego del desayuno me haya echado un güisqui al coleto, seguiré con el decálogo. No quiero aburrirte más, por ahora, con mis manías.

Augustus.

Este artículo tiene © del autor.

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