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Tigres y gatos

Nepomuk



Se me ocurre que si logro tener la plantilla guais que quiero tener, además de las viñetas, de vez en cuando publicaré audiopost. Sigo teniendo voz de chinchilla, pero recuerdo que lo de grabar era divertido. Me vienen bien las cosas divertidas, últimamente. Por eso pedía ayer lanzallamas y zombies.

Me ha llamado Karlos. Dice que debería volver mañana, si su plan de trabajo sigue el ritmo previsto. Sonaba cansado. Quizá porque en estos momentos en Chile es la horita de la siesta y la modorra, o quizá porque ya tiene los huevos hinchados de tanto viaje expréss de última hora. También me ha dicho que Santiago de Chile era una de las ciudades más feas y cagagrises del mundo, así que... yo diría que la teoría de los huevos hinchados cobra fuerza sobre la del huso horario internacional.

Me ha comprado un minigato tallado en lapislázuli. Según parece, el lapislázuli en Chile es algo así como los piedros de granito en Alpedrete. Hay mogollón y a relativo buen precio. Ha dicho que era para que me lo pusiera en el cordón del cuello, junto al diamante negro (a este paso, terminaré siendo el hippie de mierda más piedrapreciosado del mundo mundial). También le ha comprado un tigre gigante de trapo a Simón. Y debe ser gigante de veras, porque hablaba de tener que facturarlo, si al final volvía mañana en un vuelo civil. Ojalá lo haga. Me molaría todo ver al tigre gigante saliendo sentado en la cinta transportadora del aeropuerto. Es una de esas cosas absurdas con las que me suelo descojonar. Creo que es por haber estudiado filosofía. Cuando te tiras más de cuatro años escuchando proyecciones empíricas sobre ontología, gnoseología y metafísica, es más que natural que luego te descojones con una mierda de tigre dando vueltas en una cinta de maletas. Creo que es una especie de compensación cósmica para que no te termine estallando el hipotálamo, o algo así.

Peyote ha cazado un vencejo. No sé cómo demonios lo ha hecho, pero ha logrado trincarlo, entrarlo en casa y llevarlo hasta el cuarto de baño de arriba. Cuando he llegado a casa, había restos de cagadita de vencejo por el salón, la escalera y todo el dormitorio, así que intuyo que el gato se lo ha pasado chupi y el vencejo ha debido sufrir como un cabrón. Al final, después de perseguirle por toda la casa, todo el jardín y todo el garaje, entre Simón y yo, hemos logrado hacerle un placaje y quitárselo de la boca (para que no se diga que mis horas como espectador de rugby no sirven para nada). Lo hemos echado a volar desde el tejado y el pobre vencejo ha desaparecido en un pispás. Nos hemos sentido un poco superhéroes, viéndole alejarse. Mientras, Peyote nos miraba desde abajo con cara de "ya no puede uno ni tener un hobby, coño..."

Siempre se me olvida lo terriblemente gatos que pueden ser mis gatos cuando se ponen gatos. Siempre.

Ver en línea : http://nepomundos.blogspot.com/2013...

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