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APUNTES SOBRE EL RELATO CORTO (y II)

César Rubio Aracil

España



Nadie debería esperar de unos apuntes un estudio completo sobre el relato corto, puesto que este asunto da para mucho más. No obstante, considero conveniente que entre los aficionados de MCH a las Letras haya una constante comunicación con intercambio de experiencias. Por tal motivo he emprendido esta tarea que hoy concluyo con este modesto trabajo. Alguna persona más podrá abundar sobre el tema, completándolo con un estudio riguroso. Con todo ello podremos enriquecernos. Prosigamos pues.

6. La adjetivación no es fácil. Si se trata de un calificativo, cuidado: podemos caer en la ordinariez si no elegimos la palabra adecuada, que debe ser la que, con la mayor exactitud posible, refleje lo que deseamos expresar. Existen los sinónimos, pero no en todos los casos son equivalentes; siempre hay algún matiz diferenciador que puede distorsionar la idea. El diccionario ideológico, en muchos casos nos podrá sacar de apuros. En dicho texto encontraremos la posibilidad de que el concepto nos lleve a la palabra que buscamos. Mas pongamos un ejemplo: el vocablo bello. En este caso basta con consultar el María Moliner, donde encontraremos una extensa sinonimia. ¿Bonito? A mí particularmente no me gusta este adjetivo; lo encuentro muy usado y de fácil recurso. ¿Hermoso? Pudiera ser; pero dependerá del encaje de dicha palabra en el contexto literario, como también de la conveniencia sonora que pueda armonizar el texto. Me encanta este vocablo, pero estoy escribiendo sobre un oso, y “oso” y “hermoso” originan una horrible cacofonía. ¿Espléndido, magnífico, estupendo...? Hay donde elegir. Dependerá de la sensibilidad y de la riqueza de lenguaje de cada escritor que la oración gramatical resulte maravillosa o desastrada. Un relato cargado de adjetivos puede llegar a convertir el texto en una narración en exceso barroca.

7. Huye de los rodeos. No alargues tus expresiones innecesariamente. Ten en cuenta que nunca se pierde tiempo consultando los diccionarios, porque a medida que te adentras en ellos ganas soltura en el lenguaje y lingüísticamente te enriqueces. Las perífrasis y circunlocuciones crean confusión y pueden llegar a hastiar al lector/ra, afeando la escritura. Para eso, entre otras cosas, sirven las correcciones.

8. Elige el vocablo adecuado. La Semántica -esa parte de la Gramática que estudia el significado de las palabras teniendo en cuenta el significante y el significado- te ayudará a conseguir en gran medida el embellecimiento de tus creaciones literarias. Causa pena, por ejemplo, descubrir el error -bastante común- de utilizar el participio “enervado” con intención opuesta a lo que se quiere expresar, ya que tal palabra no significa fuerza, sino todo lo contrario: abandono, abatimiento, nerviosismo, depresión, etc. Semejante desacierto denuncia la falta de preparación del escritor y ayuda a expandir y a consolidar errores lexicológicos, imperdonables en quien desea abrirse paso en el difícil mundo literario. No se trata de inducir a nadie a que estudie Semántica de un modo profundo, sino de incentivar a la consulta de los diccionarios. Otra cosa diferente es la correcta utilización de los determinantes, como el artículo, los demostrativos y los indefinidos, que también deberíamos tener presentes (asimismo los tiempos y modos verbales) a la hora de redactar. Recomendaciones estas que -no me duele reconocerlo- me llevan de cabeza siempre que escribo, porque apenas sé Gramática. Pero que nadie se asuste. En principio es suficiente con leer mucho y consultar los diccionarios. Luego, en los ratos libres, no estará además repasar el diccionario de dudas y las partes esenciales de la Gramática.

9. Ordenar la trama del relato resulta imprescindible si se quiere conseguir una obra que se aproxime a la perfección. Cada tiempo narrativo tiene su porqué. Al iniciar el cuento -que debe ser atractivo y es bueno que cree cierta tensión en el lector/ra-, normalmente se presenta a los personajes y se comienza a urdir el posterior desarrollo. Completémoslo en lo posible, y no dejemos para después lo que podría haberse dicho en su momento, ni caigamos en innecesarias reiteraciones que tanto afean la narración. El principio y el final de cada historia deben causar sorpresa a quien nos lee. Si se comienza con tediosas explicaciones, con reflexiones o con largas adjetivaciones descriptivas, aburre. Acción al principiar y al finalizar la obra. Al menos, esa es mi opinión. Y concordancia entre los diferentes espacios narrativos.

10. Cuidado con la Fonética. No creo que sea imprescindible estudiar a fondo esta parte de la Gramática parta percatarse de lo desagradable que resultan las cacofonías. Incluso en un poema -que requiere musicalidad-, la repetición de sonidos puede perturbarnos. No obstante, hay ocasiones en que las aliteraciones poéticas son convenientes. Pero ahora estamos tratando sobre el relato y debemos centrarnos en él.

Como se dijo en el punto SEIS del anterior artículo, “hermoso” y “oso”, escritos juntos o con cierta proximidad, molestan al oído. ¿Tan difícil resulta sustituir una palabra por otra? Y no sólo eso. Si a lo largo de un texto corto empleamos una palabra 20 veces, ¿no nos suena mal? ¿Para qué sirven los sinónimos? Un escritor que se precie de serlo debería cuidar y engrandecer su lenguaje. La diversidad enriquece; la uniformidad empobrece, aburre y limita.

Estos apuntes son productos de mi experiencia. Si para algo han servido, me sentiré satisfecho. En caso contrario, pido disculpas por mi atrevimiento.

Augustus.

Este artículo tiene © del autor.

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