Portada del sitio > LITERATURA > Ensayos > Violencia en Argentina (XLIII): El centro de la tormenta
{id_article} Imprimir este artículo Enviar este artículo a un amigo

Violencia en Argentina (XLIII): El centro de la tormenta

Carlos O. Antognazzi

Argentina



Dos acontecimientos casi simultáneos generaron una intranquilidad internacional en los últimos días: la victoria del movimiento islámico Hamas en elecciones democráticas en Palestina, y la publicación de caricaturas sobre Mahoma en Noruega. El primer hecho se suma a la incomodidad que hace poco generaran las declaraciones del presidente de Irán, afirmando que Israel «debe ser borrado del mapa», y su interés por reactivar los planes nucleares de su país, presuntamente con fines pacíficos. El segundo hecho apunta a una cuestión ideológica: ¿tiene límite la libertad de expresión? ¿No es un contrasentido preguntarlo? Pero, si lo tiene, ¿cuál es?

Violencia en Argentina (XLIII):

El centro de la tormenta

Dos acontecimientos casi simultáneos generaron una intranquilidad internacional en los últimos días: la victoria del movimiento islámico Hamas en elecciones democráticas en Palestina, y la publicación de caricaturas sobre Mahoma en Noruega. El primer hecho se suma a la incomodidad que hace poco generaran las declaraciones del presidente de Irán, afirmando que Israel «debe ser borrado del mapa», y su interés por reactivar los planes nucleares de su país, presuntamente con fines pacíficos. El segundo hecho apunta a una cuestión ideológica: ¿tiene límite la libertad de expresión? ¿No es un contrasentido preguntarlo? Pero, si lo tiene, ¿cuál es?

Victoria de Hamas

Si se atiene a su propia prédica, Estados Unidos no puede desconocer la victoria de Hamas: fue un acto democrático, en donde el grupo ganó por generosa mayoría. Lo que intranquiliza es que se haya votado a terroristas que pregonan la violencia y constituyen uno de los principales grupos armados que atentan contra Israel. La disyuntiva es compleja. ¿Es viable avalar cualquier acto democrático, o la democracia requiere de algo más que el voto, como por ejemplo un respaldo ético? Algunos países occidentales procuraron zanjar la cuestión argumentando que si Hamas se presentó a elecciones es porque desea emplear otros métodos. Ergo, debería dejar las armas para gobernar en forma coherente con el acto eleccionario. El argumento es atendible; queda, sin embargo, por ver si ese sentido común de occidente tiene su correlato en oriente.

En una actitud similar, Brasil dijo que para tener tratos con Hamas la condición sería que reconozca a Israel como Estado. Pero, ¿cambiará Hamas por el solo hecho de haber ganado elecciones? En cierta medida, si cambia estaría defraudando al electorado que lo votó, porque lo que se votó, al fin y al cabo, es la violencia que pregona Hamas. Lo que los ciudadanos palestinos conocen de Hamas es esa violencia, y eso los subyugó. Cualquier otra cosa atentaría contra el sentido del voto. Sería algo así como Borocotó cambiando de partido luego de haber ganado la banca. Al mismo tiempo, es ineludible que occidente, que con luces y sombras apunta a una forma de vida más ordenada y pacífica, defina su posición: no puede permitirse que Hamas reniegue del Estado de Israel y que, encaramado en el Gobierno de Palestina, incremente sus ataques suicidas. Con espíritu de cuerpo, occidente cerró filas con Israel. Un conjunto de países unidos posee mucho más poder de convicción que un país que lucha solo. Israel, en este contexto, es Israel más la Unión Europea más Estados Unidos. No es poco. Pero, como sugerí en otro capítulo (Una condena no parece suficiente. Castellanos, 04/11/2005), quizás tampoco alcance.

Doce caricaturas

El Islam prohíbe que Mahoma sea representado. Ni dibujos ni estatuas, Mahoma debe permanecer en el ideario colectivo como una imagen personal. No deja de ser una forma interesante de democratizar su figura, pues cada musulmán lo recrea en su mente a gusto. O, a riesgo de cometer una imprudencia, a su imagen y semejanza.

Las doce caricaturas del profeta se publicaron por primera vez en setiembre de 2005 en el diario Jyllands-Posten, de Dinamarca, y pasaron desapercibidas. Pero cuando el 10/01/06 Vebjoern Selbekk, editor jefe de la revista evangélica Magazinet, de Noruega, decidió publicarlas nuevamente, estalló el escándalo, astutamente sazonado por algunos imanes. En una entrevista Selbekk dice que procuró instalar el tema de la libertad de expresión en una Europa que está perdiendo terreno ante el avance del Islam. Y recuerda un hecho cruento: el asesinato del cineasta holandés Teo van Gogh, en 2004, por haber filmado un documental sobre el sometimiento de las mujeres bajo el Islam. Selbekk está amenazado de muerte y cuenta hoy con protección policial. Y asegura no arrepentirse de haber publicado las caricaturas: «El tema es éste: ¿debemos lamentar haber usado nuestro derecho a la libertad de expresión? En el mundo musulmán no tienen esta libertad, pero acá sí, y tenemos que defender nuestro derecho constitucional a la libertad de expresión, que es parte de nuestra forma de vida. El problema es que el costo de usar esta libertad ha crecido mucho, especialmente cuando se trata del Islam. En las democracias europeas hoy es peligroso debatir sobre estos temas y corremos el peligro de crear una sociedad que no es la que queremos» (cfr. La Nación, 03/02/06, p. 02).

Selbekk señala el fondo de la cuestión: ¿qué sociedad queremos? Sin discutir el respeto que toda fe requiere, es indudable que los parámetros de la libertad son interpretables según los ámbitos donde surge el debate. Luego del escándalo, incluso, y fortaleciendo la idea de Selbekk, varios países europeos (Italia, Francia, Alemania) reprodujeron las caricaturas ex profeso, para hacer gala de esa mentada libertad de expresión. Y argumentaron que, al ser países occidentales, con religión judeo cristiana, podían hacerlo. Sin embargo, en esos países hay una enorme cantidad de musulmanes, que se sintieron afectados por las caricaturas.

El dilema recuerda lo ocurrido en el Centro Cultural Recoleta con la retrospectiva de León Ferrari. El juez Horacio Corti ordenó la reapertura de la muestra argumentando que ésta «en modo alguno les impide llevar adelante (a los feligreses) su plan vital con arreglos a los dictados de ese culto». Es decir que los fieles no tenían que ver obligadamente la muestra, y que podían seguir ejerciendo su culto al margen de ella. El argumento es crucial, pues señala la falta del aspecto coercitivo. Si no hay obligación de ver una caricatura, ¿por qué prohibirla para que nadie pueda verla, incluyendo a aquellos que sí quieren verla? Al pretender prohibir las caricaturas se establece la coerción, que equipara a todas las religiones con el Islam: el Islam establece que no hay que representar a Mahoma, y entonces nadie debe hacerlo. Es un dislate que se agrava por la dificultad de instaurar un diálogo racional con personas que responden, en general, a emociones y dogmas.

De todas formas, corresponde una distinción: un dibujo de Mahoma con un turbante con forma de bomba puede ser agresivo y, quizá, gratuito. Pero un documental sobre el sojuzgamiento femenino, como hizo Teo van Gogh, es una realidad. Mostrarle al mundo esa realidad no es afrentar a los musulmanes, sino una forma de moderar una conducta que reniega de los derechos humanos. Como el catolicismo, el Islam es una pauta cultural, y por eso será más lento y tortuoso el camino para salir del atolladero. Pero también el cristianismo, que fomentó barbaries como las cruzadas y la Inquisición, logró sobreponerse a sí mismo y madurar.

La quema de las embajadas de Dinamarca y Noruega en Siria, por parte de fanáticos que piden la cabeza de los editores, hace sospechar que la caricatura muestra lo que verdaderamente piensan y sienten muchos musulmanes: ese turbante dibujado de Mahoma está suspicazmente cerca del turbante de los que incendiaron las embajadas. Daría la impresión de que recomenzaron las Cruzadas, pero ahora en sentido inverso: no se procura liberar el Santo Sepulcro, sino propagar el Islam en todo el globo, a sangre y fuego. La correspondencia con el medievo occidental es triste.

Energía nuclear

¿Puede creerse en Mahmud Ahmadinejad, Presidente de Irán, cuando asegura que persigue fines pacíficos con la energía nuclear? Difícil después de haberlo escuchado negar el Holocausto y pedir que Israel sea borrada del mapa. La violencia de las palabras contrasta con los presuntos fines pacíficos. Alguien que desea hacer desaparecer a otro país exige cautela. Y más cuando está a un paso de tener los recursos materiales para cumplir su deseo. Occidente se enfrenta, entonces, al dilema de frenar a Ahmadinejad, quien tiene razones sobradas para odiar a Estados Unidos (fue quien apoyó al Irak de Saddan Hussein durante la guerra de ocho años con Irán). En cierta medida, Estados Unidos alimentó a dos cuervos, Hussein y Ahmadinejad, y ahora todo occidente teme por sus ojos.

Es cada vez más difícil evitar que los países tengan energía nuclear. Entre otras cosas porque se puede escapar a los controles, porque es inmoral que unos puedan beneficiarse de ella y otros no, y porque Israel es un país consentido por Estados Unidos, que no ha vacilado, en nombre de su integridad como nación, en violar cuanto protocolo se ha establecido al respecto. Es cierto que Israel vive en pie de guerra porque sus vecinos procuran diezmarlo, pero no es menos cierto que hablar de moral y buenas costumbres cuando se están infringiendo las leyes es cínico. La conducta es el mejor argumento, algo que occidente suele olvidar (ese occidente del limbo de Guantánamo, por ejemplo, o de la «libertad, igualdad, fraternidad» de Francia en Argelia). El doble discurso no tiene patria ni frontera.

Resta esperar qué actitud tomará Argentina. No puede sumarse a la violencia de Hamas sin enlodarse, y tampoco debería consentir que se cercene la libertad de expresión. La actitud que asuma Kirchner no modificará el panorama de occidente, pero permitirá vislumbrar, en el cono de violencia solapada que se vive en Argentina, qué nos aguarda en el futuro cercano. Como sostuvo Selbekk, «a veces uno tiene que estar en el centro de la tormenta». Posicionarse es un derecho humano, y en ocasiones también un honor. Que Argentina haya votado favorablemente (distanciándose de Cuba y Venezuela) para que actúe el Consejo de Seguridad en el caso de Irán despierta la esperanza.

© Carlos O. Antognazzi.

Escritor.

Santo Tomé, febrero de 2006.

Publicado en el diario “Castellanos” (Rafaela, Santa Fe, República Argentina) el 10/02/2006. Copyright: Carlos O. Antognazzi, 2006.

Este artículo tiene © del autor.

475

Comentar este artículo

   © 2003- 2017 Mundo Cultural Hispano

 


Mundo Cultural Hispano es un medio plural, democrático y abierto. No comparte, forzosamente, las opiniones vertidas en los artículos publicados y/o reproducidos en este portal y no se hace responsable de las mismas ni de sus consecuencias.

Visitantes conectados: 10

Por motivos técnicos, reiniciamos el contador en 2011: 3435970 visitas desde el 16/01/2011, lo que representa una media de 529 / día | El día que registró el mayor número de visitas fue el 25/10/2011 con 5342 visitas.


SPIP | esqueleto | | Mapa del sitio | Seguir la vida del sitio RSS 2.0